opinión

“El País” lo intenta pero no es suficiente: La presencia musical en la prensa generalista

Este martes leía en Twitter que El País añadiría todos los miércoles una sección musical más amplia, que recogería entrevistas, columnas, artista invitado y un disco de la semana, al cual le harían la crítica oportuna. Rápidamente, seguidores del panorama musical como yo y otras tantas personas que conozco, hicimos un hueco en la lista mental para comprar el diario a la mañana siguiente. Porque, si el vídeo con el que presentan esta “innovación” en el vespertino es de Vetusta Morla con Xoel López interpretando en una terraza Profetas de la Mañana Tierra, tendría que merecer la pena, sí o sí.

Pero ay, el hype, que mal compañero de cama es. Lo que parecía ser la nueva vía de la música, tanto indie como popular, para llegar a un público mayor ha resultado ser un tanto decepcionante. Aunque en este asunto habla Mané López, no me puedo poner en la piel del resto de personas que hayan leído. Pero lo que sí puedo decir es que me ha sabido a demasiado poco.

Analicemos cada una de las partes que componen esta ampliación de la sección cultural, que tal y como la estaban presentando parecía que iba a aparecer como hojas de color salmón o en una entrega a parte:

  1. La primera página ocupada por una crónica del concierto del Cigala en París y un breve anexo en el que habla de la expresividad a la hora de interpretar el flamenco.
  2. La segunda y parte de la tercera página, ocupadas por una entrevista a Paul McCartney con excusa de la re-edición de Tug Of War Pipes Of Peace, pero que no ofrece nada nuevo y se dedica a dar la vuelta número mil a temas tan trillados como sus sentimientos ante la muerte de Lennon, los orígenes competitivos de The Beatles…
  3. Ya de vuelta a un artículo escrito en El País encontramos un análisis, muy interesante por cierto, de la personalidad de McCartney, realizando una crítica al músico que hace lo que quiere porque los que le rodean no se atreven a frenarle.
  4. Una entrevista y presentación del nuevo disco de Natalia Lafourcade.
  5. Una crítica, de tantas, del nuevo disco de New Order.

En resumen, tres páginas donde una entera no es autoría del propio periódico (la entrevista a McCartney corre a cargo de Michael Bonner, periodista de la revista musical Uncut), la crítica musical se centra, para mí gusto, en un lago muy amplio pero de una profundidad ínfima. No tengo queja al respecto del artículo del Cigala ni del análisis a la personalidad del Beatle, pero sí he visto escaso el espacio dedicado a Lafourcade.

Vale, tal vez todo esto se vea propiciado por la limitación que establece el propio diario. Vale que poner a Paul McCartney como reclamo y que su foto se vea bien es buena estrategia, pero por favor, prioridades. Que se nos olvida que debe de premiarse más la calidad que la cantidad. Que todos sabemos que la muerte de Lennon le afectó mucho y que competía con él para escribir canciones, pero de lo único que saco en claro del disco de New Order leyendo la crítica es que hay un tema que suena “disco, pero no”, ah, y que intervienen La Roux Brandon Flowers.

Como digo, me da la sensación de que han prometido mucho y han ofrecido poco. Eso o me había creado un hype importante en cuestión de un día. Lo que aparentaba ser una vía para la escena indie de hacerse un hueco en la prensa generalista se queda en humo y espejos, al menos en esta primera entrega.

Es cierto que para enterarnos de todo el panorama musical existente ya tenemos las publicaciones musicales especializadas, pero, como siempre, este es nuestro pan de cada de día sí le damos más importancia al deporte que a la cultura, mientras el Marca sea el diario más vendido de España y que el nombre de Rockdelux resulte del todo desconocido a la mayoría de los mortales. En fin, es un primer paso, esperemos que no el último, y esperemos que el gran público acabe obteniendo, aunque sea por ósmosis, un conocimiento musical digno.

Los artistas no pagados y la adquisión de álbumes a precios altos

Me remitían hace un par de días por Facebook a la noticia de que Tame Impala, a fecha de hoy, no ha percibido nada de las ventas de álbumes de fuera de su país, que considerando que son australianos es bastante dinero (aquí un enlace a la noticia, en inglés). Teniendo en cuenta que la cuantía total ronda el millón de dólares, esta web no anda muy desencaminada al calificar este evento de robo.

Todo esto vino a colición de comentar con Mar (con su blog musical aquí) que había encargado el nuevo álbum de Florence & the Machine (y que todavía sigo esperando, habrá que culpar a los días de fiesta que ha habido en Granada). Dejo el registro de la conversación, que creo que habla por sí mismo:

Captura de pantalla 2015-06-08 a las 19.21.06Estamos hablando de una conversación de hace más de una semana, y a la que he vuelto cuando he leído la noticia de Tame Impala. Porque claro, ahora toca hablar sobre los motivos que me llevan a comprar discos. Pero, más concretamente, a los motivos que me llevan a comprar discos en los momentos de salida/recién hechos, cuando habitualmente se encuentran a un precio mayor.

Todos tenemos claro que, puestos a comprar lo mismo, preferimos pagar menos por el mismo producto, aunque eso conlleve a esperar pacientemente a una rebaja que, pueda o no, producirse en un intervalo cercano. Un ejemplo práctico, conseguí la edición deluxe del Biophilia de Björk por 5€ en la Fnac, no habiendo pasado el año de su lanzamiento. Suerte para mí, y casi que para el artista.

Porque, siendo prácticos, a un artista (y ya menos aún de uno de la talla y el bagaje de Björk) no le supone nada que su disco, en un establecimiento, se rebaje de los 18-20€ que pueda costar originalmente a los 5€ que hayan decidido ponerlo. De hecho, de los que saldrían a nivel global perdiendo beneficios pueden ser o bien los propios establecimientos o bien las propias discográficas, que en ocasiones sacan campañas con álbumes más baratos.

Canción para aligerar la entrada, y que no quede mucho texto junto y puedas descansar de leer

Y volvemos a lo mismo, a un gran establecimiento (véase Fnac, El Corte Inglés…tampoco le supone nada rebajar el precio de un álbum, porque a nivel global, esa “pérdida” la va a ver recompensada con algún otro producto. Y ahora es cuando nos vamos centrando en mis motivos por los que compro álbumes, por un lado en los que no me importa pagar el precio de salida, y por otro en los que no me importa pagar un poco más y comprarlos en tiendas musicales.

Que las tiendas de música están en crisis es algo objetivo, aunque si bien es cierto que en los últimos años su situación se ha estado viendo más aliviada, ya por el aumento de ventas, por el resurgimiento de los vinilos o por otras causas. Pero en España ocurren varios aspectos que suponen una lacra en el alivio total de esta industria, y son el IVA máximo en música y la falta de concienciación de la gente, que está llevada por la teoría de “si me lo puedo descargar gratis, ¿para qué lo voy a comprar?”. Esto es algo que afecta a otros tantos aspectos, sobre todo culturales, pero aquí me centro en música nada más.

¿Qué pasa? Que me supone una mayor satisfacción comprar un álbum en mi tienda musical habitual (a saber, y desde que cerraron a la que estuve yendo durante unos años, Marcapasos) que en un gran comercio. Por un lado, por esa sensación de estar ayudando a un sector que necesita ayuda directamente, sin dar los mismo ingresos a una gran empresa, que, sinceramente, puede sobrevivir sin que compre allí música.

Con esto tampoco quiero decir que voy a tiendas de discos por pena, pero luego está el aspecto de ese trato personal que te suelen ofrecer en una tienda, a diferencia de en la Fnac El Corte Inglés, por seguir con los ejemplos que había dado. Que sí, que hay gente amable en todas partes, pero ese trato en Marcapasos (que además, con su cuenta Instagram y Twitter ves un trato más cercano y bastante simpático que no encuentras habitualmente en otros establecimientos del estilo) o las recomendaciones personales o tardes que pasaba en Krisis no las cambiaba por nada.

Segunda canción para aligerar la carga de esta entrada

Así que ya tenemos un motivo de compra de discos, pero toca centrarlo en el motivo de pagar más por lo mismo. Aquí aludo a un apartado más personal, y es que entran en juego sensaciones. La sensación de tener un álbum el mismo día de su publicación no tiene precio. En lo que me respecta, siento como si el artista del álbum en cuestión se comunicara conmigo, del estilo de “recién salido del horno, para ti”. Tengo que decir que en raras ocasiones compro álbumes recién lanzados, pero entre ellos puedo destacar las compras del Record Store Day, tanto de este año como del anterior.

También podríamos mencionar, además de esta “exclusividad”, en cierta forma, por la que pagas más por tenerlo primero, ese llamémoslo fetichismo llamémoslo placer de la colección de discos. Y es que muchas veces he tenido la reflexión de “bueno, si lo tengo gratis, ¿para qué lo compro?”. Pero, como ya he dicho en otras ocasiones, la sensación de tener el trabajo de un músico que te encanta en las manos, no tiene comparación. Y luego, pues siempre gusta tener tu colección de la que puedas presumir y que, en cierta medida, más material y menos profunda, los vinilos decoran muy bien, de hecho Ikea tiene un marco para poner vinilos. (Bueno, creo que no estas últimas líneas he matado mi faceta de más intelectual en la música, pero sabéis a lo que me refiero).

En un último aspecto de carácter más global, está el hecho de ese apoyo económico a toda la industria musical, ya no solo a las tiendas como he mencionado antes. Comprando un álbum apoyas, en mayor y menor medida, a la economía de un artista, un distribuidor, una discográfica… Vamos, que en cierta manera, supone un ingreso que ayuda a mantener unos puestos de trabajo no relacionados con la carrera de artista.

Aunque como bien me decía Mar en los tweets que he puesto antes, si el objetivo es apoyar económicamente a un artista, lo mejor es sin duda acudir a sus conciertos. Así que ya sabéis, si queréis compensar ese millón de dólares perdido de Tame Impala, id a alguno de sus conciertos, que los pobres lo necesitan.

¿La música está equilibrada, en lo que a sexo se refiere?

Suena un poco mal el título, pero ni mucho menos vamos a esos derroteros. El otro día leía un artículo en jenesaispop en el que, basándose en la entrevista que dio Björk para Pitchfork, comentaban lo machista del mundo musical.

En forma de breve resumen (ambos artículos los podéis ver aquí y aquí), se comentaba como, a pesar del fuerte peso de mujeres en la producción de discos (como Björk que produjo Vespertine o artistas como M.I.A), el reconocimiento de la producción suele pertenecer a los hombres que participan, en mayor o menor medida, en los álbumes.

Eso es algo, injusto lógicamente, pero esta idea me ha llevado a plantear esta entrada: ¿Hay sexismo en la música?¿Están más reconocidos los hombres que las mujeres como artistas?

Dejando al lado temas de producción de temas o álbumes (ya que la mayoría de álbumes pop son producidos por gente de todo tipo con excepción del artista en la mayoría de las ocasiones), quería centrarme en las figuras en sí. Si ahora pidiese una enumeración de artistas conocidos (de talla mundial) la mayoría serían mujeres, al menos en un panorama actual. Si pensamos artistas que lo estén petando ahora mismo, Taylor Swift será de los primeros nombres, luego se nos podría venir a la mente Meghan TrainorKaty Perry, Adele, Madonna, Kylie Minogue (que aunque esté en momento flop lleva una carrera que más de una envidian), Lady Gaga, Beyoncé, Nicki Minaj, Miley Cyrus… suma y sigue.

Que sí, que encontramos también a muchos hombres que ocupan altos puestos en listas: Sam Smith, Bruno Mars, Ed Sheeran, Maroon 5, Coldplay, U2… Pero en el concepto de líder de masas y superventas, las mujeres parecen llevarse la palma.

¿Podría deberse a ese factor y concepto de llamar la atención que parecen tener todas estas divas? Ese factor llamativo y extravagante está muy ausente en los artistas masculinos (vale, que alguien levante la mano y mencione a Boy George o a Antony Hegarty). Y también el hecho de que los temas cantados por mujeres parecen ser más proclives a que se canten entre la gente y alcancen esas cotas de popularidad tan altas. Quiero decir, es más común ver a gente cantando al ritmo de una canción de Katy Perry que al ritmo de Stay With Me de Sam Smith.

Si nos fuésemos unos años atrás, la figura como estrella mundial eterna es Michael Jackson. Pero ojo, que también lo petaron en su momento Barbra StreisandDonna Summers Whitney Houston. Pero en esa época a partir de los 70 parece ser un poco más donde los hombres cobraban más protagonismo (The Beatles, Queen, The Rolling Stones, Jimi Hendrix, Nirvana…) aunque claro, ¿quién puede olvidar a Janis Joplin?

¿Qué quiero decir con esto? Plasmo los datos (que vale, sin ninguna rigurosidad, pero tampoco es un estudio del INE ni nada serio, es simplemente ideas que he ido teniendo) y cada uno puede sacar su propia conclusión, pero personalmente creo que, si bien ha habido momentos donde las listas de ventas se han visto copadas por hombres en su mayoría, la cuestión, actualmente, parece estar equilibrada, si bien hay momentos donde las mujeres parecen ejercer el control del estatus de estrella mundial. Björk y otras tantas pueden pensar que, en lo que a producción se refiere, las mujeres pueden estar menos reconocidas, pero la fama se reparte por igual entre artistas de cualquier sexo. La música no entiende de géneros, no tenemos ningún censor que haga la zancadilla a la música de las mujeres por el mero hecho de serlo o impulsa la música de los hombres por el mero hecho de ser hombre. Viva la igualdad del siglo XXI.

“¿Por qué te compras los discos si los tienes gratis por Internet?”

La pregunta que encabeza el título es una que me la suelen hacer a menudo, y supongo que a mucha otra gente que también gaste en música, buscan la razón por la que compro música, esa industria tan maltratada en nuestros tiempos. De precios altos e intereses bajos.Discos-de-Vinilo

 ¿Por qué no?, respondo. La respuesta fácil es la de es mi dinero y hago con él lo que me da la gana. Pero sonaría muy borde, y la entrada se quedaría en cinco líneas, así que voy a dar otra serie de razones.

La música es un sector que, aunque ahora este de capa caída en comparación con décadas anteriores, siempre está presente en nuestra vida. Desde el ritmo de esa canción que nos gusta tanto que interpretamos sobre la mesa hasta la más grande de las composiciones.

Tiene una fácil accesibilidad. Puedes ir desde cualquier gran almacén/hipermercado decente a tiendas de música en sí, que siempre vas a encontrar discos. De acuerdo, puede que no encuentres el disco que tanto tiempo llevas buscando, pero siempre tenemos la alternativa Amazon y sus grandes precios, o las plataformas digitales como iTunes. No hay excusa en lo que accesibilidad se refiere.

Personalmente, uso iTunes para la compra de música para algún que otro EP que no haya o no pueda conseguir en formato físico. Prefiero este medio para la compra y escucha, de la otra manera no siento como si hubiera comprado algo, pero en fin, es una opinión que no me pone en contra de este gran medio donde puedes encontrar música y estilos inimaginables

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Y ahora llegamos al tema más peliagudo: el precio de la música. ¿La música es cara hoy en día? La respuesta es clara: Sí.

¿Es razonable este precio? También. Nunca se considera todo el equipo que hay detrás de la creación de un álbum, desde el artista que tiene la primera idea hasta los productores o los medios por los que se produce el álbum.

¿Esto es excusa para que un disco nuevo te pueda costar, perfectamente 18 euros? No del todo, pero esto nos devuelve a aquella entrada en la que hablaba de Wert y el Cine. Y es que, en ambos medios el IVA está extremadamente caro, lo que hace que mucha gente no opte por gastar en cultura y, en su lugar, se lo descargue de la red.

Pero, entonces, si apoyas la idea de que la música es cara y que, parte de ese precio, está injustificado por los abusos (incongruentes, porque luego se quejan del escaso gasto en cultura de este país) de los impuestos, ¿por qué compras música?

Bueno, el alcohol es caro y la gente bebe y sale de fiesta siempre que puede. La gente me dice que gastar en música es un desperdicio, pero ni bebo, ni fumo y no salgo, gastos que si que considero superfluos y totalmente innecesarios. Al menos la música es algo que se revaloriza en el futuro, pero un hígado atrofiado por el alcohol no es muy buena inversión, a mí parecer.

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También, podría destacar los diferentes ambientes. Que sí, que en una fiesta te lo puedes pasar fenomenal, pero para el que le gusta la música, el ambiente en una tienda de discos o cualquier lugar especializado es algo especial. Es un sitio donde se comparten preferencias y artistas, donde gente con gustos distintos (lo tenía que colar en alguna entrada, lo siento) intercambian preferencias. Son sitios para estar a gusto, donde puedes pasar un rato distendido, hablando de música, porque sabes que la gente que está allí también comparte ese gusto por la música, por lo que este tipo de conversaciones son muy agradecidas, al fin y al cabo.

Con esta entrada no pretendo convencer a nadie que se dedique a comprar música (que ojo, no vendría mal, que la situación lo necesita), sólo quería mostrar un punto de opinión diferente, que seguro que muchas otras personas lo comparten conmigo.

Para finalizar, destacar que a todos nos gusta la música (diferentes estilos a cada uno, pero eso es lo de menos), y si la gente no compra música, la industria se ralentizaría bastante, por lo que, en cierto modo, los que compramos música, la estamos salvando.