Mes: junio 2015

¿Es el streaming la salvación y Apple Music el nuevo profeta?

Escribo estas líneas mientras se instala la nueva actualización del sistema operativo del iPhone, el iOS 8.4 el cual incluye, entre otras tantas mejoras, la incorporación del Apple Music, el nuevo servicio de música por streaming creado por Apple que busca hacerle la competencia a servicios de renombre como Spotify.

El objetivo de la compañía de Cupertino siempre es aportar un toque de diferencia a lo ya existente, bien añadiendo aspectos revolucionarios que no habían sido jamás inventados o, como es en este caso, coger lo existente y crear un compendio que satisfaga al consumidor porque reúne varios aspectos que se buscan a la hora de consumir música.

Con lo cual, Apple Music va un paso más allá, siendo además de un servicio en streaming, un almacén de la música que ya posees, una radio 24/7 (y no como las estaciones de radio de Spotify, sino una radio “de verdad”. Recordemos que Zane Lowe, presentador de la BBC Radio, dejó su programa para apostar por esta nueva plataforma), y un modo de interacción artista-consumidor que pretende funcionar como red social del estilo de Myspace (esperemos que con mejor suerte que Google +).

No tiene nada que ver, pero aligera la entrada. Buena cover de “Counting Stars” en la BBC Radio

En cualquier caso, esta nueva aparición ha permitido a algunos medios declarar el estado de salvación de la música, o al menos posibilidad de la misma, gracias a los servicios en streaming. Vale que Spotify lleva años con nosotros, y otros servicios parecidos como Grooveshark Soundcloud, pero para que Apple apueste por algo así ya tiene que ser porque le ve filón, ¿no?

Apple Music traía cierta polémica bajo el brazo. Se presentaba como un servicio que permitía a los clientes adoptar el servicio premium durante tres meses gratis, a modo prueba. Eso sí, con un problema que, al fin y al cabo, no atañe al común de los mortales, pero sí a los que hacen posible que esto exista. Y es que, este free service traía consigo que los artistas no percibieran dinero alguno de las escuchas que se hicieran de su material durante estos tres meses.

Claro, tú, consumidor medio, puedes pensar que Madonna va a poder seguir llevando su ritmo de vida cobre o no esos tres meses, pero entonces apareció Taylor Swift para remarcar (como ya hiciera Jack White con Tidal) que la música no es gratis. Y que estos tres meses sin cobrar podrían resultar decisivos para un grupo indie sin demasiada notoriedad.

Así que Apple decidió recular y seguir ofreciendo estos tres meses de prueba y además pagar a los artistas. Cambia quien pierde el dinero, pero el único perjudicado sería Apple que vería compensada esa pérdida vendiendo un par de Mac Pro.

Llego tarde, pero estoy descubriendo a al-J y me están sorprendiendo para bien

Volvemos a lo mismo, ¿por qué es, en caso de serlo, el servicio de streaming la salvación de la música? Por lo que a mi respecta, vamos a establecer dos formas de considerar al streaming una salvación y las analizaremos por separado.

La salvación viene por los beneficios

Un artista no deja que otras personas escuchen el material en el que ha estado trabajando durante largo tiempo de forma gratuita, y aunque, no demasiado, el artista cobra por tener su música en una de estas plataformas. Este cobro no es desorbitado ni mucho menos, de hecho será inferior a lo que pueda cobrar por la venta de un álbum físico, y es que recordemos que Taylor Swift acabó retirando su material de Spotify ya que no consideraba suficiente la cantidad que ganaba.

Pero ahora toca valorar el equilibrio de esto. Indudablemente, aunque esté experimentando una interesante subida, se venden muchos menos discos que los que se escuchan por streaming. Muchos artistas comentan que la mayor parte de su sueldo (dejando actuaciones en vivo de lado, que son lo que de verdad mantienen en pie a los artistas) viene por las ventas digitales, a lo que han tenido que sumar lo obtenido por el streaming. Recuerdo un grupo, aunque no su nombre, que colgó un álbum “en blanco” en Spotify. Entonces pidieron a sus seguidores que lo escucharan para lograr financiar su tour. En parte funcionó, pero acabó siendo retirado por la plataforma.

En cualquier caso, no son cantidades con las que sobreviva un artista, ni el servicio en streaming, a lo que salario se refiere, supone un milagro. Si bien una alegría, la salvación no viene en este aspecto, aunque sí la apoya.

La salvación viene por la fama

Antiguamente un artista se hacía conocido abriéndose camino con un tema que acababa llegando a las ondas radiofónicas por un motivo u otro. Estamos en 2015 y la mayor parte de artistas que conocemos o con los que nos “codeamos” habitualmente vienen o bien de un panorama indie en el que han ido a su suerte hasta que, gracias al boca en boca o el ir girando continuamente y ganándose seguidores, se han abierto paso en los grandes libros de la música, como es el caso de Vetusta Morla. O bien estos grandes nombres vienen porque se han abierto camino a través de medios como Youtube o publicando su música de manera totalmente independiente (Pablo Alborán en el primer caso, Hozier en el segundo).

De nuevo, era algo duro de conseguir, pero ya resultaba más fácil que ir discográfica por discográfica con una maqueta grabada de cualquier manera. Pero ahora tenemos Spotify Apple Music, donde absolutamente cualquier persona puede publicar su música (previo pago de una inscripción de artista, que tampoco estos son medios que regalen el dinero) y donde cualquier persona puede encontrarla. Así encontramos infinitud de grupos que te siguen por Twitter y tienen su música en Spotify. Que correrán mayor o menor suerte, pero ya es un primer paso para darse a conocer y, para qué engañarnos, percibir cierta recompensa por su música.

Así que, como digo, estos servicios por streaming suponen que un grupo llegue a darse a conocer. Esta notoriedad conlleva el aumento del grueso de fans, conciertos, contratos… Con lo cual, si consideramos la salvación como sinónimo de ganar famael streaming es efectivamente la luz al final del túnel.

Con temas como este, Bon Iver se puede quejar de todo lo que quiera

Así que con estas nos encontramos. Habrá que ver si la de Taylor Swift es la única polémica a la que tenga que hacer frente este nuevo servicio de Apple o encontraremos nuevos frentes abiertos a los que pueda poner una solución tan rápida como ya hiciera con lo nombrado anteriormente. En cualquier caso, Apple Music se presenta como un servicio que, si bien no clasificaría como la solución definitiva a que el panorama musical mejore, si puede suponer cierto empuje hacia la dirección correcta. Aunque gente como Justin Vernon (también conocido como Bon Iver) no tengan demasiado aprecio con estos servicios y, como yo, sigamos siendo partidarios de los discos, pues le tendremos que dar una oportunidad, Justin.

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Crítica de “How Big How Blue How Beautiful” de Florence & the Machine

Cuando Platón, hace 2500 años, hacía disertaciones sobre el amor en El Banquete, no era capaz de imaginarse que, por un lado, la sociedad iba a desvirtuar la concepción de su concepto para crear el “amor platónico” y, por otro, que Florence & the Machine lo relacionaría con relaciones desastrosas que derivarían en un álbum que te transporta del clímax supremo a golpe de lo que llamo factor hostia, a lo más introspectivo e íntimo. Ah sí, y Florence Welch dice que el amor son muchas trompetas.

Porque si algo te asalta de inmediato al escuchar How Big How Blue How Beautiful, y sobre todo el tema que da nombre al álbum, es la introducción de este nuevo elemento en las composiciones del grupo británico. Ese outro de esta canción es oro para mí, y para Florence una interpretación de la sensación de estar enamorado, “una sección de viento incesante (…) siempre lo quieres usar, es una sensación increíble”.

Esta sección de viento se torna algo más intensa en el tema inmediatamente posterior, Queen Of Peace, de nuevo tratando el amor, esta vez incluyendo también un apartado más paterno-filial, en uno de los temas más guerreros del álbum.

Como digo, el amor, constante de este álbum junto a esta sección de viento y energía incesante del álbum. Y es que, con prestar cierta atención al apartado lírico, se puede observar como el álbum, si bien en ocasiones recurriendo a metáforas o ejemplificaciones ajenas como en el caso de Queen Of Peace St. Jude, se centra completamente en la propia Florence. Un álbum personal que intenta funcionar como un reflejo del espacio entre Ceremonials y ahora. Un tiempo que considera la propia artista como, en ocasiones, convulso. Habla en entrevistas de la extraña sensación de tener un año libre para buscar lo que la hacía feliz: ¿fiesta o mantener una relación?

Y eso es lo que encontramos en este álbum. Cierta reminiscencia a aquel Ceremonials en lo que respecta a la ducha de demonios interiores. En ocasiones con una actitud más guerrera como en Ship To Wrecky en otras de una forma más derrotista pero con ese atisbo de esperanza que colma Various Saints And Storms.

Volviendo al estilo del álbum, voy a volver a coger unas declaraciones de Florence (alias goddess Flo, alias Flo, alias la puta ama) en las que afirmaba que en este álbum había logrado un estilo más parecido al de sus primeras canciones, hablamos de algunas como Kiss With A Fist, atribuyéndolas todo lo aprendido hasta el momento. Exactamente esto fue lo que pensé con What Kind Of Man, pero esta impresión se queda ahí, en mi opinión. Tal vez podría señalar que Ship To Wreck me recordó en un primer momento a la esencia de Rabbit Heart (Raise It Up)Pero las reminiscencias estilísticas quedan ahí, porque no encontramos ni el arpa característica de los trabajos anteriores, ni lo naïve de Lungsni lo gótico/barroco del genial Ceremonials. 

Aunque eso sí, tomemos aquellas colaboraciones que hiciera para algunos filmes, desde Heavy In Your Arms Over The Love Breath Of Life, porque es en esa epicidad en la que podemos encuadrar este nuevo álbum. Temas que empiezan tímidos y acaban por todo lo alto como Third Eye, o que por el contrario ya empiezan en un listón alto, como la interesante Caught o la maravillosa, no-puedo-parar-de-bailar-y-cantar Delilah, con un uptempo genial, un ritmo muy fácil de llevar y que en seguida se imagina en los conciertos de este tour.

Conciertos. Otra palabra clave de este álbum. Porque son temas que son fáciles de imaginar en el escenario. Si bien Ceremonials te lo imaginabas en catedrales o en escenarios repletos de velas y vestuarios rococó (recordemos el MTV Unplugged), en HBHBHB se busca abarrotar los festis de verano. Nos ofrece temas que van directos al ataque y que se quedan con la suficiente facilidad como para cantarla a gritos ente otros fans en uno de sus conciertos. Las ya mencionadas What Kind Of Man Delilah son los buques de este grupo de temas, y me voy a permitir incluir Hiding (de la edición deluxe), con los toques de teclado ligeros, y Pure Feeling (de la edición del Target), con unas palmas animadas y fáciles de seguir que recuerdan a un Bedroom Hymns adaptado al nuevo camino que que ha tomado en este álbum.

Pero ojo, que Florence sabe que en un concierto, como en su vida y como en su álbum, hay momentos en los que hay que bajar la luz, relajar al público para que no sufran tirones (o para que ella misma se relaje y no se rompa otra vez el pie), y para eso tenemos Long & Lost Conductor, ambos dos con melodías basadas en un piano que avanzan con timidez evolucionando a lo largo de sus tramos. Long & Lost con un estribillo donde ese verso “Is it too late, to come home? Are all those bridges all stone?” se te queda clavado, junto al sutil coro de fondo que da mucho cuerpo al tema.

Son temas como este, como St. Jude, como As Far As I Could Get los que se acaban buscando en este álbum. Porque todo álbum necesita un equilibrio, ni muy animado ni muy melancólico. Florence consigue encontrar ese punto medio con temas muy cañeros y muy introspectivos que, por el notado contraste que presentan entre ellos, acaban potenciándose. Este equilibrio trae consigo que, en cierto modo, se mantenga la perpetuidad del álbum. Me explico. Es un álbum al que vas a poder acudir en cualquier momento e independientemente de como te sientas. Tienes pildorazos para cuando estás animado, en cierto modo, en busca del mismo. Tienes baladas interesantes cuando estás en un modo más reflexivo, y tienes a Florence and the Machine, no puedes pedir más.

Bueno si, podrías pedir algo más, un cierre a la altura. Pero ahí se anda rápido nuestra goddess Flo para servirte en bandeja Mother, de lo mejor que ha podido componer esta mujer. Un tema que empieza con una batería electrónica sutil para explotar en un estribillo de riffs de guitarra eléctrica rápidos, breves y concisos al grito de “Mother, make me, make me a big fall tree, so I can shed my leaves and let it blow through me”. Pero sin duda, lo mejor de este tema es la recta final, donde la melodía progresa de la mano del aumento de la intensidad, los feedbacks de guitarra que me han recordado en algunos instantes a Sigur Rós, Florence aullando de fondo…Todo un compendio de sonidos que acaban llevando a un éxtasis. El de haber expresado todo lo que tenía que decir, el de acabar el álbum, el que cada uno quiera.

En cualquier caso y por ir concluyendo ya, podríamos decir que el peso de este álbum no se halla en las melodías, que, si bien son en ocasiones muy pegadizas y How Big How Blue How Beautiful es desde que lo escuché mi nuevo tema favorito, no tiene comparación a la producción barroca de Ceremonials. No digo que aquí no haya un menor trabajo, sino que esa vena catedralicia, puramente pop barroca ha pasado en cierto modo al olvido en este nuevo álbum. Este nuevo trabajo de la británica se acerca mucho más al rock alternativo, perdiendo ese toque romántico que daba el arpa y los arreglos más orquestales del segundo LP.

Pero en fin, Florence & the Machine no son un arpa nada más, y su idiosincrasia no radica en ese instrumento, sino en la creatividad y originalidad de las mentes pensantes, Florence Welch, Isabella Summers Markus Dravs a la producción (aunque la fantástica Mother se la debemos al productor habitual de la banda, Paul Epworth). Han considerado oportuno cambiar el rumbo melódico en este tercer álbum, apostando por un sonido más grande, no en un apartado tan espiritual como en Ceremonials ni convirtiendo HBHBHB en una banda sonora constante (aunque Which Witch sea un ejemplo de ello). Un grupo que decide innovar para no encasillarse. En este álbum ha tocado las trompetas, en el anterior fueron los arreglos orquestales y en el debut, el famoso arpa.

Ahora, la pregunta del millón, ¿es HBHBHB mi nuevo álbum favorito de Florence & the Machine? Casi que me atrevería a decir que , pero sería por una levísima diferencia con Ceremonials. En aquel álbum, y en Lungs también, pero me acabé inclinando por el segundo LP, encontré una dimensión nueva en el sonido de Florence. Se alejaba de lo naïve para un plano más oscuro. De nuevo he encontrado una perspectiva nueva en HBHBHB. Y luego, encuentro cierto gusto en desentramar este álbum. Quiero decir, no cae tan bien a la primera. Hay temas que funcionan como absoluto gancho, pero para entender el concepto hay que digerir el álbum con calma, entender las letras y entender la situación que ha vivido Florence en este periodo. Y por último, por esa misma razón. Florence se muestra como es ella misma, personaliza el álbum en su persona. En Lungs Ceremonials se encuentra cierta alineación del yo poético del álbum en una persona externa a la cantante #tuiteacomoerrejón, o al menos en la mayor parte de los momentos de sus anteriores LP. No cabe duda de que Florence Welch se ha inspirado en sus reflexiones y experiencias (aquella obsesión con el agua de Ceremonials viene de una historia muy interesante que comenta en el libreto del álbum), pero, en cierto modo, no se moja. Por decirlo de algún modo, no hay ese intimismo y cercanía que en HBHBHB. Y es esa cercanía, esa fragilidad que muestra en las letras de estos temas la que te hace sentir como que este nuevo álbum te lo está entregando personalmente a ti. Es el interior del álbum, de nuevo, la vida de Florence. Una artista que se muestra segura y potente para luego, después de indagar detrás de esta primera fachada, llegas a la verdad, a lo que no todo el mundo conoce y se queda oculto como una perla para los que de verdad la buscan. Un álbum que es una colaboración continua entre Florence y tú como oyente y receptor de esta pieza en la que se ha entregado de lleno y que merece un análisis que merece de, además de críticas como esta, una escucha y una lectura de las letras propia.

“I Love You Honeybear” de Father John Misty: Cuando se es romántico tanto con música como con vídeo

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Cuando coges el coche recién sacado el carnet de conducir

Bajo una barba frondosa, una interesante melena y unas gafas de sol todo ello al más puro estilo hipster, encontramos a Josh Tillman, conocido con su nombre artístico Father John Misty. Bajo este nombre publicó su primer largo, Fear Fun en 2012, y este 2015 vuelve a la carga con I Love You, Honeybear. Y es que hoy vengo para analizar el vídeo del tema que da título al álbum, una composición que, tanto en lírica como en vídeo, viene cargado.

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Porque los osos disecados están demodé y ahora mola tener dinosaurios

La trama del vídeo comienza con lo que parece ser un escape de gas en la vivienda que ocupa el personaje de FJM y una amante/mujer. Por otro lado encontramos a una pareja de enfermeros que disfrutan ajenos a la acción hasta que acuden a la vivienda para intentar reanimar a la pareja, consiguiéndolo únicamente con el pobre Josh Tillman.

El caso es que el vídeo son puros contrastes. Por un lado, la pareja de enfermeros que disfrutan en su propio hábitat (la ambulancia, que no es que sea muy correcto emborracharse ahí) y, por el otro, la pareja de FJM y amante, paralizados, al borde de la muerte.

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Cuando te traen la tortilla de patatas sin cebolla

Y ya qué decir del contraste final. Esa escena en el que encontramos a un FJM atado a una camilla en mitad del agua y a su amante nadando a su alrededor. Lejos de parecer que es él el destinado a morir (o por lo menos, fue mi primer pensamiento al relacionar esa sensación de estar cohibido con la muerte), es finalmente ella quien muere, y quien se encuentra nadando en libertad. Tal vez referencia a dar el paso a la muerte, aunque en este caso, con una metáfora que excluye la típica luz al final del túnel, reduciéndolo a un mar oscuro, o tal vez una referencia al río Estigia de la mitología griega.

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“Mirando a la nada pensando en todo”, cuando te pones profundo en Instagram

Y ahora, hablemos de la letra. En ella, Josh Tillman describe una relación sentimental basada en el deseo carnal y el ignorar al resto mientras se esté con la pareja. Esta idea la podemos encontrar en versos como “My love, you’e the one I want to watch the ship go down with” “We’re getting out now while we can, You’re welcome boys, have the last of the smokes and the chicken”. Desde luego, es una letra que hay que considerar en conjunto, y que pocos fragmentos se pueden extraer y que sigan llevando un significado real. Así que recomiendo, además de ver este fantástico vídeo, escuchar el tema prestando atención al mensaje que quiere transmitir el amigo Father John Misty.

Semana XIV: “Jackrabbit” de San Fermin, producción épica donde hay sitio para la oscuridad y la energía

En mi intento de escuchar el mayor número posible de estrenos este 2015, me encuentro sorpresas muy agradables. Y es que para esta entrada me suelo reservar (generalmente) pequeñas perlas que me encuentro, grupos o artistas que no tienen un nombre tan consolidado como otros tantos otros, o, que al menos, yo no conocía.

Y hoy venimos a hablar de un grupo que se llama San Fermin, un grupo de base en Brooklyn que, según he leído, predican un estilo en un marco de pop barroco. Sin embargo se puede perfilar su sonido de este Jackrabbit en un una línea más enfocada a los últimos trabajos de The National o al Neon Bible de Arcade Fire:

Pero San Fermin van más allá, y es que consiguen equilibrar esa vena más oscura de temas como este Parasites o The Woodsque se encarga de abrir el álbum entre un piano que avanza denso y estable entremezclado con una parte vocal masculina que lleva el más puro estilo de los graves de Matt Berninger; se ve compensada por momentos de mayor energía y claridad, en ocasiones aportada por la parte femenina del grupo que se encarga de llevar la voz cantante (literalmente) en temas como este entretenido y animado Jackrabbit:

En resumen, un álbum de sonidos contrastados que se van sucediendo con cierta suavidad, haciendo que la transición entre ellos no sea demasiado grave y resulte, en cierto modo, normal. Como decía al principio, se pueden encontrar semejanzas a las bases de bandas como The National en Fake Empire o en su alabado High Violet, o a las bases del pop barroco incluyendo una instrumentación y melodías con una importante producción a las espaldas.

Los artistas no pagados y la adquisión de álbumes a precios altos

Me remitían hace un par de días por Facebook a la noticia de que Tame Impala, a fecha de hoy, no ha percibido nada de las ventas de álbumes de fuera de su país, que considerando que son australianos es bastante dinero (aquí un enlace a la noticia, en inglés). Teniendo en cuenta que la cuantía total ronda el millón de dólares, esta web no anda muy desencaminada al calificar este evento de robo.

Todo esto vino a colición de comentar con Mar (con su blog musical aquí) que había encargado el nuevo álbum de Florence & the Machine (y que todavía sigo esperando, habrá que culpar a los días de fiesta que ha habido en Granada). Dejo el registro de la conversación, que creo que habla por sí mismo:

Captura de pantalla 2015-06-08 a las 19.21.06Estamos hablando de una conversación de hace más de una semana, y a la que he vuelto cuando he leído la noticia de Tame Impala. Porque claro, ahora toca hablar sobre los motivos que me llevan a comprar discos. Pero, más concretamente, a los motivos que me llevan a comprar discos en los momentos de salida/recién hechos, cuando habitualmente se encuentran a un precio mayor.

Todos tenemos claro que, puestos a comprar lo mismo, preferimos pagar menos por el mismo producto, aunque eso conlleve a esperar pacientemente a una rebaja que, pueda o no, producirse en un intervalo cercano. Un ejemplo práctico, conseguí la edición deluxe del Biophilia de Björk por 5€ en la Fnac, no habiendo pasado el año de su lanzamiento. Suerte para mí, y casi que para el artista.

Porque, siendo prácticos, a un artista (y ya menos aún de uno de la talla y el bagaje de Björk) no le supone nada que su disco, en un establecimiento, se rebaje de los 18-20€ que pueda costar originalmente a los 5€ que hayan decidido ponerlo. De hecho, de los que saldrían a nivel global perdiendo beneficios pueden ser o bien los propios establecimientos o bien las propias discográficas, que en ocasiones sacan campañas con álbumes más baratos.

Canción para aligerar la entrada, y que no quede mucho texto junto y puedas descansar de leer

Y volvemos a lo mismo, a un gran establecimiento (véase Fnac, El Corte Inglés…tampoco le supone nada rebajar el precio de un álbum, porque a nivel global, esa “pérdida” la va a ver recompensada con algún otro producto. Y ahora es cuando nos vamos centrando en mis motivos por los que compro álbumes, por un lado en los que no me importa pagar el precio de salida, y por otro en los que no me importa pagar un poco más y comprarlos en tiendas musicales.

Que las tiendas de música están en crisis es algo objetivo, aunque si bien es cierto que en los últimos años su situación se ha estado viendo más aliviada, ya por el aumento de ventas, por el resurgimiento de los vinilos o por otras causas. Pero en España ocurren varios aspectos que suponen una lacra en el alivio total de esta industria, y son el IVA máximo en música y la falta de concienciación de la gente, que está llevada por la teoría de “si me lo puedo descargar gratis, ¿para qué lo voy a comprar?”. Esto es algo que afecta a otros tantos aspectos, sobre todo culturales, pero aquí me centro en música nada más.

¿Qué pasa? Que me supone una mayor satisfacción comprar un álbum en mi tienda musical habitual (a saber, y desde que cerraron a la que estuve yendo durante unos años, Marcapasos) que en un gran comercio. Por un lado, por esa sensación de estar ayudando a un sector que necesita ayuda directamente, sin dar los mismo ingresos a una gran empresa, que, sinceramente, puede sobrevivir sin que compre allí música.

Con esto tampoco quiero decir que voy a tiendas de discos por pena, pero luego está el aspecto de ese trato personal que te suelen ofrecer en una tienda, a diferencia de en la Fnac El Corte Inglés, por seguir con los ejemplos que había dado. Que sí, que hay gente amable en todas partes, pero ese trato en Marcapasos (que además, con su cuenta Instagram y Twitter ves un trato más cercano y bastante simpático que no encuentras habitualmente en otros establecimientos del estilo) o las recomendaciones personales o tardes que pasaba en Krisis no las cambiaba por nada.

Segunda canción para aligerar la carga de esta entrada

Así que ya tenemos un motivo de compra de discos, pero toca centrarlo en el motivo de pagar más por lo mismo. Aquí aludo a un apartado más personal, y es que entran en juego sensaciones. La sensación de tener un álbum el mismo día de su publicación no tiene precio. En lo que me respecta, siento como si el artista del álbum en cuestión se comunicara conmigo, del estilo de “recién salido del horno, para ti”. Tengo que decir que en raras ocasiones compro álbumes recién lanzados, pero entre ellos puedo destacar las compras del Record Store Day, tanto de este año como del anterior.

También podríamos mencionar, además de esta “exclusividad”, en cierta forma, por la que pagas más por tenerlo primero, ese llamémoslo fetichismo llamémoslo placer de la colección de discos. Y es que muchas veces he tenido la reflexión de “bueno, si lo tengo gratis, ¿para qué lo compro?”. Pero, como ya he dicho en otras ocasiones, la sensación de tener el trabajo de un músico que te encanta en las manos, no tiene comparación. Y luego, pues siempre gusta tener tu colección de la que puedas presumir y que, en cierta medida, más material y menos profunda, los vinilos decoran muy bien, de hecho Ikea tiene un marco para poner vinilos. (Bueno, creo que no estas últimas líneas he matado mi faceta de más intelectual en la música, pero sabéis a lo que me refiero).

En un último aspecto de carácter más global, está el hecho de ese apoyo económico a toda la industria musical, ya no solo a las tiendas como he mencionado antes. Comprando un álbum apoyas, en mayor y menor medida, a la economía de un artista, un distribuidor, una discográfica… Vamos, que en cierta manera, supone un ingreso que ayuda a mantener unos puestos de trabajo no relacionados con la carrera de artista.

Aunque como bien me decía Mar en los tweets que he puesto antes, si el objetivo es apoyar económicamente a un artista, lo mejor es sin duda acudir a sus conciertos. Así que ya sabéis, si queréis compensar ese millón de dólares perdido de Tame Impala, id a alguno de sus conciertos, que los pobres lo necesitan.

“Poison” de Rita Ora: Complejo de diva perseguida por paparazzis y romances

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Cuando un súbdito te toca sin darle permiso

Rita Ora es de esas artistas que, de momento, no han conseguido despegar, pero de las que siempre, de alguna manera, se habla. Si no es por sus relaciones sentimentales destinadas al fracaso al igual que la carrera musical de Iggy Azalea o por sus amagos de singles que aspiran a convertirse en éxito pero que no terminan de trascender lo esperado. Y es el caso de Poison, nuevo tema de la británica con el que apuesta ganarse un nombre.

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Cuando intentas huir del fracaso a la misma velocidad que avanza tu carrera musical

El caso es que Rita Ora apuesta por un sonido 100% radiofórmula, que, si bien no ofrece nada de originalidad, se hace fácil de escucha y asimilar. Punto a sumar es la buena potencia de voz que deja mostrar en este tema, baza en la que parece cimentarse la mayor parte del corte, porque en lo que respecta a melodía, parece Kelly Clarkson que le ha dado un telele y se ha puesto a hacer pop/hip-hop electrónico.

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Cuando intentas comprender por qué gusta la música de Rita Ora

Y poco más se puede decir de la canción en sí, de estructura simple, diseñada para lo que es y originalidad 0. Aunque teniendo en cuenta la trayectoria de Rita Ora, esto suponga una renovación en su sonido hacia ámbitos más interesantes. Creo.

En cualquier caso, toca centrarse en el vídeo. La trama empieza con Rita con amigos en una escalera de botellón pasando el día, cuando pilla a un fotógrafo. Rita se encarama al hombre. Hasta aquí todo normal, pero al acercarse, el hombre le apunta una dirección a la que acude la cantante como si nada.

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Cuando en un examen no entiendes lo que te has apuntado en la chuleta

Quitando el hecho de que no tiene sentido seguir a un fotógrafo a un lugar que te dice, el vídeo empieza a cobrar otro matiz cuando se convierte en modelo suya, le hace una sesión de fotos que conlleva un momento en el que se enfrentan el fotógrafo y un amigo de la cantante. La cosa cobra un nuevo plot twist cuando la pobre Rita se encuentra al amigo semidesnudo en plena sesión de fotos con el fotógrafo. Rita Ora se siente traicionada y quema sus fotos.

Todo muy lógico, si consideramos “sesión de fotos” un eufemismo de “prácticas sexuales”, le podríamos encontrar al vídeo un significado lógico. O no. El caso es que el vídeo intenta dar un trasfondo a un tema del que poco más se puede sacar.

Semana XIII: “Man It Feels Like Space Again” de Pond, una de space-rock/psicodélico y sintetizadores Tame Impala’s

A estas alturas,ni yo mismo me sorprendo de encontrarme escuchando y bailando escuchando música experimental (por no decir rara) en mi habitación. De hecho, cada vez me reafirmo en la idea de que, ¿sabéis la gente más rara que se ve en los conciertos de The Flaming Lips en primera fila que les da igual todo?, yo sería uno de ellos. Y esta sensación se ha visto muy impulsada al escuchar el nuevo álbum de Pond, de título Man It Feels Like Space Again.

En caso de que no los conocierais, Pond es una banda de (inserte género musical raruno) rock de Perth, y son clasificados como uno de los futuros del rock australiano, junto a San Cisco (hablaba de ellos aquí). Así que con esta perspectiva, me enfrentaba a este álbum, que abría con dos temas interesantísimos, Waiting Around For Grace Elvis’ Flaming StarCortes en los que encontramos la mayor parte del peso e influencias del álbum.

Y es que es un álbum fundamentado en melodías espaciales (tal vez de ahí el título) donde los sintetizadores muy del rollo de Tame Impala (tres Tame Impala’s forman parte de Pond) se entremezclan con las guitarras eléctricas distorsionadas y la batería simple que hace que estos temas sean bailables. Bailables de aquella manera de festival de música experimental-todos-estamos-muy-contentos-por-qué-será, pero sabéis a lo que me refiero.

Estos australianos nos presentan un sonido que podría ser una mezcla del venazo más experimental de The Flaming Lips, mezclado con bases motown/urbanas. Un álbum que, si bien de un sonido poco común, los ritmos animados y los vocales incomprensibles pero en falsete hace que te lleguen mucho mejor y se queden durante más tiempo en la memoria. Si queréis disolveros en sintetizadores distorsionados y melodías espaciales, este es un buen álbum que merece una oportunidad. No lo escucharía a diario porque aparecería en mitad de la playa a las 3 de la mañana bailando en silencio por una sobredosis de música experimental y alternativa, pero si le daría espacio en mi colección musical.