Autor: Mané López

Y goddess Flo se hizo carne y descendió en Madrid

Descubrí a Florence + the Machine a principios de 2011 gracias a que ‘Dog Days Are Over’ apareció en un anuncio de Apple, y desde entonces, he podido ser testigo de la evolución en su música. El estreno de “Ceremonials” y el cambio de tercio a un sonido más, valga la redundancia, ceremonioso, con ‘What The Water Gave Me’ como primer single que extrañó pero acabó enganchando. Y qué decir de, cuatro años más tarde, el regreso con “How Big How Blue How Beautiful”del que ya no puedo decir más cosas salvo expresar mis emociones con respecto a la puesta en escena.

Porque como digo, se acabó la espera. Viaje a Madrid junto a Mar (a.k.a Mar Music Memories), otra persona que, junto a Florence Welch, conocía de hace tiempo y tocaba verla en persona y no pudimos encontrar mejor momento. Horas de cola después (ella unas pocas más), abren puertas, cogemos sitio centrados en cuarta-quinta fila y continuamos esperando, con la expectación acrecentándose.

florence

Salen Gabriel Bruce y los suyos a escena, el telonero. Con un estilo que juega con el rock, lo groovy y una ecualización de sonido horrible (el cantante, de tono bajo, no podía hacer nada para enfrentarse a la guitarra de tonos afilados que tocaban a su vera) no hizo más que todo el mundo deseara que acabase para dejar paso a quién verdaderamente íbamos a ver. Sinceramente, sentí algo de pena ver la forma en la que el propio Gabriel se entregó en su actuación, intercalando momentos de intensidad gestual con bailes propios de Mick Jagger pero con el peso de que no se le entendía nada cantando y tenía un estilo que no pongo en duda que en estudio y arreglado mejoraría muchísimo.

Pero en fin, acabó su mini-set, de nuevo otra espera, se apagaron las luces, entró la banda (me quedé con ganas de que Isa “Machine” Summers” se girara a mi grito de”guapa”) y estallamos en aplausos. Entra Florence pasando por delante del público y más aplausos y gritos. Todos pensábamos lo mismo: “al fin la tenemos delante”.  La apertura con ‘What The Water Gave Me’ no hizo más que convencernos a todos de que aquella noche era real. Servidor y gente de alrededor lo dimos todo cantando ese estribillo mágico: “Lay me down, let the only sound, be the overflow, pockets full of stones”.

Porque, sinceramente, “mágico” sería el adjetivo que mejor describiría el concierto de la Welch. Con un setlist intercalando canciones de ayer y hoy, esa introducción derivaría en una explosiva ‘Ship To Wreck’ con una Flo dando la primera de muchas vueltas por el escenario, haciendo de actriz interpretando la letra de su canción, para después volver a los inicios de su carrera con ‘Rabbit Heart (Raise It Up)’ pidiendo al público que colaborase con ella saltando y levantando a otro sobre los hombros. Todo esto para acabar corriendo entre el público y cantar a voz en grito entre nosotros “this is a gift, it comes with a price, who is the lamb and who is the knife?”.

A continuación vendría una interpretación que rozaba lo espiritual con ‘Shake It Out’ e hilaría con ‘Delilah’, donde no pude hacer otra cosa que mantener los ojos cerrados cuando cantaba por primera vez “too fast for freedom” y mientras sonaban los acordes de piano que sirven de preludio al segundo verso explosivo. Una ‘Sweet croissant Nothing’ desnuda tirando al acústico coreada por todos que derivaría en una breve introducción sobre la génesis de su último álbum, de como ‘How Big How Blue How Beautiful’ fue de los primeras temas escritos antes de que llegara todo lo “blue” que la convirtió finalmente en lo que es. Introducción decidida con la voz de Florence a solas de una guitarra eléctrica,  la estructura explosiva que tiene el tema y el final de viento y coro. Como con ‘Mother’ más adelante, fueron unos cierres donde se echaba de menos todo el peso instrumental que tenían en estudio, pero a cambio supo compensar con una puesta en escena y unos movimientos sensuales que resultaban del todo hipnóticos.

florence2

Uno de los momentos más especiales fue la interpretación en acústico de ‘Cosmic Love’, guitarra y arpa acompañando a una Flo que lució toda su potencia vocal con momentos donde alcanzaba notas altas y delicadas  con las que se ganó el silencio y el aplauso de todo el público. Mención aparte el cierre con el arpa y Florence girando sobre sí misma cual muñeca de cajita de música. ‘Long & Lost’ se encargó de relajar las revoluciones, pero no pudimos más que cantar y llevar con palmas el estribillo. ‘Queen Of Peace’ sonaba revolucionaria, Flo bailando aquí y allá, un tema que se agradeció para aumentar la intensidad del concierto.

Gritos y saltos continuaron sucediendo en ‘Spectrum’, con todos unidos al grito de “say my name!”. Desde luego, se permitió hacer un repaso a su discografía y acabar el primer tiempo del concierto con dos de los temas más representativos de su primer álbum: ‘You’ve Got The Love’, el cual no me esperaba y disfruté mucho, y una ‘Dog Days Are Over’ obligada, donde nos pidió hacia el cierre quitarnos una prenda y moverla en el aire, petición a la que respondimos algunos de mi alrededor y yo desprendiéndonos de la camiseta y sumarnos a la energía que desprendía todo el mundo.

Fin del primer tiempo, vuelve a entrar la banda en oscuridad, y, con luces tenues, Florence se pone enfrente de un foco a entonar las primeras notas de ‘What Kind Of Man’ con toda la gesticulación de The Oddysey apoyándola. Las manos se iban solas para imitar los gestos de la Welch, y finalmente, los movimientos suaves pasaron a ser puños furiosos con los primeros riffs rompedores del tema. ‘Drumming Song’ pondría el broche de oro a la noche, con una interpretación igual de siniestra y enérgica, con una Florence moviéndose por el escenario mostrando duda mientras canta “there’s a drumming noise inside my head that starts when you’re around” que acabaría por estallar en saltos compartidos con el público.

En definitiva, Florence + the Machine dejó constancia de que son una banda con un amplio rodaje y con hits necesarios de ser coreados por un amplio público. Ya sean de su primer álbum como del más reciente, a los que estuvimos allí nos dio igual. Fue el día para demostrar que todo lo que habíamos visto anteriormente en vídeo y en estudio, era real. Florence Welch se hizo persona entre nosotros, compartió sentimientos, nos transmitió su energía y nos dejó su mensaje: “Spread the love everywhere you can, ‘cause everybody has love to share”. Gracias goddess Flo. Ahora todo tiene sentido.

¿Está cambiando la concepción clásica del álbum?

Hay cuestiones que siempre son interesantes de tratar. Si en la última entrada hablaba sobre Kanye West y su sentencia de que el formato físico estaba muerto, en esta toca hablar del álbum y el proceso que hay más allá de la producción para SBTRKT.

El productor británico lanzaba este viernes SAVE YOURSELF, un proyecto musical del que él mismo dice que no es un álbum, si no una obra con principio y fin, acompañada de visuales y demás para darle más trasfondo a la música. Una música con la que intenta y desea tratar con total libertad cualquier tema que le rodee, ya que, al fin y al cabo, no consigue separar el mundo de su música con el mundo en el que vive y quiere que se vea reflejado en su producción.

En cuanto a los temas que componen este proyecto, decir que se mueven en la temática electrónica habitual del músico, pero con un carácter más analógico, en ocasiones más break, que se distancia en parte del “Wonder Where We Land” que lanzó hace un par de años. Desde luego, es un trabajo diseñado para escuchar en conjunto, donde los temas se entremezclan los unos con los otros creando pasajes indisolubles, donde se pasa de la calma fruto de sintetizadores analógicos al nerviosismo surgido de la unión de los vocales de Sampha y una percusión que entra en los momentos idóneos para animar la escena.

Pero hoy nos centraremos en el trasfondo del álbum, el porqué de su existencia, su razón de ser. Junto a “SAVE YOURSELF”, nos ofrecía un escrito en el que explicaba el concepto detrás del proyecto. La cuestión es que es un trabajo que terminó hace una semana, y el objetivo de esta nueva etapa en la que se embarca es la de conectar con el público y ofrecerle un material recién hecho. Achaca a la sociedad actual y la concepción cultural ese desfase entre que se hace un álbum y lo recibe el público. 

SAVE YOURSELF” no es más que la forma en la que SBTRKT busca combatir con lo establecido en la industria musical y buscar una forma más directa de ofrecer su producto a un público que le sigue. Pero aquí siempre con el apunte del “recién hecho”. SBTRKT busca hacer frente a algo que sufren muchos artistas: acabar con ese periodo entre que se acaba un álbum y se lanza a la luz.

Podemos entrever distintos motivos que han hecho que Aaron Jerome actúe de esta manera, además de esa necesidad de ofrecer un producto que exhala novedad por sus poros. Innumerables son los álbumes que han pasado demasiado tiempo en el limbo, a la espera de llamar la atención a una compañía que decida apostar por ellos para su publicación. Eso es un contrarreloj, y es que la música pierde posibilidades de éxito conforme avanza el tiempo, pudiendo pasar de novedad a refrito y volver al lugar del cual ha venido.

Pero diría que el motivo principal es evitar esa traición que siempre se cuece cuando un músico recién ha terminado de producir su álbum. Hablemos de Kanye West Rihanna, ese hype formado alrededor de sus álbumes que condujo a las filtraciones de los mismos, de nuevo devaluando el producto. O un caso menos comercial, el de Björk con ‘Vulnicura’, cuya filtración hizo que fuese forzada a hacer un lanzamiento en diferido (primero versión digital y a los dos meses la versión en físico).

La cuestión es que vivimos en una época de constante renovación. Queremos huir de los moldes establecidos para experimentar la novedad, y esto ya no es solo en el aspecto musical ni cosas de alternativos. La música, y el arte en general, vive en ese constante renovarse o morir. Veía un vídeo de Anthony Fontano (aka The Needle Drop) en relación con “The Life Of Pablo” y diciendo que tal vez la renovación del tracklist o de la mezcla de un álbum sea algo bueno, haciendo de un disco un ente vivo en constante renovación. Vivimos en la época de las remezclas y las remasterizaciones, ¿por qué no lo podría hacer el propio músico, siendo suya la obra?

Volviendo al tema, “SAVE YOURSELF” nos recuerda que, al fin y al cabo, vivimos en la época de la renovación y la indignación con la música como digo. No nos gusta lo cohartados y condicionados que estamos y buscamos nuevas formas de dar nuestra obra. Hay que admirar la valentía del paso que ha dado SBTRKT en la música. Son aspectos como este los que hacen que la sociedad y el arte avance. Además de conseguir escuchar canciones recién sacadas del horno, nos permite conocer más por dentro cómo se siente como músico, que al fin y al cabo es su objetivo. Su anonimato radica en eso, en darse a conocer con su música, que ella hable por él. “SAVE YOURSELF” nos ha presentado a alguien que valora su obra y quiere transmitir este sentimiento al resto del mundo. Esperemos que más gente se una a este movimiento y conozcamos una auténtica revolución musical en todos sus aspectos y no solo en cuanto a estilo.

Kanye dice no al formato físico, ¿hace bien?

Es la eterna pregunta que nos hacemos más que plantearnos a los que nos gusta e invertimos en música: ¿seguirá aguantando el formato físico frente al digital?

El último en dar su opinión ha sido Kanye West, el rapero que tanto da que hablar por su música, por presuntamente descargar software musical de manera ilegal o por sus colecciones de moda. En cualquier caso, hace un par de días, en una de sus muchas sesiones twitteras de reflexión, dejaba caer en primer lugar que la forma en la que se presentó “Yeezus” (os recuerdo, sin portada, sin libreto, solo la caja vacía con una pegatina naranja) era “una tumba abierta para el CD”. A continuación decía “no more CD’s for me”, con lo que dejaba sobre la mesa que a partir de ahora era producto de ventas digitales y streaming.

Pero, ¿es una opción acertada? Vayámonos a los datos.  Es de todos sabido que la música no está en su mejor época en lo que a ventas se refiere. No podemos pretender volver a niveles pre-internet. La BBC informa: En 2015 la venta de CDs se redujo en un 31% en Estados Unidos. Se vendieron 15 millones de discos menos en la primera mitad de año, algo a tener en cuenta.

Por contra, encontramos una positiva noticia, y es que el vinilo aumentó sus ventas un 30%. En el artículo escriben que fue algo liderado por Adele y Taylor Swift, aunque yo señalaría a los millenials y demás hipsters que buscan la belleza de lo retro. Y, bromas a parte, esa cultura sibarita de melómano que ensalzan la calidad del vinilo en contraposición a la del CD.

Porcentajes que se tornan similares pero que ni mucho menos representan las mismas cantidades. Mientras que antes hablábamos de 15 millones de discos menos, eso es incluso más de lo que se llegó a vender en formato LP en 2015 (llegando a un total de 12 millones). ¿Qué viene a devolver el equilibrio en esta descompensación? El streaming.

El streaming ha adquirido tal peso en la industria musical que, además de aportar un tercio de las ganancias totales a la industria, se cambiaron los términos de las ventas musicales con aquello de que cuando una canción era escuchada X veces, contaba como una venta. Esto demuestra que hay que ir renovándose constantemente, que si ahora la gente consume música de esta manera, se acomoda el formato y ya está. Ventajas e inconvenientes inclusive, pero se hace.

En resumen: el CD está a la baja, el vinilo resurge de buena manera pero quedándose lejos de todo lo que mueve el anterior formato, and streaming is the new black. ¿Cuál es la estrategia lógica? Apuntarse a este último mercado, mucho más accesible para la gente y mucho más barato de producir y mover.

Ahora bien, estamos hablando de Kanye West. Desde “808’s and Heartbreak”, que vendía más de 1.700.000 copias, sus ventas se han reducido, pero no por ello dejaba de ser un éxito todo lo que produjo. Al fin y al cabo, “My Beautiful Dark Twisted Fantasy” llegaba al millón de copias y se convertía en el mejor álbum de la década, y “Yeezus” a unas nada reprochables más de 700.000 copias. Así que, aún estando el mercado como está, teniendo este grueso de ventas, ¿cómo se puede plantear uno abandonar este formato?

Kanye West, proclamado Dios de la música, salvador de la cultura y demás se plantea abandonar el formato en el que se ha basado el arte al que (más) se dedica. Esta no es una decisión relacionada con una visión de futuro y demás, esta decisión apunta a, de nuevo, la búsqueda del máximo beneficio devaluando su obra, como siempre pasa. Recordemos que hace un mes lanzaba su ansiado “The Life Of Pablo”. Por streaming. En TIDAL. Pasó el hype inicial y habiéndose encerrado a sí mismo en un medio que no consigue despegar por mucho que se empeñen, ahora causa más sensación sus tweets enfurecidos y que esté enfrascado en un nuevo álbum que “The Life Of Pablo”. 

¿Estoy diciendo con esto que si hubiese habido lanzamiento en físico estaríamos hablando más del disco? Diría que sí, o al menos seguiría llamando la atención porque existiría una preocupación. Una necesidad de hacer la típica jugada de singles, vídeos y presentaciones para, de algún modo, amortizar el disco. Pero en este caso, Kanye lanzó el álbum, hubo una primera semana intensa, y luego todo se relajó y ya ni él mismo habla más de su álbum. Solo para decir que quería mezclar de nuevo un par de temas y que estaba trabajando en el próximo.

Que sí, que tengo reconocido que el mercado musical va mal, que cada vez se venden menos discos y los que se venden van a los grandes nombres. Pero si son estos grandes nombres los que ya hablan de abandonar el formato físico para adaptarse a las eras digitales, entonces nos tenemos que empezar a preocupar. Esperemos que el de Kanye sea un caso aislado, mi vida no tendría sentido sin ver la cara de Adele (en “25”) en cada tienda a la que voy.

 

Do yourself a favor y ve al concierto de tu banda local

Últimamente, cuando hablo con grupos a los que entrevisto me doy cuenta de algo: el mayor apoyo que reciben, siempre, es de los que van a verles a los conciertos. Quiero decir, pueden vender más música o no vender ni un solo disco, bien porque no tengan material editado o bien por cualquier otro motivo, pero es en el directo donde se forjan las bases de los seguidores de un grupo que está empezando. Es ahí donde el oyente hace su criba personal, su selección, y elige darle una oportunidad al grupo en cuestión.

Antes de abordar el tema principal, me detengo en este aspecto de la actuación en directo. Todos conocemos a grupos que en directo dejan mucho que desearTonos que no se alcanzan, melodías que no se logran, falta de conexión con el público… Aspectos que, como artista, debes de saber superar con cierta habilidad.

Piensa en cualquier grupo pequeño del que hayas oído hablar. Pero ojo, no hablamos de Lori Meyers Sidonie, nos vamos a las capas bajas, al underground. Lo defino rápidamente por si acaso: toda la música que no se conoce por el gran público, bien porque está eclipsada, bien porque está formándose.

Total, que tenemos a este grupo que actúa en una sala de mala muerte a una hora inhóspita. Ir o no ir es la cuestión. Te tira más la segunda opción probablemente. Quiero decir, habrás podido escuchar un par de temas sueltos que han subido a su bandcamp (nos olvidamos de Spotify, que eso cuesta el dinero), algún comentario en alguna página web, pero no habrás notado mayor repercusión. Normal al fin y al cabo. También es muy probable que optes por quedarte en casa o gastar los 5, 8, 10 euros que cueste la entrada en otro tipo de ocio o te dediques a juntarlo para un futuro concierto que te interese más.

Pues mal. Fatal. Ve a ese concierto. Apoya a ese grupo. Cómprate el disco si te han convencido al final, habla de ellos si te han gustado, recomiéndalos y síguelos en sus redes. Porque ya no es sólo el hecho de que si en un futuro consiguen labrarse un nombre importante en el panorama musical puedas colgarte la gafapasta y decir aquello de “los conocí antes de que fueran famosos”. Estamos hablando de motivación. Si vas a un concierto de un grupo que está empezando y muestras una conexión y un sentimiento de apoyo, eso es algo que acabará por agradecer la banda y les motivará a seguir adelante.

Ir a conciertos de este calibre es una ayuda para todos. Tanto para el grupo, a nivel motivacional y económico (algo al menos), como para la sala pequeña que hace esta apuesta, como para el público, que puede pasárselo bien en un ambiente íntimo en el que al final te acabas haciendo amigo de todos.

Me contaban el otro día en una entrevista un testimonio que dieron a otro medio, y es que comentaron que la gente sólo iba a conciertos cuando tenía que pagar mucho dinero. Y eso es cierto. En innumerables ocasiones hemos visto colgado el sold out de un concierto de gran magnitud con entradas a precios desorbitados en comparación al rango de precios del concierto en una sala pequeña.

Pero es más, pensando en este comentario que me hicieron, caí que es algo que también afecta a la venta de música. Sólo venden música los grandes nombres. Ahora mismo, o vendes millones de discos o no vendes nada a nivel global. Ese rango medio de ventas es el que estamos impulsando todos aquellos que nos tachan de raros por comprar discos habitualmente.

Pero ese no es el caso, lo único que quiero hacer ver es que hay que ir a conciertos. Cuantos más, mejor. Apoyar la escena local. Aquí en Málaga me he dado cuenta que el panorama indie es casi inexistente, y me he propuesto potenciarlo en mi medida acudiendo a los conciertos pequeños que se ofrezcan. Os propongo lo mismo. Echad un vistazo a la agenda cultural de vuestra ciudad, escuchad un poco del grupo que actúa y si os llama la atención dadle una oportunidad en directo. Hay que motivar, crear un hilo de esperanza a aquellos que se lanzan al mercado musical de nuevas.

PD: Título de la entrada en inglés porque no encontraba una traducción que me convenciera lo suficiente y fuese lo suficientemente concisa y breve como para hacerle la competencia a esta.

Cuando Coldplay se hicieron las américas en la Superbowl

La Superbowl. Ese evento deportivo que solo vemos en Europa por la interpretación del himno nacional al principio y el famoso halftime show. Este domingo se cumplía la quincuagésima edición, y había que apostar fuerte…¿y seguro?

La vida no es como aquel capítulo de los Simpsons donde contratan a Homer para hacer el intermedio de la Superbowl para *spoiler* acabar en un fracaso por haber dejado a su vecino Flanders hacer una representación de un pasaje de la Biblia. Estamos hablando de un escenario donde han pasado los reyes del pop Michael Jackson Madonna. Estamos hablando de un listón que ha ido subiendo año tras año; no hay más que mirar a la actuación de Katy Perry del año pasado (y también al Left Shark que dio para tanto) o la de Bruno Mars del año anterior.

Que Coldplay se estaban haciendo cada vez más y más comerciales era algo que se venía sabiendo desde que publicaran “Mylo Xyloto”, y este nuevo “A Head Full Of Dreams” se encarga de terminar de pavimentar el camino que abrieron hace cinco años ya. El culmen de todo sería presentarlo en el intermedio de la Superbowl. ¿El único problema? Serán esas raíces indie que de vez en cuando quieren salir, será que a una banda británica le resulta algo ajeno la Superbowl o será el fastuoso hype del que habla Mar en su visión personal de la actuación de la Superbowl:

Así pues, después de todo esto, ¿cuál es el problema? El hype, cariños míos, el hype. Entiéndase hype cuando hablan de ti a todas horas cuando motivo, de haberlo, no lo hay. Y la overexposure, no merecida. Mucha. Demasiada. Tanta, que no puedo con la vida. El mainstream se ha convertido en el único stream.

El intermedio de la Superbowl es un momento en el que se ruega ser grandilocuente. Madonna vino cual diosa egipcia con carrozas, Katy Perry vino a lomos de un tigre gigante, Michael Jackson estuvo durante un minuto en silencio, inmóvil, y consiguió llenar el estadio con su presencia; y Chris Martin vino corriendo por la pista de juego con sus intensitos. Tal vez en un intento de seguir diciendo que son ellos mismos, les ha faltado aportar ese plus de originalidad y excentricidad que se espera en este momento, dándome la sensación de que me encontraba en un directo más del grupo. El mismo concepto que te encontrarías en un concierto de sus últimas giras: El grupo actuando en su sitio, Chris Martin dando vueltas por el escenario y dando saltos… Vale, el público al final muy entregado con el tema de formar la frase “Believe in love”, pero no termina de parecerme que todo es un apaño rápido para recordarse a sí mismos dónde están.

Y si hablamos de apaños rápidos, hay que pararse en ese momento de eclipse de Beyoncé y Bruno Mars. De nuevo, la sensación de que Coldplay se encontraba ante un espectáculo que les quedaba grande y ante el que no tenían claro la forma en la que actuar (hablemos de la forma tan catastrófica en la que se hilaban los temas en la primera mitad). Porque hay formas de hacerlo bien. Una cosa es invitar a un artista a acompañarte en un tema (caso Katy Perry-Lenny Kravitz, donde compartieron escenario) y otra cosa es cederle tiempo de una actuación que debería ser tuya para que Beyoncé interprete en vivo su nuevo tema.

Dicho lo cual, para mí, la actuación de la media parte de la Super Bowl de este año, vista por millones y millones de espectadores, no fue más que (…) un producto de marketing más.

Otro aspecto muy importante, el marketing. Desde la organización declaran que los artistas no cobran y que sólo se pagan los gastos de producción, así que tienen que aprovechar al máximo esta oportunidad que les ofrece la vida. Coldplay que inicia gira, Beyoncé que lanza tema sorpresa y anuncia gira también. Y Bruno Mars…que sigue aferrándose al ‘Uptown Funk’ que debería ir renovando de una vez.

En resumen, una actuación de parches. Con momentos interesantes 100% Coldplay, pero no deja de parecerme un parche detrás de otro. Ponemos a Coldplay por aquí tocando sus temas como puedan, luego metemos a Beyoncé haciendo lo de siempre, hacemos chas y aparece Mark Ronson dando paso a Bruno Mars cantando lo que llevan cantando más de un año juntos. Ahora baile por aquí, pum pum por allá y algo bueno debe de salir de juntar a tres de los mayores exponentes musicales actuales.

Tal vez la Superbowl este año haya pecado de exceso de confianza. O tal vez los que hayan pecado de exceso de confianza hayan sido de Coldplay. Me voy a hacer eco del comentario general de las redes y es que “Beyoncé stole the show”, para bien o para mal. Eso sí, a la que no pudo eclipsar fue a Lady Gaga entonando el himno nacional, que aunque dio para infinitud de memes, la queen Bey no pudo hacerle sombra.

Cuando eres Rihanna y te sacas un álbum de la manga

Las vidas de muchos se vieron carentes de sentido cuando la semana pasada Rihanna publicaba (al fin) su nuevo álbum, ANTI. Ya se acabó la constante pregunta los jueves de “¿será mañana cuando lo publique por sorpresa?”, ahora damos la bienvenida a “¿realmente ha merecido la pena?”.

Volvemos a lo de siempre y ya algunos os resultará viejo familiar mi amigo el hype. Porque tienes dos formas de actuar cuando eres una estrella de fama mundial de la que se sabe va a publicar un álbum en breve. O te marcas un Kanye West con Waves y lo acabas presentando en el maldito Madison Square Garden en un concierto que se transmite por todo el mundo, o te marcas un Beyoncé y publicas de repente, cuando nadie se lo espere, tu nuevo álbum en los medios digitales disponibles para todo el mundo.

La cuestión es la siguiente: Rihanna sabe muy bien qué hacer para llamar la atención. Que si ahora publico tres temas que no tienen nada que ver el uno con el otro y que (salvo ‘American Oxygen’, con el que sufrió un descalabro) le han dado el hit fácil con el que ganar tiempo; que si ahora monto una página web donde la gente va abriendo puertas para llegar al álbum, que si ahora publico una foto mía escuchando el disco… Todo para que al final te levantes por la mañana y leas un tweet de la amiga RiRi diciendo que sus seguidores tenemos un regalito esperándonos.

Hay que sumar otro factor: ha publicado el álbum en Tidal. Sí, la famosa plataforma por streaming de Jay Z que se montó como una nueva salvación a la obra de los artistas y que ha caído en un fracaso importante. ¿Qué consiguen con esto? Un intento desesperado para remontar, porque a pesar de que el álbum sea gratuito (durante la primera semana y código mediante), tienes la obligación de caer en las redes de la plataforma abanderada por Madonna o Nicki Minaj para descargártelo.

Así que, en resumen, tenemos a Rihanna publicando de mala manera y un poco a destiempo el álbum (un par de días después de estrenar ‘Work’ , sin dejar siquiera tiempo para asimilarlo) y, ¿peor aún?, haciéndolo en una plataforma tan duramente criticada como Tidal. ¿Por qué hacer esto? Quiero decir, ¿por qué no seguir los métodos habituales de publicación de un álbum y tener un éxito asegurado? 

Para esta pregunta encuentro dos respuestas: la primera es porque eres Rihanna y te lo puedes permitir, la segunda es porque eres Rihanna y siempre te ha ido bien.

No todos pueden generar un hype como el que ha generado la de Barbados y ANTI, y menos aún poner en descarga gratuita su álbum y que la repercusión acabe en un balance positivo (al final ha conseguido lo que quieren todos: que se hable de ella y de su música. Aunque en este caso, más del envoltorio que del contenido). ¿Si hubiese seguido el “método habitual” o se hubiese marcado un Kanye West hubiese engrosado más billetes en su cuenta corriente? Tal vez, pero cuando estás ya en ese estatus te da exactamente igual.

Y ahora el segundo motivo. No recuerdo donde leí esto pero me chocó mucho. Cuando se hablaban de aquellos singles que estrenó el pasado año (‘Bitch Better Have My Money’, ‘FourFiveSeconds’ y ‘American Oxygen’), hablaban de que Rihanna quería de alguna manera experimentar en sus propias carnes “el fracaso” y la sensación de renacer de sus cenizas con un nuevo material impactante. Siempre te ha ido bien, y aunque estés en horas bajas, cualquier cosa que saques va a tener un público al que va a gustar. Basta encontrar la tecla adecuada y salir ganando. O incluso sin esforzarse mucho, nada más hay que mirar ‘Work’, que es simple como ninguna pero acaba quedándose y no puedes dejar de tararearla.

¿Es Rihanna una innovadora y una atrevida por hacer esto? No. Lo de “atrevida” no tiene sentido cuando sabes que vas a salir ganando, la única duda es el cuánto. E “innovadora” tampoco, porque, aunque lo haya hecho de peor manera, ha recorrido un camino que ya hizo Beyoncé hace un par de años, quién a su vez optó por la versión sencilla de lo que ya hicieran Radiohead en 2008 con “In Rainbows” y su descarga con el pago a gusto del consumidor. Pero si que ha hecho algo interesante, y es hacer suyo el “si puede salir mal, saldrá mal” para darle la vuelta. Puestos a hacer un Björk y que mi álbum se filtre, lo publico yo gratis y quedo mejor. Aunque eso sí, ¿de qué hablamos más, del contenido del disco o de la forma en la que se ha lanzado? Si una artista quiere devaluar de una manera tan importante su obra, adelante, pero que no lo publique entonces en Tidal y su filosofía de defensa de los derechos de los creadores, porque no perdamos de vista que gran parte de esta estrategia ha traído el sacrificio de todo ese apartado creativo por 15 minutos de fama.

Crítica “Not To Disappear” de Daughter: Enlazando electrónica barroca y melancolía

Han pasado algunos años desde que Daughter aparecieran en mi vida. Sería con una descarga gratuita de Landfill a través de iTunes. En este tema encontré a un grupo que tenía cierto encanto, pura esencia acústica pero con una sobriedad y unos toques lo-fi que no me esperaba encontrar en aquel entonces.

Este Landfill pertenece al primer EP lanzado por el grupo en 2011, “His Young Heart”, donde jugaban con una temática similar a la que se encontraba últimamente en el panorama en el que se desenvolvían. No ofrecían nada nuevo, pero mantenían a punto la maquinaria. El problema vendría dos años después, cuando ya decidieron presentar su primer álbum, “If You Leave”, que poco tenía que ofrecer. Por un lado, era un disco que a nivel melódico se dejaba caer sin dejar huella alguna (tal vez momentos rescatables como ‘Amsterdam’ ‘Youth’, pero imposible acordarse de más). Y, por otro, ya empezaban a despertar nuevas tendencias y esa vena tan acústica se empezaba a dejar de lado.

Han tenido que pasar tres años para que Daughter volvieran con una nueva jugada que hiciera que recuperaran el lugar que se merecían. Ahora llegan con “Not To Disappear”, un álbum donde ponen las cartas sobre la mesa para dejar patente su posición. En un aspecto físico sobre todo. Porque si “If You Leave” pasaba sin dejar rastro, en este nuevo álbum encontramos momentos que consiguen calar y encandilarte.

Culpa de ello la tienen ese toque electrónico que han transmitido a todos los rincones de la producción de este álbum. Atrás quedaron los momentos más acústicos, este es un álbum que juega con la intensidad. Encuentra un equilibrio muy bueno en el orden de los temas para que ni nos sobrecarguemos de punteos de guitarra eléctrica ni para que caigamos en un letargo eterno de sintetizadores envolventes.

Tal vez se podría establecer algún paralelismo con unos London Grammar si estuvieran finos de LSD y estuviera la cantante recién levantada. Me explico. London Grammar recordaba a unos The xx por el minimalismo de su obra, en este “Not To Disappear”, los momentos que no están cubiertos por capas envolventes de sintetizadores que crecen cuando menos te lo esperas y guitarras que se funden en ecos en la línea melódica de la vocalista Elena Tonra también tienden a recordar a esa cimentación. Porque dentro de una producción tan sobrecargada (en un buen sentido), encontramos momentos que tienden a una desnudez que busca el revelar la faceta más cercana del grupo.

Pero en realidad, es mucho más que esto, porque encuadrar en un género el nuevo álbum de Daughter tiene una importante dificultad. Basándose en el dream pop en el que más o menos se iban desenvolviendo, encontramos momentos que apelan más al rock como es ‘Fossa’, o momentos que apelan a un synthpop mezclado con shoegaze como es ‘Alone/With You’, uno de mis momentos favoritos con una de las mejores líneas de sintetizador que he escuchado últimamente.

“Not To Disappear” es un álbum para disfrutar en su conjunto. Tiene momentos fácilmente extraíbles, pero es en la escucha global donde cobra todo su sentido y eres partícipe de la evolución melódica que hacen a lo largo de diez temas que consiguen calar en el oyente y a la vez resultar en un obra ligera que necesitas escuchar una y otra vez.

Y hablemos de la letra. En el mar de guitarras eléctricas y sintetizadores que van y vienen , se erige la voz tranquila de Elena Tonra. Nada de salidas de tono, nada de intensitos, nada de coros innecesarios. La voz ataca directa, modula lo justo y necesario. No bsuca robar el protagonismo en una liga a la que no pertenece y acaba funcionando mejor como secundario mientras canta a la soledad y al amor en unos ámbitos que desprenden pura melancolía. 

Ya desde el momento cero, se nos presenta un personaje (si evitamos la personificación de Elena en la criatura que habita el álbum) decepcionado, que busca nuevas salidas, nuevos entretenimientos que hagan que se distraiga y evitar pensar, pero al final acabará cediendo. Porque si en ‘Numbers’ nos describe el intento de olvidarlo todo a base de alcohol, en los temas posteriores empezará una secuencia de lamento. Lamento por el futuro en el que olvida su pasado (‘Doing The Right Thing’, un tema duro protagonizado por el alzheimer), lamento por un amor que la abandona y no busca otra cosa que pasar página (‘How’), lamento por la actitud desagradecida de un hijo (u otra posible interpretación, aquella relación en la que se da todo a alguien que actúa como un parásito, ‘Mothers’), o el lamento a la soledad sin solución, el odio a dormir sola y el odio a dormir “contigo” (‘Alone/With You’). Pero toda esta temática acaba buscando cierta salida, o al menos consuelo, en ‘Made Of Stone’, donde este personaje que habita el álbum acaba preguntándose si, a pesar de todo, no debería estar sintiendo todo lo que ha vivido con más intensidad. Todo esto para acabar dándose a sí misma un mensaje de alivio tras equipararse con el resto de la gente que habrá vivido lo mismo en sus circunstancias, porque “you’ll find love kid, it exists”.

Sigo pensando, después de todas las escuchas que le he podido dar al álbum, en la forma en la que consiguen, a pesar de todo ese apartado lírico tan funesto, conseguir transmitir una esperanza que empieza en oscuridad y se metamorfosea en juegos de claroscuros, como en la explosiva ‘How’. Es imaginería como esta la que hace que un álbum adquiera un nuevo sentido para mí y haga que trascienda entre el resto de álbumes que me puedo echar a la cara.

Originalidad

En el álbum: Consigue algo muy difícil, y es entregar un álbum fácil de asumir y en el que se identifica una línea temática en la que cada tema consigue transmitirnos algo nuevo. Nada de linealidad ni de caída en lo aburrido. 1/1

Con respecto al resto: Por poner una referencia, tal vez esa a London Grammar, pero muy tenue. Por lo demás, no se me ocurre ninguna comparación directa de este álbum con otros. 0,75/0,75

Con respecto a lo anterior del artista: Han hecho muy bien en cambiar el tercio con este álbum. Cuando se parte de con una vena de un carácter acústico como hicieron con “If You Leave” tienes dos opciones: o te renuevas y entregas una obra maestra o sigues en tu zona de confort y seguir haciendo el mismo disco una y otra vez. Y Daughter ha escogido sabiamente la primera opción. 0,75/0,75

Impresiones:

Primera impresión: Un álbum que suena tan bien que al acabar lo primero que dices es “¿Ya?”. Tiene un sonido que consigue cautivarte, y, sobre todo en la primera escucha, los momentos que puedan apagar el ritmo un poco o hacer que te recuerde a algo que has escuchado antes se ven inmediatamente compensados por un tema que gira en parte la temática y consigue re-engancharte. 1,1/1,5.

Tema a tema en profundidad/Impresión General: Como ya he dicho, es un álbum que esta diseñado para su escucha a nivel global, pero este hecho no ha impedido que Daughter se haya marcado buenos temas por solitario. Pero tienden a esa posición de equilibrio que es el conjunto, el entender la temática global, el saber por qué esta guitarra suena tan parecida a la de este otro tema. Esto es un arma de doble filo, tiene tanto de bueno como de malo. Por lo demás, en lo que respecta a la producción, han pegado un salto inconmesurable de su anterior trabajo a este, apostando por la electrónica onírica (sin caer en el sueño por lo aburrido) y por el indie pop/rock barroco (sin caer en la intensidad desmesurada que rompiera el equilibrio del álbum). La voz de Elena se eleva con la seguridad de saber que se encuentra ante un trabajo con mucho potencial. Y eso se nota. 4,2/5.

-Lista de reproducción y compra: Voy por mi casa cantando el estribillo de ‘Doing the Right Thing’ y pensando en la progresión de sintetizadores de ‘Alone/With You’. Si no me las puedo quitar de mi cabeza, ¿cómo no van a estar en mi lista de reproducción? Y también se trata de una compra altamente recomendable: el salto mortal de un grupo con un nombre aún forjándose y que ha sabido apostar por un camino que le ha correspondido bien. 1/1.

Puntuación total: 8,8/10

Not to Disappear

Daughter – “Not To Disappear” (2016, 4AD)

Crítica “Blackstar” de David Bowie: Cuando te vas por la puerta grande en un mar de art-rock

Pasa algo cuando intentas hacer una crítica del último álbum de un artista que lleva sacando trabajos desde 1967 de los cuales sólo has oído sus mejores momentos. Y, en mi caso, “The Next Day”, al que le di un par de vueltas en su momento.

Así que partimos de esas referencias. Unas referencias que me han permitido dar fe de lo que fue en su momento David Bowie, las personalidades tan distintas que había en su producción, su carácter innovador y su estado de Dios de la música. En “Blackstar” solo tenía que demostrar que seguía siendo él mismo. Ese espíritu que nada a contracorriente en las tendencias y que sabe coger lo mejor de cada casa y hacer de ello su bandera.

“Blackstar” es un álbum que consigue dar una vuelta a lo que nos presentó en su comeback de 2013. Si aquel álbum estaba lleno de riffs de guitarra eléctrica con momentos muy interesantes pero sobre el que volaba la sombra de ser un intento de rejuvenecer a un artista, en “Blackstar” decide recoger toda su experiencia y entregarla en un bote que lleva por etiqueta la madurez y la libertad de poder hacer lo que quiera. No todos pueden abrir un álbum con un tema de 9 minutos y conseguir que sea de lo más apetecible del álbum.

Me remito de nuevo al término libertad, un aspecto que encontramos tanto a nivel melódico como a nivel lírico, del cual trataré más adelante. Es un álbum que ha sido etiquetado muy ciertamente de art-rock y jazz experimental. Esto es debido a la amalgama de sonidos que encontramos, desde momentos más rockeros como en ’Tis a Pity She Was a Whore’ o ‘Girl Loves Me’, a los momentos de saxofón tan mágicos que aparecen en ‘Blackstar’ o ‘Lazarus’, la sección más electrónica que es ‘I Can’t Give Everything Away’ o ese momento más breakcore en el cierre de ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’. Y con esto acabo de repasar los siete temas que componen este álbum, de estilos tan diferentes pero que tienen ese toque Bowie que consigue mantenerlos coherentes.

Por terminar de tratar el apartado melódico, es un álbum de 41 minutos y 7 cortes que resulta muy fácil de digerir. Sabe jugar muy bien con los momentos de mayor y menor intensidad haciendo que el oyente se encuentre cómodo. Por ejemplo, poner entre ’Tis a Pity She Was a Whore’ y ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’ otro de los temas bandera de este álbum como es ‘Lazarus’, es una excelente decisión, al crear una transición entre dos de los temas que mantienen una estética más similar, culpa de ello la tendrá el hecho de que fueron temas ya lanzados en 2014. La recta final y la manera en la que transicionan ‘Dollar Days’ y ‘I Can’t Give Everything Away’  es digna de mención, siendo este último tema un acertado broche de oro. Algunos momentos que me han hecho guiñar un ojo de incertidumbre es la introducción de ‘Girl Loves Me’ con un Bowie con una parte vocal que resulta extraña las primeras veces, tanto por la producción en sí como por el hecho de cantar en el dialecto usado en La Naranja Mecánica; aunque con el paso de las escuchas, acaba resultando del todo hipnótica con una interesante mezcla melodía-letra.

Y ahora, hablemos de la letra. En ella encontramos a dos David Bowie, por decirlo de algún modo. Uno que lleva su vena más de artista, el mero entrepreneur, que habla de temáticas en las que no busca la personalización. Habla de un “yo” metafórico que puede o no ser referencia directa a su persona. Pero es entonces cuando encontramos el trasfondo de este álbum: la realidad, la de que David Bowie se moría y lo sabía. Los oyentes escuchábamos una temática que jugaba con la vida y con la muerte, pero lo asociábamos a un mero aspecto de madurez y nuevas preocupaciones: el dejar de hablar de las ideas de sus personajes y poner en su propia boca las suyas. Pero no dejábamos de pensar que serían pensamientos que uno tiene en cualquier momento. Como en todos sitios se ha dicho, este aspecto cobra un nuevo sentido a la muerte del artista. El ejemplo más claro donde se ve esto: ‘Lazarus’ y la apertura con “look up here, I’m in heaven, I’ve got scars that can’t be seen”.

En resumen, una obra con la que David Bowie se despide por la puerta grande, con un estilo original y propio y con el que deja patente a nivel lírico lo que vivía él mismo en sus últimos momentos, dejando a parte personajes y demás personalidades. En este aspecto, es un álbum auténtico del que poco más podemos decir, así que pasemos a la valoración:

Originalidad:

-En el álbum: Juega de una manera muy interesante creando transiciones entre aquellos temas que se puedan parecer más para dar tiempo a asimilarlos. Y por otro lado, en cada tema somos partícipes de algo nuevo, algo difícil de conseguir cuando lo primero que te encuentras es una obra de diez minutos de duración. En el resto del álbum encontramos oportunas referencias estilísticas a este primer tema, pero en ningún momento crean momentos de confusión y resulta del todo agradable. 1/1.

Con respecto al resto: Es Bowie, debería ser sinónimo de originalidad con el resto del mundo. 0,75/0,75.

Con respecto a lo anterior del artista: Atrás quedaron épocas de glam y épocas más rockeras a la antigua usanza. Lo mismo con los momentos más electrónicos. Un álbum nuevo en el panorama y nuevo en la propia producción del músico. 0,75/0,75.

Impresiones:

-Primera impresión: Un álbum que me resultó agradable desde el primer momento, que consiguió convencerme para darle múltiples escuchas el mismo fin de semana que salió. Ya mencionaba con anterioridad ese momento que te hace guiñar un ojo en un primer momento, pero son momentos minoritarios. 1,2/1,5.

-Tema a tema en profundidad/Impresión general: Cortes con una producción intachable y de los que quiero destacar el apartado instrumental, sobre todo en ‘Blackstar’ y ‘Lazarus’, con dos cierres que hace que se desvanezca la escena en un mar de instrumentación de viento y guitarras eléctricas. En lo que respecta al resto, me parece que ha encontrado un muy bien equilibrio y ha sabido innovar sin pasarse de rosca. Hay algunos momentos que hacen que me impidan ponerle la máxima nota, pero en definitiva es un must que hay que escuchar. 4,5/5

Lista de reproducción y compra: La mayoría forman parte de mi lista de reproducción, incluso ‘Blackstar’, donde la longitud no supone en absoluto un handicap. Y evidentemente me lo compraría, tanto por su estilo como para lo que representa en la producción de David Bowie. 1/1.

Puntuación Total: 9,3/10

Blackstar

David Bowie – “Blackstar” (2016, ISO)

7 Skies H3: He muerto, renacido y vengo a contaros mi experiencia

Con esta entrada me gustaría dar el pistoletazo de salida a una nueva sección del blog, que espero que dure algún tiempo y no es otra que el desafío del mes. Un compromiso con el que, una vez al mes, me pondré una especie de prueba de diferente envergadura. ¿Para qué? Tampoco lo sé si no hay la menor necesidad, pero puede ser divertido.

Corría el segundo día del año y estaba descansando de la fiebre de “escuchar todos los discos posibles de 2015”, así que eché mano de mi colección de discos puse mi copia en vinilo del 7 Skies H3 de los Flaming Lips, edición limitada del Record Store Day de 2014 que adquirí en Estados Unidos.

Por si no lo sabíais, este disco se trata de una versión condensada de 50 minutos de la canción original, que dura la friolera de 24 horas. Tal cual. Una aventura psicodelicosónica que sólo se le podría haber ocurrido a Wayne Coyne y los suyos.

Así que se acaba el disco y me digo: “¿Por qué no me escucho la versión extendida a ver qué me encuentro?”, y así comenzó mi odisea de 24 horas, repartidas en 4 o 5 días (hubo un momento en el que perdí la noción del tiempo, de ahí esa incertidumbre).

Como digo, 24 horas de canción que confluyen creando diferentes secciones que se alargan horas y horas, con momentos más accesibles como la apertura el cierre, que cierran el círculo que ha creado este tema manteniendo la misma línea melódica, y momentos que dejan ese regusto de incertidumbre y desesperación porque se acabe.

En cuanto a estilo en el que encuadrar esta canción, lo más predominante sería el noise-rock experimental, debido a la principal predominancia de secciones de batería intensa, vocal rompedor y efectos de sintetizador que rompen la escena. Una estética que hace pensar en su álbum Embryonic, publicado dos años antes.

Si sobrevives a las 24 horas de odisea experimental vas a volver como un ente renacido. O al menos así me siento yo. Al acabar la canción me he planteado qué hacer con mi vida después de un día entero escuchando una movida experimental de The Flaming Lips de las que solo te puedes quedar con retazos y de la que el mismo Wayne Coyne ha dicho “que no la escuche nadie, que aprovechen ese día para hacer otras cosas, pero sé que va a haber gente que va a quedar y la va a escuchar como una prueba de acceso”. Supongo que la he pasado. Es una experiencia extraña desde luego, en el que te pones a pensar mientras escuchas una melodía que parece que no ha cambiado en hora y media y parece no tener fin.

Pero quería centrarme en algo. Vale que 24 horas dan para mucha experimentación, para evolucionar sonidos y para “acabar sin ideas y tener que empezar a componer de cero”, como dijo Steven Drodz. Pero esas 24 horas tienen otra interpretación, la que podemos conocer a través de la letra.

Es un tema denso y culpa de ello no  la tiene solamente su duración. Prestemos atención a su temática: nos pone en la perspectiva de un hombre que ha perdido a su mujer porque se ha suicidado. Con esta premisa, Wayne abre el tema poniéndose en el papel de este protagonista haciendo una serie de reflexiones que discurren entre el recuerdo de su novia, la desesperación por su pérdida y la caída en el nihilismo por su ausencia. En la primera media hora será donde encontremos estas reflexiones y el mayor peso lírico de la canción; encontraremos otros momentos con parte vocal, pero será de un carácter distorsionado e ininteligible, y otra final en los últimos veinte minutos donde después de toda la odisea de la que ahora hablaremos, acaba claudicando y admitiendo que no podrá abandonar el recuerdo de la amada.

24 horas de evolución sonora que se asimilan a la evolución psicológica de un hombre que sufre una pérdida de este calibre. Partes que en ocasiones resultan incoherentes entre sí pero que sólo se puede achacar a lo incoherente de la propia mentalidad humana. Así encontramos un amplio pasaje que roza el ambient, de sintetizadores que silban y evocan una calma espectral, a momentos de explosión industrial y rabia incontenida u otros momentos con coros fúnebres. En general, un tema que se desarrolla en una oscuridad mortuoria de la que difícilmente se puede escapar.

24 horas puede parecer algo excesivo, pero si consideramos la perspectiva de que estamos dentro de la cabeza de este protagonista, cabría pensar que no son suficientes. Es una puerta abierta a la interpretación que hace Wayne Coyne de una historia real y a la que nos consigue transportar por medio de la creación de pasajes musicales que te envuelven, en ocasiones te dan una paliza y te hace sentir el dolor sentimental que quiere transmitir, y en otras te acaricia y te da la mano para intentar darte apoyo en lo que te queda por recorrer.

 

Mis 10 momentazos musicales de 2015

Prometo que es la última lista que hago de cosas de 2015. Toca pasar página, pero antes quería traer una lista, sin orden alguno, de lo que para mí han sido momentazos musicales de canciones de este año. Estribillos, segundos de canciones o melodías que me ganaron en su momento y me sigo acordando de ellas o que me marcaron. Hay de todo en esta lista. En los vídeos que incluya se reproducirá automáticamente el momento del que hablo para que os hagáis una idea y artistta y álbum del que se ha extraído. Comencemos.

__________________

Xoel López – ‘Patagonia‘ – “Paramales”

El crescendo final de ‘Patagonia’ , cuando se mete el piano y explota la melodía. Decir que en directo esta parte es maravillosa y que la versión en estudio hace justicia. Cuando me estuve preparando su entrevista, la primera vez que escuché este tema me resultó conmovedora esa parte, y sigue siendo uno de mis momentos favoritos desde entonces.

__________________

EL VY – ‘Return To The Moon’ – Return To The Moon”

Cuando Matt Berninger se va por tonos altos en los últimos momentos de ‘Return To The Moon’, algo que habíamos visto en pocas ocasiones y que consigue añadir un toque emocional al tema en un tema en el cual lo único que encontramos son buenas vibraciones y un crescendo muy interesante que cierra el tema en un clímax y con ganas de más.

__________________

The Weeknd – ‘Can’t Feel My Face’ – “Beauty Behind The Madness”

El estribillo de ‘Can’t Feel My Face’, que me trae, y seguro que a más gente, un muy buen vibe. Era necesario algún éxito de estas características, y tenemos que darle las gracias a Abel Tesfaye por conseguirlo. Un tema bailable, simpático, con reminiscencias a la escena más groovy de los años 70… Lo tiene todo para que suene en pistas de baile, en la radio y en cualquier lugar.

__________________

Joe Crepúsculo – ‘La Verdad’ – “Nuevos Misterios”

Este verano me dijeron que “si quieres que Mané se calle, empieza a cantar el estribillo de “La Verdad”, que lo sigue él solo y acabas la convesación”. Y esto es totalmente cierto. Desde que pusieran esa canción este verano y me enganchara al ritmo enlatado de Joe Crepúsculo, no he podido (ni mi grupo de amigos tampoco) dejar de recordarla a la mínima oportunidad posible.

__________________

Miley Cyrus – ‘The Twinkle Song’ – Miley Cyrus & Her Dead Petz

Aunque Anthony Fontano se mofara cuando le hizo la crítica y puso al disco en el puesto número 2 de peores discos del año, cuando escuché ese final de ‘Twinkle Song’ donde Miley gritaba aquello de “What does it mean?”, me quedé alucinando. Más aún cuando lo interpretó en directo en el Saturday Night Live con el único acompañamiento de su piano…y toda la parafernalia habitual de esta nueva etapa.

__________________

Sonograma – ‘Reina del Sur’ – “Tormenta”

Aún están abriéndose paso en el panorama musical, pero han conseguido transmitir en su álbum debut una esencia musical propia y rockera lejana a toda esencia naïve lo-fi del que empiezan. El caso es que me estaba preparando la entrevista que les iba a hacer, y llegué al cierre del disco con ‘Reina del Sur’ y una amiga y yo nos quedamos prendados con este tema, del que me quedo con el final, cuando se apaga la melodía y lo único que queda es el cantante gritando “¡Sal de mi vida!”.

__________________

Son Lux – ‘You Don’t Know Me‘ – “Bones

Cuando estuve hablando con Ryan Lott al acabar el concierto de fin de gira en Madrid, me contó que grabó la parte vocal de este tema teniendo bronquitis, y que se acabó quedando con esa toma porque le daba ese toque de ruptura que tanto le gustaba al conjunto. En cualquier caso, esta enfermedad no impidió que se grabara ese canto que denota indignación y enfado con aquello de “you don’t know me at all!” que tanto me marcó en un primer momento y que luego vi en un directo sublime.

__________________

Florence + the Machine – ‘Mother’,’How Big How Blue How Beautiful’ y ‘What Kind Of Man’ – “How Big How Blue How Beautiful”

Único triplete de esta entrada ante mi falta de capacidad para quedarme con un solo momentazo. En primer lugar, me quedaría con el guitarrazo de ‘What Kind Of Man’ con el que Mar y yo caímos rendidos desde el primer momento en el que escuchamos el estreno de esta canción allá en febrero en la BBC Radio. Luego me quedaría con el momento de ascención casi celestial de ‘Mother’, cerca de un minuto de guitarra, sintetizadores de ambiente y la voz de Florence que retumba y que en conjunto da una sensación de ligereza que te hace flotar. Y por último, y casi que más importante, el cierre de ‘How Big How Blue How Beautiful’: la sección de viento y el significado detrás del mismo.

__________________

Alabama Shakes – ‘Gimme All Your Love’ – “Sound & Color”

Escuché por primera vez este tema en Radio 3, no conocía al grupo de antes ni nada, pero cuando sonó ese primer estribillo y Britanny se dejaba la voz cantando con su voz rasgada “If you just gimme all your love” quedé alucinado y en seguida este tema se quedó como uno de los must de este año.

__________________

Tame Impala – ‘Let It Happen’ – “Currents”

Aquellos siete minutacos que sirvieron de adelanto para ver lo que íbamos a encontrar en el tercer trabajo de estudio del proyecto de Kevin Parker. Pero de este tema (del cual tenemos minutos y secciones para quedarnos) me quedo con esa parte instrumental con la que empieza la segunda mitad del tema y encontramos los synth strings y el vocoder, mi gran amigo que consigue convencerme cada vez que aparece.