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La esperanza que irradia el arcoiris de Kesha

Me atrevería a decir que Kesha fue una de las artistas pop que marcó mi adolescencia (y probablemente la de muchos otros que tengan mi edad). Aquel “Tik Tok” con el que se presentó al mundo aún resuena en mi cabeza. Luego vino aquel “Animals” y terminé por caer rendido ante aquellas “Your Love Is My Drug” “Take It Off”, temas que no podía dejar de escuchar.

Pero el tiempo pasó y mis gustos evolucionaron. Por desgracia, Kesha no pudo explorar nuevos horizontes en su música por verse sometida a la dirección artística de Dr. Luke, su supuesto acosador sexual. Kesha ha pasado la peor etapa de su vida, pero por suerte, ha vuelto más fuerte que nunca con un trabajo para admirar. “Rainbow” es el tercer lanzamiento discográfico de la cantante y cabe decir que me ha sorprendido gratamente que haya aparecido firmando un pop orgánico de influencia country más que destacable. Aquí abajo tenéis crítica en vídeo y, en este enlace el texto completo en El Quinto Beatle.

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Hippo Campus han hecho de “Landmark” un debut más que sólido

Hace unos meses descubrí a Hippo Campus con “South” , y me sorprendieron gratamente con este un EP que te atacaba sin miramientos. Pero resultó cuanto menos curioso comprobar después de escucharlo que estas melodías fueron confeccionadas por cuatro chicos que buscaban abrirse espacio en la escena musical a golpe de power pop, melodías brillantes y mucha energía.

El debut se ha titulado “Landmark” y llegó a finales de febrero. Es cierto que se han amilanado queriendo dar un paso adelante en su producción perdiendo parte de esa energía desbocada con la que contaban en temas anteriores en aras de entregar cortes de un pop más maduro, pero uno no puede hacer más que salir contento de escuchar este álbum.

Os lo recomiendo con creces, será un buen disco de este 2017 y, desde luego, una buena primera referencia para Hippo Campus. La crítica que le hice para El Quinto Beatle la podéis encontrar aquí.

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Hippo Campus – “Landmark” (GRAND JURY (RED), 2017)

Por qué Bon Iver me emociona otra vez en “22, A Million”

Era cerca de la una de la mañana de un sábado cuando volví a casa y decidí que ese era el momento de escuchar el disco, una semana después de haberse estrenado. Una semana en la que estuve indagando en su obra: en su etapa como Justin Vernon, en sus álbumes con Volcano Choir, sus escapadas con James Blake Kanye West o los experimentos bizarros con Jason Feathers Gayngs. 

Pero todos estos escarcios siempre se veían algo ensombrecidos por el momento clave de la carrera del músico.Pensaba en la cabaña al noroeste de Eau Claire donde entró Justin Vernon y salió Bon Iver con For Emma, Forever Ago“. El nacimiento del mito. La mezcla de soledad, folk y falsetes que marcó al mundo y al propio Vernon. A partir de entonces tuvo una pauta para seguir: hacer canciones que reflejasen sus inseguridades y sentimientos desde un punto de vista que ora abraza lo abstracto, ora te agarra de la camisa y te zarandea para que captes cada ápice del mensaje (oh, ‘Skinny Love’).

Ahora llega un nuevo hito: “22, A Million”. ¿Qué quedaba por hacer después de haberte asentado como genio y figura del alt-folk con ese debut y el posterior “Bon Iver Bon Iver”? Ni él mismo lo sabía. Y se notan los ataques de ansiedad que sufrió por ello. Este es un álbum que, aunque a nivel melódico sea explosivo, vanguardista e innovador con la introducción de una vena más electrónica bajo la que subyacen capas discretas de folk, si miramos a las letras, aún vemos al hombre que hace años se planteaba qué era el amor y se metió en una cabaña a hacer canciones como si de una prescripción médica se tratara. ¿La única diferencia? La madurez y un cambio de perspectiva que hace que, además de mirar al pasado y hable sobre él, mire al futuro y al devenir. Canta a la soledad futura, no a la presente o a la pasada. Canta desgarrado, canta con vocoder, canta con melodías en ocasiones ininteligibles por la superposición vocal, pero lo importante es lo que subyace: un mensaje de sinceridad y profunda reflexión sobre la dualidad del ser humano.

Es, una vez más, la expulsión de los demonios de Vernon, la apertura en canal de un artista, el dejarte entrar en él a veces con melodías complicadas y recargadas y a veces bastándole un vocoder al más puro estilo Imogen Heap. Es la soledad en la inmensidad. Es el uno entre un millón. Es el motivo por el que me emociona este álbum: serlo todo y a la vez nada. Pero para un análisis mucho más exhaustivo, aquí la crítica que hice hace una semana para El Quinto Beatle.

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Bon Iver – “22 A Million” (2016, Jagjaguwar)

Crítica “Blackstar” de David Bowie: Cuando te vas por la puerta grande en un mar de art-rock

Pasa algo cuando intentas hacer una crítica del último álbum de un artista que lleva sacando trabajos desde 1967 de los cuales sólo has oído sus mejores momentos. Y, en mi caso, “The Next Day”, al que le di un par de vueltas en su momento.

Así que partimos de esas referencias. Unas referencias que me han permitido dar fe de lo que fue en su momento David Bowie, las personalidades tan distintas que había en su producción, su carácter innovador y su estado de Dios de la música. En “Blackstar” solo tenía que demostrar que seguía siendo él mismo. Ese espíritu que nada a contracorriente en las tendencias y que sabe coger lo mejor de cada casa y hacer de ello su bandera.

“Blackstar” es un álbum que consigue dar una vuelta a lo que nos presentó en su comeback de 2013. Si aquel álbum estaba lleno de riffs de guitarra eléctrica con momentos muy interesantes pero sobre el que volaba la sombra de ser un intento de rejuvenecer a un artista, en “Blackstar” decide recoger toda su experiencia y entregarla en un bote que lleva por etiqueta la madurez y la libertad de poder hacer lo que quiera. No todos pueden abrir un álbum con un tema de 9 minutos y conseguir que sea de lo más apetecible del álbum.

Me remito de nuevo al término libertad, un aspecto que encontramos tanto a nivel melódico como a nivel lírico, del cual trataré más adelante. Es un álbum que ha sido etiquetado muy ciertamente de art-rock y jazz experimental. Esto es debido a la amalgama de sonidos que encontramos, desde momentos más rockeros como en ’Tis a Pity She Was a Whore’ o ‘Girl Loves Me’, a los momentos de saxofón tan mágicos que aparecen en ‘Blackstar’ o ‘Lazarus’, la sección más electrónica que es ‘I Can’t Give Everything Away’ o ese momento más breakcore en el cierre de ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’. Y con esto acabo de repasar los siete temas que componen este álbum, de estilos tan diferentes pero que tienen ese toque Bowie que consigue mantenerlos coherentes.

Por terminar de tratar el apartado melódico, es un álbum de 41 minutos y 7 cortes que resulta muy fácil de digerir. Sabe jugar muy bien con los momentos de mayor y menor intensidad haciendo que el oyente se encuentre cómodo. Por ejemplo, poner entre ’Tis a Pity She Was a Whore’ y ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’ otro de los temas bandera de este álbum como es ‘Lazarus’, es una excelente decisión, al crear una transición entre dos de los temas que mantienen una estética más similar, culpa de ello la tendrá el hecho de que fueron temas ya lanzados en 2014. La recta final y la manera en la que transicionan ‘Dollar Days’ y ‘I Can’t Give Everything Away’  es digna de mención, siendo este último tema un acertado broche de oro. Algunos momentos que me han hecho guiñar un ojo de incertidumbre es la introducción de ‘Girl Loves Me’ con un Bowie con una parte vocal que resulta extraña las primeras veces, tanto por la producción en sí como por el hecho de cantar en el dialecto usado en La Naranja Mecánica; aunque con el paso de las escuchas, acaba resultando del todo hipnótica con una interesante mezcla melodía-letra.

Y ahora, hablemos de la letra. En ella encontramos a dos David Bowie, por decirlo de algún modo. Uno que lleva su vena más de artista, el mero entrepreneur, que habla de temáticas en las que no busca la personalización. Habla de un “yo” metafórico que puede o no ser referencia directa a su persona. Pero es entonces cuando encontramos el trasfondo de este álbum: la realidad, la de que David Bowie se moría y lo sabía. Los oyentes escuchábamos una temática que jugaba con la vida y con la muerte, pero lo asociábamos a un mero aspecto de madurez y nuevas preocupaciones: el dejar de hablar de las ideas de sus personajes y poner en su propia boca las suyas. Pero no dejábamos de pensar que serían pensamientos que uno tiene en cualquier momento. Como en todos sitios se ha dicho, este aspecto cobra un nuevo sentido a la muerte del artista. El ejemplo más claro donde se ve esto: ‘Lazarus’ y la apertura con “look up here, I’m in heaven, I’ve got scars that can’t be seen”.

En resumen, una obra con la que David Bowie se despide por la puerta grande, con un estilo original y propio y con el que deja patente a nivel lírico lo que vivía él mismo en sus últimos momentos, dejando a parte personajes y demás personalidades. En este aspecto, es un álbum auténtico del que poco más podemos decir, así que pasemos a la valoración:

Originalidad:

-En el álbum: Juega de una manera muy interesante creando transiciones entre aquellos temas que se puedan parecer más para dar tiempo a asimilarlos. Y por otro lado, en cada tema somos partícipes de algo nuevo, algo difícil de conseguir cuando lo primero que te encuentras es una obra de diez minutos de duración. En el resto del álbum encontramos oportunas referencias estilísticas a este primer tema, pero en ningún momento crean momentos de confusión y resulta del todo agradable. 1/1.

Con respecto al resto: Es Bowie, debería ser sinónimo de originalidad con el resto del mundo. 0,75/0,75.

Con respecto a lo anterior del artista: Atrás quedaron épocas de glam y épocas más rockeras a la antigua usanza. Lo mismo con los momentos más electrónicos. Un álbum nuevo en el panorama y nuevo en la propia producción del músico. 0,75/0,75.

Impresiones:

-Primera impresión: Un álbum que me resultó agradable desde el primer momento, que consiguió convencerme para darle múltiples escuchas el mismo fin de semana que salió. Ya mencionaba con anterioridad ese momento que te hace guiñar un ojo en un primer momento, pero son momentos minoritarios. 1,2/1,5.

-Tema a tema en profundidad/Impresión general: Cortes con una producción intachable y de los que quiero destacar el apartado instrumental, sobre todo en ‘Blackstar’ y ‘Lazarus’, con dos cierres que hace que se desvanezca la escena en un mar de instrumentación de viento y guitarras eléctricas. En lo que respecta al resto, me parece que ha encontrado un muy bien equilibrio y ha sabido innovar sin pasarse de rosca. Hay algunos momentos que hacen que me impidan ponerle la máxima nota, pero en definitiva es un must que hay que escuchar. 4,5/5

Lista de reproducción y compra: La mayoría forman parte de mi lista de reproducción, incluso ‘Blackstar’, donde la longitud no supone en absoluto un handicap. Y evidentemente me lo compraría, tanto por su estilo como para lo que representa en la producción de David Bowie. 1/1.

Puntuación Total: 9,3/10

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David Bowie – “Blackstar” (2016, ISO)

Crítica “A Head Full Of Dreams” de Coldplay: Mucho delirio de grandeza y poco Coldplay

A todos nos entra un momento en el que queremos demostrar que aún somos jóvenes, que seguimos gustando. A algunos les llega a los 40, a los 50, y a otros como Coldplay, cuando llevan 6 álbumes de estudio que han alcanzado el puesto más alto en Billboard y más de 15 años de trayectoria musical.

Sienten la necesidad de reafirmarse con cosas nuevas. Digamos “nuevas”, porque en este A Head Full Of Dreamslo que nos encontramos son unos Coldplay que, tal vez faltos de ideas, de ganas o de todo un poco, relegan la labor de producción en Rik Simpson (que llevaba colaborando con los de Chris Martin desde tiempos de Viva la Vida) y el dúo noruego Stargate, que sobre todo han producido a artistas de la radiofórmula como Rihanna o Alessia Cara.

Esta labor de producción ha sido la encargada de recoger lo que ha marcado la trayectoria de Coldplay estos últimos años donde habían abandonado todo intimismo existente y (volver a) convertirlos en lo que son: una fábrica de himnos. Para ello están los “oooh’s” de ‘Adventure Of A Lifetimey ‘A Head Full Of Dreams, para recordarnos que, después de Ghost Stories, Coldplay andaban faltos de temas que hiciera que la gente cantase con ellos. Necesitaban nuevos himnos con intensitos, con ganas de hacer a su público saltar y cantar con ellos.

Tal vez sea uno de los peores puntos de este álbum: su carácter previsible. La constante sensación de que vas a tener un equilibrio completo en el álbum. Quiero decir, escuchas A Head Full Of Dreamsy sus ínfulas de llena estadios, de soltar serpentinas en directo, de tener a un Chris Martin que da saltos por el escenario, y después Birds, un tema algo más tranquilo que mantiene ese carácter colorido y analógico para saber que todo el disco va a ser igual. Hay poco espacio para la sorpresa. Bueno, voy a señalar la segunda mitad de Army Of Onecomo una perla oculta, donde se pasa de un tema con un cuerpo brutal y envolvente a una cara-B más lo-fi electrónica que resulta una delicia, la verdad.

Quiero hacer otra vez mención a la producción y a la ausencia de la propia banda en este aspecto. porque hubo un álbum en el que también se mantuvieron al margen en este aspecto: Mylo Xyloto. Sí, ese. El álbum que supuso el punto de inflexión de Coldplay, el que ha sido odiado y aplaudido a partes iguales. En el que abandonaron señas de identidad propias para abrazar una radiofórmula que les hiciera recrear el éxito que cosecharon con Viva La Vida’. Ahí tenían las ganas y a Brian Eno y Jon Hopkins para frenarles de vez en cuando, en Mylo Xylotola combinación Markus Dravs. Daniel Green, Rik Simpson y los arreglos de Coldplay hizo de este álbum un intento de asaltar la escena musical a base de un indie-rock/electro-rock/bubblegum-ish que aunque intentara compensar con momentos más acústicos, estos al final eran eclipsados por los excesos de sintetizador y colorines.

Y en este aspecto, podríamos considerar A Head Full Of Dreamsel hermano mayor de Mylo Xyloto, que ya ha pasado la adolescencia y está sentando cabeza. Hay momentos que hacen establecer semejanzas entre los dos álbumes, como la apertura intensa y de punteos de guitarra eléctrica de la propia A Head Full Of Dreamscon Hurts Like Heaven, pero en estilo me quedo con este nuevo álbum, aunque hayan sacrificado la capacidad de hacer hits que tuvieran antes. Esto ya lo mencionaba antes que es un fallo del disco: la impresión de tener a unos Coldplay vendiendo singles cuando no tienen ninguno con posibilidades.

Hablemos del estilo para hacernos una idea. Todo es un uptempo constante, protagonizado por baterías electrónicas, punteos ocasionales, la voz de Chris Martin y sus “oooh’s” y un trasfondo en los temas de bajo y sintetizadores “ocultos” que visten mucho al disco. Luego, a destacar, Hymn For The Weekendy su inicio de naturaleza que sobra completamente y que podría haber hecho de la colaboración con Beyoncé algo más rápido y accesible (porque es un tema que exige radio-edit desde luego); el inicio algo incoherente de ‘Adventure Of A Lifetimeque al cabo de las escuchas gana mucho y la aparición de Obama en Kaleidoscope’, algo que todavía no consigo explicar y que no aporta nada al álbum. Si el objetivo era crear pasajes de transición, la fórmula usada en Mylo Xylotoo incluso en los cierres de los temas y los inicios de otros de Ghost Storieshubiese estado mejor.

Y no nos podemos olvidar del predecesor de este álbum. Porque entre tanto himno bailable, tanta palma que hace pensar en las mejores pistas disco y tantos momentos intensitos, encontramos Everglow’, el tema en el que aparece Gwyneth Paltrow y que se anunció como un featuring brutal que al final no termina de ser una aparición de la amiga en forma de (sorpresa) “oooh” algo distorsionado. Pero esa no es la cuestión. Recordemos que Ghost Storiesvenía influenciado por la ruptura de Chris Martin con la misma mujer que aparece en este nuevo tema, y toda esta temática y el querer recordar a su álbum anterior hace acordarse de ello: un carácter más íntimo y personal con un estilo que bien podría haber sido un remix animado de un tema firmado por Sam Smith.

Pero volvemos a lo mismo, son cosas que al final poco aportan y quedan para el recuerdo y para el disfrute del que lee el libreto y dice “anda mira”. Como la aparición de un coro en el cierre uplifting ‘Up&Up‘ en el que encontramos a los miembros de la banda más respectivas parejas más respectivos hijos. Un tema que, por cierto, cierra con bastante dignidad el álbum dejando con ganas de más.

Y por último: la accesibilidad. Este es un disco que ha costado que entre. Que si, que A Head Full Of Dreamsy Adventure Of A Lifetime se me quedaron a la primera, los pude bailar enseguida y reconozco sus melodías, pero el resto de temas se me confunden en una nebulosa de música electrónica y “oooh’s” que no consigo distinguir. Hymn For The Weekendcon su carácter intenso con trompetas en el estribillo que hace pensar más en Beyoncé que en Coldplay acabó por calar, pero bien puede ser por la falta de momentos memorables o por el carácter tan mainstream de este disco que no me termina de dejar un buen sabor de boca.

En fin, si no hay más dudas, podemos pasar a la valoración del álbum:

Originalidad:

En el álbum: Tiene algunos momentos en los que el álbum parece destacar entre el resto, pero noto cierta literalidad, y aún habiéndolo escuchado varias veces, sigo teniendo la misma sensación. Dejémoslo en un 0,4/1

Con respecto al resto: Coldplay sabe mantener cierta esencia propia, y es cierto que, aunque cae en una sonido radio-friendly, en conjunto no parece querer imitar a otros artistas. 0,75/0,75

Con respecto a lo anterior: Es un álbum que coge los clásicos intensitos de su producción anterior para pasarlo por el filtro de Mylo Xyloto  con toda la experiencia que han podido pillar por el camino. Aunque esa sombra es alargada, podríamos diferenciar el sonido de este A Head Full Of Dreamscon la etiqueta de “lo menos Coldplay hasta la fecha”, lo cual tiene que significar algo en este apartado 0,5/0,75

Impresiones:

Primera impresión: Mucho baile, mucho momento agradable y mucho momento WTF. Aunque no me pude quejar en la primera escucha, ya notaba detalles de que tal vez no era lo mejor de Coldplay hasta la fecha 0,5/1

Tema a tema en profundidad/Impresión General: No dejas de preguntarte a lo largo del disco los motivos que han llevado a Coldplay actuar de esta manera. Al final acabas cayendo en que pueden hacer lo que les dé la gana, porque saben que van a triunfar, y tal vez este exceso de confianza les haya llevado a hacer un álbum donde la sombra del “meh” está muy presente. Y es algo irónico ir pensando esto con temas como ‘Army Of One’ que suena tan chicloso como bien producido como está, siendo su cuerpo de sintetizadores uno de los momentos que más me ha gustado, y esa cara B tan molona que tiene, hablando claramente. Como decía, un disco que busca el equilibrio, el “hacemos esto y luego nos relajamos para compensar”. Tal vez me equivoque, pero eso es lo que saco yo al escuchar el disco 2/5

-Lista de reproducción y compra: Indudablemente, ‘A Head Full Of Dreams’ y ‘Adventure Of A Lifetime’  forman ya parte de mi lista habitual, pero no les auguro tanto futuro como con temas como ‘Viva La Vida’  o ‘Paradise’, que tenían algo de longevos. Y con respecto a la compra, viene bien si quieres tener uno de los discos más flojos y más producidos de, y no por, Coldplay. 0,5/1.

Puntuación Total: 4,65/10

A Head Full Of Dreams

Crítica “Surrender” de Hurts: No lo llames rendición, llámalo innovación a todo color

¿Qué tal estáis Theo y Adam? Hace tiempo que no sabía de vosotros, ¿Todo bien? Aquí todo perfecto, pero estamos para hablar de vosotros. ¿Así que dejamos la oscuridad aparcada por fin? Vaya, lo echaremos de menos, pero entendemos que habéis cerrado una etapa que ha durado dos álbumes y uno tiende a salir del agujero, normal.

Pero es increíble, porque ya desde la portada lo habéis dejado claro. Seguís con los trajes oscuros para recordarnos que, parece mentira, seguís siendo los mismos a pesar de todo el colorido rosa de la portada, que parece que se extiende a todo vuestro “Surrender”. 

Venga, admitid ya que el rollo “surrender” es porque habéis claudicado de oscuridad y os habéis rendido a un synthpop más claro. No me lo neguéis, que el primer ejemplo claro es ‘Why’ y su melodía machacona y simple de sintes y vocoder final que parece prestado de Daft Punk. Porque ya lo de encerraros en habitaciones oscuras para componer lo habéis dejado atrás, ¿no? Porque  no creo que salga una melodía con ese buen rollo disco años 80 en ‘Lights’ (uno de mis temas favoritos, que no se me olvide decíroslo amigos).

¿Os acordáis que me llevaba las manos a la cabeza en “Exile” cuando escuché por primera vez ‘Blind’? Aún lo sigo haciendo, de vez en cuando, pero os tengo que agradecer que, puestos a tirar por un synthpop más popero, lo hayáis agarrado bien en esta ocasión. Si es que, de verdad que os ha sentado bien estos dos años de composición en el que habéis aprendido hasta la fórmula del europop en ‘Nothing Will Be Bigger Than Us’.

Pero queridos míos, antes me resultaba fácil ubicar vuestro estilo en un synthpop oscuro, pero ya no sé qué pensar. No os voy a dar el gusto o el disgusto de calificaros de mainstream, porque aunque lo intentéis, la impronta es la que hay. No, no discutáis, porque ‘Rolling Stone’ es un interesante momento best of both world con ese estribillo en el que cantáis “She said her dado was an alcoholic//And her mother was an animal/Now she’s living like a rolling stone”. ¿Habéis pasado la oscuridad de vuestras melodías a las letras? Os tengo que decir que, por mucho momentos de violín que metéis, y da buen empaque ojo, la melodía en el estribillo me choca mucho con la tristeza de vuestra letra.

Tengo que aplaudir las diferentes facetas que lucís en este disco, amigos míos. Estoy hablando mucho del desmelene synthpop-colorido que habéis tenido, pero tenéis sitio para todo. Por un lado, momentos en los que descansáis un poco, medio-tiempos que llevan esa estética mainstream (con referencia a vuestros anteriores trabajos, claro) como son ‘Slow’ o ‘Weight Of The World, donde toda la energía que falta en la melodía la vuelca Theo en la parte vocal. Genial en ese aspecto.

Y la última parte que quería comentaros es esa en la que os volvéis más formales. Un poquito al menos, ¿vale? ‘Wings’ es un buen ejemplo, aunque si queremos hablar de intimismo y formalidad máximos tenemos que mencionar a ‘Wish’.. Pero qué podemos decir de esa balada a piano que os habéis marcado en ‘Wish’ que consiga llegar al nivel del tema. Bueno, podemos decir algo: ‘Policewoman’. ¿El órgano en el que se basa la melodía es el mismo que el de ‘Fix You’ de Coldplay? Da igual, lo habéis conseguido ahí. Ese canto a la mujer de turno, policía o no que te protege de tus pesadillas es muy buen cierre. Ese inicio lento para que luego llegue a una explosión controlada al final es digno de mención.

Muy bien.

Pero imagino que queréis algo concreto con lo que pueda describir vuestro disco, ¿verdad? No hay mejor ejemplo que el que habéis hecho vosotros en el vídeo de ‘Lights’. Este disco es la mezcla de coger a un Brandon Flowers (en solitario y en su último disco es la condición que pongo) borracho y resacoso al día siguiente con David Lynch. Es decir, una base 80’s de colores muy fácilmente identificable con momentos que no sabes de dónde vienen pero en lugar de espantarte hace que te quedes. Un disco que te hace bailar (Theo, ¿cómo es que te nos has hecho bailarín? Hay que ponerse al día más a menudo oye) como reflexionar. Aunque bien es cierto que dura más la noche de alcohol y melodías bailables que la resaca de arrepentimiento, está bastante bien equilibrado.

Y hacía tiempo que no hacía una crítica musical y quería volver con vosotros, que nos conocemos de hace tiempo y os tenía controlados, Hurts. Ahora que nadie nos oye, os voy a valorar el disco. Es un trámite que hay que hacer, lo siento chicos. Ah, y no lo toméis demasiado en cuenta si no sale lo que esperabais.

En la originalidad en el álbum os voy a poner un 0,75/1, porque me parece que habéis conseguido crear temas independientes aunque sigan esta línea común de synthpop nueva para vosotros. Con respecto al resto os voy a poner un 0,5/0,75, aunque hacéis la regresión a la vena ochentera a vuestra manera, es algo ya que agota un poco. Siempre gusta, pero acaba saturando. Y, lógicamente, se os ha ido la cabeza y habéis venido con algo totalmente nuevo en vosotros, así que con respecto a vuestra producción anterior, un 0,75/0,75.

¿Vamos bien? Ya queda poco. Como primera impresión os tengo que decir que lo he comprado a los tres minutos de escucha. No ha habido ningún momento que me haya hecho huir a la primera, así que 1,5/1,5. Esto es duro, pero en impresión general lo dejo en un 3/5. Veo temas muy bien construidos, con una instrumentación original y melodías pegadizas, pero hay momentos en los que noto que perdéis la personalidad. Veo un sacrificio no correspondido con “vamos a conseguir un tema pegadizo a base de ser otros”. El momento europop de ‘Nothing Will Be Bigger Than Us’ me ha matado. No me quito el estribillo de la cabeza, pero es un momento que analizándolo profundamente duele un poco a los que os hemos seguido. Eso sí, los medio tiempos que cierran el álbum y, ‘Lights’ se han encargado de subir la nota aquí. Obviamente va a formar parte de mi lista de reproducción algún tiempo, pero con la compra tengo dudas. Es un paso interesante en vuestra carrera, pero a nivel global no veo demasiada innovación. Lo dejo en un 0,75/1.

Hago las cuentas y sale que tenéis un 7,25/10, ¿qué os parece? Siempre tenéis la oportunidad de subir esta nota con los directos, para ver cómo casáis vuestra nueva producción con temas como ‘Wonderful Life’. En ese aspecto espero contar con ayuda de alguien que me cuente como os estáis portando en esta gira. Pero Theo, piensa que si haces el baile de ‘Lights’ o alguna coreografía más, tendrás mis puntos.

Y bueno, yo creo que no tengo nada más que deciros. Se os ve contentos con este álbum, no os voy a engañar. Os sienta bien salir de la oscuridad y del exilio. Vosotros lo llamáis “rendirse”, yo le digo “renovación”.

Mané

La mini-crítica del mini-álbum: FKA Twigs y “M3LL155X”

Dancing on my own era la premisa de Robyn, hace unos pocos años. Desde que conocimos a FKA Twigs y a sus puestas en escena, sabemos que estas cuatro palabras van un paso más allá. Encontramos a una artista en su empeño de bailar su propia música, aunque esta sea difícil de poner con coreografía. Y es que, desde el estreno de aquel LP1 de carácter espacial y extrasensorial, que por concretarlo de alguna manera, vendría a ser un r&b electrónico, con toques de trip-hop, vanguardias… 

En definitiva, una apuesta muy interesante con la que consiguió conquistar a gran parte del público y de la crítica, y a la cual da una nueva vuelta de tuerca en este M3LL155X. Seguimos encontrando ese toque de sensualidad que vienen en gran parte por los vocales frágiles y agudos de Tahliah Debrett Barnett, si bien algo ocultos por capas de oscuridad que vienen de la mano de sintetizadores que quiebran la atmósfera del tema. Por ejemplo, Figure 8, con un inicio que bien podría haber venido del Biophilia de Björk, encuentra unos momentos de explosión protagonizados por guitarras eléctricas desgarradoras muy del estilo de Son Lux en su último álbum, Bones; o momentos en los que la melodía base se ve adornada por la voz de Tahliah expuesta a numerosos efectos que se enfrentan unos con los otros.

Y en resumidas cuentas, esta es la tónica que toma en estos 5 temas. Cortes que exploran una mayor oscuridad, de instrumentación densa y pesada, idónea para que FKA Twigs la acompañe de sus movimientos tan sensuales e hipnotizantes. Si bien, en In Time encontramos cierta línea de sintetizador que intenta aportar algo de claridad a la escena, se ve de nuevo oculta por los efectos que la pueblan. Sin embargo, tiene un cierto toque oriental, tanto a nivel de ritmo como a nivel melódico en el estribillo, que resulta imposible dejar de escucharla. Glass & Patron sería el máximo exponente del sonido experimental que intenta mostrar el álbum, en contraposición con el sonido “más accesible” del ya mencionado In Time o la medio-tiempo que es I’m Your Doll. El tema que cierra este EP, Mothercreep, se encarga de crear una conclusión a este conjunto de temas, terminando de ligarlos y aliviar una ligera descompensión que habría podido existir entre tanto experimentalismo y momentos de deriva melódica.

A nivel lírico, la letra de estos temas no intenta profundizar en nada. Quiero decir, encontramos cierto peso de los sentimientos relacionados con el amorsensación de superación a partir de situaciones pasadas… Sin embargo, y aunque encontramos ejemplos muy claros como “Stop playing with those other girls It makes me jealous baby” en I’m Your Doll, el resto de interpretaciones quedarán en el oyente y lo que quiera interpretar.

Sin embargo, contamos con algo más de este EP, y es que tenemos un vídeo con los cuatro primeros temas del EP en el que FKA Twigs explora los territorios del abuso de la mujer, rozando la esclavitud sexual, el embarazo provocado a raíz de estas situaciones y las emociones a posteriori. Es un vídeo que, desde luego, termina de hilar todos los temas de este mini-álbum, a pesar de que Mothercreep se quede fuera.

En este caso, me voy a abstener de ponerle nota a este mini-álbum, ya que el problema con FKA Twigs es que o te gusta o la odias profundamente. En mi caso, estoy en el primer supuesto, así que este EP lo encuentro una pieza deliciosa que puede llevar a la británica a la categoría de granDiosa de este 2015.