Alternativa

Neuman y la ignorancia malagueña en feria

Hasta este fin de semana se ha venido celebrando la feria en la ciudad de Málaga. No me voy a meter en si me parece normal lo asqueroso que queda el centro urbano con los estragos del macrobotellón que se origina por las calles, no me voy a centrar en lo normal que resulta ver comas etílicos a lo largo de cualquiera de las jornadas de feria. Voy a centrarme en el panorama cultural.

Punto positivo de la feria de Málaga: se impulsan las actividades musicales. En la feria de día me pude encontrar en numerosas plazas actuaciones de grupos que amenizaban el ambiente de buena manera, así como actuaciones más tradicionales de verdiales o las bandas que interpretan a una eterna Alaska en clave festivalera.

Algo similar ocurría en el recinto ferial. Por un lado encontramos, patrocinados por la San Miguel en el Auditorio, una serie de conciertos que congregaron a un interesante número de personas. Entre los nombres a destacar se encuentran los del Kanka, Maldita Nerea Huecco, que si bien ninguno es santo de mi devoción, no he podido más que admirar a la cantidad de público que congregaron.

En la conocida como “Explanada de la Juventud” se celebraba la final del Málaga Rock, concurso de bandas organizado por el ayuntamiento. Como reclamo, cada día traían a un grupo conocido a actuar después de los grupos que se postulaban para el premio. En el caso que me ocupa, acudí el martes 16 para ver a Neuman.

Neuman se trata de uno de los grupos nacionales que más me interesa. Me gusta la apuesta diferente que tiene de shoegaze con indie rock y me gusta “If”, al que además le tengo cariño por haber sido una de las primeras críticas y una de las primeras entrevistas que hice para otra página web. Así que tenía ganas de ver a Paco Román y los suyos defender su obra en un concierto algo distinto que no se englobaba ni en festival ni en concierto de sala.

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Pero no vengo a hablar de la actuación en sí (que fue maravillosa, Paco haciendo un despliegue de sus habilidades a la guitarra magnífico) sino de todo lo que envolvía el acto. Para empezar, hablamos de un concierto que se daba lugar en el botellón de la feria de Málaga, por lo que veías al verdadero público entremezclado con ese público fortuito formado por la gente que bebía a aquella hora. Realmente era de esta última clase de personas el que había en su mayoría, casi no había nadie prestando atención al concierto. Ventaja para mí que pude estar en primera fila disfrutando, tal vez bajón para un grupo de este calibre que actuaba ante 20 personas a lo sumo.

Volviendo a hablar del ambiente, cabe decir que se encontraba lleno, como digo, de gente cuyo interés por los murcianos era inversamente proporcional al mío. Vale que la zona en la que se situó el escenario invitaba a que la mayor parte de la gente que se congregaba allí ignorase a los que actuaban, vale que no puedes paliar las conversaciones disonantes de los allí presentes para que los pocos que estábamos viendo a Neuman lo disfrutásemos a la perfección. Pero si estabas en el botellón, ¿qué necesidad había de molestar tirando hielo al escenario? Respeto que no te guste, pero respeta tú al resto; tanto al público que estamos ahí como al artista que está haciendo su trabajo.

Seguí pensando en esto, en cómo la gente podía pasar de un grupo que es (aunque a muchos les pese) una suerte de eminencia en el indie nacional. Luego caí que el problema era la ciudad en la que me encontraba y de los gustos que por aquí encontramos. El concierto del Kanka a rebosar. Maldita Nerea también en el Auditorio a rebosar. Les Castizos cuando vinieron al par de días al famoso escenario del botellón también lleno. En fin, esto demuestra lo simple que es la gente en cuanto a gustos por aquí. En Madrid o el Levante un concierto de Neuman llena (o en cualquier festival del país, ¡que son cabeza de cartel!), pero parece ser que aquí no, y encima reciben quejas por tocar “música rara”. Qué le vamos a hacer, desde aquí lo único que puedo hacer es criticar la actitud y promulgar música distinta o algo, a ver si alguien se da por aludido.

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Father John Misty y la diatriba contra la industria del entretenimiento

Que la industria del entretenimiento se dedica, mayoritariamente, a tirar balones fuera y alejar el foco de atención de los problemas verdaderamente importantes es vox populi. Aunque aparezcan voces como la de Beyoncé en una lucha feminista, parece que no es suficiente para Father John Misty, que hace un par de semanas sintió la necesidad de cortar un concierto para hacer un speech en el que pedía al público que abriera los ojos.

Esto ocurre en mitad de la carrera presidencial americana, algo que acrecenta la ira del músico. Pero al parecer el público no compartió su visión y le llovieron las quejas por no entregar el espectáculo al que se había comprometido. Los allí presentes vieron a Joshua Tillman, y no a Father John Misty. De toda esta ironía nace el siguiente escrito que he publicado en Hipsterian Circus. El artículo funciona como una válvula de escape, en definitiva. Como digo en el título, hacen falta nuevas voces reivindicativas, y Father John Misty a golpe de un estilo elegante (y altamente hipster, las cosas como son) puede dar una interesante perspectiva a los problemas sociales.

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Bat For Lashes es dolor y amor en “The Bride”

Con “The Haunted Man” descubrí un álbum maravilloso y una artista muy interesante. Ese ‘Laura’ que cantaba Bat For Lashes me cautivó y me dediqué a investigar su obra. A pesar de que en sus trabajos anteriores hizo un trabajo muy a tener en cuenta, el daño estaba hecho y ya sólo tenía ojos para este tercer álbum.

La cosa es que el mes pasado publicó “The Bride”, su cuarto álbum de estudio y el primero en el que todos los temas se encuentran interconectados por una historia que hace que este álbum sea, además, una narrativa. Una historia dividida en capítulos, a cada cual más intenso y devastador.

Con esta presentación, en el siguiente enlace dejo la crítica que hice para El Quinto Beatle , en el que desarrollo el álbum en todo su esplendor. Para los que quieran la versión reducida, aquí dejo un enlace a YouTube con la crítica en formato audio-vlog y en 3 minutos y medio.

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Bat For Lashes – “The Bride” (2016, Warner)

¿Está cambiando la concepción clásica del álbum?

Hay cuestiones que siempre son interesantes de tratar. Si en la última entrada hablaba sobre Kanye West y su sentencia de que el formato físico estaba muerto, en esta toca hablar del álbum y el proceso que hay más allá de la producción para SBTRKT.

El productor británico lanzaba este viernes SAVE YOURSELF, un proyecto musical del que él mismo dice que no es un álbum, si no una obra con principio y fin, acompañada de visuales y demás para darle más trasfondo a la música. Una música con la que intenta y desea tratar con total libertad cualquier tema que le rodee, ya que, al fin y al cabo, no consigue separar el mundo de su música con el mundo en el que vive y quiere que se vea reflejado en su producción.

En cuanto a los temas que componen este proyecto, decir que se mueven en la temática electrónica habitual del músico, pero con un carácter más analógico, en ocasiones más break, que se distancia en parte del “Wonder Where We Land” que lanzó hace un par de años. Desde luego, es un trabajo diseñado para escuchar en conjunto, donde los temas se entremezclan los unos con los otros creando pasajes indisolubles, donde se pasa de la calma fruto de sintetizadores analógicos al nerviosismo surgido de la unión de los vocales de Sampha y una percusión que entra en los momentos idóneos para animar la escena.

Pero hoy nos centraremos en el trasfondo del álbum, el porqué de su existencia, su razón de ser. Junto a “SAVE YOURSELF”, nos ofrecía un escrito en el que explicaba el concepto detrás del proyecto. La cuestión es que es un trabajo que terminó hace una semana, y el objetivo de esta nueva etapa en la que se embarca es la de conectar con el público y ofrecerle un material recién hecho. Achaca a la sociedad actual y la concepción cultural ese desfase entre que se hace un álbum y lo recibe el público. 

SAVE YOURSELF” no es más que la forma en la que SBTRKT busca combatir con lo establecido en la industria musical y buscar una forma más directa de ofrecer su producto a un público que le sigue. Pero aquí siempre con el apunte del “recién hecho”. SBTRKT busca hacer frente a algo que sufren muchos artistas: acabar con ese periodo entre que se acaba un álbum y se lanza a la luz.

Podemos entrever distintos motivos que han hecho que Aaron Jerome actúe de esta manera, además de esa necesidad de ofrecer un producto que exhala novedad por sus poros. Innumerables son los álbumes que han pasado demasiado tiempo en el limbo, a la espera de llamar la atención a una compañía que decida apostar por ellos para su publicación. Eso es un contrarreloj, y es que la música pierde posibilidades de éxito conforme avanza el tiempo, pudiendo pasar de novedad a refrito y volver al lugar del cual ha venido.

Pero diría que el motivo principal es evitar esa traición que siempre se cuece cuando un músico recién ha terminado de producir su álbum. Hablemos de Kanye West Rihanna, ese hype formado alrededor de sus álbumes que condujo a las filtraciones de los mismos, de nuevo devaluando el producto. O un caso menos comercial, el de Björk con ‘Vulnicura’, cuya filtración hizo que fuese forzada a hacer un lanzamiento en diferido (primero versión digital y a los dos meses la versión en físico).

La cuestión es que vivimos en una época de constante renovación. Queremos huir de los moldes establecidos para experimentar la novedad, y esto ya no es solo en el aspecto musical ni cosas de alternativos. La música, y el arte en general, vive en ese constante renovarse o morir. Veía un vídeo de Anthony Fontano (aka The Needle Drop) en relación con “The Life Of Pablo” y diciendo que tal vez la renovación del tracklist o de la mezcla de un álbum sea algo bueno, haciendo de un disco un ente vivo en constante renovación. Vivimos en la época de las remezclas y las remasterizaciones, ¿por qué no lo podría hacer el propio músico, siendo suya la obra?

Volviendo al tema, “SAVE YOURSELF” nos recuerda que, al fin y al cabo, vivimos en la época de la renovación y la indignación con la música como digo. No nos gusta lo cohartados y condicionados que estamos y buscamos nuevas formas de dar nuestra obra. Hay que admirar la valentía del paso que ha dado SBTRKT en la música. Son aspectos como este los que hacen que la sociedad y el arte avance. Además de conseguir escuchar canciones recién sacadas del horno, nos permite conocer más por dentro cómo se siente como músico, que al fin y al cabo es su objetivo. Su anonimato radica en eso, en darse a conocer con su música, que ella hable por él. “SAVE YOURSELF” nos ha presentado a alguien que valora su obra y quiere transmitir este sentimiento al resto del mundo. Esperemos que más gente se una a este movimiento y conozcamos una auténtica revolución musical en todos sus aspectos y no solo en cuanto a estilo.

Crítica “Not To Disappear” de Daughter: Enlazando electrónica barroca y melancolía

Han pasado algunos años desde que Daughter aparecieran en mi vida. Sería con una descarga gratuita de Landfill a través de iTunes. En este tema encontré a un grupo que tenía cierto encanto, pura esencia acústica pero con una sobriedad y unos toques lo-fi que no me esperaba encontrar en aquel entonces.

Este Landfill pertenece al primer EP lanzado por el grupo en 2011, “His Young Heart”, donde jugaban con una temática similar a la que se encontraba últimamente en el panorama en el que se desenvolvían. No ofrecían nada nuevo, pero mantenían a punto la maquinaria. El problema vendría dos años después, cuando ya decidieron presentar su primer álbum, “If You Leave”, que poco tenía que ofrecer. Por un lado, era un disco que a nivel melódico se dejaba caer sin dejar huella alguna (tal vez momentos rescatables como ‘Amsterdam’ ‘Youth’, pero imposible acordarse de más). Y, por otro, ya empezaban a despertar nuevas tendencias y esa vena tan acústica se empezaba a dejar de lado.

Han tenido que pasar tres años para que Daughter volvieran con una nueva jugada que hiciera que recuperaran el lugar que se merecían. Ahora llegan con “Not To Disappear”, un álbum donde ponen las cartas sobre la mesa para dejar patente su posición. En un aspecto físico sobre todo. Porque si “If You Leave” pasaba sin dejar rastro, en este nuevo álbum encontramos momentos que consiguen calar y encandilarte.

Culpa de ello la tienen ese toque electrónico que han transmitido a todos los rincones de la producción de este álbum. Atrás quedaron los momentos más acústicos, este es un álbum que juega con la intensidad. Encuentra un equilibrio muy bueno en el orden de los temas para que ni nos sobrecarguemos de punteos de guitarra eléctrica ni para que caigamos en un letargo eterno de sintetizadores envolventes.

Tal vez se podría establecer algún paralelismo con unos London Grammar si estuvieran finos de LSD y estuviera la cantante recién levantada. Me explico. London Grammar recordaba a unos The xx por el minimalismo de su obra, en este “Not To Disappear”, los momentos que no están cubiertos por capas envolventes de sintetizadores que crecen cuando menos te lo esperas y guitarras que se funden en ecos en la línea melódica de la vocalista Elena Tonra también tienden a recordar a esa cimentación. Porque dentro de una producción tan sobrecargada (en un buen sentido), encontramos momentos que tienden a una desnudez que busca el revelar la faceta más cercana del grupo.

Pero en realidad, es mucho más que esto, porque encuadrar en un género el nuevo álbum de Daughter tiene una importante dificultad. Basándose en el dream pop en el que más o menos se iban desenvolviendo, encontramos momentos que apelan más al rock como es ‘Fossa’, o momentos que apelan a un synthpop mezclado con shoegaze como es ‘Alone/With You’, uno de mis momentos favoritos con una de las mejores líneas de sintetizador que he escuchado últimamente.

“Not To Disappear” es un álbum para disfrutar en su conjunto. Tiene momentos fácilmente extraíbles, pero es en la escucha global donde cobra todo su sentido y eres partícipe de la evolución melódica que hacen a lo largo de diez temas que consiguen calar en el oyente y a la vez resultar en un obra ligera que necesitas escuchar una y otra vez.

Y hablemos de la letra. En el mar de guitarras eléctricas y sintetizadores que van y vienen , se erige la voz tranquila de Elena Tonra. Nada de salidas de tono, nada de intensitos, nada de coros innecesarios. La voz ataca directa, modula lo justo y necesario. No bsuca robar el protagonismo en una liga a la que no pertenece y acaba funcionando mejor como secundario mientras canta a la soledad y al amor en unos ámbitos que desprenden pura melancolía. 

Ya desde el momento cero, se nos presenta un personaje (si evitamos la personificación de Elena en la criatura que habita el álbum) decepcionado, que busca nuevas salidas, nuevos entretenimientos que hagan que se distraiga y evitar pensar, pero al final acabará cediendo. Porque si en ‘Numbers’ nos describe el intento de olvidarlo todo a base de alcohol, en los temas posteriores empezará una secuencia de lamento. Lamento por el futuro en el que olvida su pasado (‘Doing The Right Thing’, un tema duro protagonizado por el alzheimer), lamento por un amor que la abandona y no busca otra cosa que pasar página (‘How’), lamento por la actitud desagradecida de un hijo (u otra posible interpretación, aquella relación en la que se da todo a alguien que actúa como un parásito, ‘Mothers’), o el lamento a la soledad sin solución, el odio a dormir sola y el odio a dormir “contigo” (‘Alone/With You’). Pero toda esta temática acaba buscando cierta salida, o al menos consuelo, en ‘Made Of Stone’, donde este personaje que habita el álbum acaba preguntándose si, a pesar de todo, no debería estar sintiendo todo lo que ha vivido con más intensidad. Todo esto para acabar dándose a sí misma un mensaje de alivio tras equipararse con el resto de la gente que habrá vivido lo mismo en sus circunstancias, porque “you’ll find love kid, it exists”.

Sigo pensando, después de todas las escuchas que le he podido dar al álbum, en la forma en la que consiguen, a pesar de todo ese apartado lírico tan funesto, conseguir transmitir una esperanza que empieza en oscuridad y se metamorfosea en juegos de claroscuros, como en la explosiva ‘How’. Es imaginería como esta la que hace que un álbum adquiera un nuevo sentido para mí y haga que trascienda entre el resto de álbumes que me puedo echar a la cara.

Originalidad

En el álbum: Consigue algo muy difícil, y es entregar un álbum fácil de asumir y en el que se identifica una línea temática en la que cada tema consigue transmitirnos algo nuevo. Nada de linealidad ni de caída en lo aburrido. 1/1

Con respecto al resto: Por poner una referencia, tal vez esa a London Grammar, pero muy tenue. Por lo demás, no se me ocurre ninguna comparación directa de este álbum con otros. 0,75/0,75

Con respecto a lo anterior del artista: Han hecho muy bien en cambiar el tercio con este álbum. Cuando se parte de con una vena de un carácter acústico como hicieron con “If You Leave” tienes dos opciones: o te renuevas y entregas una obra maestra o sigues en tu zona de confort y seguir haciendo el mismo disco una y otra vez. Y Daughter ha escogido sabiamente la primera opción. 0,75/0,75

Impresiones:

Primera impresión: Un álbum que suena tan bien que al acabar lo primero que dices es “¿Ya?”. Tiene un sonido que consigue cautivarte, y, sobre todo en la primera escucha, los momentos que puedan apagar el ritmo un poco o hacer que te recuerde a algo que has escuchado antes se ven inmediatamente compensados por un tema que gira en parte la temática y consigue re-engancharte. 1,1/1,5.

Tema a tema en profundidad/Impresión General: Como ya he dicho, es un álbum que esta diseñado para su escucha a nivel global, pero este hecho no ha impedido que Daughter se haya marcado buenos temas por solitario. Pero tienden a esa posición de equilibrio que es el conjunto, el entender la temática global, el saber por qué esta guitarra suena tan parecida a la de este otro tema. Esto es un arma de doble filo, tiene tanto de bueno como de malo. Por lo demás, en lo que respecta a la producción, han pegado un salto inconmesurable de su anterior trabajo a este, apostando por la electrónica onírica (sin caer en el sueño por lo aburrido) y por el indie pop/rock barroco (sin caer en la intensidad desmesurada que rompiera el equilibrio del álbum). La voz de Elena se eleva con la seguridad de saber que se encuentra ante un trabajo con mucho potencial. Y eso se nota. 4,2/5.

-Lista de reproducción y compra: Voy por mi casa cantando el estribillo de ‘Doing the Right Thing’ y pensando en la progresión de sintetizadores de ‘Alone/With You’. Si no me las puedo quitar de mi cabeza, ¿cómo no van a estar en mi lista de reproducción? Y también se trata de una compra altamente recomendable: el salto mortal de un grupo con un nombre aún forjándose y que ha sabido apostar por un camino que le ha correspondido bien. 1/1.

Puntuación total: 8,8/10

Not to Disappear

Daughter – “Not To Disappear” (2016, 4AD)

Crítica “Blackstar” de David Bowie: Cuando te vas por la puerta grande en un mar de art-rock

Pasa algo cuando intentas hacer una crítica del último álbum de un artista que lleva sacando trabajos desde 1967 de los cuales sólo has oído sus mejores momentos. Y, en mi caso, “The Next Day”, al que le di un par de vueltas en su momento.

Así que partimos de esas referencias. Unas referencias que me han permitido dar fe de lo que fue en su momento David Bowie, las personalidades tan distintas que había en su producción, su carácter innovador y su estado de Dios de la música. En “Blackstar” solo tenía que demostrar que seguía siendo él mismo. Ese espíritu que nada a contracorriente en las tendencias y que sabe coger lo mejor de cada casa y hacer de ello su bandera.

“Blackstar” es un álbum que consigue dar una vuelta a lo que nos presentó en su comeback de 2013. Si aquel álbum estaba lleno de riffs de guitarra eléctrica con momentos muy interesantes pero sobre el que volaba la sombra de ser un intento de rejuvenecer a un artista, en “Blackstar” decide recoger toda su experiencia y entregarla en un bote que lleva por etiqueta la madurez y la libertad de poder hacer lo que quiera. No todos pueden abrir un álbum con un tema de 9 minutos y conseguir que sea de lo más apetecible del álbum.

Me remito de nuevo al término libertad, un aspecto que encontramos tanto a nivel melódico como a nivel lírico, del cual trataré más adelante. Es un álbum que ha sido etiquetado muy ciertamente de art-rock y jazz experimental. Esto es debido a la amalgama de sonidos que encontramos, desde momentos más rockeros como en ’Tis a Pity She Was a Whore’ o ‘Girl Loves Me’, a los momentos de saxofón tan mágicos que aparecen en ‘Blackstar’ o ‘Lazarus’, la sección más electrónica que es ‘I Can’t Give Everything Away’ o ese momento más breakcore en el cierre de ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’. Y con esto acabo de repasar los siete temas que componen este álbum, de estilos tan diferentes pero que tienen ese toque Bowie que consigue mantenerlos coherentes.

Por terminar de tratar el apartado melódico, es un álbum de 41 minutos y 7 cortes que resulta muy fácil de digerir. Sabe jugar muy bien con los momentos de mayor y menor intensidad haciendo que el oyente se encuentre cómodo. Por ejemplo, poner entre ’Tis a Pity She Was a Whore’ y ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’ otro de los temas bandera de este álbum como es ‘Lazarus’, es una excelente decisión, al crear una transición entre dos de los temas que mantienen una estética más similar, culpa de ello la tendrá el hecho de que fueron temas ya lanzados en 2014. La recta final y la manera en la que transicionan ‘Dollar Days’ y ‘I Can’t Give Everything Away’  es digna de mención, siendo este último tema un acertado broche de oro. Algunos momentos que me han hecho guiñar un ojo de incertidumbre es la introducción de ‘Girl Loves Me’ con un Bowie con una parte vocal que resulta extraña las primeras veces, tanto por la producción en sí como por el hecho de cantar en el dialecto usado en La Naranja Mecánica; aunque con el paso de las escuchas, acaba resultando del todo hipnótica con una interesante mezcla melodía-letra.

Y ahora, hablemos de la letra. En ella encontramos a dos David Bowie, por decirlo de algún modo. Uno que lleva su vena más de artista, el mero entrepreneur, que habla de temáticas en las que no busca la personalización. Habla de un “yo” metafórico que puede o no ser referencia directa a su persona. Pero es entonces cuando encontramos el trasfondo de este álbum: la realidad, la de que David Bowie se moría y lo sabía. Los oyentes escuchábamos una temática que jugaba con la vida y con la muerte, pero lo asociábamos a un mero aspecto de madurez y nuevas preocupaciones: el dejar de hablar de las ideas de sus personajes y poner en su propia boca las suyas. Pero no dejábamos de pensar que serían pensamientos que uno tiene en cualquier momento. Como en todos sitios se ha dicho, este aspecto cobra un nuevo sentido a la muerte del artista. El ejemplo más claro donde se ve esto: ‘Lazarus’ y la apertura con “look up here, I’m in heaven, I’ve got scars that can’t be seen”.

En resumen, una obra con la que David Bowie se despide por la puerta grande, con un estilo original y propio y con el que deja patente a nivel lírico lo que vivía él mismo en sus últimos momentos, dejando a parte personajes y demás personalidades. En este aspecto, es un álbum auténtico del que poco más podemos decir, así que pasemos a la valoración:

Originalidad:

-En el álbum: Juega de una manera muy interesante creando transiciones entre aquellos temas que se puedan parecer más para dar tiempo a asimilarlos. Y por otro lado, en cada tema somos partícipes de algo nuevo, algo difícil de conseguir cuando lo primero que te encuentras es una obra de diez minutos de duración. En el resto del álbum encontramos oportunas referencias estilísticas a este primer tema, pero en ningún momento crean momentos de confusión y resulta del todo agradable. 1/1.

Con respecto al resto: Es Bowie, debería ser sinónimo de originalidad con el resto del mundo. 0,75/0,75.

Con respecto a lo anterior del artista: Atrás quedaron épocas de glam y épocas más rockeras a la antigua usanza. Lo mismo con los momentos más electrónicos. Un álbum nuevo en el panorama y nuevo en la propia producción del músico. 0,75/0,75.

Impresiones:

-Primera impresión: Un álbum que me resultó agradable desde el primer momento, que consiguió convencerme para darle múltiples escuchas el mismo fin de semana que salió. Ya mencionaba con anterioridad ese momento que te hace guiñar un ojo en un primer momento, pero son momentos minoritarios. 1,2/1,5.

-Tema a tema en profundidad/Impresión general: Cortes con una producción intachable y de los que quiero destacar el apartado instrumental, sobre todo en ‘Blackstar’ y ‘Lazarus’, con dos cierres que hace que se desvanezca la escena en un mar de instrumentación de viento y guitarras eléctricas. En lo que respecta al resto, me parece que ha encontrado un muy bien equilibrio y ha sabido innovar sin pasarse de rosca. Hay algunos momentos que hacen que me impidan ponerle la máxima nota, pero en definitiva es un must que hay que escuchar. 4,5/5

Lista de reproducción y compra: La mayoría forman parte de mi lista de reproducción, incluso ‘Blackstar’, donde la longitud no supone en absoluto un handicap. Y evidentemente me lo compraría, tanto por su estilo como para lo que representa en la producción de David Bowie. 1/1.

Puntuación Total: 9,3/10

Blackstar

David Bowie – “Blackstar” (2016, ISO)

7 Skies H3: He muerto, renacido y vengo a contaros mi experiencia

Con esta entrada me gustaría dar el pistoletazo de salida a una nueva sección del blog, que espero que dure algún tiempo y no es otra que el desafío del mes. Un compromiso con el que, una vez al mes, me pondré una especie de prueba de diferente envergadura. ¿Para qué? Tampoco lo sé si no hay la menor necesidad, pero puede ser divertido.

Corría el segundo día del año y estaba descansando de la fiebre de “escuchar todos los discos posibles de 2015”, así que eché mano de mi colección de discos puse mi copia en vinilo del 7 Skies H3 de los Flaming Lips, edición limitada del Record Store Day de 2014 que adquirí en Estados Unidos.

Por si no lo sabíais, este disco se trata de una versión condensada de 50 minutos de la canción original, que dura la friolera de 24 horas. Tal cual. Una aventura psicodelicosónica que sólo se le podría haber ocurrido a Wayne Coyne y los suyos.

Así que se acaba el disco y me digo: “¿Por qué no me escucho la versión extendida a ver qué me encuentro?”, y así comenzó mi odisea de 24 horas, repartidas en 4 o 5 días (hubo un momento en el que perdí la noción del tiempo, de ahí esa incertidumbre).

Como digo, 24 horas de canción que confluyen creando diferentes secciones que se alargan horas y horas, con momentos más accesibles como la apertura el cierre, que cierran el círculo que ha creado este tema manteniendo la misma línea melódica, y momentos que dejan ese regusto de incertidumbre y desesperación porque se acabe.

En cuanto a estilo en el que encuadrar esta canción, lo más predominante sería el noise-rock experimental, debido a la principal predominancia de secciones de batería intensa, vocal rompedor y efectos de sintetizador que rompen la escena. Una estética que hace pensar en su álbum Embryonic, publicado dos años antes.

Si sobrevives a las 24 horas de odisea experimental vas a volver como un ente renacido. O al menos así me siento yo. Al acabar la canción me he planteado qué hacer con mi vida después de un día entero escuchando una movida experimental de The Flaming Lips de las que solo te puedes quedar con retazos y de la que el mismo Wayne Coyne ha dicho “que no la escuche nadie, que aprovechen ese día para hacer otras cosas, pero sé que va a haber gente que va a quedar y la va a escuchar como una prueba de acceso”. Supongo que la he pasado. Es una experiencia extraña desde luego, en el que te pones a pensar mientras escuchas una melodía que parece que no ha cambiado en hora y media y parece no tener fin.

Pero quería centrarme en algo. Vale que 24 horas dan para mucha experimentación, para evolucionar sonidos y para “acabar sin ideas y tener que empezar a componer de cero”, como dijo Steven Drodz. Pero esas 24 horas tienen otra interpretación, la que podemos conocer a través de la letra.

Es un tema denso y culpa de ello no  la tiene solamente su duración. Prestemos atención a su temática: nos pone en la perspectiva de un hombre que ha perdido a su mujer porque se ha suicidado. Con esta premisa, Wayne abre el tema poniéndose en el papel de este protagonista haciendo una serie de reflexiones que discurren entre el recuerdo de su novia, la desesperación por su pérdida y la caída en el nihilismo por su ausencia. En la primera media hora será donde encontremos estas reflexiones y el mayor peso lírico de la canción; encontraremos otros momentos con parte vocal, pero será de un carácter distorsionado e ininteligible, y otra final en los últimos veinte minutos donde después de toda la odisea de la que ahora hablaremos, acaba claudicando y admitiendo que no podrá abandonar el recuerdo de la amada.

24 horas de evolución sonora que se asimilan a la evolución psicológica de un hombre que sufre una pérdida de este calibre. Partes que en ocasiones resultan incoherentes entre sí pero que sólo se puede achacar a lo incoherente de la propia mentalidad humana. Así encontramos un amplio pasaje que roza el ambient, de sintetizadores que silban y evocan una calma espectral, a momentos de explosión industrial y rabia incontenida u otros momentos con coros fúnebres. En general, un tema que se desarrolla en una oscuridad mortuoria de la que difícilmente se puede escapar.

24 horas puede parecer algo excesivo, pero si consideramos la perspectiva de que estamos dentro de la cabeza de este protagonista, cabría pensar que no son suficientes. Es una puerta abierta a la interpretación que hace Wayne Coyne de una historia real y a la que nos consigue transportar por medio de la creación de pasajes musicales que te envuelven, en ocasiones te dan una paliza y te hace sentir el dolor sentimental que quiere transmitir, y en otras te acaricia y te da la mano para intentar darte apoyo en lo que te queda por recorrer.