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Crítica “Blackstar” de David Bowie: Cuando te vas por la puerta grande en un mar de art-rock

Pasa algo cuando intentas hacer una crítica del último álbum de un artista que lleva sacando trabajos desde 1967 de los cuales sólo has oído sus mejores momentos. Y, en mi caso, “The Next Day”, al que le di un par de vueltas en su momento.

Así que partimos de esas referencias. Unas referencias que me han permitido dar fe de lo que fue en su momento David Bowie, las personalidades tan distintas que había en su producción, su carácter innovador y su estado de Dios de la música. En “Blackstar” solo tenía que demostrar que seguía siendo él mismo. Ese espíritu que nada a contracorriente en las tendencias y que sabe coger lo mejor de cada casa y hacer de ello su bandera.

“Blackstar” es un álbum que consigue dar una vuelta a lo que nos presentó en su comeback de 2013. Si aquel álbum estaba lleno de riffs de guitarra eléctrica con momentos muy interesantes pero sobre el que volaba la sombra de ser un intento de rejuvenecer a un artista, en “Blackstar” decide recoger toda su experiencia y entregarla en un bote que lleva por etiqueta la madurez y la libertad de poder hacer lo que quiera. No todos pueden abrir un álbum con un tema de 9 minutos y conseguir que sea de lo más apetecible del álbum.

Me remito de nuevo al término libertad, un aspecto que encontramos tanto a nivel melódico como a nivel lírico, del cual trataré más adelante. Es un álbum que ha sido etiquetado muy ciertamente de art-rock y jazz experimental. Esto es debido a la amalgama de sonidos que encontramos, desde momentos más rockeros como en ’Tis a Pity She Was a Whore’ o ‘Girl Loves Me’, a los momentos de saxofón tan mágicos que aparecen en ‘Blackstar’ o ‘Lazarus’, la sección más electrónica que es ‘I Can’t Give Everything Away’ o ese momento más breakcore en el cierre de ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’. Y con esto acabo de repasar los siete temas que componen este álbum, de estilos tan diferentes pero que tienen ese toque Bowie que consigue mantenerlos coherentes.

Por terminar de tratar el apartado melódico, es un álbum de 41 minutos y 7 cortes que resulta muy fácil de digerir. Sabe jugar muy bien con los momentos de mayor y menor intensidad haciendo que el oyente se encuentre cómodo. Por ejemplo, poner entre ’Tis a Pity She Was a Whore’ y ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’ otro de los temas bandera de este álbum como es ‘Lazarus’, es una excelente decisión, al crear una transición entre dos de los temas que mantienen una estética más similar, culpa de ello la tendrá el hecho de que fueron temas ya lanzados en 2014. La recta final y la manera en la que transicionan ‘Dollar Days’ y ‘I Can’t Give Everything Away’  es digna de mención, siendo este último tema un acertado broche de oro. Algunos momentos que me han hecho guiñar un ojo de incertidumbre es la introducción de ‘Girl Loves Me’ con un Bowie con una parte vocal que resulta extraña las primeras veces, tanto por la producción en sí como por el hecho de cantar en el dialecto usado en La Naranja Mecánica; aunque con el paso de las escuchas, acaba resultando del todo hipnótica con una interesante mezcla melodía-letra.

Y ahora, hablemos de la letra. En ella encontramos a dos David Bowie, por decirlo de algún modo. Uno que lleva su vena más de artista, el mero entrepreneur, que habla de temáticas en las que no busca la personalización. Habla de un “yo” metafórico que puede o no ser referencia directa a su persona. Pero es entonces cuando encontramos el trasfondo de este álbum: la realidad, la de que David Bowie se moría y lo sabía. Los oyentes escuchábamos una temática que jugaba con la vida y con la muerte, pero lo asociábamos a un mero aspecto de madurez y nuevas preocupaciones: el dejar de hablar de las ideas de sus personajes y poner en su propia boca las suyas. Pero no dejábamos de pensar que serían pensamientos que uno tiene en cualquier momento. Como en todos sitios se ha dicho, este aspecto cobra un nuevo sentido a la muerte del artista. El ejemplo más claro donde se ve esto: ‘Lazarus’ y la apertura con “look up here, I’m in heaven, I’ve got scars that can’t be seen”.

En resumen, una obra con la que David Bowie se despide por la puerta grande, con un estilo original y propio y con el que deja patente a nivel lírico lo que vivía él mismo en sus últimos momentos, dejando a parte personajes y demás personalidades. En este aspecto, es un álbum auténtico del que poco más podemos decir, así que pasemos a la valoración:

Originalidad:

-En el álbum: Juega de una manera muy interesante creando transiciones entre aquellos temas que se puedan parecer más para dar tiempo a asimilarlos. Y por otro lado, en cada tema somos partícipes de algo nuevo, algo difícil de conseguir cuando lo primero que te encuentras es una obra de diez minutos de duración. En el resto del álbum encontramos oportunas referencias estilísticas a este primer tema, pero en ningún momento crean momentos de confusión y resulta del todo agradable. 1/1.

Con respecto al resto: Es Bowie, debería ser sinónimo de originalidad con el resto del mundo. 0,75/0,75.

Con respecto a lo anterior del artista: Atrás quedaron épocas de glam y épocas más rockeras a la antigua usanza. Lo mismo con los momentos más electrónicos. Un álbum nuevo en el panorama y nuevo en la propia producción del músico. 0,75/0,75.

Impresiones:

-Primera impresión: Un álbum que me resultó agradable desde el primer momento, que consiguió convencerme para darle múltiples escuchas el mismo fin de semana que salió. Ya mencionaba con anterioridad ese momento que te hace guiñar un ojo en un primer momento, pero son momentos minoritarios. 1,2/1,5.

-Tema a tema en profundidad/Impresión general: Cortes con una producción intachable y de los que quiero destacar el apartado instrumental, sobre todo en ‘Blackstar’ y ‘Lazarus’, con dos cierres que hace que se desvanezca la escena en un mar de instrumentación de viento y guitarras eléctricas. En lo que respecta al resto, me parece que ha encontrado un muy bien equilibrio y ha sabido innovar sin pasarse de rosca. Hay algunos momentos que hacen que me impidan ponerle la máxima nota, pero en definitiva es un must que hay que escuchar. 4,5/5

Lista de reproducción y compra: La mayoría forman parte de mi lista de reproducción, incluso ‘Blackstar’, donde la longitud no supone en absoluto un handicap. Y evidentemente me lo compraría, tanto por su estilo como para lo que representa en la producción de David Bowie. 1/1.

Puntuación Total: 9,3/10

Blackstar

David Bowie – “Blackstar” (2016, ISO)

Crítica “A Head Full Of Dreams” de Coldplay: Mucho delirio de grandeza y poco Coldplay

A todos nos entra un momento en el que queremos demostrar que aún somos jóvenes, que seguimos gustando. A algunos les llega a los 40, a los 50, y a otros como Coldplay, cuando llevan 6 álbumes de estudio que han alcanzado el puesto más alto en Billboard y más de 15 años de trayectoria musical.

Sienten la necesidad de reafirmarse con cosas nuevas. Digamos “nuevas”, porque en este A Head Full Of Dreamslo que nos encontramos son unos Coldplay que, tal vez faltos de ideas, de ganas o de todo un poco, relegan la labor de producción en Rik Simpson (que llevaba colaborando con los de Chris Martin desde tiempos de Viva la Vida) y el dúo noruego Stargate, que sobre todo han producido a artistas de la radiofórmula como Rihanna o Alessia Cara.

Esta labor de producción ha sido la encargada de recoger lo que ha marcado la trayectoria de Coldplay estos últimos años donde habían abandonado todo intimismo existente y (volver a) convertirlos en lo que son: una fábrica de himnos. Para ello están los “oooh’s” de ‘Adventure Of A Lifetimey ‘A Head Full Of Dreams, para recordarnos que, después de Ghost Stories, Coldplay andaban faltos de temas que hiciera que la gente cantase con ellos. Necesitaban nuevos himnos con intensitos, con ganas de hacer a su público saltar y cantar con ellos.

Tal vez sea uno de los peores puntos de este álbum: su carácter previsible. La constante sensación de que vas a tener un equilibrio completo en el álbum. Quiero decir, escuchas A Head Full Of Dreamsy sus ínfulas de llena estadios, de soltar serpentinas en directo, de tener a un Chris Martin que da saltos por el escenario, y después Birds, un tema algo más tranquilo que mantiene ese carácter colorido y analógico para saber que todo el disco va a ser igual. Hay poco espacio para la sorpresa. Bueno, voy a señalar la segunda mitad de Army Of Onecomo una perla oculta, donde se pasa de un tema con un cuerpo brutal y envolvente a una cara-B más lo-fi electrónica que resulta una delicia, la verdad.

Quiero hacer otra vez mención a la producción y a la ausencia de la propia banda en este aspecto. porque hubo un álbum en el que también se mantuvieron al margen en este aspecto: Mylo Xyloto. Sí, ese. El álbum que supuso el punto de inflexión de Coldplay, el que ha sido odiado y aplaudido a partes iguales. En el que abandonaron señas de identidad propias para abrazar una radiofórmula que les hiciera recrear el éxito que cosecharon con Viva La Vida’. Ahí tenían las ganas y a Brian Eno y Jon Hopkins para frenarles de vez en cuando, en Mylo Xylotola combinación Markus Dravs. Daniel Green, Rik Simpson y los arreglos de Coldplay hizo de este álbum un intento de asaltar la escena musical a base de un indie-rock/electro-rock/bubblegum-ish que aunque intentara compensar con momentos más acústicos, estos al final eran eclipsados por los excesos de sintetizador y colorines.

Y en este aspecto, podríamos considerar A Head Full Of Dreamsel hermano mayor de Mylo Xyloto, que ya ha pasado la adolescencia y está sentando cabeza. Hay momentos que hacen establecer semejanzas entre los dos álbumes, como la apertura intensa y de punteos de guitarra eléctrica de la propia A Head Full Of Dreamscon Hurts Like Heaven, pero en estilo me quedo con este nuevo álbum, aunque hayan sacrificado la capacidad de hacer hits que tuvieran antes. Esto ya lo mencionaba antes que es un fallo del disco: la impresión de tener a unos Coldplay vendiendo singles cuando no tienen ninguno con posibilidades.

Hablemos del estilo para hacernos una idea. Todo es un uptempo constante, protagonizado por baterías electrónicas, punteos ocasionales, la voz de Chris Martin y sus “oooh’s” y un trasfondo en los temas de bajo y sintetizadores “ocultos” que visten mucho al disco. Luego, a destacar, Hymn For The Weekendy su inicio de naturaleza que sobra completamente y que podría haber hecho de la colaboración con Beyoncé algo más rápido y accesible (porque es un tema que exige radio-edit desde luego); el inicio algo incoherente de ‘Adventure Of A Lifetimeque al cabo de las escuchas gana mucho y la aparición de Obama en Kaleidoscope’, algo que todavía no consigo explicar y que no aporta nada al álbum. Si el objetivo era crear pasajes de transición, la fórmula usada en Mylo Xylotoo incluso en los cierres de los temas y los inicios de otros de Ghost Storieshubiese estado mejor.

Y no nos podemos olvidar del predecesor de este álbum. Porque entre tanto himno bailable, tanta palma que hace pensar en las mejores pistas disco y tantos momentos intensitos, encontramos Everglow’, el tema en el que aparece Gwyneth Paltrow y que se anunció como un featuring brutal que al final no termina de ser una aparición de la amiga en forma de (sorpresa) “oooh” algo distorsionado. Pero esa no es la cuestión. Recordemos que Ghost Storiesvenía influenciado por la ruptura de Chris Martin con la misma mujer que aparece en este nuevo tema, y toda esta temática y el querer recordar a su álbum anterior hace acordarse de ello: un carácter más íntimo y personal con un estilo que bien podría haber sido un remix animado de un tema firmado por Sam Smith.

Pero volvemos a lo mismo, son cosas que al final poco aportan y quedan para el recuerdo y para el disfrute del que lee el libreto y dice “anda mira”. Como la aparición de un coro en el cierre uplifting ‘Up&Up‘ en el que encontramos a los miembros de la banda más respectivas parejas más respectivos hijos. Un tema que, por cierto, cierra con bastante dignidad el álbum dejando con ganas de más.

Y por último: la accesibilidad. Este es un disco que ha costado que entre. Que si, que A Head Full Of Dreamsy Adventure Of A Lifetime se me quedaron a la primera, los pude bailar enseguida y reconozco sus melodías, pero el resto de temas se me confunden en una nebulosa de música electrónica y “oooh’s” que no consigo distinguir. Hymn For The Weekendcon su carácter intenso con trompetas en el estribillo que hace pensar más en Beyoncé que en Coldplay acabó por calar, pero bien puede ser por la falta de momentos memorables o por el carácter tan mainstream de este disco que no me termina de dejar un buen sabor de boca.

En fin, si no hay más dudas, podemos pasar a la valoración del álbum:

Originalidad:

En el álbum: Tiene algunos momentos en los que el álbum parece destacar entre el resto, pero noto cierta literalidad, y aún habiéndolo escuchado varias veces, sigo teniendo la misma sensación. Dejémoslo en un 0,4/1

Con respecto al resto: Coldplay sabe mantener cierta esencia propia, y es cierto que, aunque cae en una sonido radio-friendly, en conjunto no parece querer imitar a otros artistas. 0,75/0,75

Con respecto a lo anterior: Es un álbum que coge los clásicos intensitos de su producción anterior para pasarlo por el filtro de Mylo Xyloto  con toda la experiencia que han podido pillar por el camino. Aunque esa sombra es alargada, podríamos diferenciar el sonido de este A Head Full Of Dreamscon la etiqueta de “lo menos Coldplay hasta la fecha”, lo cual tiene que significar algo en este apartado 0,5/0,75

Impresiones:

Primera impresión: Mucho baile, mucho momento agradable y mucho momento WTF. Aunque no me pude quejar en la primera escucha, ya notaba detalles de que tal vez no era lo mejor de Coldplay hasta la fecha 0,5/1

Tema a tema en profundidad/Impresión General: No dejas de preguntarte a lo largo del disco los motivos que han llevado a Coldplay actuar de esta manera. Al final acabas cayendo en que pueden hacer lo que les dé la gana, porque saben que van a triunfar, y tal vez este exceso de confianza les haya llevado a hacer un álbum donde la sombra del “meh” está muy presente. Y es algo irónico ir pensando esto con temas como ‘Army Of One’ que suena tan chicloso como bien producido como está, siendo su cuerpo de sintetizadores uno de los momentos que más me ha gustado, y esa cara B tan molona que tiene, hablando claramente. Como decía, un disco que busca el equilibrio, el “hacemos esto y luego nos relajamos para compensar”. Tal vez me equivoque, pero eso es lo que saco yo al escuchar el disco 2/5

-Lista de reproducción y compra: Indudablemente, ‘A Head Full Of Dreams’ y ‘Adventure Of A Lifetime’  forman ya parte de mi lista habitual, pero no les auguro tanto futuro como con temas como ‘Viva La Vida’  o ‘Paradise’, que tenían algo de longevos. Y con respecto a la compra, viene bien si quieres tener uno de los discos más flojos y más producidos de, y no por, Coldplay. 0,5/1.

Puntuación Total: 4,65/10

A Head Full Of Dreams

Crítica “Surrender” de Hurts: No lo llames rendición, llámalo innovación a todo color

¿Qué tal estáis Theo y Adam? Hace tiempo que no sabía de vosotros, ¿Todo bien? Aquí todo perfecto, pero estamos para hablar de vosotros. ¿Así que dejamos la oscuridad aparcada por fin? Vaya, lo echaremos de menos, pero entendemos que habéis cerrado una etapa que ha durado dos álbumes y uno tiende a salir del agujero, normal.

Pero es increíble, porque ya desde la portada lo habéis dejado claro. Seguís con los trajes oscuros para recordarnos que, parece mentira, seguís siendo los mismos a pesar de todo el colorido rosa de la portada, que parece que se extiende a todo vuestro “Surrender”. 

Venga, admitid ya que el rollo “surrender” es porque habéis claudicado de oscuridad y os habéis rendido a un synthpop más claro. No me lo neguéis, que el primer ejemplo claro es ‘Why’ y su melodía machacona y simple de sintes y vocoder final que parece prestado de Daft Punk. Porque ya lo de encerraros en habitaciones oscuras para componer lo habéis dejado atrás, ¿no? Porque  no creo que salga una melodía con ese buen rollo disco años 80 en ‘Lights’ (uno de mis temas favoritos, que no se me olvide decíroslo amigos).

¿Os acordáis que me llevaba las manos a la cabeza en “Exile” cuando escuché por primera vez ‘Blind’? Aún lo sigo haciendo, de vez en cuando, pero os tengo que agradecer que, puestos a tirar por un synthpop más popero, lo hayáis agarrado bien en esta ocasión. Si es que, de verdad que os ha sentado bien estos dos años de composición en el que habéis aprendido hasta la fórmula del europop en ‘Nothing Will Be Bigger Than Us’.

Pero queridos míos, antes me resultaba fácil ubicar vuestro estilo en un synthpop oscuro, pero ya no sé qué pensar. No os voy a dar el gusto o el disgusto de calificaros de mainstream, porque aunque lo intentéis, la impronta es la que hay. No, no discutáis, porque ‘Rolling Stone’ es un interesante momento best of both world con ese estribillo en el que cantáis “She said her dado was an alcoholic//And her mother was an animal/Now she’s living like a rolling stone”. ¿Habéis pasado la oscuridad de vuestras melodías a las letras? Os tengo que decir que, por mucho momentos de violín que metéis, y da buen empaque ojo, la melodía en el estribillo me choca mucho con la tristeza de vuestra letra.

Tengo que aplaudir las diferentes facetas que lucís en este disco, amigos míos. Estoy hablando mucho del desmelene synthpop-colorido que habéis tenido, pero tenéis sitio para todo. Por un lado, momentos en los que descansáis un poco, medio-tiempos que llevan esa estética mainstream (con referencia a vuestros anteriores trabajos, claro) como son ‘Slow’ o ‘Weight Of The World, donde toda la energía que falta en la melodía la vuelca Theo en la parte vocal. Genial en ese aspecto.

Y la última parte que quería comentaros es esa en la que os volvéis más formales. Un poquito al menos, ¿vale? ‘Wings’ es un buen ejemplo, aunque si queremos hablar de intimismo y formalidad máximos tenemos que mencionar a ‘Wish’.. Pero qué podemos decir de esa balada a piano que os habéis marcado en ‘Wish’ que consiga llegar al nivel del tema. Bueno, podemos decir algo: ‘Policewoman’. ¿El órgano en el que se basa la melodía es el mismo que el de ‘Fix You’ de Coldplay? Da igual, lo habéis conseguido ahí. Ese canto a la mujer de turno, policía o no que te protege de tus pesadillas es muy buen cierre. Ese inicio lento para que luego llegue a una explosión controlada al final es digno de mención.

Muy bien.

Pero imagino que queréis algo concreto con lo que pueda describir vuestro disco, ¿verdad? No hay mejor ejemplo que el que habéis hecho vosotros en el vídeo de ‘Lights’. Este disco es la mezcla de coger a un Brandon Flowers (en solitario y en su último disco es la condición que pongo) borracho y resacoso al día siguiente con David Lynch. Es decir, una base 80’s de colores muy fácilmente identificable con momentos que no sabes de dónde vienen pero en lugar de espantarte hace que te quedes. Un disco que te hace bailar (Theo, ¿cómo es que te nos has hecho bailarín? Hay que ponerse al día más a menudo oye) como reflexionar. Aunque bien es cierto que dura más la noche de alcohol y melodías bailables que la resaca de arrepentimiento, está bastante bien equilibrado.

Y hacía tiempo que no hacía una crítica musical y quería volver con vosotros, que nos conocemos de hace tiempo y os tenía controlados, Hurts. Ahora que nadie nos oye, os voy a valorar el disco. Es un trámite que hay que hacer, lo siento chicos. Ah, y no lo toméis demasiado en cuenta si no sale lo que esperabais.

En la originalidad en el álbum os voy a poner un 0,75/1, porque me parece que habéis conseguido crear temas independientes aunque sigan esta línea común de synthpop nueva para vosotros. Con respecto al resto os voy a poner un 0,5/0,75, aunque hacéis la regresión a la vena ochentera a vuestra manera, es algo ya que agota un poco. Siempre gusta, pero acaba saturando. Y, lógicamente, se os ha ido la cabeza y habéis venido con algo totalmente nuevo en vosotros, así que con respecto a vuestra producción anterior, un 0,75/0,75.

¿Vamos bien? Ya queda poco. Como primera impresión os tengo que decir que lo he comprado a los tres minutos de escucha. No ha habido ningún momento que me haya hecho huir a la primera, así que 1,5/1,5. Esto es duro, pero en impresión general lo dejo en un 3/5. Veo temas muy bien construidos, con una instrumentación original y melodías pegadizas, pero hay momentos en los que noto que perdéis la personalidad. Veo un sacrificio no correspondido con “vamos a conseguir un tema pegadizo a base de ser otros”. El momento europop de ‘Nothing Will Be Bigger Than Us’ me ha matado. No me quito el estribillo de la cabeza, pero es un momento que analizándolo profundamente duele un poco a los que os hemos seguido. Eso sí, los medio tiempos que cierran el álbum y, ‘Lights’ se han encargado de subir la nota aquí. Obviamente va a formar parte de mi lista de reproducción algún tiempo, pero con la compra tengo dudas. Es un paso interesante en vuestra carrera, pero a nivel global no veo demasiada innovación. Lo dejo en un 0,75/1.

Hago las cuentas y sale que tenéis un 7,25/10, ¿qué os parece? Siempre tenéis la oportunidad de subir esta nota con los directos, para ver cómo casáis vuestra nueva producción con temas como ‘Wonderful Life’. En ese aspecto espero contar con ayuda de alguien que me cuente como os estáis portando en esta gira. Pero Theo, piensa que si haces el baile de ‘Lights’ o alguna coreografía más, tendrás mis puntos.

Y bueno, yo creo que no tengo nada más que deciros. Se os ve contentos con este álbum, no os voy a engañar. Os sienta bien salir de la oscuridad y del exilio. Vosotros lo llamáis “rendirse”, yo le digo “renovación”.

Mané

La mini-crítica del mini-álbum: FKA Twigs y “M3LL155X”

Dancing on my own era la premisa de Robyn, hace unos pocos años. Desde que conocimos a FKA Twigs y a sus puestas en escena, sabemos que estas cuatro palabras van un paso más allá. Encontramos a una artista en su empeño de bailar su propia música, aunque esta sea difícil de poner con coreografía. Y es que, desde el estreno de aquel LP1 de carácter espacial y extrasensorial, que por concretarlo de alguna manera, vendría a ser un r&b electrónico, con toques de trip-hop, vanguardias… 

En definitiva, una apuesta muy interesante con la que consiguió conquistar a gran parte del público y de la crítica, y a la cual da una nueva vuelta de tuerca en este M3LL155X. Seguimos encontrando ese toque de sensualidad que vienen en gran parte por los vocales frágiles y agudos de Tahliah Debrett Barnett, si bien algo ocultos por capas de oscuridad que vienen de la mano de sintetizadores que quiebran la atmósfera del tema. Por ejemplo, Figure 8, con un inicio que bien podría haber venido del Biophilia de Björk, encuentra unos momentos de explosión protagonizados por guitarras eléctricas desgarradoras muy del estilo de Son Lux en su último álbum, Bones; o momentos en los que la melodía base se ve adornada por la voz de Tahliah expuesta a numerosos efectos que se enfrentan unos con los otros.

Y en resumidas cuentas, esta es la tónica que toma en estos 5 temas. Cortes que exploran una mayor oscuridad, de instrumentación densa y pesada, idónea para que FKA Twigs la acompañe de sus movimientos tan sensuales e hipnotizantes. Si bien, en In Time encontramos cierta línea de sintetizador que intenta aportar algo de claridad a la escena, se ve de nuevo oculta por los efectos que la pueblan. Sin embargo, tiene un cierto toque oriental, tanto a nivel de ritmo como a nivel melódico en el estribillo, que resulta imposible dejar de escucharla. Glass & Patron sería el máximo exponente del sonido experimental que intenta mostrar el álbum, en contraposición con el sonido “más accesible” del ya mencionado In Time o la medio-tiempo que es I’m Your Doll. El tema que cierra este EP, Mothercreep, se encarga de crear una conclusión a este conjunto de temas, terminando de ligarlos y aliviar una ligera descompensión que habría podido existir entre tanto experimentalismo y momentos de deriva melódica.

A nivel lírico, la letra de estos temas no intenta profundizar en nada. Quiero decir, encontramos cierto peso de los sentimientos relacionados con el amorsensación de superación a partir de situaciones pasadas… Sin embargo, y aunque encontramos ejemplos muy claros como “Stop playing with those other girls It makes me jealous baby” en I’m Your Doll, el resto de interpretaciones quedarán en el oyente y lo que quiera interpretar.

Sin embargo, contamos con algo más de este EP, y es que tenemos un vídeo con los cuatro primeros temas del EP en el que FKA Twigs explora los territorios del abuso de la mujer, rozando la esclavitud sexual, el embarazo provocado a raíz de estas situaciones y las emociones a posteriori. Es un vídeo que, desde luego, termina de hilar todos los temas de este mini-álbum, a pesar de que Mothercreep se quede fuera.

En este caso, me voy a abstener de ponerle nota a este mini-álbum, ya que el problema con FKA Twigs es que o te gusta o la odias profundamente. En mi caso, estoy en el primer supuesto, así que este EP lo encuentro una pieza deliciosa que puede llevar a la británica a la categoría de granDiosa de este 2015.

Crítica de “Bones” de Son Lux: La proclamación del futuro de la electrónica experimental pasa por aquí

Hay decisiones en la vida que, cuando se toman, suponen cambios muy importantes. Lo que en un principio puede parecer el más ínfimo de los detalles, puede acabar derivando en una transformación asombrosa. Y creo que este es el claro ejemplo en el caso de Son Lux. Cuando Ryan Lott decidió contar entre sus filas con Ian Chang a la percusión y Rafiq Bhatia a la guitarra hizo una declaración de intenciones. Change Is Everything, tal y como dice el primer tema que conocimos de Bones.

Porque uno de los cambios más importantes no se trata sólo de la formación en sí, sino del sonido por el que han optado. El propio Ryan Lott declaraba hace un tiempo que no entendía el hecho de que su música fuese clasificada de electrónica cuando los instrumentos eran interpretados en vivo. Y es cierto, basta escuchar We Are Rising Lanterns para ver que, cualquier artificio electrónico no es más que la habilidad con la que crea Son Lux las atmósferas que les caracteriza.

Pero en Bones cambia la cosa. Change Is Everything, como decía al principio, fue la carta de presentación y una auténtica declaración de intenciones. Los sintetizadores ligeros que consiguen arrasar, los momentos en los que la melodía rompe y los cambios bruscos de batería no son más que una muestra de lo que te vas a encontrar en el álbum. Aunque hay que declarar algo. Aunque en este párrafo pueda incurrir en una importante contradicción con todo lo establecido por Son Lux en los tres pasados álbumes, la impronta de Ryan Lott se encuentra presente. A nivel vocal, seguimos encontrando su voz tan característica, y a nivel melódico, esas melodías explosivas, elaboradas y en ocasiones disonantes para conseguir atraer la atención del oyente.

Entre tanta explosión de guitarras eléctricas y sintetizadores rompedores, Son Lux tienen momentos en los que se permiten descansar, aunque siempre con un pero. Es un álbum corto (11 temas que casi se quedan en 10), por lo que su intención no es bajar el ritmo del todo para pinchar. Así que los momentos más suaves, como la primera mitad de I Am the Others se ve rápidamente compensada por una clímax en la segunda mitad del tema.

Lo mismo con Your Day Will Come, aunque en este caso el momento apoteósico viene protagonizado por la parte vocal, donde Ryan Lott hace gala de una intensidad en ciertos momentos dignos de mención, acompañado en ocasiones de un coro o de un vocoder. Y es que, cada tema de Bones está diseñado para ganarte ofreciendo un aspecto nuevo que no habías visto con anterioridad en el álbum. Por ejemplo, en Undone y la percusión rápida y tribal, o la forma en la que rompe en un último minuto de calma con cierto toque nu-jazz que lejos de ser un momento WTF? es una de las perlas escondidas de este álbum.

Y es que, Bones es un poco inconexo. Son melodías que, en ocasiones contrastan demasiado unas con otras, y aunque se intenten hilar ciertos momentos (la melodía vocal y letra de Breathe In aparece desarrollada en Your Day Will Come, o el estribillo de Change Is Everything se repite en la recta final de This Time), uno de los pocos puntos de conexión del álbum es lo ecléctico del mismo. Vale que nos movemos siempre en ese ámbito de electrónica intensa y en ocasiones arrítmica, pero en ocasiones veo que fallan los elementos de unión.

Eso si hablamos del sentido global de Bones, sin embargo, si tenemos en cuenta cada tema que conforma el álbum por separado vamos a encontrar auténticas maravillas y una interesante maduración del trabajo de Son Lux. Lejos quedan las melodías asequibles o aptas para todos los públicos, como podrían ser de álbum anteriores All The Right ThingsEasy o la muy conocida Lost It To Trying. Este es un álbum de temas difíciles que sólo pueden ser apreciados por gente que presta atención a la producción que conlleva un álbum de estas características. Porque temas que empiezan con lo más simple como podría ser White Lies acaba derivando en una electrónica de cierto carácter experimental que bien podría haber formado parte del Biophilia de Björk.

Porque si pudiéramos describir este álbum en una palabra, la elegida sería raro experimental. Se trata de un constante experimento sonoro en el que Ryan Lott y los suyos juegan a desvincularse de todo, o al menos de parte, de su material anterior y proclamarse como futuro de la electrónica experimental. Adiós a la calma asequible de temas como Flickers, hola temas de producción intensa y melodías extrañamente cautivadoras.

Vamos a hablar un poco del apartado lírico, que nunca está de más. Como ya mencionara en la crítica que hice de We Are Rising, el hecho de que la producción del álbum sea de uno mismo hace que el tratamiento vocal funcione como una parte más de la atmósfera que forja Son Lux. Es decir, Ryan Lott no busca eclipsar su propia producción con su voz, sino más bien potenciarla con letras minimalistas de las que, en la mayor parte del álbum, poco se puede extraer. En cierto modo, una forma de que el oyente no se centre en el mensaje y se centre en la totalidad del álbum. Aunque por otra parte, es el sello propio de Son Lux y algo que han conseguido mantener.

Pero hay una excepción, como siempre. En You Don’t Know Me realiza una interesante crítica a la religión, o al menos, es un aspecto que se podría extraer sin demasiada dificultad “You drink the wine from my heart (…) I see you down on your knees (…) You don’t know me at all”. Porque basta con revisar las letras de We Are Rising para darse cuenta que el aspecto religioso, en un carácter abstracto y nunca tan concreto como en este tema de Bones, ha sido una temática presente de Son Lux.

Y poco más podríamos decir de este álbum, así que pasemos a la valoración final:

Originalidad

-En el álbum: Sin duda alguna, como llevo diciendo toda la entrada, cada tema es algo independiente y aunque falle en ocasiones ese elemento de conexión, los momentos en los que se hilan temas me parece de lo más original. 1/1

Con respecto al resto: De nuevo, Son Lux aparece con un sonido que poco o nada se parece a lo que le rodea dentro de su ámbito de electrónica. Tal vez esa pequeña semejanza con los momentos más activos del Biophilia de Björk, pero no soy capaz de pensar en alguien con un estilo similar. 0,75/0,75

Con respecto a lo anterior del artista: Por hilar con el apartado anterior, por no parecerse no se parecen ni a ellos mismos en trabajos anteriores. Vale que encontrábamos momentos en los que Ryan Lott se permitía en ocasiones salirse del tiesto y probar cosas nuevas, sobre todo en At War With Walls And Mazes, pero es que Bones es la explosión de aquella primera semilla implantada en los seguidores de este proyecto. 0,75/0,75

Impresiones

Primera impresión: La primera impresión dolió, para qué nos vamos a engañar. Llegas a temas que en ocasiones te abofetean, con lo que al principio parecen demasiados giros y acabas la primera escucha del álbum planteándote qué acaba de pasar. Aunque llegabas a algunos momentos de calma muy interesante y que en seguida se te quedaban, como Your Day Will Come, ya sabías al escuchar los dos primeros temas que no es un álbum fácil y que necesita de varias escuchas para conseguir desentramarlo. 0,75/1,5

Tema a tema en profundidad/Impresión General: Una vez que ha pasado esa primera sensación inicial y lo has escuchado en calma, te das cuenta de varias cosas. Vuelves a descubrir a los Son Lux de siempre, en lo que a producción se refiere, con unas melodías muy cuidadas y unos cambios muy estudiados y con una producción detrás de la mano de Ryan Lott en la que se nota todo el trabajo que conlleva la concepción de los paisajes sonoros que confecciona en 3-4 minutos de canción. Luego al final te das cuenta de que es un álbum que te gusta, con el que puedes bailar de aquella manera y sentirlo. Tal vez sea la inclusión de la guitarra eléctrica o los cambios de ritmo tan acusados, o la percusión explosiva, pero el caso es que te acaba gustando. En el conjunto, es como la portada del álbum, humo y luces en el que hay que te tienes que atrever a meter para ver qué hay detrás de todo artificio. 4,3/5

-Lista de reproducción y compra: Entre tanta experimentación, puedes encontrar temas que se hacen escuchar y que pueden formar a la perfección para de mi lista de reproducción diaria, como Change Is Everything Your Day Will Come, dos de los mejores temas del álbum. Y compra obligada, sin duda. 1/1

Puntuación total: 8,55/10

Bones

“In Colours” de Jamie xx: Como una fiesta, momentos de extásis y momentos de estar en la barra tranquilo

El hype, habitualmente, suele hacer malas recomendaciones musicales. O al menos, no consiguen satisfacer las expectativas que se crean de un álbum que se anuncia a lo grande y que, al menos en mi caso, al escucharlo, me ha dejado una sensación agridulce.

Así que, con pies de plomo, comencé la primera escucha de este In Colours, que abría con un Gosh donde establecía una asociación que ya encontraría constante a lo largo del álbum, el resultado de mezclar a James Blake con Caribou:

Y es que la mezcla de percusión algo asonante con vocal samples va a ser la base principal de este álbum, los cimientos sobre los que se va a sustentar este álbum pero derivando en momentos más enfocados a un set de DJ y otros que podrían andar más encaminados a la escucha ordinaria, a encontrarlos en radios, como son el caso de Loud PlacesGirl, temas que mantienen esa estética minimal de electrónica analógica y que, en el caso del primer tema, cuenta con una parte vocal femenina que le aporta algo de sensualidad y ligereza.

Porque no podemos olvidar de donde viene Jamie xx, y encontramos aportaciones a nivel vocal de Romy Oliver Sim, sus compañeros del grupo The xx. Aportaciones que consiguen dar cuerpo y acercarse más a un estilo de Caribou de EDM minimal que al de un James Blake de electrónica disonante. Estos temas son SeeSawStranger In a Room, con un toque de guitarra eléctrica que recuerda a la formación original, y la ya mencionada Loud Places. 

Pero no podemos olvidar que la faceta en solitario de Jamie xx se basa sobre todo en los sets de DJ, y es este estilo de música el que poblará en mayoría entre los temas de este álbum. Si bien encontramos cierto peso de la electrónica minimal de The xx, en ocasiones se ve eclipsada por las bases progresivas de tiempos marcados destinadas a ser remezcladas para ser pinchadas en el Coachella, como la tranquila Sleep Sound Obvs, donde la percusión sobre la que se basa le da cierto aire caribeño.

Así que, en el álbum, podríamos establecer dos partes diferenciadas, la destinada a la pista de baile (alternativa, eso sí, aquí no hay pelotazos para lanzar un rave, pero sí temas que bailaría en un set en un emplazamiento reducido a las 4 de la mañana con muchas luces de estroboscopio) o la destinada a la escucha moderada, de cierta reminiscencia al deep-house que también podrías escuchar a las 4 de la mañana, pero en un ático en Nueva York, por decirlo de alguna manera. El tema que permitiría poner para escucha más temprano sería I Know There’s Gonna Be (Good Times), que es el tema que más se aleja de la estética normal del álbum, ofreciendo una melodía más rápida y animada con una parte vocal donde el rap es el protagonismo absoluto. Rompe con la tranquilidad de los temas que lo rodean, pero es una canción muy interesante, y bastante pegadiza, no nos podemos engañar.

Jamie xx controla a la perfección la producción de su álbum y nos ofrece 11 temas que no se basan simplemente en un instrumento practicando una melodía principal (que también), sino que nos ofrece una evolución melódica de cada parte, avanzando cada tema como un todo. Así, nos puede ofrecer Just Saying, de un minuto y veinticuatro segundos sin ningún problema y que sirve para aligerar el álbum entre sintetizadores altamente alterados que barren la escena anterior.

El caso es que es un álbum muy entretenido, como podréis haber ido imaginando. Bases entretenidas de una electrónica analógica que está muy de moda últimamente, pero madurando ese estilo añadiendo efectos que da más personalidad y peso del productor. No estamos hablando de un Panda Bear, que en ocasiones no reconocías lo que estabas escuchando, sino un término medio.

Y poco más puedo decir del álbum, así que pasemos a las valoraciones:

Originalidad

En el álbum: Consigue adjudicar a cada tema cierto toque que lo hace diferente al resto, aún manteniendo esa estética común de cohesión tan interesante. En ocasiones, este toque viene de la mano de la parte vocal o de una melodía que, si bien mantiene el un tempo parecido en la mayoría de temas, consigue despertar algo distinto en ti dependiendo del corte que escuches. 1/1

Con respecto al resto: Vale, Jamie xx se ha lucido con este trabajo, pero últimamente se está desplegando en el mundo de la música conocida (que no mainstream) este estilo de electrónica. Tenemos el extremo que es James Blake, tenemos las producciones coloridas de Caribou, tenemos al inclasificable pero embaucador Panda Bear y, en el centro, a Jamie xx, que sirve de hilo conductor de todos ellos. Si bien es cierto que aún mantiene toques de originalidad, me atrevería con un 0,5/1

Impresiones

Primera impresión: En cuanto salieron los primeros vocals distorsionados con el “oh my gosh” no pude evitar pensar en James Blake, así que empecé con buen pie. Luego conseguí ir deslindando esa faceta para reconocer la verdadera esencia del de The xx, en un álbum que me dejó muy buen sabor de boca 2/2

Tema a tema en profundidad/Impresión General: Es un álbum en el que se juega con la progresión y las melodías simples. No vamos a encontrar momentos en los que la melodía rompa, pero al fin y al cabo, es el objetivo. Jamie xx pretende que escuches su álbum a su lado, de la manita, y en los momentos más adecuados, hacerte saltar para que, cuando te canses, volver a cierto estado de tranquilidad. Es como una fiesta donde intercalas momentos de éxtasis y momentos donde te vas a la barra a descansar. En producción un diez, sin duda. Pero tengo que admitir que hay que darle unas cuantas escuchas al álbum para terminar de captar todo lo que ofrece, ya que, en algunos momentos, es un disco difícil. No es tan prêt-à-écouter en las ocasiones de sonido más enfocado a los dj sets, y en los momentos más apetecibles, tienes que volver a pensar qué es lo que viste en Girl para escucharlo otra vez. 4,5/5

Lista de reproducción y compra: Para complementar lo anterior, decir que cuando metí en mi lista de reproducción Girl Loud Places, tuve que dejar los temas pasar para comprobar qué me había gustado de ellos, pero luego, sin lugar a dudas, vi el acierto que eran. Y me lo compraría, porque me parece que ofrece un sonido muy interesante que merece la pena tener en una biblioteca musical. Y la portada me encanta. 1/1

Puntuación total: 9/10

In Colour

Crítica “The Desired Effect” de Brandon Flowers: El álbum hecho para gustar en el que canta Brandon Flowers

En 2010, Brandon Flowers daba comienzo a su carrera en solitario invitándonos a una odisea sonora por Las Vegas. Este canto a la ciudad de la que es oriundo es con el que abría aquel Flamingo, con la interesante Welcome To Fabulous Las Vegas. En cambio, The Desired Effect no nos transporta a un lugar, si no a un tiempo, en concreto, a los 80.

Vale, tal vez que en este blog se hable de reminiscencias ochenteras sea un concepto muy ambiguo/amplio, pero en este caso, Brandon Flowers lo deja patente. Se aleja tanto del indie-rock tranquilo de su Flamingo y del sonido rockero de The Killers. Abre una tercera vía, la de los sintetizadores, los vocoders, las percusiones electrónicas y las producciones de Ariel Rechtshaid, también conocido por ser el artífice del sonido de Haim o del del último álbum de Vampire Weekend.

Es decir, que nos vamos a encontrar 11 temas con un sonido divertido y bien pegadizo. Y es que este fue uno de los titulares que dio Brandon Flowers de este The Desired Effect, que cada uno de los temas podía ser un single, y no podía estar más de acuerdo. Ya desde un primer momento con Dreams Come True y su epicidad que se termina de traducir en su tramo final y el coro de “eh oh eh oh”.

Y es que, entre tanto cierto toque de sintetizadores hipsters, encontramos cabida a momentos más retro (y probablemente más hipsters todavía). Uno de estos momentos es Still Want Youque tiene una línea de teclado rápida que enseguida se queda en nuestra cabeza y un estribillo con unos coros que parecen sacados del movimiento soul de los años 60.

Pero, en líneas generales, The Desired Effect se mueve entre estas líneas. O la sobrexposición de sintetizadores (que eso no signifique que le siente mal), donde podemos tomar I Can Change Lonely Town con el vocoder que me ha ganado como temas más representativos de esta tendencia tan interesante por la que ha optado Brandon Flowers en este álbum. En contraposición, tenemos la parte del álbum con menos sintetizadores (y con esto no quiero insinuar su ausencia). Con temas que, salvo Diggin’ Up the Heart, uno de los temas que menos entran del álbum con una guitarra eléctrica muy distorsionado que no termina de cohesiones con el resto del álbum; empiezan con calma para llevarte a un panorama de energía que no esperabas en un principio, como Between Me and You Untagled Love, con un estribillo también muy fácil de llevar.

Esta última frase podría ser el resumen perfecto de The Desired Effect: es un disco muy fácil de seguir. Es cierto que juega con melodías facilonas que resultan simpáticas y amigables, pero también hay que destacar la apuesta por momentos más lejanos de la radiofórmula a la que estamos acostumbrados y que terminan de poner el broche de oro a un álbum que marca una nueva etapa en Brandon Flowers, como es el caso de la íntima The Way It’s Always Been, cuyo cierre protagonizado por instrumentos de viento da lugar a un tramo final del álbum con mucho cuerpo.

Porque a pesar de ser un álbum corto, con temas que fluctúan entre los 3 minutos y medio y los 4 minutos y medio en el caso de Between Me And You, así que hay poco espacio para la progresión; es un álbum directo, que va a matar, hablando en plata. Son temas que te llegan y están para quedarse. Desde que se estrenara hace un par de meses Can’t Deny My Love, todavía me sigue persiguiendo su estribillo explosivo y la voz de Brandon cantando “It’s driving me crazy, and you can try to lie, but you’e not gonna deny my love”.

En un álbum tan corto es difícil encontrar momentos en los que el artista se permita dudar, pero tal vez en este álbum tenga el nombre de Diggin’ Up The Heart. Es el tema en el que Brandon Flowers se permite experimentar con un sonido que, al lado del nivel que encontramos en el álbum, suena algo aparte. Empieza con lo que parece ser una guitarra eléctrica distorsionada y luego, en general, el tema poco ofrece. En algunos momentos, interesantes toques de claridad con sintetizadores sutiles, pero nada a reseñar.

Y sin más, podemos dirigirnos a la valoración del álbum.

Originalidad

En el álbum: Temas con gancho, que aunque tengan todos esa reminiscencia a lo retro, cada uno presenta una melodía inconfundible que enseguida te llega y permite diferenciarlo del resto. 1/1

Con respecto al resto: Aunque no es un sonido que esté en boca de muchos actualmente, si hay nombres bien conocidos que llevan esta tendencia, y culpa de ello la tiene el productor de este álbum. Es un álbum que suena a Haim Sky Ferreira, el peso de Brandon Flowers se encuentra en esos toques soul/rock clásico de los 60, pero se ve demasiado eclipsado por las capas de sintetizador y lucecicas, que hace que recuerde al sonido de artistas como los mencionados antes. 0,4/0,75

Con respecto a lo anterior del artista: Puestos a encontrar alguna similitud, como no comentemos algunos pasajes del Day and Age de The Killers, poco más vamos a sacar. En su carrera con su banda, no encontramos nada parecido a este sonido, y en el Flamingo de hace cinco años, menos aún. 0,75/0,75

Impresiones

Primera impresión: Con esa carta de presentación que fue Can’t Deny My Love, ya sabía que la sobriedad del anterior trabajo quedaba atrás para una nueva etapa, una nueva etapa que te atrapa enseguida a la primera escucha, cuando estás en plena euforia de estar escuchando el nuevo trabajo de Brandon Flowers y, por otro lado, estar flipando mientras  tarareas todos los temas. 1,5/1,5

-Tema a tema en profundidad/Impresión General: Pero claro, luego te pones a analizarlo todo en profundidad y la cosa cambia. Ves que Brandon Flowers abandona todo atisbo de indie-rock para pasarse a un indie-pop resultón, con poco artificio y que, de vez en cuando, nos recuerda que es efectivamente el cantante de The Killers quien está detrás del álbum, y no el hijo de los Pet Shop Boys (de los cuales hay un sample en I Can Change) o no es la versión masculina de Metric. Hay que ser sincero, el álbum cuenta con una producción excelente, pero le encuentro cierta falta de personalidad de parte de Brandon. Por lo demás, son temas que gustan y del que nos vamos a encontrar muchos singles, sin duda. 3/5

Lista de reproducción y compra: Me lo compraría por ser un interesante cambio de trayectoria de Brandon Flowers, y yo creo que ha quedado claro que muchos de los temas ya están en mi lista de reproducción. 1/1

Puntuación total: 7,65/10

The Desired Effect