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Cuando eres Rihanna y te sacas un álbum de la manga

Las vidas de muchos se vieron carentes de sentido cuando la semana pasada Rihanna publicaba (al fin) su nuevo álbum, ANTI. Ya se acabó la constante pregunta los jueves de “¿será mañana cuando lo publique por sorpresa?”, ahora damos la bienvenida a “¿realmente ha merecido la pena?”.

Volvemos a lo de siempre y ya algunos os resultará viejo familiar mi amigo el hype. Porque tienes dos formas de actuar cuando eres una estrella de fama mundial de la que se sabe va a publicar un álbum en breve. O te marcas un Kanye West con Waves y lo acabas presentando en el maldito Madison Square Garden en un concierto que se transmite por todo el mundo, o te marcas un Beyoncé y publicas de repente, cuando nadie se lo espere, tu nuevo álbum en los medios digitales disponibles para todo el mundo.

La cuestión es la siguiente: Rihanna sabe muy bien qué hacer para llamar la atención. Que si ahora publico tres temas que no tienen nada que ver el uno con el otro y que (salvo ‘American Oxygen’, con el que sufrió un descalabro) le han dado el hit fácil con el que ganar tiempo; que si ahora monto una página web donde la gente va abriendo puertas para llegar al álbum, que si ahora publico una foto mía escuchando el disco… Todo para que al final te levantes por la mañana y leas un tweet de la amiga RiRi diciendo que sus seguidores tenemos un regalito esperándonos.

Hay que sumar otro factor: ha publicado el álbum en Tidal. Sí, la famosa plataforma por streaming de Jay Z que se montó como una nueva salvación a la obra de los artistas y que ha caído en un fracaso importante. ¿Qué consiguen con esto? Un intento desesperado para remontar, porque a pesar de que el álbum sea gratuito (durante la primera semana y código mediante), tienes la obligación de caer en las redes de la plataforma abanderada por Madonna o Nicki Minaj para descargártelo.

Así que, en resumen, tenemos a Rihanna publicando de mala manera y un poco a destiempo el álbum (un par de días después de estrenar ‘Work’ , sin dejar siquiera tiempo para asimilarlo) y, ¿peor aún?, haciéndolo en una plataforma tan duramente criticada como Tidal. ¿Por qué hacer esto? Quiero decir, ¿por qué no seguir los métodos habituales de publicación de un álbum y tener un éxito asegurado? 

Para esta pregunta encuentro dos respuestas: la primera es porque eres Rihanna y te lo puedes permitir, la segunda es porque eres Rihanna y siempre te ha ido bien.

No todos pueden generar un hype como el que ha generado la de Barbados y ANTI, y menos aún poner en descarga gratuita su álbum y que la repercusión acabe en un balance positivo (al final ha conseguido lo que quieren todos: que se hable de ella y de su música. Aunque en este caso, más del envoltorio que del contenido). ¿Si hubiese seguido el “método habitual” o se hubiese marcado un Kanye West hubiese engrosado más billetes en su cuenta corriente? Tal vez, pero cuando estás ya en ese estatus te da exactamente igual.

Y ahora el segundo motivo. No recuerdo donde leí esto pero me chocó mucho. Cuando se hablaban de aquellos singles que estrenó el pasado año (‘Bitch Better Have My Money’, ‘FourFiveSeconds’ y ‘American Oxygen’), hablaban de que Rihanna quería de alguna manera experimentar en sus propias carnes “el fracaso” y la sensación de renacer de sus cenizas con un nuevo material impactante. Siempre te ha ido bien, y aunque estés en horas bajas, cualquier cosa que saques va a tener un público al que va a gustar. Basta encontrar la tecla adecuada y salir ganando. O incluso sin esforzarse mucho, nada más hay que mirar ‘Work’, que es simple como ninguna pero acaba quedándose y no puedes dejar de tararearla.

¿Es Rihanna una innovadora y una atrevida por hacer esto? No. Lo de “atrevida” no tiene sentido cuando sabes que vas a salir ganando, la única duda es el cuánto. E “innovadora” tampoco, porque, aunque lo haya hecho de peor manera, ha recorrido un camino que ya hizo Beyoncé hace un par de años, quién a su vez optó por la versión sencilla de lo que ya hicieran Radiohead en 2008 con “In Rainbows” y su descarga con el pago a gusto del consumidor. Pero si que ha hecho algo interesante, y es hacer suyo el “si puede salir mal, saldrá mal” para darle la vuelta. Puestos a hacer un Björk y que mi álbum se filtre, lo publico yo gratis y quedo mejor. Aunque eso sí, ¿de qué hablamos más, del contenido del disco o de la forma en la que se ha lanzado? Si una artista quiere devaluar de una manera tan importante su obra, adelante, pero que no lo publique entonces en Tidal y su filosofía de defensa de los derechos de los creadores, porque no perdamos de vista que gran parte de esta estrategia ha traído el sacrificio de todo ese apartado creativo por 15 minutos de fama.

Crítica de “BADLANDS” de Halsey: Bienvenidos a nuestro mundo, será Halsey quien nos guíe y entretenga

Oh, el hypeEsa necesidad que nos hace querer que algo llegue, aún sin saber muy bien lo que nos vamos a encontrar y si eso nos va a gustar. En algunos casos, traicionero (¿verdad CHVRCHES?) y en un porcentaje mínimo, el producto se nos presenta como algo nuevo y no una fórmula mejorada de lo existente, así que eres capaz de pagar por él y disfrutarlo, poco a poco, hasta digerirlo al completo.

No presto particular atención a la música de los grandes medios, pero después de llevar todo el verano viendo cómo deambula por las redes la portada de una tal Halsey que presenta un debut que lleva el título BADLANDS, mereció la pena que lo apuntara en mi lista de “estrenos musicales” de este año. Al final, en agosto, acabé sucumbiendo al hype colectivo. Llegó el día de estreno y a la menor oportunidad me encaramé a este álbum de Ashley Nicolette Frangipane, o Halsey para los amigos.

Halsey se presenta como la voz de una nueva generación. Una generación que cada vez deja más de lado el sonido pop más básico para explorar nuevas tendencias. “We are the new americana (…) Raised on Biggie and Nirvana” canta en New Americana, realizando una apología a la diversidad de las últimas generaciones, llamémosles milleanialsgeneración Y o como guste uno. “They wanna make me their queen” canta en Castle. Sabe la influencia que va a suponer entre sus oyentes y posteriores seguidores.

Aunque a lo largo del álbum nos encontremos una descripción tras otra de romances de la más diversa índole, Halsey juega con la lírica para darle ciertos matices a sus temas para no quedar en el mero swifterismo, es decir, en el amor en su más mera banalidad. Habla de discreción y la presión mediática por conocer los detalles de una relación en Strange Love, de la preocupación por el otro de la pareja ante su inestable situación por el uso de drogas en Colours, o de la resignación de no poder olvidar a tu pareja que te dejó y desear que vuelva en Haunting.

En resumidas cuentas, una lírica que resulta fácilmente identificable con el público. Encontramos las reflexiones justas para no caer en la predicación a las grandes masas y asimismo tener un álbum que a nivel lírico no cae en la superficialidad de las nuevas princesas del pop. Un factor a tener en cuenta para explicar la buena aceptación que está teniendo el álbum se debe a que no es más de lo mismo. Tiene una serie de melodías de un estilo que fluctúan entre el art-pop y el PBR&B para ofrecer unos temas en el que encontramos reminiscencias a la Sia más actual o a Lorde. Estas influencias y ese momento en el que el oyente tiene la sensación de escuchar algo conocido y que le ha gustado, le motiva a continuar a escuchar el álbum, sólo para adentrarse más y más en estas badlands.

Porque a nivel melódico merece la pena destacar cierto contraste entre una parte con unas bases de carácter más intenso o de una electrónica más oscura (el estribillo de Castle, la intensidad de Hold Me Down o la ligera distorsión de Gasoline), y una parte más ligera, que si bien mantiene ese halo de misterio del que te percatas a lo largo del LP, resulta muy apetecible de escuchar en momentos de calma (Drive, el medio tiempo Colours o la lo-fi Coming Down).

Por destacar algún momento más incongruente: Roman Holiday. Tiene un estilo “demasiado” claro para este álbum, y ciertos tintes de descarte de Carly Rae Jepsen en su nuevo álbum. Es de lo más radio-fwendly/popero de este trabajo, donde Halsey se permite durante 3 minutos observar sus badlands desde otro ángulo, pero no dentro de él, y ese es el defecto.

Y qué decir de la propia voz de Halsey. Moviéndose en tonos medios-altos, hace gala de un interesante vibrato en algunos estribillos como en New Americana donde la sensación de que su voz se quiebra, pero no es más que una calculada maniobra para dar muestra de esta técnica vocal de la artista. Entendedme, no tenemos a una nueva Mariah Carey con unas habilidades vocales asombrosas, pero en su terreno y en directo se desenvuelve muy bien.

Así que, sin nada más que añadir, pasemos a la valoración del álbum.

Originalidad

-En el álbum: Hay momentos en los que el álbum parece que se ahoga en su propio sonido, el de Castle New Americana pero luego se rescata a sí mismo con la inclusión de cortes más intimistas como Drive, Colours Gasoline. Está bien equilibrado en cuanto a sonido para no agotar en demasía al oyente, se le puede poner un 0,75/1

Con respecto al resto: Ya decía que bebe ligeramente de sonidos conocidos como los de Sia Lorde, pero la forma en la que Halsey juega con sus melodías para acabar desembocando en el PBR&B marca de la casa hace que se aleje de esta fuente original de inspiración y llegar a un estilo que no tiene demasiada similitud a lo ya presente. 1/1

Impresiones

Primera impresión: Es un álbum que tras la primera escucha deja muy buen sabor de boca. Tiene ciertos momentos de pinchazo (Roman Holiday), pero en seguida se ven compensados por dos temas bastante mejores. Hay que destacar que uno tiene a mezclarse en las badlands de las que habla Halsey, y no me pude quitar la sensación de pensar: “¿He pasado ya por aquí?” 1,25/2

Tema a tema en profundidad/Impresión general: En cuanto a producción, Halsey se ha rodeado de un buen equipo que consigue entenderla, dándole cuerpo a lo que tenía en mente, creando melodías que se acomodan a la perfección al apartado lírico. Me encanta el toque del sintetizador de fondo, encargado de dar cuerpo, en la gran mayoría de los temas, lo veo un detalle muy interesante. El sonido no suena en absoluto plano, y es que encontramos temas en los que se producen cambios de intensidad, sintetizadores que van y vienen… Detalles que nos indican una producción exhaustiva del álbum. En definitiva, un álbum que me ha dejado un buen sabor de boca, con ciertos detalles que me han causado confusión (el orden de temas de la edición deluxe hace que en ocasiones resulte pesado el álbum) y otros que me han ganado en seguida (el sample que hace a Son Lux en Hold Me Down); que, en conjunto, me hacen ponerle un 3,75/5

-Lista de reproducción y compra: Para un álbum que ofrece una nueva visión del prisma del pop, creo que merece la pena su compra. Y, sin duda, más de un tema forma parte de mi lista de reproducción. 1/1

Puntuación total: 7,75/10

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Semana XV: “Unguarded” de Rae Morris, entremezclando a Ellie Goulding y la sobriedad del synthpop británico

En mi continua odisea de intentar escuchar el mayor número de álbumes posibles de este año (como casi he dejado patente en cada entrada de esta sección pero que, como hacía un par de semanas no la actualizaba, no viene mal recordarlo), me encuentro artistas muy interesantes. Porque lo que más me gusta de este “desafío” por decirlo de alguna manera, es descubrir nueva música y nuevos artistas.

Y esto se intensifica aún más cuando hablamos de un álbum debut. Hoy, Rae Morris y su estrenado este 2015 Unguarded.

Con estos nuevos álbumes parto de la base del estilo musical con el que lo califica Wikipedia. Vale que no es profesional, pero ahí vienen muy bien organizados todos los álbumes que salen este año. En el caso de Rae Morris, acude a la generalidad de pop, pero hay que decir que encontramos un trasfondo muy interesante que merece la pena analizar.

En un primer momento, con la apertura del álbum que lleva por título Skin, encontramos una instrumentación que recuerda al Vespertine de Björk, para acabar derivando en una melodía propia de la escena brit: instrumentación sencilla que se ve complementada en ocasiones por toques etéreos de sintetizadores y momentos de crescendo.

Pero aún podemos señalar más referencias. Tal vez la sombra de Ellie Goulding la podamos encontrar en el tratamiento vocal que reciben temas como For You Under The Shadows, contando este último también con un toque de Jungle y synhtpop oscuro de la talla de Hurts Clare Maguire.

De lo que no hay duda es que Rae Morris consigue conformar un álbum debut que bebe de distintas fuentes de inspiración y que entremezcladas crean un panorama propio, que podríamos encajar más en un sythpop introspectivo, dejándose llevar en otras ocasiones por una vena de brit pop actual o de songwriter en la que se acaban basando las melodías en piano y percusión, llevándose ésta los artificios electrónicos que vienen de la mano de sintetizadores en otros temas.

Mención aparte tienen las colaboraciones de este álbum, en ambos casos, con británicos. Cold viene firmada de la mano de Fryars, encontrando como sello distintivo ese uso de vocoder en la voz del colaborador; mientras que Grow, con Tom Odell, responde a la concepción más clásica del álbum de melodías menos electrónicas con un estribillo explosivo de balada.

“Poison” de Rita Ora: Complejo de diva perseguida por paparazzis y romances

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Cuando un súbdito te toca sin darle permiso

Rita Ora es de esas artistas que, de momento, no han conseguido despegar, pero de las que siempre, de alguna manera, se habla. Si no es por sus relaciones sentimentales destinadas al fracaso al igual que la carrera musical de Iggy Azalea o por sus amagos de singles que aspiran a convertirse en éxito pero que no terminan de trascender lo esperado. Y es el caso de Poison, nuevo tema de la británica con el que apuesta ganarse un nombre.

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Cuando intentas huir del fracaso a la misma velocidad que avanza tu carrera musical

El caso es que Rita Ora apuesta por un sonido 100% radiofórmula, que, si bien no ofrece nada de originalidad, se hace fácil de escucha y asimilar. Punto a sumar es la buena potencia de voz que deja mostrar en este tema, baza en la que parece cimentarse la mayor parte del corte, porque en lo que respecta a melodía, parece Kelly Clarkson que le ha dado un telele y se ha puesto a hacer pop/hip-hop electrónico.

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Cuando intentas comprender por qué gusta la música de Rita Ora

Y poco más se puede decir de la canción en sí, de estructura simple, diseñada para lo que es y originalidad 0. Aunque teniendo en cuenta la trayectoria de Rita Ora, esto suponga una renovación en su sonido hacia ámbitos más interesantes. Creo.

En cualquier caso, toca centrarse en el vídeo. La trama empieza con Rita con amigos en una escalera de botellón pasando el día, cuando pilla a un fotógrafo. Rita se encarama al hombre. Hasta aquí todo normal, pero al acercarse, el hombre le apunta una dirección a la que acude la cantante como si nada.

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Cuando en un examen no entiendes lo que te has apuntado en la chuleta

Quitando el hecho de que no tiene sentido seguir a un fotógrafo a un lugar que te dice, el vídeo empieza a cobrar otro matiz cuando se convierte en modelo suya, le hace una sesión de fotos que conlleva un momento en el que se enfrentan el fotógrafo y un amigo de la cantante. La cosa cobra un nuevo plot twist cuando la pobre Rita se encuentra al amigo semidesnudo en plena sesión de fotos con el fotógrafo. Rita Ora se siente traicionada y quema sus fotos.

Todo muy lógico, si consideramos “sesión de fotos” un eufemismo de “prácticas sexuales”, le podríamos encontrar al vídeo un significado lógico. O no. El caso es que el vídeo intenta dar un trasfondo a un tema del que poco más se puede sacar.

Crítica “The Desired Effect” de Brandon Flowers: El álbum hecho para gustar en el que canta Brandon Flowers

En 2010, Brandon Flowers daba comienzo a su carrera en solitario invitándonos a una odisea sonora por Las Vegas. Este canto a la ciudad de la que es oriundo es con el que abría aquel Flamingo, con la interesante Welcome To Fabulous Las Vegas. En cambio, The Desired Effect no nos transporta a un lugar, si no a un tiempo, en concreto, a los 80.

Vale, tal vez que en este blog se hable de reminiscencias ochenteras sea un concepto muy ambiguo/amplio, pero en este caso, Brandon Flowers lo deja patente. Se aleja tanto del indie-rock tranquilo de su Flamingo y del sonido rockero de The Killers. Abre una tercera vía, la de los sintetizadores, los vocoders, las percusiones electrónicas y las producciones de Ariel Rechtshaid, también conocido por ser el artífice del sonido de Haim o del del último álbum de Vampire Weekend.

Es decir, que nos vamos a encontrar 11 temas con un sonido divertido y bien pegadizo. Y es que este fue uno de los titulares que dio Brandon Flowers de este The Desired Effect, que cada uno de los temas podía ser un single, y no podía estar más de acuerdo. Ya desde un primer momento con Dreams Come True y su epicidad que se termina de traducir en su tramo final y el coro de “eh oh eh oh”.

Y es que, entre tanto cierto toque de sintetizadores hipsters, encontramos cabida a momentos más retro (y probablemente más hipsters todavía). Uno de estos momentos es Still Want Youque tiene una línea de teclado rápida que enseguida se queda en nuestra cabeza y un estribillo con unos coros que parecen sacados del movimiento soul de los años 60.

Pero, en líneas generales, The Desired Effect se mueve entre estas líneas. O la sobrexposición de sintetizadores (que eso no signifique que le siente mal), donde podemos tomar I Can Change Lonely Town con el vocoder que me ha ganado como temas más representativos de esta tendencia tan interesante por la que ha optado Brandon Flowers en este álbum. En contraposición, tenemos la parte del álbum con menos sintetizadores (y con esto no quiero insinuar su ausencia). Con temas que, salvo Diggin’ Up the Heart, uno de los temas que menos entran del álbum con una guitarra eléctrica muy distorsionado que no termina de cohesiones con el resto del álbum; empiezan con calma para llevarte a un panorama de energía que no esperabas en un principio, como Between Me and You Untagled Love, con un estribillo también muy fácil de llevar.

Esta última frase podría ser el resumen perfecto de The Desired Effect: es un disco muy fácil de seguir. Es cierto que juega con melodías facilonas que resultan simpáticas y amigables, pero también hay que destacar la apuesta por momentos más lejanos de la radiofórmula a la que estamos acostumbrados y que terminan de poner el broche de oro a un álbum que marca una nueva etapa en Brandon Flowers, como es el caso de la íntima The Way It’s Always Been, cuyo cierre protagonizado por instrumentos de viento da lugar a un tramo final del álbum con mucho cuerpo.

Porque a pesar de ser un álbum corto, con temas que fluctúan entre los 3 minutos y medio y los 4 minutos y medio en el caso de Between Me And You, así que hay poco espacio para la progresión; es un álbum directo, que va a matar, hablando en plata. Son temas que te llegan y están para quedarse. Desde que se estrenara hace un par de meses Can’t Deny My Love, todavía me sigue persiguiendo su estribillo explosivo y la voz de Brandon cantando “It’s driving me crazy, and you can try to lie, but you’e not gonna deny my love”.

En un álbum tan corto es difícil encontrar momentos en los que el artista se permita dudar, pero tal vez en este álbum tenga el nombre de Diggin’ Up The Heart. Es el tema en el que Brandon Flowers se permite experimentar con un sonido que, al lado del nivel que encontramos en el álbum, suena algo aparte. Empieza con lo que parece ser una guitarra eléctrica distorsionada y luego, en general, el tema poco ofrece. En algunos momentos, interesantes toques de claridad con sintetizadores sutiles, pero nada a reseñar.

Y sin más, podemos dirigirnos a la valoración del álbum.

Originalidad

En el álbum: Temas con gancho, que aunque tengan todos esa reminiscencia a lo retro, cada uno presenta una melodía inconfundible que enseguida te llega y permite diferenciarlo del resto. 1/1

Con respecto al resto: Aunque no es un sonido que esté en boca de muchos actualmente, si hay nombres bien conocidos que llevan esta tendencia, y culpa de ello la tiene el productor de este álbum. Es un álbum que suena a Haim Sky Ferreira, el peso de Brandon Flowers se encuentra en esos toques soul/rock clásico de los 60, pero se ve demasiado eclipsado por las capas de sintetizador y lucecicas, que hace que recuerde al sonido de artistas como los mencionados antes. 0,4/0,75

Con respecto a lo anterior del artista: Puestos a encontrar alguna similitud, como no comentemos algunos pasajes del Day and Age de The Killers, poco más vamos a sacar. En su carrera con su banda, no encontramos nada parecido a este sonido, y en el Flamingo de hace cinco años, menos aún. 0,75/0,75

Impresiones

Primera impresión: Con esa carta de presentación que fue Can’t Deny My Love, ya sabía que la sobriedad del anterior trabajo quedaba atrás para una nueva etapa, una nueva etapa que te atrapa enseguida a la primera escucha, cuando estás en plena euforia de estar escuchando el nuevo trabajo de Brandon Flowers y, por otro lado, estar flipando mientras  tarareas todos los temas. 1,5/1,5

-Tema a tema en profundidad/Impresión General: Pero claro, luego te pones a analizarlo todo en profundidad y la cosa cambia. Ves que Brandon Flowers abandona todo atisbo de indie-rock para pasarse a un indie-pop resultón, con poco artificio y que, de vez en cuando, nos recuerda que es efectivamente el cantante de The Killers quien está detrás del álbum, y no el hijo de los Pet Shop Boys (de los cuales hay un sample en I Can Change) o no es la versión masculina de Metric. Hay que ser sincero, el álbum cuenta con una producción excelente, pero le encuentro cierta falta de personalidad de parte de Brandon. Por lo demás, son temas que gustan y del que nos vamos a encontrar muchos singles, sin duda. 3/5

Lista de reproducción y compra: Me lo compraría por ser un interesante cambio de trayectoria de Brandon Flowers, y yo creo que ha quedado claro que muchos de los temas ya están en mi lista de reproducción. 1/1

Puntuación total: 7,65/10

The Desired Effect

Análisis del vídeo de “Pretty Girls” de Iggy Azalea y Britney Spears: Las divas del flop en un vídeo de igual calidad que sus carreras

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¿Qué podemos esperar del vídeo de un single cuya portada se presenta de esta manera? A medio camino entre la ficción de los años 80, las dos reinas actuales del flop, Iggy Azalea y Britney Spears, presentan una nueva colaboración con vídeo a juego. Y se complementan muy bien, porque si la calidad del single es más que deplorable, lo mismo podríamos decir del vídeo.

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Iggy con complejo de Yurena saliendo de una piscina

Es que ya desde el principio, un single de este calibre estaba más bien destinado al fracaso. Por un lado Iggy, una de las raperas más odiadas del mercado americano (vale, Fancy tuvo su lugar, pero su álbum debut fue un auténtico flop); y por otro lado, Britney Spears, que aún se pregunta qué ha salido mal de Britney Jean mientras veo su videografía en su salón comiendo helado. Y es que el video parece tomar lugar en principios de década de los 2000, cuando Britney estaba en boga y los bailes sincronizados diva del pop/conjunto aún más. Esto solo sirve para darle un punto más de “¿Pero por qué?” al vídeo.

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Cuando recuerdas tu años de bonanza vendiendo discos

En lo que respecta a la temática del vídeo, encontramos a Britney que, o bien es una madre con una crisis de madurez que intenta volver a su juventud bajo toda costa, o la han caracterizado muy mal de adolescente. En cualquier caso, se hace amiga de Iggy, que es una alienígena (si fuese australiano, me lo tomaría como una ofensa, porque fuera de contexto puedes llegar a que afirman que Australia está en otro país). En cualquier caso, se hacen súper amigas, van juntas al lavadero de coches, Britney le presentan a Iggy a sus amigas, se van de fiesta… Y al final acaban siendo abducidas. Pero ojo, que la escena se corta ahí para darle cierta intríngulis a los seguidores de ambas cantantes… si lo hay.

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Cuando imitas a Rebeca “duro de pelar” y pones una pose sexy para la cámara

Y por lo demás, el vídeo tiene el mismo trasfondo que la carrera de Iggy Azalea, ninguno. Planos de las amigas en el coche jugando (¡poniendo en peligro la seguridad vial!), de fiesta con sus bailes, con los efectos que en ocasiones rozan lo muy profesional y en otro lo amateur/¿pero por qué haces esto?“. En fin, de este nuevo single no cabe esperar mayor repercusión mediática a nivel de ventas. Hemos hablado del vídeo, pero en lo que respecta al tema, es repetitiva, no ofrece nada nuevo y la parte vocal no suena a ninguna de las dos… lo cual no sé si es una ventaja o un inconveniente.

Leona Lewis levanta cabeza con “Fire Under My Feet”, su single de regreso

Tal vez, en el caso de Leona Lewis, no se pueda hablar de “regreso” al uso. Su álbum más reciente, Glassheart, data del 2012, pero no fue tan aclamado por el público como ella esperaba, o al menos, como lo fueron en su día Spirit Echo, los álbumes que la coronaron como cantante de R&B y no como juguete roto sacado del X Factor británico.

En cualquier caso, la apuesta a la electrónica mainstream de sonidos que en ocasiones se acercaban al dubstep y en ocasiones recordaban a la época R&B que traía de serie (todo ello con el fuerte peso de Ryan Tedder en la producción) no consiguió copar grandes puestos en las listas, y para uno que lo hace, Collide, trajo consigo algunos problemas legales en torno a la autoría del mismo por tratarse de una base del productor sueco Avicii.

Pero dejemos el pasado donde está y centrémonos en el futuro de la cantante, que pinta muy brillante. Y para muestra un botón, este fantástico Fire Under My Feet:

No nos descubre la pólvora, pero resulta una evolución interesante en la carrera musical de Leona. Atrás quedan los momentos de echarse a llorar de los primeros álbumes y el toque club del último. La británica vuelve con un estilo que mezcla soul y rock en una mezcla ávida de percusiones simples y fáciles de llevar y un máximo protagonismo de su voz. Podría señalar cierto recuerdo al nuevo camino que está tomando Clare Maguire en su producción.

En cualquier caso, me gusta el nuevo camino que está emprendiendo Leona Lewis. Habrá que esperar para ver con qué se nos presenta en futuras entregas, a ver si aparece con un material de esta calidad, que resulte pegadizo y ameno, sin meterse en la electrónica que le queda algo grande.