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La esperanza que irradia el arcoiris de Kesha

Me atrevería a decir que Kesha fue una de las artistas pop que marcó mi adolescencia (y probablemente la de muchos otros que tengan mi edad). Aquel “Tik Tok” con el que se presentó al mundo aún resuena en mi cabeza. Luego vino aquel “Animals” y terminé por caer rendido ante aquellas “Your Love Is My Drug” “Take It Off”, temas que no podía dejar de escuchar.

Pero el tiempo pasó y mis gustos evolucionaron. Por desgracia, Kesha no pudo explorar nuevos horizontes en su música por verse sometida a la dirección artística de Dr. Luke, su supuesto acosador sexual. Kesha ha pasado la peor etapa de su vida, pero por suerte, ha vuelto más fuerte que nunca con un trabajo para admirar. “Rainbow” es el tercer lanzamiento discográfico de la cantante y cabe decir que me ha sorprendido gratamente que haya aparecido firmando un pop orgánico de influencia country más que destacable. Aquí abajo tenéis crítica en vídeo y, en este enlace el texto completo en El Quinto Beatle.

Hippo Campus han hecho de “Landmark” un debut más que sólido

Hace unos meses descubrí a Hippo Campus con “South” , y me sorprendieron gratamente con este un EP que te atacaba sin miramientos. Pero resultó cuanto menos curioso comprobar después de escucharlo que estas melodías fueron confeccionadas por cuatro chicos que buscaban abrirse espacio en la escena musical a golpe de power pop, melodías brillantes y mucha energía.

El debut se ha titulado “Landmark” y llegó a finales de febrero. Es cierto que se han amilanado queriendo dar un paso adelante en su producción perdiendo parte de esa energía desbocada con la que contaban en temas anteriores en aras de entregar cortes de un pop más maduro, pero uno no puede hacer más que salir contento de escuchar este álbum.

Os lo recomiendo con creces, será un buen disco de este 2017 y, desde luego, una buena primera referencia para Hippo Campus. La crítica que le hice para El Quinto Beatle la podéis encontrar aquí.

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Hippo Campus – “Landmark” (GRAND JURY (RED), 2017)

Por qué Bon Iver me emociona otra vez en “22, A Million”

Era cerca de la una de la mañana de un sábado cuando volví a casa y decidí que ese era el momento de escuchar el disco, una semana después de haberse estrenado. Una semana en la que estuve indagando en su obra: en su etapa como Justin Vernon, en sus álbumes con Volcano Choir, sus escapadas con James Blake Kanye West o los experimentos bizarros con Jason Feathers Gayngs. 

Pero todos estos escarcios siempre se veían algo ensombrecidos por el momento clave de la carrera del músico.Pensaba en la cabaña al noroeste de Eau Claire donde entró Justin Vernon y salió Bon Iver con For Emma, Forever Ago“. El nacimiento del mito. La mezcla de soledad, folk y falsetes que marcó al mundo y al propio Vernon. A partir de entonces tuvo una pauta para seguir: hacer canciones que reflejasen sus inseguridades y sentimientos desde un punto de vista que ora abraza lo abstracto, ora te agarra de la camisa y te zarandea para que captes cada ápice del mensaje (oh, ‘Skinny Love’).

Ahora llega un nuevo hito: “22, A Million”. ¿Qué quedaba por hacer después de haberte asentado como genio y figura del alt-folk con ese debut y el posterior “Bon Iver Bon Iver”? Ni él mismo lo sabía. Y se notan los ataques de ansiedad que sufrió por ello. Este es un álbum que, aunque a nivel melódico sea explosivo, vanguardista e innovador con la introducción de una vena más electrónica bajo la que subyacen capas discretas de folk, si miramos a las letras, aún vemos al hombre que hace años se planteaba qué era el amor y se metió en una cabaña a hacer canciones como si de una prescripción médica se tratara. ¿La única diferencia? La madurez y un cambio de perspectiva que hace que, además de mirar al pasado y hable sobre él, mire al futuro y al devenir. Canta a la soledad futura, no a la presente o a la pasada. Canta desgarrado, canta con vocoder, canta con melodías en ocasiones ininteligibles por la superposición vocal, pero lo importante es lo que subyace: un mensaje de sinceridad y profunda reflexión sobre la dualidad del ser humano.

Es, una vez más, la expulsión de los demonios de Vernon, la apertura en canal de un artista, el dejarte entrar en él a veces con melodías complicadas y recargadas y a veces bastándole un vocoder al más puro estilo Imogen Heap. Es la soledad en la inmensidad. Es el uno entre un millón. Es el motivo por el que me emociona este álbum: serlo todo y a la vez nada. Pero para un análisis mucho más exhaustivo, aquí la crítica que hice hace una semana para El Quinto Beatle.

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Bon Iver – “22 A Million” (2016, Jagjaguwar)

Crítica “Blackstar” de David Bowie: Cuando te vas por la puerta grande en un mar de art-rock

Pasa algo cuando intentas hacer una crítica del último álbum de un artista que lleva sacando trabajos desde 1967 de los cuales sólo has oído sus mejores momentos. Y, en mi caso, “The Next Day”, al que le di un par de vueltas en su momento.

Así que partimos de esas referencias. Unas referencias que me han permitido dar fe de lo que fue en su momento David Bowie, las personalidades tan distintas que había en su producción, su carácter innovador y su estado de Dios de la música. En “Blackstar” solo tenía que demostrar que seguía siendo él mismo. Ese espíritu que nada a contracorriente en las tendencias y que sabe coger lo mejor de cada casa y hacer de ello su bandera.

“Blackstar” es un álbum que consigue dar una vuelta a lo que nos presentó en su comeback de 2013. Si aquel álbum estaba lleno de riffs de guitarra eléctrica con momentos muy interesantes pero sobre el que volaba la sombra de ser un intento de rejuvenecer a un artista, en “Blackstar” decide recoger toda su experiencia y entregarla en un bote que lleva por etiqueta la madurez y la libertad de poder hacer lo que quiera. No todos pueden abrir un álbum con un tema de 9 minutos y conseguir que sea de lo más apetecible del álbum.

Me remito de nuevo al término libertad, un aspecto que encontramos tanto a nivel melódico como a nivel lírico, del cual trataré más adelante. Es un álbum que ha sido etiquetado muy ciertamente de art-rock y jazz experimental. Esto es debido a la amalgama de sonidos que encontramos, desde momentos más rockeros como en ’Tis a Pity She Was a Whore’ o ‘Girl Loves Me’, a los momentos de saxofón tan mágicos que aparecen en ‘Blackstar’ o ‘Lazarus’, la sección más electrónica que es ‘I Can’t Give Everything Away’ o ese momento más breakcore en el cierre de ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’. Y con esto acabo de repasar los siete temas que componen este álbum, de estilos tan diferentes pero que tienen ese toque Bowie que consigue mantenerlos coherentes.

Por terminar de tratar el apartado melódico, es un álbum de 41 minutos y 7 cortes que resulta muy fácil de digerir. Sabe jugar muy bien con los momentos de mayor y menor intensidad haciendo que el oyente se encuentre cómodo. Por ejemplo, poner entre ’Tis a Pity She Was a Whore’ y ‘Sue (Or In a Season Of Crime)’ otro de los temas bandera de este álbum como es ‘Lazarus’, es una excelente decisión, al crear una transición entre dos de los temas que mantienen una estética más similar, culpa de ello la tendrá el hecho de que fueron temas ya lanzados en 2014. La recta final y la manera en la que transicionan ‘Dollar Days’ y ‘I Can’t Give Everything Away’  es digna de mención, siendo este último tema un acertado broche de oro. Algunos momentos que me han hecho guiñar un ojo de incertidumbre es la introducción de ‘Girl Loves Me’ con un Bowie con una parte vocal que resulta extraña las primeras veces, tanto por la producción en sí como por el hecho de cantar en el dialecto usado en La Naranja Mecánica; aunque con el paso de las escuchas, acaba resultando del todo hipnótica con una interesante mezcla melodía-letra.

Y ahora, hablemos de la letra. En ella encontramos a dos David Bowie, por decirlo de algún modo. Uno que lleva su vena más de artista, el mero entrepreneur, que habla de temáticas en las que no busca la personalización. Habla de un “yo” metafórico que puede o no ser referencia directa a su persona. Pero es entonces cuando encontramos el trasfondo de este álbum: la realidad, la de que David Bowie se moría y lo sabía. Los oyentes escuchábamos una temática que jugaba con la vida y con la muerte, pero lo asociábamos a un mero aspecto de madurez y nuevas preocupaciones: el dejar de hablar de las ideas de sus personajes y poner en su propia boca las suyas. Pero no dejábamos de pensar que serían pensamientos que uno tiene en cualquier momento. Como en todos sitios se ha dicho, este aspecto cobra un nuevo sentido a la muerte del artista. El ejemplo más claro donde se ve esto: ‘Lazarus’ y la apertura con “look up here, I’m in heaven, I’ve got scars that can’t be seen”.

En resumen, una obra con la que David Bowie se despide por la puerta grande, con un estilo original y propio y con el que deja patente a nivel lírico lo que vivía él mismo en sus últimos momentos, dejando a parte personajes y demás personalidades. En este aspecto, es un álbum auténtico del que poco más podemos decir, así que pasemos a la valoración:

Originalidad:

-En el álbum: Juega de una manera muy interesante creando transiciones entre aquellos temas que se puedan parecer más para dar tiempo a asimilarlos. Y por otro lado, en cada tema somos partícipes de algo nuevo, algo difícil de conseguir cuando lo primero que te encuentras es una obra de diez minutos de duración. En el resto del álbum encontramos oportunas referencias estilísticas a este primer tema, pero en ningún momento crean momentos de confusión y resulta del todo agradable. 1/1.

Con respecto al resto: Es Bowie, debería ser sinónimo de originalidad con el resto del mundo. 0,75/0,75.

Con respecto a lo anterior del artista: Atrás quedaron épocas de glam y épocas más rockeras a la antigua usanza. Lo mismo con los momentos más electrónicos. Un álbum nuevo en el panorama y nuevo en la propia producción del músico. 0,75/0,75.

Impresiones:

-Primera impresión: Un álbum que me resultó agradable desde el primer momento, que consiguió convencerme para darle múltiples escuchas el mismo fin de semana que salió. Ya mencionaba con anterioridad ese momento que te hace guiñar un ojo en un primer momento, pero son momentos minoritarios. 1,2/1,5.

-Tema a tema en profundidad/Impresión general: Cortes con una producción intachable y de los que quiero destacar el apartado instrumental, sobre todo en ‘Blackstar’ y ‘Lazarus’, con dos cierres que hace que se desvanezca la escena en un mar de instrumentación de viento y guitarras eléctricas. En lo que respecta al resto, me parece que ha encontrado un muy bien equilibrio y ha sabido innovar sin pasarse de rosca. Hay algunos momentos que hacen que me impidan ponerle la máxima nota, pero en definitiva es un must que hay que escuchar. 4,5/5

Lista de reproducción y compra: La mayoría forman parte de mi lista de reproducción, incluso ‘Blackstar’, donde la longitud no supone en absoluto un handicap. Y evidentemente me lo compraría, tanto por su estilo como para lo que representa en la producción de David Bowie. 1/1.

Puntuación Total: 9,3/10

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David Bowie – “Blackstar” (2016, ISO)

Crítica “A Head Full Of Dreams” de Coldplay: Mucho delirio de grandeza y poco Coldplay

A todos nos entra un momento en el que queremos demostrar que aún somos jóvenes, que seguimos gustando. A algunos les llega a los 40, a los 50, y a otros como Coldplay, cuando llevan 6 álbumes de estudio que han alcanzado el puesto más alto en Billboard y más de 15 años de trayectoria musical.

Sienten la necesidad de reafirmarse con cosas nuevas. Digamos “nuevas”, porque en este A Head Full Of Dreamslo que nos encontramos son unos Coldplay que, tal vez faltos de ideas, de ganas o de todo un poco, relegan la labor de producción en Rik Simpson (que llevaba colaborando con los de Chris Martin desde tiempos de Viva la Vida) y el dúo noruego Stargate, que sobre todo han producido a artistas de la radiofórmula como Rihanna o Alessia Cara.

Esta labor de producción ha sido la encargada de recoger lo que ha marcado la trayectoria de Coldplay estos últimos años donde habían abandonado todo intimismo existente y (volver a) convertirlos en lo que son: una fábrica de himnos. Para ello están los “oooh’s” de ‘Adventure Of A Lifetimey ‘A Head Full Of Dreams, para recordarnos que, después de Ghost Stories, Coldplay andaban faltos de temas que hiciera que la gente cantase con ellos. Necesitaban nuevos himnos con intensitos, con ganas de hacer a su público saltar y cantar con ellos.

Tal vez sea uno de los peores puntos de este álbum: su carácter previsible. La constante sensación de que vas a tener un equilibrio completo en el álbum. Quiero decir, escuchas A Head Full Of Dreamsy sus ínfulas de llena estadios, de soltar serpentinas en directo, de tener a un Chris Martin que da saltos por el escenario, y después Birds, un tema algo más tranquilo que mantiene ese carácter colorido y analógico para saber que todo el disco va a ser igual. Hay poco espacio para la sorpresa. Bueno, voy a señalar la segunda mitad de Army Of Onecomo una perla oculta, donde se pasa de un tema con un cuerpo brutal y envolvente a una cara-B más lo-fi electrónica que resulta una delicia, la verdad.

Quiero hacer otra vez mención a la producción y a la ausencia de la propia banda en este aspecto. porque hubo un álbum en el que también se mantuvieron al margen en este aspecto: Mylo Xyloto. Sí, ese. El álbum que supuso el punto de inflexión de Coldplay, el que ha sido odiado y aplaudido a partes iguales. En el que abandonaron señas de identidad propias para abrazar una radiofórmula que les hiciera recrear el éxito que cosecharon con Viva La Vida’. Ahí tenían las ganas y a Brian Eno y Jon Hopkins para frenarles de vez en cuando, en Mylo Xylotola combinación Markus Dravs. Daniel Green, Rik Simpson y los arreglos de Coldplay hizo de este álbum un intento de asaltar la escena musical a base de un indie-rock/electro-rock/bubblegum-ish que aunque intentara compensar con momentos más acústicos, estos al final eran eclipsados por los excesos de sintetizador y colorines.

Y en este aspecto, podríamos considerar A Head Full Of Dreamsel hermano mayor de Mylo Xyloto, que ya ha pasado la adolescencia y está sentando cabeza. Hay momentos que hacen establecer semejanzas entre los dos álbumes, como la apertura intensa y de punteos de guitarra eléctrica de la propia A Head Full Of Dreamscon Hurts Like Heaven, pero en estilo me quedo con este nuevo álbum, aunque hayan sacrificado la capacidad de hacer hits que tuvieran antes. Esto ya lo mencionaba antes que es un fallo del disco: la impresión de tener a unos Coldplay vendiendo singles cuando no tienen ninguno con posibilidades.

Hablemos del estilo para hacernos una idea. Todo es un uptempo constante, protagonizado por baterías electrónicas, punteos ocasionales, la voz de Chris Martin y sus “oooh’s” y un trasfondo en los temas de bajo y sintetizadores “ocultos” que visten mucho al disco. Luego, a destacar, Hymn For The Weekendy su inicio de naturaleza que sobra completamente y que podría haber hecho de la colaboración con Beyoncé algo más rápido y accesible (porque es un tema que exige radio-edit desde luego); el inicio algo incoherente de ‘Adventure Of A Lifetimeque al cabo de las escuchas gana mucho y la aparición de Obama en Kaleidoscope’, algo que todavía no consigo explicar y que no aporta nada al álbum. Si el objetivo era crear pasajes de transición, la fórmula usada en Mylo Xylotoo incluso en los cierres de los temas y los inicios de otros de Ghost Storieshubiese estado mejor.

Y no nos podemos olvidar del predecesor de este álbum. Porque entre tanto himno bailable, tanta palma que hace pensar en las mejores pistas disco y tantos momentos intensitos, encontramos Everglow’, el tema en el que aparece Gwyneth Paltrow y que se anunció como un featuring brutal que al final no termina de ser una aparición de la amiga en forma de (sorpresa) “oooh” algo distorsionado. Pero esa no es la cuestión. Recordemos que Ghost Storiesvenía influenciado por la ruptura de Chris Martin con la misma mujer que aparece en este nuevo tema, y toda esta temática y el querer recordar a su álbum anterior hace acordarse de ello: un carácter más íntimo y personal con un estilo que bien podría haber sido un remix animado de un tema firmado por Sam Smith.

Pero volvemos a lo mismo, son cosas que al final poco aportan y quedan para el recuerdo y para el disfrute del que lee el libreto y dice “anda mira”. Como la aparición de un coro en el cierre uplifting ‘Up&Up‘ en el que encontramos a los miembros de la banda más respectivas parejas más respectivos hijos. Un tema que, por cierto, cierra con bastante dignidad el álbum dejando con ganas de más.

Y por último: la accesibilidad. Este es un disco que ha costado que entre. Que si, que A Head Full Of Dreamsy Adventure Of A Lifetime se me quedaron a la primera, los pude bailar enseguida y reconozco sus melodías, pero el resto de temas se me confunden en una nebulosa de música electrónica y “oooh’s” que no consigo distinguir. Hymn For The Weekendcon su carácter intenso con trompetas en el estribillo que hace pensar más en Beyoncé que en Coldplay acabó por calar, pero bien puede ser por la falta de momentos memorables o por el carácter tan mainstream de este disco que no me termina de dejar un buen sabor de boca.

En fin, si no hay más dudas, podemos pasar a la valoración del álbum:

Originalidad:

En el álbum: Tiene algunos momentos en los que el álbum parece destacar entre el resto, pero noto cierta literalidad, y aún habiéndolo escuchado varias veces, sigo teniendo la misma sensación. Dejémoslo en un 0,4/1

Con respecto al resto: Coldplay sabe mantener cierta esencia propia, y es cierto que, aunque cae en una sonido radio-friendly, en conjunto no parece querer imitar a otros artistas. 0,75/0,75

Con respecto a lo anterior: Es un álbum que coge los clásicos intensitos de su producción anterior para pasarlo por el filtro de Mylo Xyloto  con toda la experiencia que han podido pillar por el camino. Aunque esa sombra es alargada, podríamos diferenciar el sonido de este A Head Full Of Dreamscon la etiqueta de “lo menos Coldplay hasta la fecha”, lo cual tiene que significar algo en este apartado 0,5/0,75

Impresiones:

Primera impresión: Mucho baile, mucho momento agradable y mucho momento WTF. Aunque no me pude quejar en la primera escucha, ya notaba detalles de que tal vez no era lo mejor de Coldplay hasta la fecha 0,5/1

Tema a tema en profundidad/Impresión General: No dejas de preguntarte a lo largo del disco los motivos que han llevado a Coldplay actuar de esta manera. Al final acabas cayendo en que pueden hacer lo que les dé la gana, porque saben que van a triunfar, y tal vez este exceso de confianza les haya llevado a hacer un álbum donde la sombra del “meh” está muy presente. Y es algo irónico ir pensando esto con temas como ‘Army Of One’ que suena tan chicloso como bien producido como está, siendo su cuerpo de sintetizadores uno de los momentos que más me ha gustado, y esa cara B tan molona que tiene, hablando claramente. Como decía, un disco que busca el equilibrio, el “hacemos esto y luego nos relajamos para compensar”. Tal vez me equivoque, pero eso es lo que saco yo al escuchar el disco 2/5

-Lista de reproducción y compra: Indudablemente, ‘A Head Full Of Dreams’ y ‘Adventure Of A Lifetime’  forman ya parte de mi lista habitual, pero no les auguro tanto futuro como con temas como ‘Viva La Vida’  o ‘Paradise’, que tenían algo de longevos. Y con respecto a la compra, viene bien si quieres tener uno de los discos más flojos y más producidos de, y no por, Coldplay. 0,5/1.

Puntuación Total: 4,65/10

A Head Full Of Dreams

Crítica “Surrender” de Hurts: No lo llames rendición, llámalo innovación a todo color

¿Qué tal estáis Theo y Adam? Hace tiempo que no sabía de vosotros, ¿Todo bien? Aquí todo perfecto, pero estamos para hablar de vosotros. ¿Así que dejamos la oscuridad aparcada por fin? Vaya, lo echaremos de menos, pero entendemos que habéis cerrado una etapa que ha durado dos álbumes y uno tiende a salir del agujero, normal.

Pero es increíble, porque ya desde la portada lo habéis dejado claro. Seguís con los trajes oscuros para recordarnos que, parece mentira, seguís siendo los mismos a pesar de todo el colorido rosa de la portada, que parece que se extiende a todo vuestro “Surrender”. 

Venga, admitid ya que el rollo “surrender” es porque habéis claudicado de oscuridad y os habéis rendido a un synthpop más claro. No me lo neguéis, que el primer ejemplo claro es ‘Why’ y su melodía machacona y simple de sintes y vocoder final que parece prestado de Daft Punk. Porque ya lo de encerraros en habitaciones oscuras para componer lo habéis dejado atrás, ¿no? Porque  no creo que salga una melodía con ese buen rollo disco años 80 en ‘Lights’ (uno de mis temas favoritos, que no se me olvide decíroslo amigos).

¿Os acordáis que me llevaba las manos a la cabeza en “Exile” cuando escuché por primera vez ‘Blind’? Aún lo sigo haciendo, de vez en cuando, pero os tengo que agradecer que, puestos a tirar por un synthpop más popero, lo hayáis agarrado bien en esta ocasión. Si es que, de verdad que os ha sentado bien estos dos años de composición en el que habéis aprendido hasta la fórmula del europop en ‘Nothing Will Be Bigger Than Us’.

Pero queridos míos, antes me resultaba fácil ubicar vuestro estilo en un synthpop oscuro, pero ya no sé qué pensar. No os voy a dar el gusto o el disgusto de calificaros de mainstream, porque aunque lo intentéis, la impronta es la que hay. No, no discutáis, porque ‘Rolling Stone’ es un interesante momento best of both world con ese estribillo en el que cantáis “She said her dado was an alcoholic//And her mother was an animal/Now she’s living like a rolling stone”. ¿Habéis pasado la oscuridad de vuestras melodías a las letras? Os tengo que decir que, por mucho momentos de violín que metéis, y da buen empaque ojo, la melodía en el estribillo me choca mucho con la tristeza de vuestra letra.

Tengo que aplaudir las diferentes facetas que lucís en este disco, amigos míos. Estoy hablando mucho del desmelene synthpop-colorido que habéis tenido, pero tenéis sitio para todo. Por un lado, momentos en los que descansáis un poco, medio-tiempos que llevan esa estética mainstream (con referencia a vuestros anteriores trabajos, claro) como son ‘Slow’ o ‘Weight Of The World, donde toda la energía que falta en la melodía la vuelca Theo en la parte vocal. Genial en ese aspecto.

Y la última parte que quería comentaros es esa en la que os volvéis más formales. Un poquito al menos, ¿vale? ‘Wings’ es un buen ejemplo, aunque si queremos hablar de intimismo y formalidad máximos tenemos que mencionar a ‘Wish’.. Pero qué podemos decir de esa balada a piano que os habéis marcado en ‘Wish’ que consiga llegar al nivel del tema. Bueno, podemos decir algo: ‘Policewoman’. ¿El órgano en el que se basa la melodía es el mismo que el de ‘Fix You’ de Coldplay? Da igual, lo habéis conseguido ahí. Ese canto a la mujer de turno, policía o no que te protege de tus pesadillas es muy buen cierre. Ese inicio lento para que luego llegue a una explosión controlada al final es digno de mención.

Muy bien.

Pero imagino que queréis algo concreto con lo que pueda describir vuestro disco, ¿verdad? No hay mejor ejemplo que el que habéis hecho vosotros en el vídeo de ‘Lights’. Este disco es la mezcla de coger a un Brandon Flowers (en solitario y en su último disco es la condición que pongo) borracho y resacoso al día siguiente con David Lynch. Es decir, una base 80’s de colores muy fácilmente identificable con momentos que no sabes de dónde vienen pero en lugar de espantarte hace que te quedes. Un disco que te hace bailar (Theo, ¿cómo es que te nos has hecho bailarín? Hay que ponerse al día más a menudo oye) como reflexionar. Aunque bien es cierto que dura más la noche de alcohol y melodías bailables que la resaca de arrepentimiento, está bastante bien equilibrado.

Y hacía tiempo que no hacía una crítica musical y quería volver con vosotros, que nos conocemos de hace tiempo y os tenía controlados, Hurts. Ahora que nadie nos oye, os voy a valorar el disco. Es un trámite que hay que hacer, lo siento chicos. Ah, y no lo toméis demasiado en cuenta si no sale lo que esperabais.

En la originalidad en el álbum os voy a poner un 0,75/1, porque me parece que habéis conseguido crear temas independientes aunque sigan esta línea común de synthpop nueva para vosotros. Con respecto al resto os voy a poner un 0,5/0,75, aunque hacéis la regresión a la vena ochentera a vuestra manera, es algo ya que agota un poco. Siempre gusta, pero acaba saturando. Y, lógicamente, se os ha ido la cabeza y habéis venido con algo totalmente nuevo en vosotros, así que con respecto a vuestra producción anterior, un 0,75/0,75.

¿Vamos bien? Ya queda poco. Como primera impresión os tengo que decir que lo he comprado a los tres minutos de escucha. No ha habido ningún momento que me haya hecho huir a la primera, así que 1,5/1,5. Esto es duro, pero en impresión general lo dejo en un 3/5. Veo temas muy bien construidos, con una instrumentación original y melodías pegadizas, pero hay momentos en los que noto que perdéis la personalidad. Veo un sacrificio no correspondido con “vamos a conseguir un tema pegadizo a base de ser otros”. El momento europop de ‘Nothing Will Be Bigger Than Us’ me ha matado. No me quito el estribillo de la cabeza, pero es un momento que analizándolo profundamente duele un poco a los que os hemos seguido. Eso sí, los medio tiempos que cierran el álbum y, ‘Lights’ se han encargado de subir la nota aquí. Obviamente va a formar parte de mi lista de reproducción algún tiempo, pero con la compra tengo dudas. Es un paso interesante en vuestra carrera, pero a nivel global no veo demasiada innovación. Lo dejo en un 0,75/1.

Hago las cuentas y sale que tenéis un 7,25/10, ¿qué os parece? Siempre tenéis la oportunidad de subir esta nota con los directos, para ver cómo casáis vuestra nueva producción con temas como ‘Wonderful Life’. En ese aspecto espero contar con ayuda de alguien que me cuente como os estáis portando en esta gira. Pero Theo, piensa que si haces el baile de ‘Lights’ o alguna coreografía más, tendrás mis puntos.

Y bueno, yo creo que no tengo nada más que deciros. Se os ve contentos con este álbum, no os voy a engañar. Os sienta bien salir de la oscuridad y del exilio. Vosotros lo llamáis “rendirse”, yo le digo “renovación”.

Mané

La mini-crítica del mini-álbum: FKA Twigs y “M3LL155X”

Dancing on my own era la premisa de Robyn, hace unos pocos años. Desde que conocimos a FKA Twigs y a sus puestas en escena, sabemos que estas cuatro palabras van un paso más allá. Encontramos a una artista en su empeño de bailar su propia música, aunque esta sea difícil de poner con coreografía. Y es que, desde el estreno de aquel LP1 de carácter espacial y extrasensorial, que por concretarlo de alguna manera, vendría a ser un r&b electrónico, con toques de trip-hop, vanguardias… 

En definitiva, una apuesta muy interesante con la que consiguió conquistar a gran parte del público y de la crítica, y a la cual da una nueva vuelta de tuerca en este M3LL155X. Seguimos encontrando ese toque de sensualidad que vienen en gran parte por los vocales frágiles y agudos de Tahliah Debrett Barnett, si bien algo ocultos por capas de oscuridad que vienen de la mano de sintetizadores que quiebran la atmósfera del tema. Por ejemplo, Figure 8, con un inicio que bien podría haber venido del Biophilia de Björk, encuentra unos momentos de explosión protagonizados por guitarras eléctricas desgarradoras muy del estilo de Son Lux en su último álbum, Bones; o momentos en los que la melodía base se ve adornada por la voz de Tahliah expuesta a numerosos efectos que se enfrentan unos con los otros.

Y en resumidas cuentas, esta es la tónica que toma en estos 5 temas. Cortes que exploran una mayor oscuridad, de instrumentación densa y pesada, idónea para que FKA Twigs la acompañe de sus movimientos tan sensuales e hipnotizantes. Si bien, en In Time encontramos cierta línea de sintetizador que intenta aportar algo de claridad a la escena, se ve de nuevo oculta por los efectos que la pueblan. Sin embargo, tiene un cierto toque oriental, tanto a nivel de ritmo como a nivel melódico en el estribillo, que resulta imposible dejar de escucharla. Glass & Patron sería el máximo exponente del sonido experimental que intenta mostrar el álbum, en contraposición con el sonido “más accesible” del ya mencionado In Time o la medio-tiempo que es I’m Your Doll. El tema que cierra este EP, Mothercreep, se encarga de crear una conclusión a este conjunto de temas, terminando de ligarlos y aliviar una ligera descompensión que habría podido existir entre tanto experimentalismo y momentos de deriva melódica.

A nivel lírico, la letra de estos temas no intenta profundizar en nada. Quiero decir, encontramos cierto peso de los sentimientos relacionados con el amorsensación de superación a partir de situaciones pasadas… Sin embargo, y aunque encontramos ejemplos muy claros como “Stop playing with those other girls It makes me jealous baby” en I’m Your Doll, el resto de interpretaciones quedarán en el oyente y lo que quiera interpretar.

Sin embargo, contamos con algo más de este EP, y es que tenemos un vídeo con los cuatro primeros temas del EP en el que FKA Twigs explora los territorios del abuso de la mujer, rozando la esclavitud sexual, el embarazo provocado a raíz de estas situaciones y las emociones a posteriori. Es un vídeo que, desde luego, termina de hilar todos los temas de este mini-álbum, a pesar de que Mothercreep se quede fuera.

En este caso, me voy a abstener de ponerle nota a este mini-álbum, ya que el problema con FKA Twigs es que o te gusta o la odias profundamente. En mi caso, estoy en el primer supuesto, así que este EP lo encuentro una pieza deliciosa que puede llevar a la británica a la categoría de granDiosa de este 2015.

Crítica de “Currents” de Tame Impala: El camino intimista del músico psicodélico solitario

Current tiene varios significados. Como adjetivo, denota actualidad, mientras que como sustantivo, acudiríamos al significado que le diera Jorge Manrique en el siglo XV con su comparativa de “nuestra vida son los ríos que van a dar en la mar”. Si bien en el caso de Kevin Parker, alma matter de Tame Impala, no se contempla ese final de muerte que relataba el poeta español, pero sí el de cambio y evolución sobre el que se basará en su totalidad este Currents.

Voy a coger el títular de Mondosonoro y decir que Kevin Parker estaba solo en casa. La producción, letras, masterización y todos los instrumentos han sido cosa suya. Y cuando se está solo en casa sin nadie que te controle tiendes a eso mismo, a probar nuevos caminos y experimentar. Pero la soledad también nos hace reflexionar, y son en estos momentos de introspección en los que Kevin Parker se da a conocer al mundo tal y como es, con unas letras que confluyen en la vida en un tono personal, en la evolución de la gente que le rodea. Todo ello pasado por un fuzz y unos filtros que hacen que no captemos la totalidad del mensaje a la primera, como si su voz y mensaje fuese un riff de guitarra a sumar en la producción del tema.

Voz que por cierto, da un paso adelante en este Currents. Lejos de ocultarse detrás de tanto artificio como en Innerspeaker Lonerism, toma el protagonismo para predicar un mensaje intimista rodeado de bases que confluyen entre unas bases que rozan el R&B, el disco o el funk. O, en el caso de Let It Happen, todas a la vez.

Porque sabemos que es Tame Impala (además de por el inconfundible timbre de voz de Kevin Parker), por los habituales momentos de guitarra eléctrica, que aunque pierden cierto peso en este álbum, tienen momentos en los que se tornan protagonistas, como en The Moment o la apertura de Eventually.

Pero en cualquier caso, es un álbum que podríamos clasificar en dos tendencias que se asemejan a los dos primeros adelantos que tuvimos de este trabajo, pero aún así, el caleidoscopio de la obra de Kevin Parker quedaría sin completarse del todo. En cualquier caso, tenemos unos temas más en esa línea de Let It Happen a nivel de ritmo y melodía animada que explora un camino más ambientado al funk pero siempre con una perspectiva psicodélica; y por otro, los temas más tranquilos de la línea de ‘Cause I’m a Man, de ritmos más new age y con fuertes reverberaciones y ecos que consiguen sumirte en una espiral sideral donde comienzas a viajar sin tener concepción alguna del tiempo. Aquí meteríamos temas como Past Life (que recuerda a los momentos más tranquilos de The Flaming Lips) o la romántica Yes I’m Changing.

Es un álbum largo. Pero aún así, me es difícil tener la certeza de saber cuánto tiempo llevo escuchándolo. La manera en la que los temas están unidos y los temas de transición que son auténticas joyas (Nangs y la chiclosa/analógica Disciples) hacen que no sabes ni porque tema vas ni si llevas media hora o es la tercera vuelta que le das al álbum. Los siete minutos de Let It Happen pasan volando, mientras que casi los dos minutos de Disciples se hacen largos. Y, en ambos casos, es algo a agradecer.

Lo cierto es que no es un álbum de temas sueltos. Como decía antes, esa inter-relación entre los cortes hacen que, en cierta medida, tengas que escuchar una canción detrás de otra. Gossip no tendría razón de ser si no actuara como bisagra del álbum, y paso de los sintetizadores lentos, pesados arrebatadores de Eventually a la que podría colar como colaboración con Mark Ronson que es The Less I Know The Better.

A diferencia de las producciones anteriores de Tame Impala, este Currents es más fácil de escuchar que Innerspeaker Lonerism. Es cierto que se echan de menos los momentos sucios en los que Kevin Parker te llevaba por panoramas sonoros que te asaltaban de manera impactante con guitarras llenas de filtros o sintetizadores que venían de la nada para arrancarte la conciencia en una vorágine de psicodelia inimaginable. Este es un trabajo maduro, donde maduran de la mano tanto el estilo en el que se basa como la propia persona de Kevin Parker. 

Ahora me gustaría volver al tema de las letras, porque en este Currents, no solo se encuentra una inter-relación a nivel musical. Let It Happen abre el camino lanzando el mensaje de “dejar que fluya”, una auténtica declaración de intenciones tanto a nivel musical como a nivel de letra. “It’s always surround me, all this noise//But not nearly as loud as the voice saying// Let it happen, let it happen (it’s gonna feel so good)”. Deja este mensaje para pasar a Nangs y plantearse si realmente hay algo más que eso. Aquí ya empezamos a ver al Parker reflexivo.

Luego encontramos distintas reflexiones a lo largo del álbum (“In the end it’s gone, and there’s nothing left to do//But I’m still not certain just how I’m gonna feel” “I wanna be like we used to//But now you’re worried ‘cause that means we’d lose you”) que, a decir verdad, lo podemos centrar simplemente en el amor que en temas como The Less I Know The Better se ve bastante claro (“She said: It’s now or never//Wait 10 years, we’ll be together”) o se puede extrapolar estos versos antes mencionados al propio Kevin Parker y su trayectoria musical, que tomaría como máximo exponente New Person, Same Old Mistake. 

Si se prestan atención a las letras, se puede llegar a la conclusión de que el hecho de que Tame Impala innove a nivel musical puede llevar a que se convierta, a través del proceso de composición y maduración (currents Yes I’m Changing) en lo que pueda parecer un nuevo estilo (new person) que acaba por recibir las críticas de los seguidores que estaban encandilados con la trayectoria inicial del australiano (“I can just hear them now//How could you let us down?”). Ya lo dejaba al principio de la entrada, Kevin Parker hace gala de letras que, si bien te aciertan de una manera en su superficialidad, al indagar ese mensaje encierra una nueva cara igual de personal pero que avanza por otros derroteros.

Antes de pasar a la valoración, me gustaría destacar los vocoders y violines sintetizados de Let It Happen como uno de los mejores momentos de este álbum. Sin duda.

Originalidad

-En el álbum: Todo el álbum se encuentra enmarcado en un sonido que se encuentra en progresión continua y que, en ocasiones, está tan bien hilado que cuesta trabajo distinguir cada uno de los temas. Al menos, en el primer par de escuchas. Después, te encuentras un LP de un sonido brillante y original que sorprende en cada tema. 0,75/1

Con respecto al resto: Se aleja completamente del sonido que pudieran tener Pond o las influencia anteriores que tuviera Kevin Parker para alejarse a derroteros más “mainstream” (muchas comillas e interrogaciones en esto último), pero ni por esas es comparable a nada que hayamos escuchado, y de nuevo se nos ofrece un trabajo que brilla por su originalidad. 0,75/0,75

Con respecto a lo anterior: Nada que no haya dicho ya. Mantiene las bases (más amortiguadas, eso sí) de Tame Impala ofreciendo un nuevo camino que se hace muy agradable de explorar. 0,75/0,75

Impresiones

Primera impresión: Era un constante “¿Por dónde voy?” y no te puedes creer cuando llega el fin del álbum por aquello de que pierdes la noción del tiempo y comentaba más arriba. Let It Happen entraba a la primera, Nangs me encantó, y ahora llegaba a una serie de temas más parecidos que no terminaba de distinguir en una primera escucha. La segunda mitad por el contrario si me resultó más sencilla y, en cierto modo, ecléctica. En lo que respecta al sonido, punto positivo porque no esperaba encontrarme esa marea de sintetizadores y reverberaciones que te llevan de un lugar a otro. 1,25/1,5

Tema a tema en profundidad/Impresión General: Es un álbum que hay que valorar en su totalidad y no tema a tema. Podemos hablar de esa evolución sonora por la que no hay grandes sobresaltos, pero si momentos que te permiten recordarte que el tiempo pasa, los temas avanzan, y se está acercando el final (aquellos tres temas de transición que mencionaba y que son auténticas joyas). Es un álbum que se encuentra algo más desnudo que sus predecesores, pero a su vez cuenta con un sonido más concreto que hace que se potencie los momentos de evolución que encontramos en Let It Happen Eventually. En cuanto a producción, me quito el sombrero con Kevin Parker, que ha sabido crear un álbum en el que los temas se equilibran entre ellos y donde es imposible eliminar alguno sin que diese la impresión de que cojea, tanto a nivel musical como a nivel lírico. 4,25/5

-Lista de reproducción y compra: De este álbum me quedo en mi lista con Let It Happen Eventually, y con los más cortos, Nangs Disciples. Y a nivel de compra, considero que por la innovación sonora de la que hace gala Tame Impala en este álbum, merece la pena comprárselo. 1/1

Puntuación total: 8,75Currents/10

“Powerful” de Major Lazer y Ellie Goulding: Objetos flotando en una cafetería años 50

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Cuando intentas invocar tus poderes “super saiyan” sin éxito

Desde que Ellie Goulding publicara hace dos años aquel Halcyon con el que triunfó, las cosas como son, se ha estado estudiando cada paso que ha dado la británica, para ver nuevos indicios del nuevo álbum con el que nos recibirá próximamente. Es cierto que contamos con material inédito que forma parte de las películas Divergente 50 Sombras de Grey, pero colaboraciones como este Powerful, con Major Lazer, de quien también la gente va detrás para encontrar un digno sucesor de aquel aplastante Lean On.

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Cuando pides el café con leche fría y en su lugar echan magma volcánico

A nivel musical, hay que admitir que este Powerful no entra tan bien como ya lo hiciera Lean On, es un tema que lleva un onda más profunda, con un house más oscuro y, en cierto modo, menos pegadizo que en el tema en el que colabora , pero aún así, Diplo no puede evitar otorgarlo su fórmula para que cuente con unos estribillos pegadizos en los que confluyen fantásticamente la parte vocal quebradiza y frágil de Ellie Goulding con la aportación (la cual a un servidor le recuerda a Bruno Mars) del cantante de soul Tarrus Riley.

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Cuando el fantasma de Juan Valdez te sirve el café

En lo que respecta al vídeo, volvemos a la tendencia de no contar nada. Diría, por seguir en parte la letra, que quiere transmitir la idea de que el amor nos hace poderosos, juntos somos invencibles, etc, etc. Y digo con respecto a la letra porque es ver el vídeo y notar una conexión nula entre Ellie Goulding Tarrus Riley. Así que, si el trasfondo del vídeo no es lo que comento siendo esa actuación una mala interpretación, efectivamente estamos ante un vídeo que no dice nada. Con menos bailes y menos escenarios que en Lean On, pero mención a parte se merecen los efectos especiales que copan el vídeo, como son tazas y camareras volando, cafés que se empiezan a calentar solos…

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Cuando vas al baño y el secamanos está roto y no tienes con qué secarte

En definitiva, un vídeo más “controlado”, por diferenciarlo con el de Lean On de un tema ídem. En un apartado técnico, este Powerful es un tema mucho más interesante, a nivel de producción, con una melodía más lenta y sensual que, por cierto, permite bajar las revoluciones del álbum del que ha sido tomado, Peace Is The Mission. Si Major Lazer buscaba un nuevo pelotazo, con este Powerful no lo ha encontrado, y menos aún con el vídeo. Pero en lo que respecta a la trayectoria de Ellie Goulding, si supone un paso muy notable de su Halcyon, que permite que se desmarque en parte de la electrónica en ocasiones tan barata de su re-edición. Habrá que estar pendientes de los nuevos pasos que tomen ambos artistas.

Crítica de “Bones” de Son Lux: La proclamación del futuro de la electrónica experimental pasa por aquí

Hay decisiones en la vida que, cuando se toman, suponen cambios muy importantes. Lo que en un principio puede parecer el más ínfimo de los detalles, puede acabar derivando en una transformación asombrosa. Y creo que este es el claro ejemplo en el caso de Son Lux. Cuando Ryan Lott decidió contar entre sus filas con Ian Chang a la percusión y Rafiq Bhatia a la guitarra hizo una declaración de intenciones. Change Is Everything, tal y como dice el primer tema que conocimos de Bones.

Porque uno de los cambios más importantes no se trata sólo de la formación en sí, sino del sonido por el que han optado. El propio Ryan Lott declaraba hace un tiempo que no entendía el hecho de que su música fuese clasificada de electrónica cuando los instrumentos eran interpretados en vivo. Y es cierto, basta escuchar We Are Rising Lanterns para ver que, cualquier artificio electrónico no es más que la habilidad con la que crea Son Lux las atmósferas que les caracteriza.

Pero en Bones cambia la cosa. Change Is Everything, como decía al principio, fue la carta de presentación y una auténtica declaración de intenciones. Los sintetizadores ligeros que consiguen arrasar, los momentos en los que la melodía rompe y los cambios bruscos de batería no son más que una muestra de lo que te vas a encontrar en el álbum. Aunque hay que declarar algo. Aunque en este párrafo pueda incurrir en una importante contradicción con todo lo establecido por Son Lux en los tres pasados álbumes, la impronta de Ryan Lott se encuentra presente. A nivel vocal, seguimos encontrando su voz tan característica, y a nivel melódico, esas melodías explosivas, elaboradas y en ocasiones disonantes para conseguir atraer la atención del oyente.

Entre tanta explosión de guitarras eléctricas y sintetizadores rompedores, Son Lux tienen momentos en los que se permiten descansar, aunque siempre con un pero. Es un álbum corto (11 temas que casi se quedan en 10), por lo que su intención no es bajar el ritmo del todo para pinchar. Así que los momentos más suaves, como la primera mitad de I Am the Others se ve rápidamente compensada por una clímax en la segunda mitad del tema.

Lo mismo con Your Day Will Come, aunque en este caso el momento apoteósico viene protagonizado por la parte vocal, donde Ryan Lott hace gala de una intensidad en ciertos momentos dignos de mención, acompañado en ocasiones de un coro o de un vocoder. Y es que, cada tema de Bones está diseñado para ganarte ofreciendo un aspecto nuevo que no habías visto con anterioridad en el álbum. Por ejemplo, en Undone y la percusión rápida y tribal, o la forma en la que rompe en un último minuto de calma con cierto toque nu-jazz que lejos de ser un momento WTF? es una de las perlas escondidas de este álbum.

Y es que, Bones es un poco inconexo. Son melodías que, en ocasiones contrastan demasiado unas con otras, y aunque se intenten hilar ciertos momentos (la melodía vocal y letra de Breathe In aparece desarrollada en Your Day Will Come, o el estribillo de Change Is Everything se repite en la recta final de This Time), uno de los pocos puntos de conexión del álbum es lo ecléctico del mismo. Vale que nos movemos siempre en ese ámbito de electrónica intensa y en ocasiones arrítmica, pero en ocasiones veo que fallan los elementos de unión.

Eso si hablamos del sentido global de Bones, sin embargo, si tenemos en cuenta cada tema que conforma el álbum por separado vamos a encontrar auténticas maravillas y una interesante maduración del trabajo de Son Lux. Lejos quedan las melodías asequibles o aptas para todos los públicos, como podrían ser de álbum anteriores All The Right ThingsEasy o la muy conocida Lost It To Trying. Este es un álbum de temas difíciles que sólo pueden ser apreciados por gente que presta atención a la producción que conlleva un álbum de estas características. Porque temas que empiezan con lo más simple como podría ser White Lies acaba derivando en una electrónica de cierto carácter experimental que bien podría haber formado parte del Biophilia de Björk.

Porque si pudiéramos describir este álbum en una palabra, la elegida sería raro experimental. Se trata de un constante experimento sonoro en el que Ryan Lott y los suyos juegan a desvincularse de todo, o al menos de parte, de su material anterior y proclamarse como futuro de la electrónica experimental. Adiós a la calma asequible de temas como Flickers, hola temas de producción intensa y melodías extrañamente cautivadoras.

Vamos a hablar un poco del apartado lírico, que nunca está de más. Como ya mencionara en la crítica que hice de We Are Rising, el hecho de que la producción del álbum sea de uno mismo hace que el tratamiento vocal funcione como una parte más de la atmósfera que forja Son Lux. Es decir, Ryan Lott no busca eclipsar su propia producción con su voz, sino más bien potenciarla con letras minimalistas de las que, en la mayor parte del álbum, poco se puede extraer. En cierto modo, una forma de que el oyente no se centre en el mensaje y se centre en la totalidad del álbum. Aunque por otra parte, es el sello propio de Son Lux y algo que han conseguido mantener.

Pero hay una excepción, como siempre. En You Don’t Know Me realiza una interesante crítica a la religión, o al menos, es un aspecto que se podría extraer sin demasiada dificultad “You drink the wine from my heart (…) I see you down on your knees (…) You don’t know me at all”. Porque basta con revisar las letras de We Are Rising para darse cuenta que el aspecto religioso, en un carácter abstracto y nunca tan concreto como en este tema de Bones, ha sido una temática presente de Son Lux.

Y poco más podríamos decir de este álbum, así que pasemos a la valoración final:

Originalidad

-En el álbum: Sin duda alguna, como llevo diciendo toda la entrada, cada tema es algo independiente y aunque falle en ocasiones ese elemento de conexión, los momentos en los que se hilan temas me parece de lo más original. 1/1

Con respecto al resto: De nuevo, Son Lux aparece con un sonido que poco o nada se parece a lo que le rodea dentro de su ámbito de electrónica. Tal vez esa pequeña semejanza con los momentos más activos del Biophilia de Björk, pero no soy capaz de pensar en alguien con un estilo similar. 0,75/0,75

Con respecto a lo anterior del artista: Por hilar con el apartado anterior, por no parecerse no se parecen ni a ellos mismos en trabajos anteriores. Vale que encontrábamos momentos en los que Ryan Lott se permitía en ocasiones salirse del tiesto y probar cosas nuevas, sobre todo en At War With Walls And Mazes, pero es que Bones es la explosión de aquella primera semilla implantada en los seguidores de este proyecto. 0,75/0,75

Impresiones

Primera impresión: La primera impresión dolió, para qué nos vamos a engañar. Llegas a temas que en ocasiones te abofetean, con lo que al principio parecen demasiados giros y acabas la primera escucha del álbum planteándote qué acaba de pasar. Aunque llegabas a algunos momentos de calma muy interesante y que en seguida se te quedaban, como Your Day Will Come, ya sabías al escuchar los dos primeros temas que no es un álbum fácil y que necesita de varias escuchas para conseguir desentramarlo. 0,75/1,5

Tema a tema en profundidad/Impresión General: Una vez que ha pasado esa primera sensación inicial y lo has escuchado en calma, te das cuenta de varias cosas. Vuelves a descubrir a los Son Lux de siempre, en lo que a producción se refiere, con unas melodías muy cuidadas y unos cambios muy estudiados y con una producción detrás de la mano de Ryan Lott en la que se nota todo el trabajo que conlleva la concepción de los paisajes sonoros que confecciona en 3-4 minutos de canción. Luego al final te das cuenta de que es un álbum que te gusta, con el que puedes bailar de aquella manera y sentirlo. Tal vez sea la inclusión de la guitarra eléctrica o los cambios de ritmo tan acusados, o la percusión explosiva, pero el caso es que te acaba gustando. En el conjunto, es como la portada del álbum, humo y luces en el que hay que te tienes que atrever a meter para ver qué hay detrás de todo artificio. 4,3/5

-Lista de reproducción y compra: Entre tanta experimentación, puedes encontrar temas que se hacen escuchar y que pueden formar a la perfección para de mi lista de reproducción diaria, como Change Is Everything Your Day Will Come, dos de los mejores temas del álbum. Y compra obligada, sin duda. 1/1

Puntuación total: 8,55/10

Bones