El “booty” de JLO y la “anaconda” de Nicki, o como la ordinariez da grandes pasos en la música

Érase una vez, Miley Cyrus y su twerking. No hay que remontarse demasiado en el tiempo para recordar el revuelo que se formó ante su polémico vídeo para su canción We Can’t Stop, y qué decir ya de aquella actuación con Robin Thicke en los VMA del año pasado.

Todo este “espectáculo” sólo sería la grieta por la que irían saliendo más y más versiones. Ya sean parodias, como lo fue ese Hard Out Here de Lilly Allen como canciones que realmente hacen referencia a ello, como Booty Anaconda:

La primera es el caso de Jennifer Lopez, que no es que se dedique a hacer una alegoría de su trasero en el vídeo, es que también lo hace en la letra en sí. Recordemos que en la canción de Miley, salvo un verso, el resto no tenía nada que ver con esa parte del cuerpo (To my home girls here with the big butt // Shaking it like we at a strip club).

Pero es que en el caso de la neoyorquina nos encontramos con que la canción entera hace referencia a aquella parte. Y dos partes de lo mismo en el caso de Anaconda, donde Nicki narra que conoció a un chico que “no quiere un culo huesudo, quiere algo donde poder agarrar”.

Sinceramente, me parece que no se puede continuar por este camino. Que sí, que es la tendencia que tiene la música pop, de copiar lo que funciona. Salió Miley, su twerking, funcionó, y ahora todas se dedican a copiarlo. Ya sea a gran escala como lo anterior mencionado o el mismo caso de Taylor Swift en el vídeo de Shake It OffPero lo que en realidad lo que se está creando con todo esto es un panorama musical machista donde a la mujer se le ve como un objeto de deseo.

¿Qué pasa? Que cuando lo cantan las mismas cantantes, no hay problema (por lo menos en este aspecto, omitamos el revuelo que se crea). Esto es así, cuando sale Pitbull con alguna de estas perlas o algún otro cantante que dijera lo que dice la letra de Nicki Minaj pero a la inversa, la crítica se abalanzaría hacia ellos.

Con esta entrada quiero remarcar dos cosas: por un lado, la ordinariez que está poblando la música y lo explícito de la misma. Hay que innovar sí, pero siempre con mesura. Y por otro lado, la cosificación que se hace de la mujer con todos estos vídeos, ya de motu propio como por parte de otros cantantes.

Yo sólo lucho por una música de calidad y por evitar cosas como estas, porque esto no aporta nada a la cultura musical. Podríamos decir que aporta un cambio, nueva visión en el culto al cuerpo de la mujer… Pero esto al final se recordará como un acto de revolución sexual en la música, pero a lo que se refiere a nuevas tendencias o sonidos, nada.

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