Los artistas no pagados y la adquisión de álbumes a precios altos

Me remitían hace un par de días por Facebook a la noticia de que Tame Impala, a fecha de hoy, no ha percibido nada de las ventas de álbumes de fuera de su país, que considerando que son australianos es bastante dinero (aquí un enlace a la noticia, en inglés). Teniendo en cuenta que la cuantía total ronda el millón de dólares, esta web no anda muy desencaminada al calificar este evento de robo.

Todo esto vino a colición de comentar con Mar (con su blog musical aquí) que había encargado el nuevo álbum de Florence & the Machine (y que todavía sigo esperando, habrá que culpar a los días de fiesta que ha habido en Granada). Dejo el registro de la conversación, que creo que habla por sí mismo:

Captura de pantalla 2015-06-08 a las 19.21.06Estamos hablando de una conversación de hace más de una semana, y a la que he vuelto cuando he leído la noticia de Tame Impala. Porque claro, ahora toca hablar sobre los motivos que me llevan a comprar discos. Pero, más concretamente, a los motivos que me llevan a comprar discos en los momentos de salida/recién hechos, cuando habitualmente se encuentran a un precio mayor.

Todos tenemos claro que, puestos a comprar lo mismo, preferimos pagar menos por el mismo producto, aunque eso conlleve a esperar pacientemente a una rebaja que, pueda o no, producirse en un intervalo cercano. Un ejemplo práctico, conseguí la edición deluxe del Biophilia de Björk por 5€ en la Fnac, no habiendo pasado el año de su lanzamiento. Suerte para mí, y casi que para el artista.

Porque, siendo prácticos, a un artista (y ya menos aún de uno de la talla y el bagaje de Björk) no le supone nada que su disco, en un establecimiento, se rebaje de los 18-20€ que pueda costar originalmente a los 5€ que hayan decidido ponerlo. De hecho, de los que saldrían a nivel global perdiendo beneficios pueden ser o bien los propios establecimientos o bien las propias discográficas, que en ocasiones sacan campañas con álbumes más baratos.

Canción para aligerar la entrada, y que no quede mucho texto junto y puedas descansar de leer

Y volvemos a lo mismo, a un gran establecimiento (véase Fnac, El Corte Inglés…tampoco le supone nada rebajar el precio de un álbum, porque a nivel global, esa “pérdida” la va a ver recompensada con algún otro producto. Y ahora es cuando nos vamos centrando en mis motivos por los que compro álbumes, por un lado en los que no me importa pagar el precio de salida, y por otro en los que no me importa pagar un poco más y comprarlos en tiendas musicales.

Que las tiendas de música están en crisis es algo objetivo, aunque si bien es cierto que en los últimos años su situación se ha estado viendo más aliviada, ya por el aumento de ventas, por el resurgimiento de los vinilos o por otras causas. Pero en España ocurren varios aspectos que suponen una lacra en el alivio total de esta industria, y son el IVA máximo en música y la falta de concienciación de la gente, que está llevada por la teoría de “si me lo puedo descargar gratis, ¿para qué lo voy a comprar?”. Esto es algo que afecta a otros tantos aspectos, sobre todo culturales, pero aquí me centro en música nada más.

¿Qué pasa? Que me supone una mayor satisfacción comprar un álbum en mi tienda musical habitual (a saber, y desde que cerraron a la que estuve yendo durante unos años, Marcapasos) que en un gran comercio. Por un lado, por esa sensación de estar ayudando a un sector que necesita ayuda directamente, sin dar los mismo ingresos a una gran empresa, que, sinceramente, puede sobrevivir sin que compre allí música.

Con esto tampoco quiero decir que voy a tiendas de discos por pena, pero luego está el aspecto de ese trato personal que te suelen ofrecer en una tienda, a diferencia de en la Fnac El Corte Inglés, por seguir con los ejemplos que había dado. Que sí, que hay gente amable en todas partes, pero ese trato en Marcapasos (que además, con su cuenta Instagram y Twitter ves un trato más cercano y bastante simpático que no encuentras habitualmente en otros establecimientos del estilo) o las recomendaciones personales o tardes que pasaba en Krisis no las cambiaba por nada.

Segunda canción para aligerar la carga de esta entrada

Así que ya tenemos un motivo de compra de discos, pero toca centrarlo en el motivo de pagar más por lo mismo. Aquí aludo a un apartado más personal, y es que entran en juego sensaciones. La sensación de tener un álbum el mismo día de su publicación no tiene precio. En lo que me respecta, siento como si el artista del álbum en cuestión se comunicara conmigo, del estilo de “recién salido del horno, para ti”. Tengo que decir que en raras ocasiones compro álbumes recién lanzados, pero entre ellos puedo destacar las compras del Record Store Day, tanto de este año como del anterior.

También podríamos mencionar, además de esta “exclusividad”, en cierta forma, por la que pagas más por tenerlo primero, ese llamémoslo fetichismo llamémoslo placer de la colección de discos. Y es que muchas veces he tenido la reflexión de “bueno, si lo tengo gratis, ¿para qué lo compro?”. Pero, como ya he dicho en otras ocasiones, la sensación de tener el trabajo de un músico que te encanta en las manos, no tiene comparación. Y luego, pues siempre gusta tener tu colección de la que puedas presumir y que, en cierta medida, más material y menos profunda, los vinilos decoran muy bien, de hecho Ikea tiene un marco para poner vinilos. (Bueno, creo que no estas últimas líneas he matado mi faceta de más intelectual en la música, pero sabéis a lo que me refiero).

En un último aspecto de carácter más global, está el hecho de ese apoyo económico a toda la industria musical, ya no solo a las tiendas como he mencionado antes. Comprando un álbum apoyas, en mayor y menor medida, a la economía de un artista, un distribuidor, una discográfica… Vamos, que en cierta manera, supone un ingreso que ayuda a mantener unos puestos de trabajo no relacionados con la carrera de artista.

Aunque como bien me decía Mar en los tweets que he puesto antes, si el objetivo es apoyar económicamente a un artista, lo mejor es sin duda acudir a sus conciertos. Así que ya sabéis, si queréis compensar ese millón de dólares perdido de Tame Impala, id a alguno de sus conciertos, que los pobres lo necesitan.

One comment

  1. Yo sigo en mis trece, que por algo soy tauro😛 : me esperaré a comprar el álbum de Goddess Flo a precio decente. No obstante, hace poco leí una noticia de que acostumbrarnos a pagar barato también ha hecho mucho daño a los minoristas y pensé que tenían razón. Of course, también compro /me regalan novedades (los radicalismos nunca son buenos) pero teniendo en cuenta la cantidad de música que compramos al año mi padre principalmente y yo (sumándole conciertos más los viajes que conllevan y que disfrutas como añadido), o nos esperamos de vez en cuando o nos arruinamos. Es como esperar a que salga el paperback, que hasta es incluso más cómodo. Así pues, el regalarse un concierto (con sus emociones, su aprendizaje, su confirmación o decepción intrínseca para con el artista, no tiene precio o, más bien, supera al de las ganancias que conlleva el disco físico. Mar dixit.😉

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