Crónicas

Neuman y la ignorancia malagueña en feria

Hasta este fin de semana se ha venido celebrando la feria en la ciudad de Málaga. No me voy a meter en si me parece normal lo asqueroso que queda el centro urbano con los estragos del macrobotellón que se origina por las calles, no me voy a centrar en lo normal que resulta ver comas etílicos a lo largo de cualquiera de las jornadas de feria. Voy a centrarme en el panorama cultural.

Punto positivo de la feria de Málaga: se impulsan las actividades musicales. En la feria de día me pude encontrar en numerosas plazas actuaciones de grupos que amenizaban el ambiente de buena manera, así como actuaciones más tradicionales de verdiales o las bandas que interpretan a una eterna Alaska en clave festivalera.

Algo similar ocurría en el recinto ferial. Por un lado encontramos, patrocinados por la San Miguel en el Auditorio, una serie de conciertos que congregaron a un interesante número de personas. Entre los nombres a destacar se encuentran los del Kanka, Maldita Nerea Huecco, que si bien ninguno es santo de mi devoción, no he podido más que admirar a la cantidad de público que congregaron.

En la conocida como “Explanada de la Juventud” se celebraba la final del Málaga Rock, concurso de bandas organizado por el ayuntamiento. Como reclamo, cada día traían a un grupo conocido a actuar después de los grupos que se postulaban para el premio. En el caso que me ocupa, acudí el martes 16 para ver a Neuman.

Neuman se trata de uno de los grupos nacionales que más me interesa. Me gusta la apuesta diferente que tiene de shoegaze con indie rock y me gusta “If”, al que además le tengo cariño por haber sido una de las primeras críticas y una de las primeras entrevistas que hice para otra página web. Así que tenía ganas de ver a Paco Román y los suyos defender su obra en un concierto algo distinto que no se englobaba ni en festival ni en concierto de sala.

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Pero no vengo a hablar de la actuación en sí (que fue maravillosa, Paco haciendo un despliegue de sus habilidades a la guitarra magnífico) sino de todo lo que envolvía el acto. Para empezar, hablamos de un concierto que se daba lugar en el botellón de la feria de Málaga, por lo que veías al verdadero público entremezclado con ese público fortuito formado por la gente que bebía a aquella hora. Realmente era de esta última clase de personas el que había en su mayoría, casi no había nadie prestando atención al concierto. Ventaja para mí que pude estar en primera fila disfrutando, tal vez bajón para un grupo de este calibre que actuaba ante 20 personas a lo sumo.

Volviendo a hablar del ambiente, cabe decir que se encontraba lleno, como digo, de gente cuyo interés por los murcianos era inversamente proporcional al mío. Vale que la zona en la que se situó el escenario invitaba a que la mayor parte de la gente que se congregaba allí ignorase a los que actuaban, vale que no puedes paliar las conversaciones disonantes de los allí presentes para que los pocos que estábamos viendo a Neuman lo disfrutásemos a la perfección. Pero si estabas en el botellón, ¿qué necesidad había de molestar tirando hielo al escenario? Respeto que no te guste, pero respeta tú al resto; tanto al público que estamos ahí como al artista que está haciendo su trabajo.

Seguí pensando en esto, en cómo la gente podía pasar de un grupo que es (aunque a muchos les pese) una suerte de eminencia en el indie nacional. Luego caí que el problema era la ciudad en la que me encontraba y de los gustos que por aquí encontramos. El concierto del Kanka a rebosar. Maldita Nerea también en el Auditorio a rebosar. Les Castizos cuando vinieron al par de días al famoso escenario del botellón también lleno. En fin, esto demuestra lo simple que es la gente en cuanto a gustos por aquí. En Madrid o el Levante un concierto de Neuman llena (o en cualquier festival del país, ¡que son cabeza de cartel!), pero parece ser que aquí no, y encima reciben quejas por tocar “música rara”. Qué le vamos a hacer, desde aquí lo único que puedo hacer es criticar la actitud y promulgar música distinta o algo, a ver si alguien se da por aludido.

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Y goddess Flo se hizo carne y descendió en Madrid

Descubrí a Florence + the Machine a principios de 2011 gracias a que ‘Dog Days Are Over’ apareció en un anuncio de Apple, y desde entonces, he podido ser testigo de la evolución en su música. El estreno de “Ceremonials” y el cambio de tercio a un sonido más, valga la redundancia, ceremonioso, con ‘What The Water Gave Me’ como primer single que extrañó pero acabó enganchando. Y qué decir de, cuatro años más tarde, el regreso con “How Big How Blue How Beautiful”del que ya no puedo decir más cosas salvo expresar mis emociones con respecto a la puesta en escena.

Porque como digo, se acabó la espera. Viaje a Madrid junto a Mar (a.k.a Mar Music Memories), otra persona que, junto a Florence Welch, conocía de hace tiempo y tocaba verla en persona y no pudimos encontrar mejor momento. Horas de cola después (ella unas pocas más), abren puertas, cogemos sitio centrados en cuarta-quinta fila y continuamos esperando, con la expectación acrecentándose.

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Salen Gabriel Bruce y los suyos a escena, el telonero. Con un estilo que juega con el rock, lo groovy y una ecualización de sonido horrible (el cantante, de tono bajo, no podía hacer nada para enfrentarse a la guitarra de tonos afilados que tocaban a su vera) no hizo más que todo el mundo deseara que acabase para dejar paso a quién verdaderamente íbamos a ver. Sinceramente, sentí algo de pena ver la forma en la que el propio Gabriel se entregó en su actuación, intercalando momentos de intensidad gestual con bailes propios de Mick Jagger pero con el peso de que no se le entendía nada cantando y tenía un estilo que no pongo en duda que en estudio y arreglado mejoraría muchísimo.

Pero en fin, acabó su mini-set, de nuevo otra espera, se apagaron las luces, entró la banda (me quedé con ganas de que Isa “Machine” Summers” se girara a mi grito de”guapa”) y estallamos en aplausos. Entra Florence pasando por delante del público y más aplausos y gritos. Todos pensábamos lo mismo: “al fin la tenemos delante”.  La apertura con ‘What The Water Gave Me’ no hizo más que convencernos a todos de que aquella noche era real. Servidor y gente de alrededor lo dimos todo cantando ese estribillo mágico: “Lay me down, let the only sound, be the overflow, pockets full of stones”.

Porque, sinceramente, “mágico” sería el adjetivo que mejor describiría el concierto de la Welch. Con un setlist intercalando canciones de ayer y hoy, esa introducción derivaría en una explosiva ‘Ship To Wreck’ con una Flo dando la primera de muchas vueltas por el escenario, haciendo de actriz interpretando la letra de su canción, para después volver a los inicios de su carrera con ‘Rabbit Heart (Raise It Up)’ pidiendo al público que colaborase con ella saltando y levantando a otro sobre los hombros. Todo esto para acabar corriendo entre el público y cantar a voz en grito entre nosotros “this is a gift, it comes with a price, who is the lamb and who is the knife?”.

A continuación vendría una interpretación que rozaba lo espiritual con ‘Shake It Out’ e hilaría con ‘Delilah’, donde no pude hacer otra cosa que mantener los ojos cerrados cuando cantaba por primera vez “too fast for freedom” y mientras sonaban los acordes de piano que sirven de preludio al segundo verso explosivo. Una ‘Sweet croissant Nothing’ desnuda tirando al acústico coreada por todos que derivaría en una breve introducción sobre la génesis de su último álbum, de como ‘How Big How Blue How Beautiful’ fue de los primeras temas escritos antes de que llegara todo lo “blue” que la convirtió finalmente en lo que es. Introducción decidida con la voz de Florence a solas de una guitarra eléctrica,  la estructura explosiva que tiene el tema y el final de viento y coro. Como con ‘Mother’ más adelante, fueron unos cierres donde se echaba de menos todo el peso instrumental que tenían en estudio, pero a cambio supo compensar con una puesta en escena y unos movimientos sensuales que resultaban del todo hipnóticos.

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Uno de los momentos más especiales fue la interpretación en acústico de ‘Cosmic Love’, guitarra y arpa acompañando a una Flo que lució toda su potencia vocal con momentos donde alcanzaba notas altas y delicadas  con las que se ganó el silencio y el aplauso de todo el público. Mención aparte el cierre con el arpa y Florence girando sobre sí misma cual muñeca de cajita de música. ‘Long & Lost’ se encargó de relajar las revoluciones, pero no pudimos más que cantar y llevar con palmas el estribillo. ‘Queen Of Peace’ sonaba revolucionaria, Flo bailando aquí y allá, un tema que se agradeció para aumentar la intensidad del concierto.

Gritos y saltos continuaron sucediendo en ‘Spectrum’, con todos unidos al grito de “say my name!”. Desde luego, se permitió hacer un repaso a su discografía y acabar el primer tiempo del concierto con dos de los temas más representativos de su primer álbum: ‘You’ve Got The Love’, el cual no me esperaba y disfruté mucho, y una ‘Dog Days Are Over’ obligada, donde nos pidió hacia el cierre quitarnos una prenda y moverla en el aire, petición a la que respondimos algunos de mi alrededor y yo desprendiéndonos de la camiseta y sumarnos a la energía que desprendía todo el mundo.

Fin del primer tiempo, vuelve a entrar la banda en oscuridad, y, con luces tenues, Florence se pone enfrente de un foco a entonar las primeras notas de ‘What Kind Of Man’ con toda la gesticulación de The Oddysey apoyándola. Las manos se iban solas para imitar los gestos de la Welch, y finalmente, los movimientos suaves pasaron a ser puños furiosos con los primeros riffs rompedores del tema. ‘Drumming Song’ pondría el broche de oro a la noche, con una interpretación igual de siniestra y enérgica, con una Florence moviéndose por el escenario mostrando duda mientras canta “there’s a drumming noise inside my head that starts when you’re around” que acabaría por estallar en saltos compartidos con el público.

En definitiva, Florence + the Machine dejó constancia de que son una banda con un amplio rodaje y con hits necesarios de ser coreados por un amplio público. Ya sean de su primer álbum como del más reciente, a los que estuvimos allí nos dio igual. Fue el día para demostrar que todo lo que habíamos visto anteriormente en vídeo y en estudio, era real. Florence Welch se hizo persona entre nosotros, compartió sentimientos, nos transmitió su energía y nos dejó su mensaje: “Spread the love everywhere you can, ‘cause everybody has love to share”. Gracias goddess Flo. Ahora todo tiene sentido.

Crónica Son Lux en Madrid: Una inspiración materializada entre ritmos frenéticos

Cuando vas a ver a uno de tus grupos referentes, la expectativa es muy alta. En innumerables ocasiones he hablado de lo malo que es el hype, término casi constante en mis entradas aquí, así que ese miedo estaba presente: dos meses de espera y tensión para ver a Son Lux, ¿para ver una decepción? Ni mucho menos.

La primera nota musical la puso Briana Marela, una interesante mezcla entre Enya y James Blake. Música basada en loops que grababa ahí en vivo y creaba capas y capas de vocals que se entremezclaban en una esencia new wave muy agradable y percusiones electrónicas que aumentaban el cuerpo de estos temas. Una actuación de unos cuarenta minutos que me dio la oportunidad de conocer a una nueva artista que puede merecer bastante la pena.

Este concierto tenía cierto carácter personal. No era solo un mero entretenimiento de un jueves noche, sino que era también ver en directo a una de las personas que han supuesto una importante influencia musical en mí (aquí enlace donde lo expliqué en su momento). Como el público en sala era escaso (no llegábamos a las 100 personas), todos los presentes que estábamos allí disfrutamos de un concierto en el que nos pudimos mover libremente a los ritmos frenéticos de ‘You Don’t Know Me’ o Change Is Everything’.

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Ryan Lott on stage

Me gustaría declarar lo curioso que resultó hablar antes del concierto con Ian Chang, batería de Son Lux que se mostró muy amable y tranquilo, para verlo después en el concierto marcando el ritmo rápido y roto de los temas que conforman el álbum más reciente del grupo, “Bones, el cual interpretaron casi en su totalidad (si no me falla la memoria, faltaría por interpretar White Lies) alargando los cierres hacia el infinito, con solos de guitarra en los que Rafiq Bhatia se dejaba llevar a base de pedales de efectos y con una intensidad de la que todo el mundo se pudo hacer partícipe.

Y qué decir de Ryan Lott. Tirándose de la camiseta en los momentos vocales más intensos, gestos que hacía con las manos que denotaban cierta tensión… Contrastando con esta imagen algo más seria, encontrábamos en muchos momentos del directo una complicidad total con la banda, risas, instantes en los que Ryan se dejaba llevar por sus melodías saltando y gritando, momentos en los que intimaba con el público a base de bromas, conversaciones más íntimas e invitándonos a colaborar siguiendo el ritmo aplaudiendo y cantando, como cuando se interpretó Now I Want’: “It’s only you and me”, dijo Ryan mientras cantábamos a capellaNow I want to be free”.

Dos momentos cumbre: cuando se rescató material de Lanterns y se interpretó Easy, que el publicó acogió con ganas y el grupo alargó de una manera magistral, y el cierre con Lost It To Trying’. El cierre que siempre llega y nadie quiere, pero que resulta menos amargo con interpretaciones tan intensas como esta, con la que consiguieron que el público saltara y no nos mantuviéramos en el sitio parados.

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Como decía al principio, éramos un público más bien escaso, y los miembros de Son Lux aprovecharon la ocasión para salir al acabar la actuación a interactuar con nosotros. Firmando merchandising, echándose fotos o manteniendo conversaciones. En lo que a mí respecta, con todos mis nervios me acerqué a Ryan Lott para poder decirle que se trata de una inspiración, mi propia participación en aquel RPM Challenge y lo bien que entendí lo jodidamente duro que le supondría componer aquel We Are Risingen un mes. Se mostró totalmente down to earth para decirme que se sentía muy contento de que le supusiera esa inspiración a alguien como yo.

Y ya está, qué más decir. He conocido a uno de mis músicos favoritos, he hablado con él y le he dicho lo que le tenía que decir. Gracias por esta oportunidad Son Lux, nos volveremos a ver.