Mes: febrero 2016

Do yourself a favor y ve al concierto de tu banda local

Últimamente, cuando hablo con grupos a los que entrevisto me doy cuenta de algo: el mayor apoyo que reciben, siempre, es de los que van a verles a los conciertos. Quiero decir, pueden vender más música o no vender ni un solo disco, bien porque no tengan material editado o bien por cualquier otro motivo, pero es en el directo donde se forjan las bases de los seguidores de un grupo que está empezando. Es ahí donde el oyente hace su criba personal, su selección, y elige darle una oportunidad al grupo en cuestión.

Antes de abordar el tema principal, me detengo en este aspecto de la actuación en directo. Todos conocemos a grupos que en directo dejan mucho que desearTonos que no se alcanzan, melodías que no se logran, falta de conexión con el público… Aspectos que, como artista, debes de saber superar con cierta habilidad.

Piensa en cualquier grupo pequeño del que hayas oído hablar. Pero ojo, no hablamos de Lori Meyers Sidonie, nos vamos a las capas bajas, al underground. Lo defino rápidamente por si acaso: toda la música que no se conoce por el gran público, bien porque está eclipsada, bien porque está formándose.

Total, que tenemos a este grupo que actúa en una sala de mala muerte a una hora inhóspita. Ir o no ir es la cuestión. Te tira más la segunda opción probablemente. Quiero decir, habrás podido escuchar un par de temas sueltos que han subido a su bandcamp (nos olvidamos de Spotify, que eso cuesta el dinero), algún comentario en alguna página web, pero no habrás notado mayor repercusión. Normal al fin y al cabo. También es muy probable que optes por quedarte en casa o gastar los 5, 8, 10 euros que cueste la entrada en otro tipo de ocio o te dediques a juntarlo para un futuro concierto que te interese más.

Pues mal. Fatal. Ve a ese concierto. Apoya a ese grupo. Cómprate el disco si te han convencido al final, habla de ellos si te han gustado, recomiéndalos y síguelos en sus redes. Porque ya no es sólo el hecho de que si en un futuro consiguen labrarse un nombre importante en el panorama musical puedas colgarte la gafapasta y decir aquello de “los conocí antes de que fueran famosos”. Estamos hablando de motivación. Si vas a un concierto de un grupo que está empezando y muestras una conexión y un sentimiento de apoyo, eso es algo que acabará por agradecer la banda y les motivará a seguir adelante.

Ir a conciertos de este calibre es una ayuda para todos. Tanto para el grupo, a nivel motivacional y económico (algo al menos), como para la sala pequeña que hace esta apuesta, como para el público, que puede pasárselo bien en un ambiente íntimo en el que al final te acabas haciendo amigo de todos.

Me contaban el otro día en una entrevista un testimonio que dieron a otro medio, y es que comentaron que la gente sólo iba a conciertos cuando tenía que pagar mucho dinero. Y eso es cierto. En innumerables ocasiones hemos visto colgado el sold out de un concierto de gran magnitud con entradas a precios desorbitados en comparación al rango de precios del concierto en una sala pequeña.

Pero es más, pensando en este comentario que me hicieron, caí que es algo que también afecta a la venta de música. Sólo venden música los grandes nombres. Ahora mismo, o vendes millones de discos o no vendes nada a nivel global. Ese rango medio de ventas es el que estamos impulsando todos aquellos que nos tachan de raros por comprar discos habitualmente.

Pero ese no es el caso, lo único que quiero hacer ver es que hay que ir a conciertos. Cuantos más, mejor. Apoyar la escena local. Aquí en Málaga me he dado cuenta que el panorama indie es casi inexistente, y me he propuesto potenciarlo en mi medida acudiendo a los conciertos pequeños que se ofrezcan. Os propongo lo mismo. Echad un vistazo a la agenda cultural de vuestra ciudad, escuchad un poco del grupo que actúa y si os llama la atención dadle una oportunidad en directo. Hay que motivar, crear un hilo de esperanza a aquellos que se lanzan al mercado musical de nuevas.

PD: Título de la entrada en inglés porque no encontraba una traducción que me convenciera lo suficiente y fuese lo suficientemente concisa y breve como para hacerle la competencia a esta.

Cuando Coldplay se hicieron las américas en la Superbowl

La Superbowl. Ese evento deportivo que solo vemos en Europa por la interpretación del himno nacional al principio y el famoso halftime show. Este domingo se cumplía la quincuagésima edición, y había que apostar fuerte…¿y seguro?

La vida no es como aquel capítulo de los Simpsons donde contratan a Homer para hacer el intermedio de la Superbowl para *spoiler* acabar en un fracaso por haber dejado a su vecino Flanders hacer una representación de un pasaje de la Biblia. Estamos hablando de un escenario donde han pasado los reyes del pop Michael Jackson Madonna. Estamos hablando de un listón que ha ido subiendo año tras año; no hay más que mirar a la actuación de Katy Perry del año pasado (y también al Left Shark que dio para tanto) o la de Bruno Mars del año anterior.

Que Coldplay se estaban haciendo cada vez más y más comerciales era algo que se venía sabiendo desde que publicaran “Mylo Xyloto”, y este nuevo “A Head Full Of Dreams” se encarga de terminar de pavimentar el camino que abrieron hace cinco años ya. El culmen de todo sería presentarlo en el intermedio de la Superbowl. ¿El único problema? Serán esas raíces indie que de vez en cuando quieren salir, será que a una banda británica le resulta algo ajeno la Superbowl o será el fastuoso hype del que habla Mar en su visión personal de la actuación de la Superbowl:

Así pues, después de todo esto, ¿cuál es el problema? El hype, cariños míos, el hype. Entiéndase hype cuando hablan de ti a todas horas cuando motivo, de haberlo, no lo hay. Y la overexposure, no merecida. Mucha. Demasiada. Tanta, que no puedo con la vida. El mainstream se ha convertido en el único stream.

El intermedio de la Superbowl es un momento en el que se ruega ser grandilocuente. Madonna vino cual diosa egipcia con carrozas, Katy Perry vino a lomos de un tigre gigante, Michael Jackson estuvo durante un minuto en silencio, inmóvil, y consiguió llenar el estadio con su presencia; y Chris Martin vino corriendo por la pista de juego con sus intensitos. Tal vez en un intento de seguir diciendo que son ellos mismos, les ha faltado aportar ese plus de originalidad y excentricidad que se espera en este momento, dándome la sensación de que me encontraba en un directo más del grupo. El mismo concepto que te encontrarías en un concierto de sus últimas giras: El grupo actuando en su sitio, Chris Martin dando vueltas por el escenario y dando saltos… Vale, el público al final muy entregado con el tema de formar la frase “Believe in love”, pero no termina de parecerme que todo es un apaño rápido para recordarse a sí mismos dónde están.

Y si hablamos de apaños rápidos, hay que pararse en ese momento de eclipse de Beyoncé y Bruno Mars. De nuevo, la sensación de que Coldplay se encontraba ante un espectáculo que les quedaba grande y ante el que no tenían claro la forma en la que actuar (hablemos de la forma tan catastrófica en la que se hilaban los temas en la primera mitad). Porque hay formas de hacerlo bien. Una cosa es invitar a un artista a acompañarte en un tema (caso Katy Perry-Lenny Kravitz, donde compartieron escenario) y otra cosa es cederle tiempo de una actuación que debería ser tuya para que Beyoncé interprete en vivo su nuevo tema.

Dicho lo cual, para mí, la actuación de la media parte de la Super Bowl de este año, vista por millones y millones de espectadores, no fue más que (…) un producto de marketing más.

Otro aspecto muy importante, el marketing. Desde la organización declaran que los artistas no cobran y que sólo se pagan los gastos de producción, así que tienen que aprovechar al máximo esta oportunidad que les ofrece la vida. Coldplay que inicia gira, Beyoncé que lanza tema sorpresa y anuncia gira también. Y Bruno Mars…que sigue aferrándose al ‘Uptown Funk’ que debería ir renovando de una vez.

En resumen, una actuación de parches. Con momentos interesantes 100% Coldplay, pero no deja de parecerme un parche detrás de otro. Ponemos a Coldplay por aquí tocando sus temas como puedan, luego metemos a Beyoncé haciendo lo de siempre, hacemos chas y aparece Mark Ronson dando paso a Bruno Mars cantando lo que llevan cantando más de un año juntos. Ahora baile por aquí, pum pum por allá y algo bueno debe de salir de juntar a tres de los mayores exponentes musicales actuales.

Tal vez la Superbowl este año haya pecado de exceso de confianza. O tal vez los que hayan pecado de exceso de confianza hayan sido de Coldplay. Me voy a hacer eco del comentario general de las redes y es que “Beyoncé stole the show”, para bien o para mal. Eso sí, a la que no pudo eclipsar fue a Lady Gaga entonando el himno nacional, que aunque dio para infinitud de memes, la queen Bey no pudo hacerle sombra.

Cuando eres Rihanna y te sacas un álbum de la manga

Las vidas de muchos se vieron carentes de sentido cuando la semana pasada Rihanna publicaba (al fin) su nuevo álbum, ANTI. Ya se acabó la constante pregunta los jueves de “¿será mañana cuando lo publique por sorpresa?”, ahora damos la bienvenida a “¿realmente ha merecido la pena?”.

Volvemos a lo de siempre y ya algunos os resultará viejo familiar mi amigo el hype. Porque tienes dos formas de actuar cuando eres una estrella de fama mundial de la que se sabe va a publicar un álbum en breve. O te marcas un Kanye West con Waves y lo acabas presentando en el maldito Madison Square Garden en un concierto que se transmite por todo el mundo, o te marcas un Beyoncé y publicas de repente, cuando nadie se lo espere, tu nuevo álbum en los medios digitales disponibles para todo el mundo.

La cuestión es la siguiente: Rihanna sabe muy bien qué hacer para llamar la atención. Que si ahora publico tres temas que no tienen nada que ver el uno con el otro y que (salvo ‘American Oxygen’, con el que sufrió un descalabro) le han dado el hit fácil con el que ganar tiempo; que si ahora monto una página web donde la gente va abriendo puertas para llegar al álbum, que si ahora publico una foto mía escuchando el disco… Todo para que al final te levantes por la mañana y leas un tweet de la amiga RiRi diciendo que sus seguidores tenemos un regalito esperándonos.

Hay que sumar otro factor: ha publicado el álbum en Tidal. Sí, la famosa plataforma por streaming de Jay Z que se montó como una nueva salvación a la obra de los artistas y que ha caído en un fracaso importante. ¿Qué consiguen con esto? Un intento desesperado para remontar, porque a pesar de que el álbum sea gratuito (durante la primera semana y código mediante), tienes la obligación de caer en las redes de la plataforma abanderada por Madonna o Nicki Minaj para descargártelo.

Así que, en resumen, tenemos a Rihanna publicando de mala manera y un poco a destiempo el álbum (un par de días después de estrenar ‘Work’ , sin dejar siquiera tiempo para asimilarlo) y, ¿peor aún?, haciéndolo en una plataforma tan duramente criticada como Tidal. ¿Por qué hacer esto? Quiero decir, ¿por qué no seguir los métodos habituales de publicación de un álbum y tener un éxito asegurado? 

Para esta pregunta encuentro dos respuestas: la primera es porque eres Rihanna y te lo puedes permitir, la segunda es porque eres Rihanna y siempre te ha ido bien.

No todos pueden generar un hype como el que ha generado la de Barbados y ANTI, y menos aún poner en descarga gratuita su álbum y que la repercusión acabe en un balance positivo (al final ha conseguido lo que quieren todos: que se hable de ella y de su música. Aunque en este caso, más del envoltorio que del contenido). ¿Si hubiese seguido el “método habitual” o se hubiese marcado un Kanye West hubiese engrosado más billetes en su cuenta corriente? Tal vez, pero cuando estás ya en ese estatus te da exactamente igual.

Y ahora el segundo motivo. No recuerdo donde leí esto pero me chocó mucho. Cuando se hablaban de aquellos singles que estrenó el pasado año (‘Bitch Better Have My Money’, ‘FourFiveSeconds’ y ‘American Oxygen’), hablaban de que Rihanna quería de alguna manera experimentar en sus propias carnes “el fracaso” y la sensación de renacer de sus cenizas con un nuevo material impactante. Siempre te ha ido bien, y aunque estés en horas bajas, cualquier cosa que saques va a tener un público al que va a gustar. Basta encontrar la tecla adecuada y salir ganando. O incluso sin esforzarse mucho, nada más hay que mirar ‘Work’, que es simple como ninguna pero acaba quedándose y no puedes dejar de tararearla.

¿Es Rihanna una innovadora y una atrevida por hacer esto? No. Lo de “atrevida” no tiene sentido cuando sabes que vas a salir ganando, la única duda es el cuánto. E “innovadora” tampoco, porque, aunque lo haya hecho de peor manera, ha recorrido un camino que ya hizo Beyoncé hace un par de años, quién a su vez optó por la versión sencilla de lo que ya hicieran Radiohead en 2008 con “In Rainbows” y su descarga con el pago a gusto del consumidor. Pero si que ha hecho algo interesante, y es hacer suyo el “si puede salir mal, saldrá mal” para darle la vuelta. Puestos a hacer un Björk y que mi álbum se filtre, lo publico yo gratis y quedo mejor. Aunque eso sí, ¿de qué hablamos más, del contenido del disco o de la forma en la que se ha lanzado? Si una artista quiere devaluar de una manera tan importante su obra, adelante, pero que no lo publique entonces en Tidal y su filosofía de defensa de los derechos de los creadores, porque no perdamos de vista que gran parte de esta estrategia ha traído el sacrificio de todo ese apartado creativo por 15 minutos de fama.