concierto

Crónica Son Lux en Madrid: Una inspiración materializada entre ritmos frenéticos

Cuando vas a ver a uno de tus grupos referentes, la expectativa es muy alta. En innumerables ocasiones he hablado de lo malo que es el hype, término casi constante en mis entradas aquí, así que ese miedo estaba presente: dos meses de espera y tensión para ver a Son Lux, ¿para ver una decepción? Ni mucho menos.

La primera nota musical la puso Briana Marela, una interesante mezcla entre Enya y James Blake. Música basada en loops que grababa ahí en vivo y creaba capas y capas de vocals que se entremezclaban en una esencia new wave muy agradable y percusiones electrónicas que aumentaban el cuerpo de estos temas. Una actuación de unos cuarenta minutos que me dio la oportunidad de conocer a una nueva artista que puede merecer bastante la pena.

Este concierto tenía cierto carácter personal. No era solo un mero entretenimiento de un jueves noche, sino que era también ver en directo a una de las personas que han supuesto una importante influencia musical en mí (aquí enlace donde lo expliqué en su momento). Como el público en sala era escaso (no llegábamos a las 100 personas), todos los presentes que estábamos allí disfrutamos de un concierto en el que nos pudimos mover libremente a los ritmos frenéticos de ‘You Don’t Know Me’ o Change Is Everything’.

IMG_0570

Ryan Lott on stage

Me gustaría declarar lo curioso que resultó hablar antes del concierto con Ian Chang, batería de Son Lux que se mostró muy amable y tranquilo, para verlo después en el concierto marcando el ritmo rápido y roto de los temas que conforman el álbum más reciente del grupo, “Bones, el cual interpretaron casi en su totalidad (si no me falla la memoria, faltaría por interpretar White Lies) alargando los cierres hacia el infinito, con solos de guitarra en los que Rafiq Bhatia se dejaba llevar a base de pedales de efectos y con una intensidad de la que todo el mundo se pudo hacer partícipe.

Y qué decir de Ryan Lott. Tirándose de la camiseta en los momentos vocales más intensos, gestos que hacía con las manos que denotaban cierta tensión… Contrastando con esta imagen algo más seria, encontrábamos en muchos momentos del directo una complicidad total con la banda, risas, instantes en los que Ryan se dejaba llevar por sus melodías saltando y gritando, momentos en los que intimaba con el público a base de bromas, conversaciones más íntimas e invitándonos a colaborar siguiendo el ritmo aplaudiendo y cantando, como cuando se interpretó Now I Want’: “It’s only you and me”, dijo Ryan mientras cantábamos a capellaNow I want to be free”.

Dos momentos cumbre: cuando se rescató material de Lanterns y se interpretó Easy, que el publicó acogió con ganas y el grupo alargó de una manera magistral, y el cierre con Lost It To Trying’. El cierre que siempre llega y nadie quiere, pero que resulta menos amargo con interpretaciones tan intensas como esta, con la que consiguieron que el público saltara y no nos mantuviéramos en el sitio parados.

IMG_0591

Como decía al principio, éramos un público más bien escaso, y los miembros de Son Lux aprovecharon la ocasión para salir al acabar la actuación a interactuar con nosotros. Firmando merchandising, echándose fotos o manteniendo conversaciones. En lo que a mí respecta, con todos mis nervios me acerqué a Ryan Lott para poder decirle que se trata de una inspiración, mi propia participación en aquel RPM Challenge y lo bien que entendí lo jodidamente duro que le supondría componer aquel We Are Risingen un mes. Se mostró totalmente down to earth para decirme que se sentía muy contento de que le supusiera esa inspiración a alguien como yo.

Y ya está, qué más decir. He conocido a uno de mis músicos favoritos, he hablado con él y le he dicho lo que le tenía que decir. Gracias por esta oportunidad Son Lux, nos volveremos a ver.

Crónica Granada Sound: Mucho polvo, baile y grandes conciertos de rock

Y después de nueve meses de espera, llegó el momento. El 18 y 19 de septiembre se celebraba en Granada el Granada Sound (anteriormente conocido como Alhambra Sound), el cual celebraba su cuarto aniversario con artistas muy interesantes del panorama indie español.

Día 1: Demasiada energía derrochada pasa factura

Llegó el 18 de septiembre y tras el proceso por el que adquirimos las acreditaciones (hola, soy el único menor identificado del festival, me dan una pulsera especial y luego el guardia de seguridad no tiene ni idea de qué señalaba eso y se piensa que es falsa) empezamos yendo a ver a Holögrama. Se trata de un grupo que forma la tanda de últimos confirmados para un escenario de última hora que apareció salvaje en el recinto. Aguantamos una canción y media. Personalmente, el estilo con el que se presentaron eran muy interesante, mezcla de The War On Drugs con electrónica sobre capa y capa… Que si no controlas la ecualización, los acoples y demás, crea tal muro de sonido que abandona toda calificación de shoegaze para pasar a ser ruido.

IMG_0954

Ánimo el próximo año eligiendo al técnico de sonido

Así que, después de este primer contacto algo fallido, fuimos a coger sitio para Aurora, banda granadina de un indie rock electrónico bastante interesante, que recogieron en su setlist de casi 40 minutos su segundo álbum, Sílice, al completo. A continuación, ratito con Royal Mail que hizo saltar al público a base de bien y vuelta para coger sitio para la gran Zahara.

IMG_0977

Zahara: Tan pequeña y tan grande a la vez

Simplemente, abriendo con La Gracia El Deshielo, se ganó al público de una pasada, haciéndonos cantar a voz en grito y pegar saltos por la zona al ritmo que marcaba con su tambor. Se trató de un set dinámico pero con momentos más ligeros e introspectivos en los que se encaramaba a la guitarra acústica con canciones algo más tranquilas. Pero tres momentos clave fueron sus bailes a mitad de canción, la versión que hizo de You’re The One That I Want, de estribillo pausado y explosivo, y el cierre con Crash.

Luego vino hora y media de pausa para cenar y descansar algo, con Nacho Vegas en la lejanía, pero sin prestarle demasiada atención. Minutos después cogeríamos sitio para el segundo plato fuerte del día: Sidonie.

Se trata de una banda catalana de indie rock, del cual sólo había escuchado su último álbum, Sierra y Canadá, previo al festival. De este álbum sólo reconocí tres temas: Sierra y Canadá, Un Día de Mierda (con vuelta entre el público de Marc) y el increíble cierre de Estáis Aquí, tema que coreamos todo el público. Consiguieron conectar a la perfección con los presentes con temas muy animados en los que no bajaron las revoluciones, mucho cachondeo y unos bailes del todo sugerentes del vocalista del grupo.

Y ahora llega el primer error de la jornada. En lugar de descansar y guardar sitio mientras escuchábamos a L.A. que actuaba en el escenario de al lado, decidimos dar una vuelta. Problema 1: Cuando decidimos coger sitio para IZAL estábamos demasiado lejos. Problema 2: Era tal la presión de la gente alrededor nuestra que tocaron la primera canción, Copacabana, y optamos por irnos. Eso sí, pudimos ver a la perfección cómo volaban las botellas entre el público a ritmo del ukelele de Mikel Izal. Sin conocer demasiado bien su producción, reconocí En Aire y Hueso Magia y Efectos Especiales. Preguntaba el vocalista que, aunque habían sacado el disco ese mismo día, tocarían temas antiguos para que la gente pudiera cantar. Y claro que cantaron.

Para concluir la jornada número uno y en unas condiciones físicas de mi persona algo pésimas, estuvimos viendo el concierto de Mendetz. Y molaban mucho. Y me dio mucha pena tener que dejar el concierto a medias por no encontrarme bien. Pero melodías que se construían en directo, de clara influencia disco house que hacían bailar a todo el mundo y con las que conquistaron la pista de baile a las dos y media de la noche.

Conclusión: En un festival de dos días, no lo des todo la primera jornada, que no la acabas como un ser humano.

Día 2: Lo mejor estaba por llegar

Con la calma de la experiencia (de un día, pero bueno), llegamos con calma al festival. Tal vez con demasiada, ya que nos perdimos la primera media hora de Carlos pelazo Sadness, pero no impidió que pudiéramos disfrutar de Miss Honolulu, Hoy Es El Día, Bikini Qué Electricidad. Supo manejar la situación y conectar con un público que nos entregamos a sus melodías 100% bailables en todo momento.

Uno de los descubrimiento del festival fue, sin duda, Delafé y las Flores Azules. Siguiendo las ganas de uno de mis amigos de verles y la recomendación de una muchacha con la que estuve hablando minutos antes. Se trata de un rap de influencias electrónicas y sonidos ligeros, nada que ver con la rama más hip-hop que tan de moda está últimamente. “Lo dan todo en el escenario” fueron las palabras de esta amiga improvisada que me hice. Doy fe de ello, pues Óscar, el vocalista, de tanto baile se acabó haciendo una rotura fibrilar. Dejó el baile, pero fue capaz de acabar el concierto en muy buena forma.

CPSkE_6W8AAkUQ2

Óscar atendido en directo. Extraído de su Twitter

La Habitación Roja era un gran reclamo para el día de hoy. Con veinte años de carrera, poco tenían que demostrar en el escenario. Y tan poco, porque cero conexión con el público. La conversación justa para alguna explicación de algún tema y uno detrás de otro. Consiguieron mover al público a base de pildorazos y temas bastante conocidos, como Ayer Magnífica Desolación, pero si noté cierta falta de entrega para con el público.

Dorian me lo apunto para otra ocasión y nos dedicamos a escucharles (y cantar) en la distancia, porque estábamos reservando sitio para Supersubmarina. Casi que el motivo de acudir al festival. Fue tal la explosión de su sonido que al final de Ana, la segunda canción que interpretaban, se fue la luz del festival. Todos creíamos que era parte del espectáculo, hasta que Chino se abrió la camisa y en su pecho llevaba escrito “No hay corriente”. A los cinco minutos se solucionó el problema y siguieron con un setlist en el que recogieron lo mejor de su repertorio, desde temas más antiguos como Niebla XXI, a temas de su último álbum como Algo Que Sirva Como Luz, Arena y Sal Viento de Cara, cuyo final cantamos a capella. Finalmente, el cierre obligado con LN Granada con una apología a la belleza de mi ciudad y final con fuegos artificiales. Desde luego, un concierto que tuvo de todo, donde se mostraron naturales y nos supieron dar lo que nos gustaban.

Después de una hora guardando sitio, llegó el último plato fuerte: The Kooks. Claro, ¿qué puede hacer una banda británica indie en una ciudad como Granada? Pues cantar temas de sobra conocidos y otros con estribillos y ganchos fáciles de seguir. Así nos ganaron a base de “¡cantad conmigo!”, melodías funk como en Westside Down, momentos más íntimos como See You Now o la apertura con Around Town seguida de Ooh La y el cierre con la muy esperada Naive. Como curiosidad, el cantante contó que su abuela había venido con él, y mis amigos y yo (y bueno, todo el mundo que estuviera por mi zona), pudimos verla en un momento que se levantó a dar una vuelta por los laterales del escenario, sintiéndose orgullosa del nieto.

IMG_1056

El vocalista de The Kooks dejándonos sin palabras al piano

Y ahora, en retrospectiva, es el momento de señalar los errores del festival, que más o menos compensaron en otros aspectos:

  1. El escenario Red Bull. Puestos a improvisar escenarios de última hora, hacedlo con nombres que merezcan la pena para evitar que parezca un “bueno, es lo primero que hemos pillado”.
  2. El sonido del bajo en el escenario Inside. Había momentos que resultaba insoportable. Se notaba una mejor preparación el escenario Desperados, pero tal vez sea una percepción personal.
  3. El suelo donde estaba el público. Claro, en un suelo de tierra donde se celebra la feria de Granada, cuando metes a 20.000 personas a saltar, la nube de polvo que se levanta no es ni normal. Y las ganas de toser, tampoco.
  4. El control para entrar al recinto. A nivel de seguridad, no tengo queja. Guardias que cacheaban y hacían su función bastante bien. Ahora, que me venga el que echa un vistazo a las pulseras y no reconozca la de menores, es grave. Y tener que dar explicaciones sin tener por qué, más aún.
  5. Eso era un botellódromo gigante. Vale que en los festivales se vende alcohol, pero la basura que pudo llegar a acumularse no era ni normal. Tal vez sea una manía de los granadinos que vemos una explanada muy grande y tendemos a hacer botellón, pero no era normal. Y a la salida del festival, ver toda la calle llena de basura y de jóvenes bebiendo, tampoco. Y ver a la policía cerca sin hacer nada viendo a gente beber en un espacio público, tampoco.

Pequeños detalles que, aunque no afectaron del todo al buen ambiente del festival y al buen cartel que traía, sí sería necesario revisarlo de cara al 5º aniversario del evento; al cual espero poder acudir si todo va bien  y repetir una experiencia igual de divertida.

¿Merece la pena ir a ver un concierto en “streaming”?

El pasado 6 de Noviembre fui a la retransmisión en directo del concierto de Keane el pasado 6 de Noviembre por sus 10 años de carrera, un concierto donde interpretaron los temas más notables de su trayectoria musical, empezando desde Bend and Break de su aclamado primer álbum hasta su Disconnected de su último LP o los dos temas inéditos que vienen incluidos en el recopilatorio que da sentido a su gira, Higher Than The Sun y Won’t Be Broken.

En general un concierto increíble, que disfruté, a la par que otra mucha gente en el resto del mundo, en una sala de cine, sentado en los cómodos sillones. La pregunta es: ¿mereció la pena?

Que yo me haya enterado, este es el primer concierto que se emite en riguroso directo en salas de cine en todo el mundo. Podría incluir la emisión del concierto de Muse (el primero en ser en 4K), pero no es el mismo concepto, pues se grabó en Julio y se iba a emitir a mediados de Noviembre.
Me consta que con las óperas se ha hecho, pero no con conciertos de música popular, o, en este caso, de música indie y alternativa, lo cual me sorprendió aún más. ¿Le mereció la pena a los integrantes de Keane? Evidentemente. En un mismo concierto, en lugar de haber, digamos, 1000 personas, habría 9000 más (estimando que en cada sala hubiera bastante gente), lo que supondría una obtención de ingresos mayor, tanto para la banda como para las salas de cine.
También, es una perfecta oportunidad de expandir (aún más) su música haciendo que llegue cada vez a más lugares y que, los interesados, prueben suerte con el grupo.

Pero queda el lado del espectador, ¿merece la pena para el espectador? Por lo que a mí respecta, , y si te gusta la banda y la sigues, aún más. Al fin y al cabo, es una oportunidad perfecta para ir a uno de sus conciertos si no vienen a tu ciudad. Mucha gente considera que pagas por estar en un concierto pero sin estar allí presente. Pero, sinceramente, yo me sentí como un espectador más, y Tom Chaplin tuvo sus palabras a los espectadores que estábamos en sala.
Es lo mismo que ir al cine para ver una película, ¿por qué eso está mejor visto si es menos interactivo? Ni idea, pero, sin duda, pasé una magnífica tarde y ya puedo decir que he ido a un concierto de Keane.

20131228-195154.jpg