crítica

La esperanza que irradia el arcoiris de Kesha

Me atrevería a decir que Kesha fue una de las artistas pop que marcó mi adolescencia (y probablemente la de muchos otros que tengan mi edad). Aquel “Tik Tok” con el que se presentó al mundo aún resuena en mi cabeza. Luego vino aquel “Animals” y terminé por caer rendido ante aquellas “Your Love Is My Drug” “Take It Off”, temas que no podía dejar de escuchar.

Pero el tiempo pasó y mis gustos evolucionaron. Por desgracia, Kesha no pudo explorar nuevos horizontes en su música por verse sometida a la dirección artística de Dr. Luke, su supuesto acosador sexual. Kesha ha pasado la peor etapa de su vida, pero por suerte, ha vuelto más fuerte que nunca con un trabajo para admirar. “Rainbow” es el tercer lanzamiento discográfico de la cantante y cabe decir que me ha sorprendido gratamente que haya aparecido firmando un pop orgánico de influencia country más que destacable. Aquí abajo tenéis crítica en vídeo y, en este enlace el texto completo en El Quinto Beatle.

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London Grammar se mantienen dreamy en “Truth Is a Beautiful Thing”

Hace años hablé de London Grammar, cuyo debut descubrí a finales de 2013 y se convirtió en uno de mis discos favoritos de 2014. Después se hizo un silencio que se rompió hace unos meses con el estreno de “Rooting For You”, del que decía sonaba a más de lo mismo. A pesar de esta ligera crítica, se había agitado en mí el suficiente hype para esperar con ganas su segundo álbum, Truth Is a Beautiful Thing“.

Suena a un hermano mayor de If You Waity es que hay poca novedad con respecto al debut. Sin embargo, el mantener la esencia original les funciona y hace que el grupo siga sonando fantástico. La producción de Paul Epworth y Greg Kurstin les sienta fantástica a London Grammar; este dúo potencia su sonido y les encamina a abrazar lo melodramático y el dinamismo pop. Lástima que no se terminen de conjugar estos momentos y a veces resulte una mezcla muy densa. Tal vez sea uno de los mayores fallos de este álbum junto a la falta de originalidad: el equilibrio.

Aún así, he salido bastante contento de la escucha de este álbum. Podéis leer mis impresiones en El Quinto Beatle aquí o ver una mini crítica en vídeo aquí.

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London Grammar – “Truth Is a Beautiful Thing” (Ministry of Sound Recordings, 2017)

Xiu Xiu han hecho una maravilla redefiniendo el pop en “Forget”

Aún recuerdo cuando escuché por primera vez a Xiu Xiu. Me metí de lleno en aquel “Angel Guts: Red Classroom” que publicaron en 2014 y fue demasiado para mí, la verdad. Un álbum demasiado abrasivo, con melodías analógicas que se clavaban en ti, con un Jamie Stewart que resultaba aterrador en temas como “Cinthya’s Unisex” “Black Dick”.

La cuestión es que aún así decidí darle una oportunidad al grupo y seguir investigando su obra, y me encontré discos y apuestas muy interesantes. Desde el “Knife Play” de 2001, en cada trabajo han ido reafirmando su sonido pasando de melodías más abrasivas a momentos más pop incluso (sirvan “Dear God, I Hate Myself” “Fabulous Muscles” como ejemplos). Después de haber indagado en su obra tenía muchas ganas de ver el nuevo lanzamiento de este grupo, y después de publicarse aquella revisión de la banda sonora de Twin Peaks (que por cierto, forma parte de mi top de álbumes del año pasado), el material inédito se esperaba con más ganas.

Entonces llegó febrero de 2017 y, con él, “Forget”, el álbum pop de Xiu Xiu. Jamie Stewart dejó de escribir música durante un tiempo e investigó las composiciones de otros grupos de carácter más amigable; y eso se nota en cada uno de los temas que conforman este elepé en los que entran en comunión los vibrato de Stewart, la oscuridad previa de la banda y las estructuras pegadizas. Muy buen trabajo del que hablo en El Quinto Beatle.

Actualización: Ahora también crítica en vídeo aquí.

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Xiu Xiu – “Forget” (Polyvinil, 2017)

Flaming Lips en “Oczy Mlody” juegan con las texturas y lo analógico

The Flaming Lips, uno de mis grupos favoritos, sacó el mes pasado “Oczy Melody”, un álbum en el que siguen la estela de hacer lo que les da la gana. Esta vez apuestan por un sonido lleno de texturas, bien meloso, con protagonismo absoluto de las cajas de ritmos y los sintetizadores aterciopelados.

Si bien es cierto que echo de menos algo más de agresividad, una mitad de álbum más potente que no resulte tan densa, encuentro en esta álbum una evolución hacia sonidos más asequibles. Han recogido esa diversión del Yoshimi para pasarla en un filtro más denso y oscuro. Son interesantes los cambios de ritmos, las rupturas en cortes como “How??” “Nigdy Nie (Never No)”. Aunque el resultado acabe por explotar la misma fórmula todo el rato resultando en ocasiones algo aburrido, no por ello voy a dejar de admirar los grandes highlights del álbum.

Mis impresiones más a fondo en esta crítica para El Quinto Beatle.

Actualización: Ahora crítica en vídeo también aquí.

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The Flaming Lips -“Oczy Mlody” (Bella Union, 2017)

Por qué Bon Iver me emociona otra vez en “22, A Million”

Era cerca de la una de la mañana de un sábado cuando volví a casa y decidí que ese era el momento de escuchar el disco, una semana después de haberse estrenado. Una semana en la que estuve indagando en su obra: en su etapa como Justin Vernon, en sus álbumes con Volcano Choir, sus escapadas con James Blake Kanye West o los experimentos bizarros con Jason Feathers Gayngs. 

Pero todos estos escarcios siempre se veían algo ensombrecidos por el momento clave de la carrera del músico.Pensaba en la cabaña al noroeste de Eau Claire donde entró Justin Vernon y salió Bon Iver con For Emma, Forever Ago“. El nacimiento del mito. La mezcla de soledad, folk y falsetes que marcó al mundo y al propio Vernon. A partir de entonces tuvo una pauta para seguir: hacer canciones que reflejasen sus inseguridades y sentimientos desde un punto de vista que ora abraza lo abstracto, ora te agarra de la camisa y te zarandea para que captes cada ápice del mensaje (oh, ‘Skinny Love’).

Ahora llega un nuevo hito: “22, A Million”. ¿Qué quedaba por hacer después de haberte asentado como genio y figura del alt-folk con ese debut y el posterior “Bon Iver Bon Iver”? Ni él mismo lo sabía. Y se notan los ataques de ansiedad que sufrió por ello. Este es un álbum que, aunque a nivel melódico sea explosivo, vanguardista e innovador con la introducción de una vena más electrónica bajo la que subyacen capas discretas de folk, si miramos a las letras, aún vemos al hombre que hace años se planteaba qué era el amor y se metió en una cabaña a hacer canciones como si de una prescripción médica se tratara. ¿La única diferencia? La madurez y un cambio de perspectiva que hace que, además de mirar al pasado y hable sobre él, mire al futuro y al devenir. Canta a la soledad futura, no a la presente o a la pasada. Canta desgarrado, canta con vocoder, canta con melodías en ocasiones ininteligibles por la superposición vocal, pero lo importante es lo que subyace: un mensaje de sinceridad y profunda reflexión sobre la dualidad del ser humano.

Es, una vez más, la expulsión de los demonios de Vernon, la apertura en canal de un artista, el dejarte entrar en él a veces con melodías complicadas y recargadas y a veces bastándole un vocoder al más puro estilo Imogen Heap. Es la soledad en la inmensidad. Es el uno entre un millón. Es el motivo por el que me emociona este álbum: serlo todo y a la vez nada. Pero para un análisis mucho más exhaustivo, aquí la crítica que hice hace una semana para El Quinto Beatle.

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Bon Iver – “22 A Million” (2016, Jagjaguwar)

La crítica en diferido: Ramiro Nieto y “Oxidarme”

Esto es algo que debería haber hecho hace tiempo, y espero que me perdone mi referente en el mundo blogger, Mar, de la cual he sacado la idea.

La cosa es que como ahora estoy metido en las otras webs donde colaboro, no tengo tiempo ni ideas para escribir en este blog, así que aprovecharé para enlazar los escritos que firmo en las páginas webs donde estoy actualmente (¿Recuperar incluso escritos antiguos? Habrá que verlo). En cualquier caso, todo acompañado de algún comentario off the record o reflexión oportuna que se haya quedado detrás de las cámaras.

Tal vez este primer artículo no de para mucha reflexión ajena al original, pero me hace ilusión compartirlo. Se trata de la crítica del primer EP en solitario de Ramiro Nieto, batería y voz de The Right Ons, batería actual de Zahara en su gira, productor, junto a Martí Perarnau -cantante de Mucho- en el equipo de producción Rams&Martí. Este fue el principal motivo que me llevó a hacer esta crítica, en profundizar en personas de las que me han hablado muy bien en su faceta de productor los propios músicos con los que han trabajado. Por lo demás, todo lo que he pensado de este EP de cuatro temas y titulado “Oxidarme” lo puedes encontrar pinchando aquí o en la misma portada, que te llevará a la crítica publicada en Hipsterian Circus.

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Ramiro Nieto – “Oxidarme” (2016, autopublicado)

Crítica “Blackstar” de David Bowie: Cuando te vas por la puerta grande en un mar de art-rock

Pasa algo cuando intentas hacer una crítica del último álbum de un artista que lleva sacando trabajos desde 1967 de los cuales sólo has oído sus mejores momentos. Y, en mi caso, “The Next Day”, al que le di un par de vueltas en su momento.

Así que partimos de esas referencias. Unas referencias que me han permitido dar fe de lo que fue en su momento David Bowie, las personalidades tan distintas que había en su producción, su carácter innovador y su estado de Dios de la música. En “Blackstar” solo tenía que demostrar que seguía siendo él mismo. Ese espíritu que nada a contracorriente en las tendencias y que sabe coger lo mejor de cada casa y hacer de ello su bandera.

“Blackstar” es un álbum que consigue dar una vuelta a lo que nos presentó en su comeback de 2013. Si aquel álbum estaba lleno de riffs de guitarra eléctrica con momentos muy interesantes pero sobre el que volaba la sombra de ser un intento de rejuvenecer a un artista, en “Blackstar” decide recoger toda su experiencia y entregarla en un bote que lleva por etiqueta la madurez y la libertad de poder hacer lo que quiera. No todos pueden abrir un álbum con un tema de 9 minutos y conseguir que sea de lo más apetecible del álbum.

Me remito de nuevo al término libertad, un aspecto que encontramos tanto a nivel melódico como a nivel lírico, del cual trataré más adelante. Es un álbum que ha sido etiquetado muy ciertamente de art-rock y jazz experimental. Esto es debido a la amalgama de sonidos que encontramos, desde momentos más rockeros como en ’Tis a Pity She Was a Whore’ o ‘Girl Loves Me’, a los momentos de saxofón tan mágicos que aparecen en ‘Blackstar’ o ‘Lazarus’, la sección más electrónica que es ‘I Can’t Give Everything Away’ o ese momento más breakcore en el cierre de ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’. Y con esto acabo de repasar los siete temas que componen este álbum, de estilos tan diferentes pero que tienen ese toque Bowie que consigue mantenerlos coherentes.

Por terminar de tratar el apartado melódico, es un álbum de 41 minutos y 7 cortes que resulta muy fácil de digerir. Sabe jugar muy bien con los momentos de mayor y menor intensidad haciendo que el oyente se encuentre cómodo. Por ejemplo, poner entre ’Tis a Pity She Was a Whore’ y ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’ otro de los temas bandera de este álbum como es ‘Lazarus’, es una excelente decisión, al crear una transición entre dos de los temas que mantienen una estética más similar, culpa de ello la tendrá el hecho de que fueron temas ya lanzados en 2014. La recta final y la manera en la que transicionan ‘Dollar Days’ y ‘I Can’t Give Everything Away’  es digna de mención, siendo este último tema un acertado broche de oro. Algunos momentos que me han hecho guiñar un ojo de incertidumbre es la introducción de ‘Girl Loves Me’ con un Bowie con una parte vocal que resulta extraña las primeras veces, tanto por la producción en sí como por el hecho de cantar en el dialecto usado en La Naranja Mecánica; aunque con el paso de las escuchas, acaba resultando del todo hipnótica con una interesante mezcla melodía-letra.

Y ahora, hablemos de la letra. En ella encontramos a dos David Bowie, por decirlo de algún modo. Uno que lleva su vena más de artista, el mero entrepreneur, que habla de temáticas en las que no busca la personalización. Habla de un “yo” metafórico que puede o no ser referencia directa a su persona. Pero es entonces cuando encontramos el trasfondo de este álbum: la realidad, la de que David Bowie se moría y lo sabía. Los oyentes escuchábamos una temática que jugaba con la vida y con la muerte, pero lo asociábamos a un mero aspecto de madurez y nuevas preocupaciones: el dejar de hablar de las ideas de sus personajes y poner en su propia boca las suyas. Pero no dejábamos de pensar que serían pensamientos que uno tiene en cualquier momento. Como en todos sitios se ha dicho, este aspecto cobra un nuevo sentido a la muerte del artista. El ejemplo más claro donde se ve esto: ‘Lazarus’ y la apertura con “look up here, I’m in heaven, I’ve got scars that can’t be seen”.

En resumen, una obra con la que David Bowie se despide por la puerta grande, con un estilo original y propio y con el que deja patente a nivel lírico lo que vivía él mismo en sus últimos momentos, dejando a parte personajes y demás personalidades. En este aspecto, es un álbum auténtico del que poco más podemos decir, así que pasemos a la valoración:

Originalidad:

-En el álbum: Juega de una manera muy interesante creando transiciones entre aquellos temas que se puedan parecer más para dar tiempo a asimilarlos. Y por otro lado, en cada tema somos partícipes de algo nuevo, algo difícil de conseguir cuando lo primero que te encuentras es una obra de diez minutos de duración. En el resto del álbum encontramos oportunas referencias estilísticas a este primer tema, pero en ningún momento crean momentos de confusión y resulta del todo agradable. 1/1.

Con respecto al resto: Es Bowie, debería ser sinónimo de originalidad con el resto del mundo. 0,75/0,75.

Con respecto a lo anterior del artista: Atrás quedaron épocas de glam y épocas más rockeras a la antigua usanza. Lo mismo con los momentos más electrónicos. Un álbum nuevo en el panorama y nuevo en la propia producción del músico. 0,75/0,75.

Impresiones:

-Primera impresión: Un álbum que me resultó agradable desde el primer momento, que consiguió convencerme para darle múltiples escuchas el mismo fin de semana que salió. Ya mencionaba con anterioridad ese momento que te hace guiñar un ojo en un primer momento, pero son momentos minoritarios. 1,2/1,5.

-Tema a tema en profundidad/Impresión general: Cortes con una producción intachable y de los que quiero destacar el apartado instrumental, sobre todo en ‘Blackstar’ y ‘Lazarus’, con dos cierres que hace que se desvanezca la escena en un mar de instrumentación de viento y guitarras eléctricas. En lo que respecta al resto, me parece que ha encontrado un muy bien equilibrio y ha sabido innovar sin pasarse de rosca. Hay algunos momentos que hacen que me impidan ponerle la máxima nota, pero en definitiva es un must que hay que escuchar. 4,5/5

Lista de reproducción y compra: La mayoría forman parte de mi lista de reproducción, incluso ‘Blackstar’, donde la longitud no supone en absoluto un handicap. Y evidentemente me lo compraría, tanto por su estilo como para lo que representa en la producción de David Bowie. 1/1.

Puntuación Total: 9,3/10

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David Bowie – “Blackstar” (2016, ISO)