Mes: enero 2016

Crítica “Not To Disappear” de Daughter: Enlazando electrónica barroca y melancolía

Han pasado algunos años desde que Daughter aparecieran en mi vida. Sería con una descarga gratuita de Landfill a través de iTunes. En este tema encontré a un grupo que tenía cierto encanto, pura esencia acústica pero con una sobriedad y unos toques lo-fi que no me esperaba encontrar en aquel entonces.

Este Landfill pertenece al primer EP lanzado por el grupo en 2011, “His Young Heart”, donde jugaban con una temática similar a la que se encontraba últimamente en el panorama en el que se desenvolvían. No ofrecían nada nuevo, pero mantenían a punto la maquinaria. El problema vendría dos años después, cuando ya decidieron presentar su primer álbum, “If You Leave”, que poco tenía que ofrecer. Por un lado, era un disco que a nivel melódico se dejaba caer sin dejar huella alguna (tal vez momentos rescatables como ‘Amsterdam’ ‘Youth’, pero imposible acordarse de más). Y, por otro, ya empezaban a despertar nuevas tendencias y esa vena tan acústica se empezaba a dejar de lado.

Han tenido que pasar tres años para que Daughter volvieran con una nueva jugada que hiciera que recuperaran el lugar que se merecían. Ahora llegan con “Not To Disappear”, un álbum donde ponen las cartas sobre la mesa para dejar patente su posición. En un aspecto físico sobre todo. Porque si “If You Leave” pasaba sin dejar rastro, en este nuevo álbum encontramos momentos que consiguen calar y encandilarte.

Culpa de ello la tienen ese toque electrónico que han transmitido a todos los rincones de la producción de este álbum. Atrás quedaron los momentos más acústicos, este es un álbum que juega con la intensidad. Encuentra un equilibrio muy bueno en el orden de los temas para que ni nos sobrecarguemos de punteos de guitarra eléctrica ni para que caigamos en un letargo eterno de sintetizadores envolventes.

Tal vez se podría establecer algún paralelismo con unos London Grammar si estuvieran finos de LSD y estuviera la cantante recién levantada. Me explico. London Grammar recordaba a unos The xx por el minimalismo de su obra, en este “Not To Disappear”, los momentos que no están cubiertos por capas envolventes de sintetizadores que crecen cuando menos te lo esperas y guitarras que se funden en ecos en la línea melódica de la vocalista Elena Tonra también tienden a recordar a esa cimentación. Porque dentro de una producción tan sobrecargada (en un buen sentido), encontramos momentos que tienden a una desnudez que busca el revelar la faceta más cercana del grupo.

Pero en realidad, es mucho más que esto, porque encuadrar en un género el nuevo álbum de Daughter tiene una importante dificultad. Basándose en el dream pop en el que más o menos se iban desenvolviendo, encontramos momentos que apelan más al rock como es ‘Fossa’, o momentos que apelan a un synthpop mezclado con shoegaze como es ‘Alone/With You’, uno de mis momentos favoritos con una de las mejores líneas de sintetizador que he escuchado últimamente.

“Not To Disappear” es un álbum para disfrutar en su conjunto. Tiene momentos fácilmente extraíbles, pero es en la escucha global donde cobra todo su sentido y eres partícipe de la evolución melódica que hacen a lo largo de diez temas que consiguen calar en el oyente y a la vez resultar en un obra ligera que necesitas escuchar una y otra vez.

Y hablemos de la letra. En el mar de guitarras eléctricas y sintetizadores que van y vienen , se erige la voz tranquila de Elena Tonra. Nada de salidas de tono, nada de intensitos, nada de coros innecesarios. La voz ataca directa, modula lo justo y necesario. No bsuca robar el protagonismo en una liga a la que no pertenece y acaba funcionando mejor como secundario mientras canta a la soledad y al amor en unos ámbitos que desprenden pura melancolía. 

Ya desde el momento cero, se nos presenta un personaje (si evitamos la personificación de Elena en la criatura que habita el álbum) decepcionado, que busca nuevas salidas, nuevos entretenimientos que hagan que se distraiga y evitar pensar, pero al final acabará cediendo. Porque si en ‘Numbers’ nos describe el intento de olvidarlo todo a base de alcohol, en los temas posteriores empezará una secuencia de lamento. Lamento por el futuro en el que olvida su pasado (‘Doing The Right Thing’, un tema duro protagonizado por el alzheimer), lamento por un amor que la abandona y no busca otra cosa que pasar página (‘How’), lamento por la actitud desagradecida de un hijo (u otra posible interpretación, aquella relación en la que se da todo a alguien que actúa como un parásito, ‘Mothers’), o el lamento a la soledad sin solución, el odio a dormir sola y el odio a dormir “contigo” (‘Alone/With You’). Pero toda esta temática acaba buscando cierta salida, o al menos consuelo, en ‘Made Of Stone’, donde este personaje que habita el álbum acaba preguntándose si, a pesar de todo, no debería estar sintiendo todo lo que ha vivido con más intensidad. Todo esto para acabar dándose a sí misma un mensaje de alivio tras equipararse con el resto de la gente que habrá vivido lo mismo en sus circunstancias, porque “you’ll find love kid, it exists”.

Sigo pensando, después de todas las escuchas que le he podido dar al álbum, en la forma en la que consiguen, a pesar de todo ese apartado lírico tan funesto, conseguir transmitir una esperanza que empieza en oscuridad y se metamorfosea en juegos de claroscuros, como en la explosiva ‘How’. Es imaginería como esta la que hace que un álbum adquiera un nuevo sentido para mí y haga que trascienda entre el resto de álbumes que me puedo echar a la cara.

Originalidad

En el álbum: Consigue algo muy difícil, y es entregar un álbum fácil de asumir y en el que se identifica una línea temática en la que cada tema consigue transmitirnos algo nuevo. Nada de linealidad ni de caída en lo aburrido. 1/1

Con respecto al resto: Por poner una referencia, tal vez esa a London Grammar, pero muy tenue. Por lo demás, no se me ocurre ninguna comparación directa de este álbum con otros. 0,75/0,75

Con respecto a lo anterior del artista: Han hecho muy bien en cambiar el tercio con este álbum. Cuando se parte de con una vena de un carácter acústico como hicieron con “If You Leave” tienes dos opciones: o te renuevas y entregas una obra maestra o sigues en tu zona de confort y seguir haciendo el mismo disco una y otra vez. Y Daughter ha escogido sabiamente la primera opción. 0,75/0,75

Impresiones:

Primera impresión: Un álbum que suena tan bien que al acabar lo primero que dices es “¿Ya?”. Tiene un sonido que consigue cautivarte, y, sobre todo en la primera escucha, los momentos que puedan apagar el ritmo un poco o hacer que te recuerde a algo que has escuchado antes se ven inmediatamente compensados por un tema que gira en parte la temática y consigue re-engancharte. 1,1/1,5.

Tema a tema en profundidad/Impresión General: Como ya he dicho, es un álbum que esta diseñado para su escucha a nivel global, pero este hecho no ha impedido que Daughter se haya marcado buenos temas por solitario. Pero tienden a esa posición de equilibrio que es el conjunto, el entender la temática global, el saber por qué esta guitarra suena tan parecida a la de este otro tema. Esto es un arma de doble filo, tiene tanto de bueno como de malo. Por lo demás, en lo que respecta a la producción, han pegado un salto inconmesurable de su anterior trabajo a este, apostando por la electrónica onírica (sin caer en el sueño por lo aburrido) y por el indie pop/rock barroco (sin caer en la intensidad desmesurada que rompiera el equilibrio del álbum). La voz de Elena se eleva con la seguridad de saber que se encuentra ante un trabajo con mucho potencial. Y eso se nota. 4,2/5.

-Lista de reproducción y compra: Voy por mi casa cantando el estribillo de ‘Doing the Right Thing’ y pensando en la progresión de sintetizadores de ‘Alone/With You’. Si no me las puedo quitar de mi cabeza, ¿cómo no van a estar en mi lista de reproducción? Y también se trata de una compra altamente recomendable: el salto mortal de un grupo con un nombre aún forjándose y que ha sabido apostar por un camino que le ha correspondido bien. 1/1.

Puntuación total: 8,8/10

Not to Disappear

Daughter – “Not To Disappear” (2016, 4AD)

Crítica “Blackstar” de David Bowie: Cuando te vas por la puerta grande en un mar de art-rock

Pasa algo cuando intentas hacer una crítica del último álbum de un artista que lleva sacando trabajos desde 1967 de los cuales sólo has oído sus mejores momentos. Y, en mi caso, “The Next Day”, al que le di un par de vueltas en su momento.

Así que partimos de esas referencias. Unas referencias que me han permitido dar fe de lo que fue en su momento David Bowie, las personalidades tan distintas que había en su producción, su carácter innovador y su estado de Dios de la música. En “Blackstar” solo tenía que demostrar que seguía siendo él mismo. Ese espíritu que nada a contracorriente en las tendencias y que sabe coger lo mejor de cada casa y hacer de ello su bandera.

“Blackstar” es un álbum que consigue dar una vuelta a lo que nos presentó en su comeback de 2013. Si aquel álbum estaba lleno de riffs de guitarra eléctrica con momentos muy interesantes pero sobre el que volaba la sombra de ser un intento de rejuvenecer a un artista, en “Blackstar” decide recoger toda su experiencia y entregarla en un bote que lleva por etiqueta la madurez y la libertad de poder hacer lo que quiera. No todos pueden abrir un álbum con un tema de 9 minutos y conseguir que sea de lo más apetecible del álbum.

Me remito de nuevo al término libertad, un aspecto que encontramos tanto a nivel melódico como a nivel lírico, del cual trataré más adelante. Es un álbum que ha sido etiquetado muy ciertamente de art-rock y jazz experimental. Esto es debido a la amalgama de sonidos que encontramos, desde momentos más rockeros como en ’Tis a Pity She Was a Whore’ o ‘Girl Loves Me’, a los momentos de saxofón tan mágicos que aparecen en ‘Blackstar’ o ‘Lazarus’, la sección más electrónica que es ‘I Can’t Give Everything Away’ o ese momento más breakcore en el cierre de ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’. Y con esto acabo de repasar los siete temas que componen este álbum, de estilos tan diferentes pero que tienen ese toque Bowie que consigue mantenerlos coherentes.

Por terminar de tratar el apartado melódico, es un álbum de 41 minutos y 7 cortes que resulta muy fácil de digerir. Sabe jugar muy bien con los momentos de mayor y menor intensidad haciendo que el oyente se encuentre cómodo. Por ejemplo, poner entre ’Tis a Pity She Was a Whore’ y ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’ otro de los temas bandera de este álbum como es ‘Lazarus’, es una excelente decisión, al crear una transición entre dos de los temas que mantienen una estética más similar, culpa de ello la tendrá el hecho de que fueron temas ya lanzados en 2014. La recta final y la manera en la que transicionan ‘Dollar Days’ y ‘I Can’t Give Everything Away’  es digna de mención, siendo este último tema un acertado broche de oro. Algunos momentos que me han hecho guiñar un ojo de incertidumbre es la introducción de ‘Girl Loves Me’ con un Bowie con una parte vocal que resulta extraña las primeras veces, tanto por la producción en sí como por el hecho de cantar en el dialecto usado en La Naranja Mecánica; aunque con el paso de las escuchas, acaba resultando del todo hipnótica con una interesante mezcla melodía-letra.

Y ahora, hablemos de la letra. En ella encontramos a dos David Bowie, por decirlo de algún modo. Uno que lleva su vena más de artista, el mero entrepreneur, que habla de temáticas en las que no busca la personalización. Habla de un “yo” metafórico que puede o no ser referencia directa a su persona. Pero es entonces cuando encontramos el trasfondo de este álbum: la realidad, la de que David Bowie se moría y lo sabía. Los oyentes escuchábamos una temática que jugaba con la vida y con la muerte, pero lo asociábamos a un mero aspecto de madurez y nuevas preocupaciones: el dejar de hablar de las ideas de sus personajes y poner en su propia boca las suyas. Pero no dejábamos de pensar que serían pensamientos que uno tiene en cualquier momento. Como en todos sitios se ha dicho, este aspecto cobra un nuevo sentido a la muerte del artista. El ejemplo más claro donde se ve esto: ‘Lazarus’ y la apertura con “look up here, I’m in heaven, I’ve got scars that can’t be seen”.

En resumen, una obra con la que David Bowie se despide por la puerta grande, con un estilo original y propio y con el que deja patente a nivel lírico lo que vivía él mismo en sus últimos momentos, dejando a parte personajes y demás personalidades. En este aspecto, es un álbum auténtico del que poco más podemos decir, así que pasemos a la valoración:

Originalidad:

-En el álbum: Juega de una manera muy interesante creando transiciones entre aquellos temas que se puedan parecer más para dar tiempo a asimilarlos. Y por otro lado, en cada tema somos partícipes de algo nuevo, algo difícil de conseguir cuando lo primero que te encuentras es una obra de diez minutos de duración. En el resto del álbum encontramos oportunas referencias estilísticas a este primer tema, pero en ningún momento crean momentos de confusión y resulta del todo agradable. 1/1.

Con respecto al resto: Es Bowie, debería ser sinónimo de originalidad con el resto del mundo. 0,75/0,75.

Con respecto a lo anterior del artista: Atrás quedaron épocas de glam y épocas más rockeras a la antigua usanza. Lo mismo con los momentos más electrónicos. Un álbum nuevo en el panorama y nuevo en la propia producción del músico. 0,75/0,75.

Impresiones:

-Primera impresión: Un álbum que me resultó agradable desde el primer momento, que consiguió convencerme para darle múltiples escuchas el mismo fin de semana que salió. Ya mencionaba con anterioridad ese momento que te hace guiñar un ojo en un primer momento, pero son momentos minoritarios. 1,2/1,5.

-Tema a tema en profundidad/Impresión general: Cortes con una producción intachable y de los que quiero destacar el apartado instrumental, sobre todo en ‘Blackstar’ y ‘Lazarus’, con dos cierres que hace que se desvanezca la escena en un mar de instrumentación de viento y guitarras eléctricas. En lo que respecta al resto, me parece que ha encontrado un muy bien equilibrio y ha sabido innovar sin pasarse de rosca. Hay algunos momentos que hacen que me impidan ponerle la máxima nota, pero en definitiva es un must que hay que escuchar. 4,5/5

Lista de reproducción y compra: La mayoría forman parte de mi lista de reproducción, incluso ‘Blackstar’, donde la longitud no supone en absoluto un handicap. Y evidentemente me lo compraría, tanto por su estilo como para lo que representa en la producción de David Bowie. 1/1.

Puntuación Total: 9,3/10

Blackstar

David Bowie – “Blackstar” (2016, ISO)

7 Skies H3: He muerto, renacido y vengo a contaros mi experiencia

Con esta entrada me gustaría dar el pistoletazo de salida a una nueva sección del blog, que espero que dure algún tiempo y no es otra que el desafío del mes. Un compromiso con el que, una vez al mes, me pondré una especie de prueba de diferente envergadura. ¿Para qué? Tampoco lo sé si no hay la menor necesidad, pero puede ser divertido.

Corría el segundo día del año y estaba descansando de la fiebre de “escuchar todos los discos posibles de 2015”, así que eché mano de mi colección de discos puse mi copia en vinilo del 7 Skies H3 de los Flaming Lips, edición limitada del Record Store Day de 2014 que adquirí en Estados Unidos.

Por si no lo sabíais, este disco se trata de una versión condensada de 50 minutos de la canción original, que dura la friolera de 24 horas. Tal cual. Una aventura psicodelicosónica que sólo se le podría haber ocurrido a Wayne Coyne y los suyos.

Así que se acaba el disco y me digo: “¿Por qué no me escucho la versión extendida a ver qué me encuentro?”, y así comenzó mi odisea de 24 horas, repartidas en 4 o 5 días (hubo un momento en el que perdí la noción del tiempo, de ahí esa incertidumbre).

Como digo, 24 horas de canción que confluyen creando diferentes secciones que se alargan horas y horas, con momentos más accesibles como la apertura el cierre, que cierran el círculo que ha creado este tema manteniendo la misma línea melódica, y momentos que dejan ese regusto de incertidumbre y desesperación porque se acabe.

En cuanto a estilo en el que encuadrar esta canción, lo más predominante sería el noise-rock experimental, debido a la principal predominancia de secciones de batería intensa, vocal rompedor y efectos de sintetizador que rompen la escena. Una estética que hace pensar en su álbum Embryonic, publicado dos años antes.

Si sobrevives a las 24 horas de odisea experimental vas a volver como un ente renacido. O al menos así me siento yo. Al acabar la canción me he planteado qué hacer con mi vida después de un día entero escuchando una movida experimental de The Flaming Lips de las que solo te puedes quedar con retazos y de la que el mismo Wayne Coyne ha dicho “que no la escuche nadie, que aprovechen ese día para hacer otras cosas, pero sé que va a haber gente que va a quedar y la va a escuchar como una prueba de acceso”. Supongo que la he pasado. Es una experiencia extraña desde luego, en el que te pones a pensar mientras escuchas una melodía que parece que no ha cambiado en hora y media y parece no tener fin.

Pero quería centrarme en algo. Vale que 24 horas dan para mucha experimentación, para evolucionar sonidos y para “acabar sin ideas y tener que empezar a componer de cero”, como dijo Steven Drodz. Pero esas 24 horas tienen otra interpretación, la que podemos conocer a través de la letra.

Es un tema denso y culpa de ello no  la tiene solamente su duración. Prestemos atención a su temática: nos pone en la perspectiva de un hombre que ha perdido a su mujer porque se ha suicidado. Con esta premisa, Wayne abre el tema poniéndose en el papel de este protagonista haciendo una serie de reflexiones que discurren entre el recuerdo de su novia, la desesperación por su pérdida y la caída en el nihilismo por su ausencia. En la primera media hora será donde encontremos estas reflexiones y el mayor peso lírico de la canción; encontraremos otros momentos con parte vocal, pero será de un carácter distorsionado e ininteligible, y otra final en los últimos veinte minutos donde después de toda la odisea de la que ahora hablaremos, acaba claudicando y admitiendo que no podrá abandonar el recuerdo de la amada.

24 horas de evolución sonora que se asimilan a la evolución psicológica de un hombre que sufre una pérdida de este calibre. Partes que en ocasiones resultan incoherentes entre sí pero que sólo se puede achacar a lo incoherente de la propia mentalidad humana. Así encontramos un amplio pasaje que roza el ambient, de sintetizadores que silban y evocan una calma espectral, a momentos de explosión industrial y rabia incontenida u otros momentos con coros fúnebres. En general, un tema que se desarrolla en una oscuridad mortuoria de la que difícilmente se puede escapar.

24 horas puede parecer algo excesivo, pero si consideramos la perspectiva de que estamos dentro de la cabeza de este protagonista, cabría pensar que no son suficientes. Es una puerta abierta a la interpretación que hace Wayne Coyne de una historia real y a la que nos consigue transportar por medio de la creación de pasajes musicales que te envuelven, en ocasiones te dan una paliza y te hace sentir el dolor sentimental que quiere transmitir, y en otras te acaricia y te da la mano para intentar darte apoyo en lo que te queda por recorrer.

 

Mis 10 momentazos musicales de 2015

Prometo que es la última lista que hago de cosas de 2015. Toca pasar página, pero antes quería traer una lista, sin orden alguno, de lo que para mí han sido momentazos musicales de canciones de este año. Estribillos, segundos de canciones o melodías que me ganaron en su momento y me sigo acordando de ellas o que me marcaron. Hay de todo en esta lista. En los vídeos que incluya se reproducirá automáticamente el momento del que hablo para que os hagáis una idea y artistta y álbum del que se ha extraído. Comencemos.

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Xoel López – ‘Patagonia‘ – “Paramales”

El crescendo final de ‘Patagonia’ , cuando se mete el piano y explota la melodía. Decir que en directo esta parte es maravillosa y que la versión en estudio hace justicia. Cuando me estuve preparando su entrevista, la primera vez que escuché este tema me resultó conmovedora esa parte, y sigue siendo uno de mis momentos favoritos desde entonces.

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EL VY – ‘Return To The Moon’ – Return To The Moon”

Cuando Matt Berninger se va por tonos altos en los últimos momentos de ‘Return To The Moon’, algo que habíamos visto en pocas ocasiones y que consigue añadir un toque emocional al tema en un tema en el cual lo único que encontramos son buenas vibraciones y un crescendo muy interesante que cierra el tema en un clímax y con ganas de más.

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The Weeknd – ‘Can’t Feel My Face’ – “Beauty Behind The Madness”

El estribillo de ‘Can’t Feel My Face’, que me trae, y seguro que a más gente, un muy buen vibe. Era necesario algún éxito de estas características, y tenemos que darle las gracias a Abel Tesfaye por conseguirlo. Un tema bailable, simpático, con reminiscencias a la escena más groovy de los años 70… Lo tiene todo para que suene en pistas de baile, en la radio y en cualquier lugar.

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Joe Crepúsculo – ‘La Verdad’ – “Nuevos Misterios”

Este verano me dijeron que “si quieres que Mané se calle, empieza a cantar el estribillo de “La Verdad”, que lo sigue él solo y acabas la convesación”. Y esto es totalmente cierto. Desde que pusieran esa canción este verano y me enganchara al ritmo enlatado de Joe Crepúsculo, no he podido (ni mi grupo de amigos tampoco) dejar de recordarla a la mínima oportunidad posible.

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Miley Cyrus – ‘The Twinkle Song’ – Miley Cyrus & Her Dead Petz

Aunque Anthony Fontano se mofara cuando le hizo la crítica y puso al disco en el puesto número 2 de peores discos del año, cuando escuché ese final de ‘Twinkle Song’ donde Miley gritaba aquello de “What does it mean?”, me quedé alucinando. Más aún cuando lo interpretó en directo en el Saturday Night Live con el único acompañamiento de su piano…y toda la parafernalia habitual de esta nueva etapa.

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Sonograma – ‘Reina del Sur’ – “Tormenta”

Aún están abriéndose paso en el panorama musical, pero han conseguido transmitir en su álbum debut una esencia musical propia y rockera lejana a toda esencia naïve lo-fi del que empiezan. El caso es que me estaba preparando la entrevista que les iba a hacer, y llegué al cierre del disco con ‘Reina del Sur’ y una amiga y yo nos quedamos prendados con este tema, del que me quedo con el final, cuando se apaga la melodía y lo único que queda es el cantante gritando “¡Sal de mi vida!”.

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Son Lux – ‘You Don’t Know Me‘ – “Bones

Cuando estuve hablando con Ryan Lott al acabar el concierto de fin de gira en Madrid, me contó que grabó la parte vocal de este tema teniendo bronquitis, y que se acabó quedando con esa toma porque le daba ese toque de ruptura que tanto le gustaba al conjunto. En cualquier caso, esta enfermedad no impidió que se grabara ese canto que denota indignación y enfado con aquello de “you don’t know me at all!” que tanto me marcó en un primer momento y que luego vi en un directo sublime.

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Florence + the Machine – ‘Mother’,’How Big How Blue How Beautiful’ y ‘What Kind Of Man’ – “How Big How Blue How Beautiful”

Único triplete de esta entrada ante mi falta de capacidad para quedarme con un solo momentazo. En primer lugar, me quedaría con el guitarrazo de ‘What Kind Of Man’ con el que Mar y yo caímos rendidos desde el primer momento en el que escuchamos el estreno de esta canción allá en febrero en la BBC Radio. Luego me quedaría con el momento de ascención casi celestial de ‘Mother’, cerca de un minuto de guitarra, sintetizadores de ambiente y la voz de Florence que retumba y que en conjunto da una sensación de ligereza que te hace flotar. Y por último, y casi que más importante, el cierre de ‘How Big How Blue How Beautiful’: la sección de viento y el significado detrás del mismo.

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Alabama Shakes – ‘Gimme All Your Love’ – “Sound & Color”

Escuché por primera vez este tema en Radio 3, no conocía al grupo de antes ni nada, pero cuando sonó ese primer estribillo y Britanny se dejaba la voz cantando con su voz rasgada “If you just gimme all your love” quedé alucinado y en seguida este tema se quedó como uno de los must de este año.

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Tame Impala – ‘Let It Happen’ – “Currents”

Aquellos siete minutacos que sirvieron de adelanto para ver lo que íbamos a encontrar en el tercer trabajo de estudio del proyecto de Kevin Parker. Pero de este tema (del cual tenemos minutos y secciones para quedarnos) me quedo con esa parte instrumental con la que empieza la segunda mitad del tema y encontramos los synth strings y el vocoder, mi gran amigo que consigue convencerme cada vez que aparece.