experimental

Crítica “Blackstar” de David Bowie: Cuando te vas por la puerta grande en un mar de art-rock

Pasa algo cuando intentas hacer una crítica del último álbum de un artista que lleva sacando trabajos desde 1967 de los cuales sólo has oído sus mejores momentos. Y, en mi caso, “The Next Day”, al que le di un par de vueltas en su momento.

Así que partimos de esas referencias. Unas referencias que me han permitido dar fe de lo que fue en su momento David Bowie, las personalidades tan distintas que había en su producción, su carácter innovador y su estado de Dios de la música. En “Blackstar” solo tenía que demostrar que seguía siendo él mismo. Ese espíritu que nada a contracorriente en las tendencias y que sabe coger lo mejor de cada casa y hacer de ello su bandera.

“Blackstar” es un álbum que consigue dar una vuelta a lo que nos presentó en su comeback de 2013. Si aquel álbum estaba lleno de riffs de guitarra eléctrica con momentos muy interesantes pero sobre el que volaba la sombra de ser un intento de rejuvenecer a un artista, en “Blackstar” decide recoger toda su experiencia y entregarla en un bote que lleva por etiqueta la madurez y la libertad de poder hacer lo que quiera. No todos pueden abrir un álbum con un tema de 9 minutos y conseguir que sea de lo más apetecible del álbum.

Me remito de nuevo al término libertad, un aspecto que encontramos tanto a nivel melódico como a nivel lírico, del cual trataré más adelante. Es un álbum que ha sido etiquetado muy ciertamente de art-rock y jazz experimental. Esto es debido a la amalgama de sonidos que encontramos, desde momentos más rockeros como en ’Tis a Pity She Was a Whore’ o ‘Girl Loves Me’, a los momentos de saxofón tan mágicos que aparecen en ‘Blackstar’ o ‘Lazarus’, la sección más electrónica que es ‘I Can’t Give Everything Away’ o ese momento más breakcore en el cierre de ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’. Y con esto acabo de repasar los siete temas que componen este álbum, de estilos tan diferentes pero que tienen ese toque Bowie que consigue mantenerlos coherentes.

Por terminar de tratar el apartado melódico, es un álbum de 41 minutos y 7 cortes que resulta muy fácil de digerir. Sabe jugar muy bien con los momentos de mayor y menor intensidad haciendo que el oyente se encuentre cómodo. Por ejemplo, poner entre ’Tis a Pity She Was a Whore’ y ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’ otro de los temas bandera de este álbum como es ‘Lazarus’, es una excelente decisión, al crear una transición entre dos de los temas que mantienen una estética más similar, culpa de ello la tendrá el hecho de que fueron temas ya lanzados en 2014. La recta final y la manera en la que transicionan ‘Dollar Days’ y ‘I Can’t Give Everything Away’  es digna de mención, siendo este último tema un acertado broche de oro. Algunos momentos que me han hecho guiñar un ojo de incertidumbre es la introducción de ‘Girl Loves Me’ con un Bowie con una parte vocal que resulta extraña las primeras veces, tanto por la producción en sí como por el hecho de cantar en el dialecto usado en La Naranja Mecánica; aunque con el paso de las escuchas, acaba resultando del todo hipnótica con una interesante mezcla melodía-letra.

Y ahora, hablemos de la letra. En ella encontramos a dos David Bowie, por decirlo de algún modo. Uno que lleva su vena más de artista, el mero entrepreneur, que habla de temáticas en las que no busca la personalización. Habla de un “yo” metafórico que puede o no ser referencia directa a su persona. Pero es entonces cuando encontramos el trasfondo de este álbum: la realidad, la de que David Bowie se moría y lo sabía. Los oyentes escuchábamos una temática que jugaba con la vida y con la muerte, pero lo asociábamos a un mero aspecto de madurez y nuevas preocupaciones: el dejar de hablar de las ideas de sus personajes y poner en su propia boca las suyas. Pero no dejábamos de pensar que serían pensamientos que uno tiene en cualquier momento. Como en todos sitios se ha dicho, este aspecto cobra un nuevo sentido a la muerte del artista. El ejemplo más claro donde se ve esto: ‘Lazarus’ y la apertura con “look up here, I’m in heaven, I’ve got scars that can’t be seen”.

En resumen, una obra con la que David Bowie se despide por la puerta grande, con un estilo original y propio y con el que deja patente a nivel lírico lo que vivía él mismo en sus últimos momentos, dejando a parte personajes y demás personalidades. En este aspecto, es un álbum auténtico del que poco más podemos decir, así que pasemos a la valoración:

Originalidad:

-En el álbum: Juega de una manera muy interesante creando transiciones entre aquellos temas que se puedan parecer más para dar tiempo a asimilarlos. Y por otro lado, en cada tema somos partícipes de algo nuevo, algo difícil de conseguir cuando lo primero que te encuentras es una obra de diez minutos de duración. En el resto del álbum encontramos oportunas referencias estilísticas a este primer tema, pero en ningún momento crean momentos de confusión y resulta del todo agradable. 1/1.

Con respecto al resto: Es Bowie, debería ser sinónimo de originalidad con el resto del mundo. 0,75/0,75.

Con respecto a lo anterior del artista: Atrás quedaron épocas de glam y épocas más rockeras a la antigua usanza. Lo mismo con los momentos más electrónicos. Un álbum nuevo en el panorama y nuevo en la propia producción del músico. 0,75/0,75.

Impresiones:

-Primera impresión: Un álbum que me resultó agradable desde el primer momento, que consiguió convencerme para darle múltiples escuchas el mismo fin de semana que salió. Ya mencionaba con anterioridad ese momento que te hace guiñar un ojo en un primer momento, pero son momentos minoritarios. 1,2/1,5.

-Tema a tema en profundidad/Impresión general: Cortes con una producción intachable y de los que quiero destacar el apartado instrumental, sobre todo en ‘Blackstar’ y ‘Lazarus’, con dos cierres que hace que se desvanezca la escena en un mar de instrumentación de viento y guitarras eléctricas. En lo que respecta al resto, me parece que ha encontrado un muy bien equilibrio y ha sabido innovar sin pasarse de rosca. Hay algunos momentos que hacen que me impidan ponerle la máxima nota, pero en definitiva es un must que hay que escuchar. 4,5/5

Lista de reproducción y compra: La mayoría forman parte de mi lista de reproducción, incluso ‘Blackstar’, donde la longitud no supone en absoluto un handicap. Y evidentemente me lo compraría, tanto por su estilo como para lo que representa en la producción de David Bowie. 1/1.

Puntuación Total: 9,3/10

Blackstar

David Bowie – “Blackstar” (2016, ISO)
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Miley Cyrus finaliza su metamorfosis experimental con “Miley Cyrus & Her Dead Petz”

Ya existían indicios de que Miley Cyrus se encontraba trabajando en nuevo material musical. Una producción que sucedería al rompedor Bangerz, que supuso la evolución de la chica que ya conocíamos en toda una mujer, tanto a nivel artístico como a nivel personal. Atrás quedaba toda influencia naïve que coleteaba de su época de Disney Girl para dar paso a una artista con ansias de cambio y de llamar la atención. Para ello, se presentó con un trabajo de carácter pop/EDM. Aunque la ruptura estilística vendría con los vídeos que acompañaron a We Can’t Stop Wrecking Ball, así como el famoso twerk y el culmen de aquello que sería la actuación junto a Robin Thicke en los VMA de 2013.

¿Qué tenía que hacer Miley para seguir llamando la atención? Ser diferente. De nuevo. Y cuando lo has sido una vez es difícil serlo de nuevo, pero no imposible para el caso que nos atañe. Marcándose un “Beyoncé”, al terminar sus labores de presentadora en la gala de ayer de los VMA anunciaba que tenía un nuevo álbum que estaba disponible gratis para todo el mundo en su página web. Si a esto le sumamos la impresión que teníamos de este trabajo al haber sido anunciado justo al acabar de interpretar Dooo It! en un escenario repleto de purpurina, serpentina y buen rollo (gracias Wayne Coyne por esa parte), Miley Cyrus creó un hype máximo al instante.

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Esto se tradujo en que la web cayera al poco del anuncio del álbum

Vale, ¿qué es Miley Cyrus & Her Dead Petz? Hablando en plata, “una ida de olla”. Poniéndolo un poco más bonito, nos encontraríamos con la liberación artística de Miley Cyrus, al ser un álbum de producción “casera” al haberse grabado en el propio estudio de Cyrus (de nombre Love Yer Brain, en honor a sus amigos The Flaming Lips), y cuya elaboración ha costado unos cincuenta mil dólares, lejos de los cerca de dos millones que costó Bangerz.

Son 23 canciones en los que la artista se permite terminar de recorrer los caminos que comenzara a explorar con The Flaming Lips en aquellas colaboraciones de las que formaba parte en With A Little Help From My Fwendsy con los que termina de reforzar su imagen de artista que sabe reinventarse. En la gala de premios la calificaban de la “nueva Madonna”, y no puedo estar más de acuerdo con esa definición.

Hablo mucho de The Flaming Lips y tiene su motivo, ya que Wayne Coyne y los suyos colaboran en la mayor parte del álbum a nivel de producción y composición. Así tenemos Dooo It!que ya con el título deja constancia de la influencia, tanto a nivel melódico (la percusión y algunos toques de sintetizador) de aquel tema que escribieran Wayne Coyne y Yoko Ono para el álbum colaborativo The Flaming Lips and Heady Fwends. 

Este corte que abre es la cara más animada de la colaboración Coyne-Cyrus, ya que la mayor parte de temas surgidos de este binomio exploran un sonido más experimental, de sintetizadores que rozan los espacial, con percusiones analógicas que parecen extraídas del Yoshimi y melodías basadas principalmente en el crescendo. Por ubicarlo, estaríamos hablando de temas que encajarían en la parte más “limpia” de Embryonic. De hecho, Cyrus Skies tiene una melodía muy parecida a Evil, de un carácter dubitativo e introspectivo que resulta muy interesante en el universo creado por Miley en este álbum. Otros temas a destacar de este apartado del álbum podrían ser Tangerine y Tiger Skies, las colaboraciones con Big Sean Ariel Pink, donde experimental el mismo concepto de altibajos a golpe de sintetizadores ambientales y percusiones simples pero contundentes.

Miley le gusta, de vez en cuando al menos, mirar hacia atrás, y no quería dejarse en el camino a su productor de confianza Mike WiLL Made It, que le añade al álbum la vena más comercial/popera, por decirlo de algún modo, pero manteniendo esa idiosincrasia de liberación musical que lleva por bandera a lo largo de todo el álbum. Así vemos temas como Fweaky o la muy apetecible, con cierta esencia funk que es Bang Me Box. Terminan de completar este apartado I Forgive Yiew, que suena a Lana del Rey pasada por LSD, y Lighters, un medio-tiempo con cierta reminiscencia a los 80 muy interesante.

Y por último, no podía faltar Miley en su labor de productora. Porque ya puestos a probar cosas, se atreve a incluir temas de producción propia. Si bien es cierto que en cada uno de los temas, ella mete mano (junto a los ya mencionados Flaming Lips Mike WiLL Made It), encontramos dos perlas imperdibles que corren de cuenta de la americana. Pablow The Blowfish es una balada dedicada a su pez (?) con una carga emocional importante. Y por último, el encargado de cerrar este álbum/viaje a la experimentación que es Twinkle Song, de nuevo una balada, algo más animada que el tema anterior y de la que hay que destacar el último minuto, donde encontramos a una Miley con un vocal desgarrador, que a voz en grito se pregunta “What does it mean? I had a dream, but what does it mean?”.

Es un álbum muy interesante. Por lo que a mí respecta, podría ser uno de los mejores del año. Me resulta un viaje interesante por el que nos lleva Miley Cyrus en estos 23 temas. Y en ellos están The Flaming Lips, por lo que gana puntos conmigo. En cualquier caso, si abres las redes sociales, encontrarás comentarios de gente diciendo que este álbum “es muy malo” o “es una basura”, y en todos los casos salvan “un par de temas”. Quienes esperaban una continuación de la línea de Bangerz o una reinvención del pop, tendrán que seguir esperando, o más bien desistir. Siempre encontramos el caso en el que el artista pasa del ámbito más alternativo/underground a ganarse al público a base de melodías más radio-friendly. Miley Cyrus hace todo lo contrario y se pone los ropajes de la experimentación. Un atuendo con el que no pretende gustar al público, sino mostrarse como es ella realmente. a mí esta Miley me gusta.

Crítica de “Currents” de Tame Impala: El camino intimista del músico psicodélico solitario

Current tiene varios significados. Como adjetivo, denota actualidad, mientras que como sustantivo, acudiríamos al significado que le diera Jorge Manrique en el siglo XV con su comparativa de “nuestra vida son los ríos que van a dar en la mar”. Si bien en el caso de Kevin Parker, alma matter de Tame Impala, no se contempla ese final de muerte que relataba el poeta español, pero sí el de cambio y evolución sobre el que se basará en su totalidad este Currents.

Voy a coger el títular de Mondosonoro y decir que Kevin Parker estaba solo en casa. La producción, letras, masterización y todos los instrumentos han sido cosa suya. Y cuando se está solo en casa sin nadie que te controle tiendes a eso mismo, a probar nuevos caminos y experimentar. Pero la soledad también nos hace reflexionar, y son en estos momentos de introspección en los que Kevin Parker se da a conocer al mundo tal y como es, con unas letras que confluyen en la vida en un tono personal, en la evolución de la gente que le rodea. Todo ello pasado por un fuzz y unos filtros que hacen que no captemos la totalidad del mensaje a la primera, como si su voz y mensaje fuese un riff de guitarra a sumar en la producción del tema.

Voz que por cierto, da un paso adelante en este Currents. Lejos de ocultarse detrás de tanto artificio como en Innerspeaker Lonerism, toma el protagonismo para predicar un mensaje intimista rodeado de bases que confluyen entre unas bases que rozan el R&B, el disco o el funk. O, en el caso de Let It Happen, todas a la vez.

Porque sabemos que es Tame Impala (además de por el inconfundible timbre de voz de Kevin Parker), por los habituales momentos de guitarra eléctrica, que aunque pierden cierto peso en este álbum, tienen momentos en los que se tornan protagonistas, como en The Moment o la apertura de Eventually.

Pero en cualquier caso, es un álbum que podríamos clasificar en dos tendencias que se asemejan a los dos primeros adelantos que tuvimos de este trabajo, pero aún así, el caleidoscopio de la obra de Kevin Parker quedaría sin completarse del todo. En cualquier caso, tenemos unos temas más en esa línea de Let It Happen a nivel de ritmo y melodía animada que explora un camino más ambientado al funk pero siempre con una perspectiva psicodélica; y por otro, los temas más tranquilos de la línea de ‘Cause I’m a Man, de ritmos más new age y con fuertes reverberaciones y ecos que consiguen sumirte en una espiral sideral donde comienzas a viajar sin tener concepción alguna del tiempo. Aquí meteríamos temas como Past Life (que recuerda a los momentos más tranquilos de The Flaming Lips) o la romántica Yes I’m Changing.

Es un álbum largo. Pero aún así, me es difícil tener la certeza de saber cuánto tiempo llevo escuchándolo. La manera en la que los temas están unidos y los temas de transición que son auténticas joyas (Nangs y la chiclosa/analógica Disciples) hacen que no sabes ni porque tema vas ni si llevas media hora o es la tercera vuelta que le das al álbum. Los siete minutos de Let It Happen pasan volando, mientras que casi los dos minutos de Disciples se hacen largos. Y, en ambos casos, es algo a agradecer.

Lo cierto es que no es un álbum de temas sueltos. Como decía antes, esa inter-relación entre los cortes hacen que, en cierta medida, tengas que escuchar una canción detrás de otra. Gossip no tendría razón de ser si no actuara como bisagra del álbum, y paso de los sintetizadores lentos, pesados arrebatadores de Eventually a la que podría colar como colaboración con Mark Ronson que es The Less I Know The Better.

A diferencia de las producciones anteriores de Tame Impala, este Currents es más fácil de escuchar que Innerspeaker Lonerism. Es cierto que se echan de menos los momentos sucios en los que Kevin Parker te llevaba por panoramas sonoros que te asaltaban de manera impactante con guitarras llenas de filtros o sintetizadores que venían de la nada para arrancarte la conciencia en una vorágine de psicodelia inimaginable. Este es un trabajo maduro, donde maduran de la mano tanto el estilo en el que se basa como la propia persona de Kevin Parker. 

Ahora me gustaría volver al tema de las letras, porque en este Currents, no solo se encuentra una inter-relación a nivel musical. Let It Happen abre el camino lanzando el mensaje de “dejar que fluya”, una auténtica declaración de intenciones tanto a nivel musical como a nivel de letra. “It’s always surround me, all this noise//But not nearly as loud as the voice saying// Let it happen, let it happen (it’s gonna feel so good)”. Deja este mensaje para pasar a Nangs y plantearse si realmente hay algo más que eso. Aquí ya empezamos a ver al Parker reflexivo.

Luego encontramos distintas reflexiones a lo largo del álbum (“In the end it’s gone, and there’s nothing left to do//But I’m still not certain just how I’m gonna feel” “I wanna be like we used to//But now you’re worried ‘cause that means we’d lose you”) que, a decir verdad, lo podemos centrar simplemente en el amor que en temas como The Less I Know The Better se ve bastante claro (“She said: It’s now or never//Wait 10 years, we’ll be together”) o se puede extrapolar estos versos antes mencionados al propio Kevin Parker y su trayectoria musical, que tomaría como máximo exponente New Person, Same Old Mistake. 

Si se prestan atención a las letras, se puede llegar a la conclusión de que el hecho de que Tame Impala innove a nivel musical puede llevar a que se convierta, a través del proceso de composición y maduración (currents Yes I’m Changing) en lo que pueda parecer un nuevo estilo (new person) que acaba por recibir las críticas de los seguidores que estaban encandilados con la trayectoria inicial del australiano (“I can just hear them now//How could you let us down?”). Ya lo dejaba al principio de la entrada, Kevin Parker hace gala de letras que, si bien te aciertan de una manera en su superficialidad, al indagar ese mensaje encierra una nueva cara igual de personal pero que avanza por otros derroteros.

Antes de pasar a la valoración, me gustaría destacar los vocoders y violines sintetizados de Let It Happen como uno de los mejores momentos de este álbum. Sin duda.

Originalidad

-En el álbum: Todo el álbum se encuentra enmarcado en un sonido que se encuentra en progresión continua y que, en ocasiones, está tan bien hilado que cuesta trabajo distinguir cada uno de los temas. Al menos, en el primer par de escuchas. Después, te encuentras un LP de un sonido brillante y original que sorprende en cada tema. 0,75/1

Con respecto al resto: Se aleja completamente del sonido que pudieran tener Pond o las influencia anteriores que tuviera Kevin Parker para alejarse a derroteros más “mainstream” (muchas comillas e interrogaciones en esto último), pero ni por esas es comparable a nada que hayamos escuchado, y de nuevo se nos ofrece un trabajo que brilla por su originalidad. 0,75/0,75

Con respecto a lo anterior: Nada que no haya dicho ya. Mantiene las bases (más amortiguadas, eso sí) de Tame Impala ofreciendo un nuevo camino que se hace muy agradable de explorar. 0,75/0,75

Impresiones

Primera impresión: Era un constante “¿Por dónde voy?” y no te puedes creer cuando llega el fin del álbum por aquello de que pierdes la noción del tiempo y comentaba más arriba. Let It Happen entraba a la primera, Nangs me encantó, y ahora llegaba a una serie de temas más parecidos que no terminaba de distinguir en una primera escucha. La segunda mitad por el contrario si me resultó más sencilla y, en cierto modo, ecléctica. En lo que respecta al sonido, punto positivo porque no esperaba encontrarme esa marea de sintetizadores y reverberaciones que te llevan de un lugar a otro. 1,25/1,5

Tema a tema en profundidad/Impresión General: Es un álbum que hay que valorar en su totalidad y no tema a tema. Podemos hablar de esa evolución sonora por la que no hay grandes sobresaltos, pero si momentos que te permiten recordarte que el tiempo pasa, los temas avanzan, y se está acercando el final (aquellos tres temas de transición que mencionaba y que son auténticas joyas). Es un álbum que se encuentra algo más desnudo que sus predecesores, pero a su vez cuenta con un sonido más concreto que hace que se potencie los momentos de evolución que encontramos en Let It Happen Eventually. En cuanto a producción, me quito el sombrero con Kevin Parker, que ha sabido crear un álbum en el que los temas se equilibran entre ellos y donde es imposible eliminar alguno sin que diese la impresión de que cojea, tanto a nivel musical como a nivel lírico. 4,25/5

-Lista de reproducción y compra: De este álbum me quedo en mi lista con Let It Happen Eventually, y con los más cortos, Nangs Disciples. Y a nivel de compra, considero que por la innovación sonora de la que hace gala Tame Impala en este álbum, merece la pena comprárselo. 1/1

Puntuación total: 8,75Currents/10

Semana XIII: “Man It Feels Like Space Again” de Pond, una de space-rock/psicodélico y sintetizadores Tame Impala’s

A estas alturas,ni yo mismo me sorprendo de encontrarme escuchando y bailando escuchando música experimental (por no decir rara) en mi habitación. De hecho, cada vez me reafirmo en la idea de que, ¿sabéis la gente más rara que se ve en los conciertos de The Flaming Lips en primera fila que les da igual todo?, yo sería uno de ellos. Y esta sensación se ha visto muy impulsada al escuchar el nuevo álbum de Pond, de título Man It Feels Like Space Again.

En caso de que no los conocierais, Pond es una banda de (inserte género musical raruno) rock de Perth, y son clasificados como uno de los futuros del rock australiano, junto a San Cisco (hablaba de ellos aquí). Así que con esta perspectiva, me enfrentaba a este álbum, que abría con dos temas interesantísimos, Waiting Around For Grace Elvis’ Flaming StarCortes en los que encontramos la mayor parte del peso e influencias del álbum.

Y es que es un álbum fundamentado en melodías espaciales (tal vez de ahí el título) donde los sintetizadores muy del rollo de Tame Impala (tres Tame Impala’s forman parte de Pond) se entremezclan con las guitarras eléctricas distorsionadas y la batería simple que hace que estos temas sean bailables. Bailables de aquella manera de festival de música experimental-todos-estamos-muy-contentos-por-qué-será, pero sabéis a lo que me refiero.

Estos australianos nos presentan un sonido que podría ser una mezcla del venazo más experimental de The Flaming Lips, mezclado con bases motown/urbanas. Un álbum que, si bien de un sonido poco común, los ritmos animados y los vocales incomprensibles pero en falsete hace que te lleguen mucho mejor y se queden durante más tiempo en la memoria. Si queréis disolveros en sintetizadores distorsionados y melodías espaciales, este es un buen álbum que merece una oportunidad. No lo escucharía a diario porque aparecería en mitad de la playa a las 3 de la mañana bailando en silencio por una sobredosis de música experimental y alternativa, pero si le daría espacio en mi colección musical.

 

The Flaming Lips y Miley Cyrus preparan nuevo álbum juntos, ¿estaremos preparados para una nueva locura?

Que Miley Cyrus y The Flaming Lips han hecho muy buena amistad este último año ya no es noticia. Recordemos la actuación conjunta de ambos cantando el Yoshimi tan mítico de la banda, que al final acabó derivando en la aparición de Miley Cyrus en el With A Little Help From My Fwends, el álbum tributo de los Flaming Lips al Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, donde encontrábamos otros nombres como Moby, Tegan and Sara Phantogram (crítica aquí).

Pero en lo que respecta a la ex-chica Disney de la cual ya nos hemos acostumbrado a su excentricidad, la encontramos cantando en dos de los mejores temas del álbum: Lucy In The Sky With Diamonds A Day In The Life, recordemos la actuación de este último tema en el programa americano de Conan:

Con estas nos encontramos, con un Wayne Coyne encantado de la vida con Miley Cyrus y que ha creado un tándem que nos ha traído una nueva vía de experimentación bastante interesante, que, aunque chocante en primera instancia, por lo que a mí respecta, me acabó cautivando.

Y ahora, según informa Billboard tendremos una futura entrega musical de estos dos mundos. Aún sin fecha exacta, lo único que ha confirmado Wayne Coyne es que se trata de un álbum de 7 temas que están casi terminados (de hecho, él y su compañero de grupo Steven Drozd se están encargando de mezclarlo en su estudio de Oklahoma). Temas de los que destaca ciertas similitudes con Pink Floyd y Portishead. Vamos, que nos podemos encontrar cualquier cosa pero de lo que podemos estar seguros es que no van a perder esa estética de la que han estado haciendo gala desde Embryonic.

En cualquier caso habrá que esperar, pero para ir haciendo hambre solo basta con pasarse por el perfil de Instagram de Wayne Coyne, donde publica de vez en cuando clips con trozos de temas con los que está trabajando. Además de otras tantas fotografías donde experimenta la misma vena que tiene a nivel musical.

Tame Impala vuelven a ganarme, esta vez con su nuevo single “Cause I’m A Man”

Como ya dije cuando tocó hablar de Let It Happen, no conocía a Tame Impala, y este single de su nuevo álbum, del cual ya sabemos que va a llevar de título Currents, el cual tiene una portada muy en la línea de aquel primer single, y cuyo motivo se sigue repitiendo en este nuevo adelanto: Cause I’m a Man

Este tema rompe totalmente con Let It Happen en lo que a tempo se refiere, ya que se trata de un corte calmado, que si bien lleva la misma estética de fantasía toques siderales psicodélicos de aquel primer adelanto, es una canción tranquila. Una canción con la que dejarse llevar al ritmo de los agudos de Kevin Parker y la línea de bajo tan potente que protagoniza la melodía.

Como me gustan mucho las comparaciones y hace muchas entradas que no hago una, podríamos decir que es el resultado de un baile de instituto americano, de estos en los que las parejas bailan más pegados, si se celebrara en el espacio. O en los 80 con Rick Astlley en versión experimental, coged la comparación que más os guste.

Si me tuviera que quedar con uno de los dos adelantos, mi voto sigue yendo a Let It Happen, porque a pensar de sus 7 minutos de duración, Tame Impala consigue hacérmelos escuchar sin ningún problema. Cause I’m a Man rompe con los esquemas que ya me había figurado con ese primer single, pero habrá que ver el resultado global y el lugar que ocupa este nuevo adelanto. Solo Tame Impala sabe el resultado final.

Tame Impala estrenan “Let It Happen”, adelanto de su nuevo trabajo con el que ya me han ganado

Con Tame Impala me pasa algo, y es que solo he escuchado canciones sueltas y todavía no trabajos enteros (mal Mané, mal). Pero lo poco que he oído me ha permitido encontrar una banda interesante, con buenas dosis de experimentación y capaces de crear grandes atmósferas musicales a golpe de guitarra distorsionada y sintetizador.

Así que con esta breve imagen me dispuse a escuchar su nuevo single, Let It Happen, cuyos casi 8 minutos de duración parecen no invitar a los nuevos seguidores a escucharlo, pero creedme, merece la pena.


Bajo una percusión animada y ritmos de sintetizador muy retro, Tame Impala hacen una evolución sonora donde encontramos desde momentos con una parte vocal sin alterar, breve y dinámica, a momentos de solo de guitarra, a otros donde los sintetizadores con cierta similitud a violines se apoderan de la escena, pasando por un vocal robótico, mi parte favorita. Tienen 8 minutos para ir experimentando, y los aprovechan para bien.

En fin, que me han ganado y ya espero con ganas su nuevo álbum. Mientras tanto, terminaré de forjarme una opinión sobre ellos escuchándome sus álbumes anteriores, que espero me deparen cosas así de interesantes.