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Do yourself a favor y ve al concierto de tu banda local

Últimamente, cuando hablo con grupos a los que entrevisto me doy cuenta de algo: el mayor apoyo que reciben, siempre, es de los que van a verles a los conciertos. Quiero decir, pueden vender más música o no vender ni un solo disco, bien porque no tengan material editado o bien por cualquier otro motivo, pero es en el directo donde se forjan las bases de los seguidores de un grupo que está empezando. Es ahí donde el oyente hace su criba personal, su selección, y elige darle una oportunidad al grupo en cuestión.

Antes de abordar el tema principal, me detengo en este aspecto de la actuación en directo. Todos conocemos a grupos que en directo dejan mucho que desearTonos que no se alcanzan, melodías que no se logran, falta de conexión con el público… Aspectos que, como artista, debes de saber superar con cierta habilidad.

Piensa en cualquier grupo pequeño del que hayas oído hablar. Pero ojo, no hablamos de Lori Meyers Sidonie, nos vamos a las capas bajas, al underground. Lo defino rápidamente por si acaso: toda la música que no se conoce por el gran público, bien porque está eclipsada, bien porque está formándose.

Total, que tenemos a este grupo que actúa en una sala de mala muerte a una hora inhóspita. Ir o no ir es la cuestión. Te tira más la segunda opción probablemente. Quiero decir, habrás podido escuchar un par de temas sueltos que han subido a su bandcamp (nos olvidamos de Spotify, que eso cuesta el dinero), algún comentario en alguna página web, pero no habrás notado mayor repercusión. Normal al fin y al cabo. También es muy probable que optes por quedarte en casa o gastar los 5, 8, 10 euros que cueste la entrada en otro tipo de ocio o te dediques a juntarlo para un futuro concierto que te interese más.

Pues mal. Fatal. Ve a ese concierto. Apoya a ese grupo. Cómprate el disco si te han convencido al final, habla de ellos si te han gustado, recomiéndalos y síguelos en sus redes. Porque ya no es sólo el hecho de que si en un futuro consiguen labrarse un nombre importante en el panorama musical puedas colgarte la gafapasta y decir aquello de “los conocí antes de que fueran famosos”. Estamos hablando de motivación. Si vas a un concierto de un grupo que está empezando y muestras una conexión y un sentimiento de apoyo, eso es algo que acabará por agradecer la banda y les motivará a seguir adelante.

Ir a conciertos de este calibre es una ayuda para todos. Tanto para el grupo, a nivel motivacional y económico (algo al menos), como para la sala pequeña que hace esta apuesta, como para el público, que puede pasárselo bien en un ambiente íntimo en el que al final te acabas haciendo amigo de todos.

Me contaban el otro día en una entrevista un testimonio que dieron a otro medio, y es que comentaron que la gente sólo iba a conciertos cuando tenía que pagar mucho dinero. Y eso es cierto. En innumerables ocasiones hemos visto colgado el sold out de un concierto de gran magnitud con entradas a precios desorbitados en comparación al rango de precios del concierto en una sala pequeña.

Pero es más, pensando en este comentario que me hicieron, caí que es algo que también afecta a la venta de música. Sólo venden música los grandes nombres. Ahora mismo, o vendes millones de discos o no vendes nada a nivel global. Ese rango medio de ventas es el que estamos impulsando todos aquellos que nos tachan de raros por comprar discos habitualmente.

Pero ese no es el caso, lo único que quiero hacer ver es que hay que ir a conciertos. Cuantos más, mejor. Apoyar la escena local. Aquí en Málaga me he dado cuenta que el panorama indie es casi inexistente, y me he propuesto potenciarlo en mi medida acudiendo a los conciertos pequeños que se ofrezcan. Os propongo lo mismo. Echad un vistazo a la agenda cultural de vuestra ciudad, escuchad un poco del grupo que actúa y si os llama la atención dadle una oportunidad en directo. Hay que motivar, crear un hilo de esperanza a aquellos que se lanzan al mercado musical de nuevas.

PD: Título de la entrada en inglés porque no encontraba una traducción que me convenciera lo suficiente y fuese lo suficientemente concisa y breve como para hacerle la competencia a esta.

¿Por qué no me puedo descargar un libro sin parecer un ladrón pero sí un disco?

Que la cultura se basa en lo que adquirimos por descarga (no legal) es un hecho. Podríamos establecer las causas que motivan a ello, pero simplemente nos quedaremos con que la cultura es cara y en internet tienes “gratis” todo lo que no hubieses podido tener por lo que te hubiera costado. Asimismo, es una interesante ventana que nos permite conocer material de los lugares más recónditos. Material que, de otra forma, no hubiese llegado a nuestras manos o, de haberlo hecho, hubiese llegado muy tarde.

Sí, estoy defendiendo la red y las descargas. Principalmente, porque yo soy el principal consumidor y sería un hipócrita si no lo reconociera. Tengo GBs y GBs de material que he ido recopilando a lo largo del tiempo, desde lo más fácil de encontrar como un estreno a material “oculto” de artistas que me han supuesto navegar por páginas y páginas de internet para poder escucharlo.

Hasta aquí, nadie se ha llevado las manos a la cabeza. Al fin y al cabo, ha hablado uno de tantos que se descarga música. ¿Quién no? Lo que pasa es que la cultura no es sólo la música, y quería hablar de otro ámbito que ha sucumbido al mundo de las descargas pero consigue sobrevivir (más dignamente) a esta crisis: hablo de la literatura.

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Absolutamente todos hemos escuchado ese argumento en contra del libro electrónico que dice: “Es que a mí me gusta el tacto del libro, el olor de las páginas, el [insertar cualquier característica que se haya oído]”. La persona que oye este comentario lo comparte, le dice que hace muy bien en no sucumbir a las nuevas tecnologías.

Así que vemos las librerías siempre con afluencia y las secciones de libros de los grandes almacenes (El Corte Inglés y FNAC) con gente, y con ventas que con total seguridad se han visto mermadas en los últimos años, pero la crisis ni el peaje que hay que pagar para acceder a la cultura impide que la gente compre libros. De cualquier cosa. Y digo cualquiera.

Pero ese no es el caso. La cuestión es que, de alguna manera, tenemos la concepción de que comprar libros está bien. Si apareces en casa con un libro, te considerarán una persona culta y se sentirán orgullosos porque inviertas tu tiempo en la lectura. Ahora bien, si apareces en tu casa con un disco que te has comprado, de las primeras frases que podrás oír será “¿Para qué te lo compras si lo tienes por internet?”.

El problema es que el acceso a la música por internet es tan sencillo y gratuito que da vergüenza. Las ventas en música se han visto mermadas también por esa frase de “¿Para qué te lo compras si lo tienes por internet?”, y así vemos como cada vez quedan menos tiendas de discos, como las secciones de música en los grandes almacenes ven su espacio reducido y como los solitarios que deambulamos por esos lugares nos servimos de apoyo moral.

Porque en este caso, de nada sirve apelar por “Es que me gusta tener los discos en físico” porque lo único que haces es quedar como un friki. Yo siempre lo he dicho y no me canso: la gente no sabe lo que es abrir un disco y conocer los pensamientos del autor, letras y detalles del disco que aparecen en el libreto. Ventaja: como hay menos compradores, salimos más a repartir.

Volviendo a uno de los culpables de esto, internet, me encuentro con que Spotify planea introducir que los nuevos lanzamientos los puedan escuchar primero los usuarios premium y después el resto de mortales. El usuario musical ordinario pensará que esto es una barbaridad, que él también quiere escuchar el nuevo disco de Coldplay el día de su lanzamiento, pero yo comprendo la posición de los artistas.

Björk decidió no subir su nuevo álbum “Vulnicura” porque no entendía que algo en lo que había estado trabajando durante tanto tiempo y con tanto esfuerzo llegara gratis a la gente. También se preguntaba que si, al igual que con las películas, pasado un tiempo llegaban a televisión, no podía pasar lo mismo con la música.

Pero finalmente, cabría decir que esto es un problema de la concepción de la cultura en la mentalidad española. El para qué pagar por algo que tengo gratis en internet nos ha afectado mucho. El hecho de que compre discos no va a impedir que me los descargue o escuche en streaming. El hecho de que compre libros no va a impedir que me los descargue. Pero hagamos un ejercicio de comprensión por aquellos que compran música, y puestos a juzgar, juzguemos igual al que compra libros. O mejor, no juzguemos. En ambos casos, se invierte en cultura, y supongo que eso es lo que importa.

Cerremos la puerta de la música a los “famosillos”, por favor

Hola, vengo a reivindicar (una vez más) a la malograda industria musical. Esa que no levanta cabeza. Esa que cuando inicia un proceso de depuración viene algún agente externo a compensar, iniciando un proceso iterado de tira y afloja en el que vamos mejor, vamos peor, pero no vamos a ningún sitio.

Pero ahora vivimos cierta época de bonanza, y si no, que se lo digan a Adele. Porque vender más de 3 millones de copias en una semana se puede considerar un hito, tanto para la artista como para la industria, que ha podido sentir cierto respiro en una época en la que, seamos sinceros, la cosa está tendiendo a remontar pero aún hay que ir avanzando tímidamente.

Total, que yo venía a quejarme básicamente de algo. Y el caso es que, en cierta medida, de lo que me quejo termina de levantar algo las ventas en música en España. Hablo de estas nuevas apariciones en la escena (habitualmente, una escena asociada a un horrible EDM sin mayor pretensión que sonar en una sala cualquiera un sábado noche) cuyo único mérito es ser una cara conocida. Sin talento alguno, tienen un single por ser famosillos: gente de la farándula televisiva a la que se le ofrece la oportunidad de hacer un single porque tiene un público dispuesto a pagar por ello. Ahí tenemos a Ylenia que logró llegar a un top 10 en iTunes con aquel tema que lanzó.

Ya me gustaría que se tratara de un caso aislado, pero vino toda la comitiva detrás con singles de cada vez menor calidad. Claro, había que aprovecharse del filón cuanto antes, no había tiempo para dedicarse y crear algo digno a recordar. Porque si la vida mediática media de estos personajes es breve, espero que la de estos temas también.

Así que ahora me encuentro en una dicotomía importante. Porque vale, vamos a reconocerlo, de vez en cuando alguien conocido por algo ajeno a la música lanza música, y por culpa de gente como la mencionada anteriormente voy con un fuerte prejuicio y con el ceño fruncido, modo indignación activado. Y vale, en muchos casos puede merecer algo la pena, pero volvemos a lo mismo: al hacer por ganar más aún. Poco tienes que perder cuando eres una estrella en internet como Yellow Mellow Curricé. Publica todo el material que quieres, enfócalo al estilo que quieras. Tienes cientos de miles de seguidores, a algunos les gustará y darán lo suficiente la lata para que aparezca tu videoclip en televisión.

Este tema me recuerda a una entrada que ya hiciera en mis viejos tiempos del blog cuando hablaba de la publicación de libros por parte de personalidades de Youtube, aún cuando no había llegado siquiera el “boom” por el que ahora vemos que casi toda personalidad española de esta plataforma tiene un libro hablando de nada interesante.

Y volvemos a lo mismo de siempre: el pez grande se come al pequeño. Aunque el pequeño le responda con un material de una calidad con creces superior. ¿Esos artistas que tienen menos de mil escuchas en Spotify y tanto te gustan? Da igual, que se hagan un canal de Youtube y hagan vlogs o cámaras ocultas, así tal vez se formen una base de seguidores a los que venderle después su material. Este es el presente de la música en España, personalidades que se hacen músicos, músicos que no pueden llegar a serlo. No hagamos de este presente nuestro futuro.

Hagamos un Tag de música: Las 10 canciones que…

Yo sólo sé que soy una persona con un gusto variable. Aunque de base constante, cuando digo que hoy mi grupo favorito es “X”, a los dos meses puedo cambiar de parecer, aunque la impronta que deje en mí esa formación supone una huella importante a la hora de forjar mi (ecléctico) gusto musical.

Aclarado este punto podemos ir al motivo de la entrada de hoy. Hace un par de días veía un vídeo en Youtube de un tag de canciones. Esta persona que hacía el vídeo proponía una serie de canciones para distintas situaciones. En mi caso, lo voy a dejar en diez canciones que, para concretarlo en un número redondo y en categoría a las que, personalmente, les puedo sacar juego.

1-Canción de mi disco favorito

Teniendo en cuenta la aclaración que he hecho al comienzo, voy a coger dos temas. Por un lado, mi disco favorito a día de hoy es (sorpresa) How Big How Blue How Beautiful de Florence & the Machine. Si de ahí tuviera que coger una canción, sería sin duda la que da título al disco. Por darle un giro, me voy a quedar con la versión demo, a la que me he enganchado últimamente por su carácter más intimista, en comparación con la versión final. La formación de viento que cierra el tema se ve sustituida por un teclado que avanza dulce y delicado. Y a nivel vocal, encuentro a una Florence más desinhibida, por decirlo de algún modo.

Ahora bien, si tuviera que elegir mi disco favorito a nivel “global” y que lo ha sido durante un largo periodo de tiempo, sería el Destroyed de Moby. En alguna ocasión habré comentado que con este álbum descubrí al que sería mi músico favorito y que me resulta una referencia muy importante a nivel musical. No es un disco que entre con facilidad, pero esa electrónica downtempo, de escuchar de madrugada me puede. Y si me quedase con un tema, sería Lie Down In Darkness, esos violines son magistrales.

2-Canción que te haga bailar

De nuevo volvemos a la moda de mi lista de reproducción actual, y es que, una canción que me haga bailar actualmente es Kiss With A Fist, de (de nuevo) Florence & the Machine. Es uno de los temas más antiguos de esta formación, que, con apenas 2 minutos de duración, consigue transmitir una muy buena onda con una guitarra eléctrica rápida que consigue hacer que me mueva con un estilo muy rockabilly.

3-Canción que ahora odias

Si bien ahora no podría decir de algún tema que me gustara con anterioridad y ahora “odie”, si podría decir una que odio desde el principio. No sé por qué, pero no puedo con Tenía Tanto Que Darte, pero de nunca. De hecho, ni la voy a poner en la entrada de la manía que le tengo.

4-Canción que te ponga triste

En lugar de triste, voy a dejarlo en “reflexivo”, porque temas que me hagan llorar porque sí, a día de hoy no lo he encontrado. Aquí señalaría Holocene, de Bon Iver, uno de mis temas favoritos del músico de Eau Claire de su sophomere album Bon Iver Bon Iver. Ese tema que no termina de despegar pero con un toque de delicadeza que lo hace digno de estar en este apartado.

5-Canción que te ponga feliz

Una de las canciones por excelencia que me ponen de este humor es Toros En La Wii (Fantástico) de Love Of Lesbian, o en su defecto, Fantastic Shine, su “versión” en inglés. Ese buen rollo que desprende en el tramo final en ambos temas con ese “Fantáaastico” no tiene precio.

6-Canción que te sepas perfectamente

De las primeras que he caído que me podría poner en cualquier momento a tocarla con la guitarra y cantar su letra sin mirar sería Pumped Up Kicks de Foster The People. Uno de los temas por excelencia de los de Mark Foster que resulta sencillo y pegadizo, con todos los artificios que después le añaden y le dan consistencia y carácter a este corte.

7-Canción que te ayude a dormir

Aunque para dormi me pongo mi lista de reproducción habitual, si hay un tema que destaque por la tranquilidad que desprende y con el que consigo dormirme es Lindisfarne I II del álbum debut de James Blake. Un tema basado en los vocoders y en la calma de la electrónica intimista y progresiva del británico que sólo puedo inspirarte comodidad que se agradece en los momentos previos a dormir.

8-Canción de tu infancia

Lo que trae tener una hermana que te saca casi 8 años es que te inculca sus gustos. Estamos hablando de principios de década, los años 2000, en los que el pop R&B estaba muy de moda y, mi hermana, como buena seguidora de tendencias, lo escuchaba y me lo transmitía. Uno de esos temas fue Can’t Get You Out Of My Head, de Kylie Minogue. Semilla con la que mi hermana plantó el interés que más tarde desarrollaría en esta diva australiana (más tarde lo recalcó cuando me puso por primera vez In My Arms, allá por el 2008).

9-Canción que quieres que suene el día de tu boda

Llamadme pesado con Florence, la sempiterna en mis listas, pero una canción que debería sonar en mi boda debería ser de ella. Tiene muchas papeletas How Big How Blue How Beautiful, por aquello de que el cierre es una alegoría al amor y la sensación que despierta en la cantante. Pero por variar, y en el caso de que no pudiera poner esa, pondría Dog Days Are Over, tanto por la letra y los versos que se pueden extraer “Happinnes hit her like a train on a track” o el mismo “The dog days are over, the dog days are done”.

10-Canción que quieres que suene el día de tu funeral

Yo soy de los que piensan que hay que irse animando al personal. En lugar de poner una balada o una canción lenta (y ojo, si pusiera una, sería Starálfur de Sigur Ros), me iría con un tema alegre y animado. En mi caso, Wake Up, de Arcade Fire sería un fuerte candidato a protagonizar esta ceremonia.

¿Hay que pasar por caja con material inédito de un artista ya fallecido?

Hace un par de días saltaba una noticia en el mundo musical: David Joseph, consejero de la discográfica Universal, se encargó de destruir una serie de maquetas que grabó Amy Winehouse y formarían parte del nuevo álbum que quería hacer pero del que no llegaremos a escuchar nada.

Joseph alegaba que realizó esto por una cuestión moral. Comparaba este caso con el de otros artistas como Jimi Hendrix o el rapero Tupac, siendo ambos casos de gente que se ha beneficiado de estos artistas después de muertos para pasar por caja.

Y es que hay algunos aspectos que me gustaría matizar. Porque, como cualquier fan de cualquier músico, todo material que se recabe de él es bienvenido. Por ejemplo, de Coldplay he indagado en ocasiones para recabar material inédito que circula por blogs o por fuentes no-oficiales. Pero claro, ahora estamos hablando de un grupo que está en activo y, lo más importante, vivo.

Porque cuando un artista se muere, llegamos a un punto de inflexión. ¿A quién contentamos? ¿Al respeto de la familia y amigos del artista o al deseo de miles de seguidores de escuchar por última vez a su ídolo?

Vamos a centrar la entrada en Amy Winehouse, para concretar un ejemplo y aprovechando su panorama actual. Recordemos que se va a estrenar un documental en la próxima semana que narra su proceso evolutivo, tanto a nivel vital como musical, que acabó desembocando en esa dependencia en la droga y en la bebida que supuso la causa de su muerte. Hasta aquí, algo “normal”, ya que se trata de un documental de una artista como otro cualquiera.

El problema viene con el padre, Mitch Winehouse, que considera una falta de respeto, tanto a su persona como a su círculo, el filme. Ya que, palabras suyas, muestra como Amy mandaba alarmas que eran ignoradas por sus conocidos. Ficción o no, el resultado es el que es, y de esto sólo podrán opinar los que conocieran a la diva del soul en su momento.

Pero a nivel musical si podemos expresar una opinión. Como digo, no me posiciono totalmente en contra de un álbum póstumo, sobre todo cuando hablamos de artistas con una trayectoria musical larga, como BB King que nos dejaba este año, es normal que se acumulen cientos de maquetas, caras-b y rarezas que se acaben compilando y lanzando como un álbum honorífico.

Aunque claro, ¿qué pasa cuando el artista fallece joven o tiene filón? Entonces estamos hablando de puro aprovechamiento. Hablamos de compañías que ignoran al círculo íntimo del artista y que ignoran siquiera a los seguidores y lo único que buscan es el máximo beneficio. Ya ocurrió con Michael Jackson, siendo aquel álbum póstumo de temas rescatados donde participaban otros artistas cierta muestra de falta de respeto a mí parecer. Hubiese entendido un recopilatorio como digo (y como se acabó haciendo) pero jugar con el recuerdo de un artista, me parece más deplorable.

Hola, soy el tema encargado de aliviar la carga de esta entrada

Volviendo al caso de Amy Winehouse, nos encontramos con un álbum que recoge rarezas producidas por Mark Ronson y  Salaam Remi, productores con los que contaba habitualmente la británica y que contaron con el consentimiento de la familia para llevar a cabo el proyecto. Comentaba Rami que, escuchando el material que había de la cantante, encontraba conversaciones que despertaban en él un sentimiento que le hacía darse cuenta que, con ella, no pasaría como con Tupac.

Porque recordemos que el rapero Tupac también pertenece a la generación de músicos que murieron antes de tiempo. Y, centrándonos en su música, es cuando se ratifica mi postura de que las discográficas lo único que buscan es el dinero. Nada más y nada menos que siete álbumes póstumos. Sólo decir que publicó en vida seis álbumes. 

Una persona se puede plantear: “Bueno, tenemos todo este material inédito de este artista y no lo vamos a tirar”, hablar con una discográfica y decidir ir publicando este material poco a poco, aún sabiendo que no contentará a quien más debería. Así que, desde aquí alabar la postura tomada por David Joseph de eliminar todo el material del que se podría lucrar mucha gente pero que, gracias a él, podremos seguir disfrutando a una Amy Winehouse como se merece. Desde el respeto de saber que estamos escuchando lo que ella quería que fuese escuchado.

Los artistas no pagados y la adquisión de álbumes a precios altos

Me remitían hace un par de días por Facebook a la noticia de que Tame Impala, a fecha de hoy, no ha percibido nada de las ventas de álbumes de fuera de su país, que considerando que son australianos es bastante dinero (aquí un enlace a la noticia, en inglés). Teniendo en cuenta que la cuantía total ronda el millón de dólares, esta web no anda muy desencaminada al calificar este evento de robo.

Todo esto vino a colición de comentar con Mar (con su blog musical aquí) que había encargado el nuevo álbum de Florence & the Machine (y que todavía sigo esperando, habrá que culpar a los días de fiesta que ha habido en Granada). Dejo el registro de la conversación, que creo que habla por sí mismo:

Captura de pantalla 2015-06-08 a las 19.21.06Estamos hablando de una conversación de hace más de una semana, y a la que he vuelto cuando he leído la noticia de Tame Impala. Porque claro, ahora toca hablar sobre los motivos que me llevan a comprar discos. Pero, más concretamente, a los motivos que me llevan a comprar discos en los momentos de salida/recién hechos, cuando habitualmente se encuentran a un precio mayor.

Todos tenemos claro que, puestos a comprar lo mismo, preferimos pagar menos por el mismo producto, aunque eso conlleve a esperar pacientemente a una rebaja que, pueda o no, producirse en un intervalo cercano. Un ejemplo práctico, conseguí la edición deluxe del Biophilia de Björk por 5€ en la Fnac, no habiendo pasado el año de su lanzamiento. Suerte para mí, y casi que para el artista.

Porque, siendo prácticos, a un artista (y ya menos aún de uno de la talla y el bagaje de Björk) no le supone nada que su disco, en un establecimiento, se rebaje de los 18-20€ que pueda costar originalmente a los 5€ que hayan decidido ponerlo. De hecho, de los que saldrían a nivel global perdiendo beneficios pueden ser o bien los propios establecimientos o bien las propias discográficas, que en ocasiones sacan campañas con álbumes más baratos.

Canción para aligerar la entrada, y que no quede mucho texto junto y puedas descansar de leer

Y volvemos a lo mismo, a un gran establecimiento (véase Fnac, El Corte Inglés…tampoco le supone nada rebajar el precio de un álbum, porque a nivel global, esa “pérdida” la va a ver recompensada con algún otro producto. Y ahora es cuando nos vamos centrando en mis motivos por los que compro álbumes, por un lado en los que no me importa pagar el precio de salida, y por otro en los que no me importa pagar un poco más y comprarlos en tiendas musicales.

Que las tiendas de música están en crisis es algo objetivo, aunque si bien es cierto que en los últimos años su situación se ha estado viendo más aliviada, ya por el aumento de ventas, por el resurgimiento de los vinilos o por otras causas. Pero en España ocurren varios aspectos que suponen una lacra en el alivio total de esta industria, y son el IVA máximo en música y la falta de concienciación de la gente, que está llevada por la teoría de “si me lo puedo descargar gratis, ¿para qué lo voy a comprar?”. Esto es algo que afecta a otros tantos aspectos, sobre todo culturales, pero aquí me centro en música nada más.

¿Qué pasa? Que me supone una mayor satisfacción comprar un álbum en mi tienda musical habitual (a saber, y desde que cerraron a la que estuve yendo durante unos años, Marcapasos) que en un gran comercio. Por un lado, por esa sensación de estar ayudando a un sector que necesita ayuda directamente, sin dar los mismo ingresos a una gran empresa, que, sinceramente, puede sobrevivir sin que compre allí música.

Con esto tampoco quiero decir que voy a tiendas de discos por pena, pero luego está el aspecto de ese trato personal que te suelen ofrecer en una tienda, a diferencia de en la Fnac El Corte Inglés, por seguir con los ejemplos que había dado. Que sí, que hay gente amable en todas partes, pero ese trato en Marcapasos (que además, con su cuenta Instagram y Twitter ves un trato más cercano y bastante simpático que no encuentras habitualmente en otros establecimientos del estilo) o las recomendaciones personales o tardes que pasaba en Krisis no las cambiaba por nada.

Segunda canción para aligerar la carga de esta entrada

Así que ya tenemos un motivo de compra de discos, pero toca centrarlo en el motivo de pagar más por lo mismo. Aquí aludo a un apartado más personal, y es que entran en juego sensaciones. La sensación de tener un álbum el mismo día de su publicación no tiene precio. En lo que me respecta, siento como si el artista del álbum en cuestión se comunicara conmigo, del estilo de “recién salido del horno, para ti”. Tengo que decir que en raras ocasiones compro álbumes recién lanzados, pero entre ellos puedo destacar las compras del Record Store Day, tanto de este año como del anterior.

También podríamos mencionar, además de esta “exclusividad”, en cierta forma, por la que pagas más por tenerlo primero, ese llamémoslo fetichismo llamémoslo placer de la colección de discos. Y es que muchas veces he tenido la reflexión de “bueno, si lo tengo gratis, ¿para qué lo compro?”. Pero, como ya he dicho en otras ocasiones, la sensación de tener el trabajo de un músico que te encanta en las manos, no tiene comparación. Y luego, pues siempre gusta tener tu colección de la que puedas presumir y que, en cierta medida, más material y menos profunda, los vinilos decoran muy bien, de hecho Ikea tiene un marco para poner vinilos. (Bueno, creo que no estas últimas líneas he matado mi faceta de más intelectual en la música, pero sabéis a lo que me refiero).

En un último aspecto de carácter más global, está el hecho de ese apoyo económico a toda la industria musical, ya no solo a las tiendas como he mencionado antes. Comprando un álbum apoyas, en mayor y menor medida, a la economía de un artista, un distribuidor, una discográfica… Vamos, que en cierta manera, supone un ingreso que ayuda a mantener unos puestos de trabajo no relacionados con la carrera de artista.

Aunque como bien me decía Mar en los tweets que he puesto antes, si el objetivo es apoyar económicamente a un artista, lo mejor es sin duda acudir a sus conciertos. Así que ya sabéis, si queréis compensar ese millón de dólares perdido de Tame Impala, id a alguno de sus conciertos, que los pobres lo necesitan.

El día que me dio por prestar atención a las letras de las canciones

Un día de los que estuve en Seattle, íbamos por la autovía con una emisora de rock clásico sintonizada, donde ponían a artistas de la época de Bob Dylan más o menos. En cualquier caso, comenzó a sonar una canción. “¿La conoces Mané? Trata sobre una mujer que es bailarina y…“, pero no, no la conocía, ni me acuerdo de la canción ahora a decir verdad. Al acabar de relatarme de que iba la canción le dije: “Claro, siendo vuestra lengua materna el inglés, cuando escucháis música en inglés música, luego la describís por la letra, no por las melodías como hago yo “.

Pasaron los días y a partir de esa conversación me dio por prestar atención a las letras de las canciones además de a las melodías. Y sinceramente, mi decepción fue palpable en algunos casos.

Empecemos por lo nuestro, vayamos al panorama nacional, concretamente a las dos canciones que a día de hoy están en el top de ventas (en español):

En primer lugar encontramos desgraciadamente el último single de Juan Magán con Belinda, Si Yo Te Quisiera. Centrándonos solamente en la letra, encontramos un tema cuya temática predominante es el amor. Chico se enamora de chica etcétera, sin grandes pretensiones, del que me voy a quedar con los siguientes versos, nada más que decir:

Tú ere’ el que me da a mi candela
El que me pone a gozarIMG_0792.JPG
El que me prende to’ la’ luce’
Cuando yo la tengo apaga’

La siguiente en español ocupa el quinto lugar en la lista de Promusicae y se trata de Noche y Día de Enrique Iglesias. En esta ocasión, chico conoce a chica y se van de fiesta, básicamente:

Hay calor en la ciudad
Hay calor en la bahía
Venga, nos fuimos de fiesta
De noche y de día

Ahora, vayamos al panorama pop internacional, y para ello acudimos a Billboard, el análogo americano.

 

En primer lugar encontramos a Meghan Trainor y su All About That Bass, y aquí llega la comparación con el panorama pop en español. Mientras en nuestro top se codean canciones de amor (por decir algo), de fiesta y demás; en inglés encontramos temas como este que son una auténtica crítica a la sociedad y a los canones de belleza actuales, donde se busca a la mujer delgada y retocada a la natural. Pero esta cantante viene a poner de manifiesto este hecho con versos como este:

You know I won’t be no stick figure silicone Barbie doll
So if that’s what you’re into then go ahead and move along

El segundo lugar es para el Shake It Off de Taylor Swift del que también podemos extraer una enseñanza: Ignora las críticas, “sacúdelas de tu cuerpo”. Como ya le dediqué una entrada a este tema, no le dedico más tiempo aquí.

¿Qué quiero decir con esta comparación? Que si hacemos un barrido por las canciones que más suenan actualmente, es más probable encontrarte una canción sin trasfondo que hable de amor a una que realmente trate algo interesante. Aunque también he decir que los ejemplos de aquí son una mera coincidencia, porque también hay muchos temas en inglés cuya letra son una porquería o que carecen totalmente de profundidad y son planos, véase Nicki Minaj y su Anaconda o Blame de Calvin Harris, que viene a ser más de lo mismo.

IMG_0793.PNGY lo mismo para el bando hispanohablante. Coge cualquier canción de Love Of Lesbian y podrás comprobar que son auténticas obras poéticas, con mayor o menor trasfondo, pero siempre fuera de lo habitual.

Luego, otro aspecto en la composición musical es el de la edad. Era partidario de que la experiencia y el paso del tiempo hacía que las letras se refinaran, maduraran, pero veo poco de eso. Sólo hay que echar un vistazo a todo el talento joven que está saliendo actualmente y la calidad de letras que traen bajo el brazo. Hablo de artistas como Lorde, Birdy o los americanos Echosmith, todos ellos nacidos en la segunda mitad de los 90, pero también podríamos meter a Haim o Ellie Goulding, todas de finales de los ochenta y que, junto a melodías pegadizas, se ganan a la gente con letras que, en la mayoría de los casos, merecen la pena.

En conclusión, en todos sitios cuecen habas y por cada canción, en cualquier idioma, que trate un tema más o menos serio con una letra más o menos profunda, hay otros diez que tratan temas absurdos, para compensar. Espero que esta entrada os motive a escuchar más atentamente las letras de vuestras canciones favoritas y desgranar su significado, a ver si ese grupo/cantante del que tanto nos gustan sus melodías también podemos decir lo mismo de sus letras. Desde luego, para ver letras curiosas hay que adentrarse ya en los panoramas más alternativos como la psicodelia o la experimentación, donde siempre se rompe con cualquier esquema preconcebido, ya sea en melodía como en composición de letras.