Mes: noviembre 2015

Cerremos la puerta de la música a los “famosillos”, por favor

Hola, vengo a reivindicar (una vez más) a la malograda industria musical. Esa que no levanta cabeza. Esa que cuando inicia un proceso de depuración viene algún agente externo a compensar, iniciando un proceso iterado de tira y afloja en el que vamos mejor, vamos peor, pero no vamos a ningún sitio.

Pero ahora vivimos cierta época de bonanza, y si no, que se lo digan a Adele. Porque vender más de 3 millones de copias en una semana se puede considerar un hito, tanto para la artista como para la industria, que ha podido sentir cierto respiro en una época en la que, seamos sinceros, la cosa está tendiendo a remontar pero aún hay que ir avanzando tímidamente.

Total, que yo venía a quejarme básicamente de algo. Y el caso es que, en cierta medida, de lo que me quejo termina de levantar algo las ventas en música en España. Hablo de estas nuevas apariciones en la escena (habitualmente, una escena asociada a un horrible EDM sin mayor pretensión que sonar en una sala cualquiera un sábado noche) cuyo único mérito es ser una cara conocida. Sin talento alguno, tienen un single por ser famosillos: gente de la farándula televisiva a la que se le ofrece la oportunidad de hacer un single porque tiene un público dispuesto a pagar por ello. Ahí tenemos a Ylenia que logró llegar a un top 10 en iTunes con aquel tema que lanzó.

Ya me gustaría que se tratara de un caso aislado, pero vino toda la comitiva detrás con singles de cada vez menor calidad. Claro, había que aprovecharse del filón cuanto antes, no había tiempo para dedicarse y crear algo digno a recordar. Porque si la vida mediática media de estos personajes es breve, espero que la de estos temas también.

Así que ahora me encuentro en una dicotomía importante. Porque vale, vamos a reconocerlo, de vez en cuando alguien conocido por algo ajeno a la música lanza música, y por culpa de gente como la mencionada anteriormente voy con un fuerte prejuicio y con el ceño fruncido, modo indignación activado. Y vale, en muchos casos puede merecer algo la pena, pero volvemos a lo mismo: al hacer por ganar más aún. Poco tienes que perder cuando eres una estrella en internet como Yellow Mellow Curricé. Publica todo el material que quieres, enfócalo al estilo que quieras. Tienes cientos de miles de seguidores, a algunos les gustará y darán lo suficiente la lata para que aparezca tu videoclip en televisión.

Este tema me recuerda a una entrada que ya hiciera en mis viejos tiempos del blog cuando hablaba de la publicación de libros por parte de personalidades de Youtube, aún cuando no había llegado siquiera el “boom” por el que ahora vemos que casi toda personalidad española de esta plataforma tiene un libro hablando de nada interesante.

Y volvemos a lo mismo de siempre: el pez grande se come al pequeño. Aunque el pequeño le responda con un material de una calidad con creces superior. ¿Esos artistas que tienen menos de mil escuchas en Spotify y tanto te gustan? Da igual, que se hagan un canal de Youtube y hagan vlogs o cámaras ocultas, así tal vez se formen una base de seguidores a los que venderle después su material. Este es el presente de la música en España, personalidades que se hacen músicos, músicos que no pueden llegar a serlo. No hagamos de este presente nuestro futuro.

Crónica Son Lux en Madrid: Una inspiración materializada entre ritmos frenéticos

Cuando vas a ver a uno de tus grupos referentes, la expectativa es muy alta. En innumerables ocasiones he hablado de lo malo que es el hype, término casi constante en mis entradas aquí, así que ese miedo estaba presente: dos meses de espera y tensión para ver a Son Lux, ¿para ver una decepción? Ni mucho menos.

La primera nota musical la puso Briana Marela, una interesante mezcla entre Enya y James Blake. Música basada en loops que grababa ahí en vivo y creaba capas y capas de vocals que se entremezclaban en una esencia new wave muy agradable y percusiones electrónicas que aumentaban el cuerpo de estos temas. Una actuación de unos cuarenta minutos que me dio la oportunidad de conocer a una nueva artista que puede merecer bastante la pena.

Este concierto tenía cierto carácter personal. No era solo un mero entretenimiento de un jueves noche, sino que era también ver en directo a una de las personas que han supuesto una importante influencia musical en mí (aquí enlace donde lo expliqué en su momento). Como el público en sala era escaso (no llegábamos a las 100 personas), todos los presentes que estábamos allí disfrutamos de un concierto en el que nos pudimos mover libremente a los ritmos frenéticos de ‘You Don’t Know Me’ o Change Is Everything’.

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Ryan Lott on stage

Me gustaría declarar lo curioso que resultó hablar antes del concierto con Ian Chang, batería de Son Lux que se mostró muy amable y tranquilo, para verlo después en el concierto marcando el ritmo rápido y roto de los temas que conforman el álbum más reciente del grupo, “Bones, el cual interpretaron casi en su totalidad (si no me falla la memoria, faltaría por interpretar White Lies) alargando los cierres hacia el infinito, con solos de guitarra en los que Rafiq Bhatia se dejaba llevar a base de pedales de efectos y con una intensidad de la que todo el mundo se pudo hacer partícipe.

Y qué decir de Ryan Lott. Tirándose de la camiseta en los momentos vocales más intensos, gestos que hacía con las manos que denotaban cierta tensión… Contrastando con esta imagen algo más seria, encontrábamos en muchos momentos del directo una complicidad total con la banda, risas, instantes en los que Ryan se dejaba llevar por sus melodías saltando y gritando, momentos en los que intimaba con el público a base de bromas, conversaciones más íntimas e invitándonos a colaborar siguiendo el ritmo aplaudiendo y cantando, como cuando se interpretó Now I Want’: “It’s only you and me”, dijo Ryan mientras cantábamos a capellaNow I want to be free”.

Dos momentos cumbre: cuando se rescató material de Lanterns y se interpretó Easy, que el publicó acogió con ganas y el grupo alargó de una manera magistral, y el cierre con Lost It To Trying’. El cierre que siempre llega y nadie quiere, pero que resulta menos amargo con interpretaciones tan intensas como esta, con la que consiguieron que el público saltara y no nos mantuviéramos en el sitio parados.

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Como decía al principio, éramos un público más bien escaso, y los miembros de Son Lux aprovecharon la ocasión para salir al acabar la actuación a interactuar con nosotros. Firmando merchandising, echándose fotos o manteniendo conversaciones. En lo que a mí respecta, con todos mis nervios me acerqué a Ryan Lott para poder decirle que se trata de una inspiración, mi propia participación en aquel RPM Challenge y lo bien que entendí lo jodidamente duro que le supondría componer aquel We Are Risingen un mes. Se mostró totalmente down to earth para decirme que se sentía muy contento de que le supusiera esa inspiración a alguien como yo.

Y ya está, qué más decir. He conocido a uno de mis músicos favoritos, he hablado con él y le he dicho lo que le tenía que decir. Gracias por esta oportunidad Son Lux, nos volveremos a ver.

Crítica “Return To The Moon” de EL VY: “Diez minutos para impresionar, el resto para intentarlo en la pista”

“I’m peaceful ‘cause my dick is in the sunlight”  debería convertirse en mi frase de cabecera, debería apuntarla en una pizarra y leerla a diario. Es una frase que funciona en muchos aspectos.

1- Porque estamos en ese entretiempo en el que te quedas al sol y lo gozas.

2- Lo canta Matt Berninger y se agradece verle cantar algo gracioso en un proyecto en paralelo a sus The National

Y se lo puede permitir. Porque está viviendo el éxito: una extensa gira desde que en 2013 estrenara “Trouble Will Find Mey ahora este proyecto en paralelo con Brent Knopf, de nombre EL VY y de sonido muy distinto al que nos tienen acostumbrados.

Pero este Return To The Moontrae otra sorpresa: la conceptualización del álbum en la figura de un personaje ficticio creado por el de Cincinnati: Didi Bloom. Pero a pesar de la creación de este personaje, Matt Berninger no puede evitar reflejarse a sí mismo en sus letras.

  1. Por mucho que intente mostrar una perspectiva externa a este personaje (Didi, are you lost?  A Cadillac for your thoughts. Where do you go? I don’t wanna know – ‘Careless’).
  2. Por mucho que use temáticas surrealistas que intenten desviar la atención del oyente (“Went to bed and woke up inside another man’s head, nobody noticed” – ‘Return To The Moon’)
  3. O por mucho que intente meter chistes malos. Aunque, por otro lado, estos serían los momentos en los que Matt se muestra más íntimo a mostrarse ante el público:
Who is Paul?
M: My dad’s name is Paul, but it’s also a reference to the Beatles. Paul is dead. The record is a mixture of really personal things and a bunch of bad jokes.

Porque esta es la firma de Matt Berninger, ya esté trabajando en The National o en EL VY. Esas letras largas, que canta a un ritmo constante fácil de llevar como si de una procesión se tratara. La voz de barítono tan característica de este hombre es lo que mantiene la cohesión de este álbum. 

Hablemos del estilo de este álbum. Si The National los representásemos con la oscuridad, EL VY sería la luz justa que entra por la rendija de la puerta de tu habitación cuando está cerrada. Tenemos momentos muy divertidos y fáciles de llevar, como Return To The Mooncon esos estribillos que se van intensificando, esas guitarras eléctricas y los rasgueos rápidos, o I’m The Man To Be, un tema algo más gamberro de base sintetizada muy fácil de llevar también, tanto por el estribillo y ese verso que abre esta crítica que (a mí al menos) hace que cantes levantando la voz a más no poder; como por la melodía simple de teclado precedida por el estribillo, de mis favoritas desde que vi a Matt bailarla en el vídeo de este tema.

Pero estos son los dos primeros adelantos y los dos primeros temas de este álbum. A continuación lo que encontramos son temas que se suman a una oscuridad más propia del estilo de la portada del álbum. Es imposible quitarse de la cabeza los colores oscuros mientras escuchas ‘Silent Ivy Hotel’ y su melodía tan halloween-y, o con ‘Paul Is Alive’ y su estilo más lo-fi y sostenido. ‘Need a Friend’ recuerda a un estilo synthpop más en la línea de Metric si colaborara con St. Vincent, o la balada a piano ‘No Time To Crank The Sun’. Todo colores oscuros.

Encontramos muchas cosas, pero ningún hilo conductor. Tal vez este hilo sea la oscuridad en la que se empieza a sumir el disco pasado los diez primeros minutos, una oscuridad que se convierte en momentos algo insulsos hasta que llega ‘Sad Case’ para zarandearte y recordarte que sigues ahí. Que no tiene nada nuevo este tema, pero la unión con ‘Happiness, Missouri’ es de lo mejor que he visto en este álbum. Misma melodía pero con un cambio de intensidad y de ritmo que me hace pensar en lo interesante que resultaría verlo en vivo.

Como digo, echo en falta cierto hilo conductor. También, faltan momentos que haga que preste especial atención al disco. Tal vez poner las bazas más fuertes al principio del álbum no haya sido una buena jugada, porque luego en la mitad del disco sólo tenemos momentos de “a ver si esto remonta”. Aquí podríamos señalar cierta tendencia a la vena más The National: álbumes muy lineales, pero muy redondos. Como en la producción de su banda original, este disco de EL VY merece muchas escuchas para terminar de rescatar temas, además de los obvios ‘Return To The Moon’ y ‘I’m The Man To Be’. Se tarda en desentramar este disco, y aunque con The National merece la pena, con EL VY no tanto. Porque, si nos vendes esos dos primeros temas, nos hacemos el cuerpo a encontrarnos un disco muy bailable que nos va a zarandear desde la primera escucha.

Si este disco fuera una noche de discoteca, los diez primeros minutos serían en los que lo das todo para intentar impresionar, y el resto del disco es un paseo continuo por la pista de baile intentando pillar un rebote para acabar finalmente pegado a la barra y yendo volviendo a casa con toda la dignidad posible. He dicho.

Originalidad:

-En el álbum: Tenemos momentos que destacan y momentos que parecen la versión descafeinada de estas ideas principales. Llega un momento en el que el álbum se hace demasiado lineal, tal vez porque le falten los sobresaltos, tal vez porque falta algún que otro tema con esa chispa especial. 0,5/1

Con respecto al resto: Ahí les doy la razón en que el panorama indie rock en el que se mueven pocas muestras tenemos de un estilo refinado como este. 0,75/0,75

Con respecto a lo anterior del artista: Centrándonos en la parte que toca a The National, en la mayor parte del álbum poco encontramos del referente de Matt Berninger. Culpa de ello lo tiene el fuerte peso electrónico del álbum y que los momentos que más pudieran recordar a los álbumes previos del vocalista, acaban por devolvernos una melodía más ligera y menos barroca. 0,75/0,75

Impresiones:

-Primera impresión: Arranca fuerte, se va deshinchando poco a poco, intenta remontar al final y acaba muy tranquilo. La sombra del “meh” se me hizo muy presente cuando escuché por primera vez el ecuador del disco. 0,75/1,5

Impresión General: En lo que respecta a producción, es un álbum muy elaborado, donde las melodías protagonistas no eclipsan del todo a los detalles y toques (por ejemplo, pequeños sintetizadores que se encargan de arropar a los temas), lo que le da mucho más cuerpo al trabajo y colores muy interesantes. Ahora bien, sigo diciendo que le falta ese hilo conductor. Intentan abarcar demasiado, y en estos nuevos horizontes que se plantean arrastran demasiado lo que ellos consideran esencia de EL VY y acaba convirtiéndose en ocasiones en un quiero y no puedo. 2,5/5

Lista de reproducción y compra: Como he dicho hasta la saciedad, ‘Return To The Moon’ y ‘I’m The Man To Be’ salvan bastante el álbum. Bueno, y ‘Need a Friend, tampoco vayamos a muerte. En cualquier caso, también es un álbum que me compraría, por tener el recuerdo en el que Matt Berninger se puso a cantar (algo más) alegre. 1/1

Puntuación Total: 6,25/10

Return to the Moon